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La Ciencia del Bien y
del Mal
Resumen del Primer
Libro del Politikom
La experiencia es la madre de la ciencia- dicen. ¡Y
se dicen tantas cosas! Mas, a pesar de nuestra extravagancia excéntrica, la
verdad tiene razón. No lo digo yo, lo dice la experiencia. Sin duda alguna por
esto el Autor más grande que personalmente conozco, a cuyo lado nuestros
ensayos son pura imitación, ya puestos y porque la última palabra había sido
dicha, hizo de la experiencia maestra en Ciencia del bien y del mal.
Puede que un observador, aunque implicado desde su
puesto de observación, puede, digo, que sienta en sus nervios el arrollador
engendro de fuego que a la víctima de la injusticia, quien la sufre en sus
propias carnes, le provoca mil dolores de cabeza y hace estallar su cerebro
hasta la locura, ¡la injusticia! Pero quien de verdad sabe lo que duele una
muela es quien está bajo su efecto. Así que Dios, y porque fue puesto en la
encrucijada, ya que no quisimos su Sabiduría como maestra en Ciencia del bien y
del mal, nos entregó a la experiencia a fin de que por experiencia supiéramos
lo que duele una muela y por qué El odia con todas sus fuerzas ésa Ciencia.
Quiero decir, si lo logro, que no siempre las ganas
se corresponden con la maña, que después de unos seis milenios, en cuanto
Género Humano, sufriendo dolor de muela únicamente a un demente se le puede
perdonar decir que el Bien y el Mal no existen. Pero desgraciadamente aquéllos
que se proclaman sabios, por la ciencia, son precisamente quienes afirman que
el Bien y el Mal no existen.
Simplemente por negar que el Bien y el Mal existen y
hacer de todos los males de la Hmanidad una ley
subjetiva, relatividad objetiva sin valor de ley, ésos sabios del Neoateismo Científico del XX, cuys discipulos campean alegremente al alba de este nuevo
siglo, son los locos más grandes que existen; la tragedia es que son los
Nobeles y desde sus cátedras imponen su locura al resto de la Humanidad.
Pero Dios, que me quiere mucho, y yo lo quiero más a El, me libróde meter mi
cabeza en esa lavadora de cerebros que son las universidades, y gracias a la
experiencia, que no a la ciencia, y aunque un dolor de muela es lo peor que
puedo soportar, sé que las muelas existen, el dolor también, y la Ciencia del
bien y del mal únicamente no existe en la cabeza de los que la niegan.
Esto, aunque parezca un exorto abrúptico expulsado a saco, es mi verdad.
A saber:
No por el Poder, sino por la experiencia-madre de la
ciencia, Dios estableció la Justica en la Ley de la “No acepción de personas”,
y en la “No excepción a la Regla” por la cual todo viviente es responsable de
sus actos ante la Justicia. Y tanto es así, entrando ya en camisa de cuatro
varas, que hasta el propio Hijo Unigénito de Dios dobló sus rodillas, de esta
manera glorificando la Ley de la Eternidad ante todo el Universo; tanto más
potente la Lección y eficaz su Escuela cuando siendo ese Hijo de Dios:
todopoderoso para inutilizar el brazo de la Ley, se desnudó de su Fuerza y
aceptó las consecuencias de sus actos.
Pues de acuerdo a la Ley cualquier hebreo de nacimiento
que no se guiase por los pasos de la Alianza firmada por Moisés entre Dios y
los hijos de Abraham debía morir colgado del madero. ¡Quién como El para
haberse librado de quienes fueron a buscarle si a su sola Palabra: "Yo
soy", cayeron sus perseguidores de rodillas! Pero la Ley era Divina, y la
excepción que El marcaría levantaría un agujero negro en el corazón de la
Justicia eterna, encontrando, en Su acepción, razón defiende la necesidad de la
Excepcionalidad en el reino de la Justicia.
El Hecho es, y salta a la vista, que un mundo sujeto
a una Ley de excepcionalidad y a una Justicia acepcionadora es un mundo que camina a su ruina y desaparición de la faz del Espacio y del
Tiempo. Por esto Dios articuló la Ley de una vez para siempre, diciendo: “Ciertamente,
si comes, morirás”.
No es este lugar para teologías pueriles sin
embargo. Dije antes que la experiencia es la madre de la ciencia, y a ella me
remito. No sólo yo, sino la Historia del Género Humano. Y es desde esta
experiencia milenaria que concluimos diciendo que toda Inmunidad, de la especie
que sea, ya diplomática, ya parlamentaria, ya eclesiástica, ya monárquica, ya
científica, más las que se hayan inventado, todas sin acepción: son el núcleo
mortal, maligno, criminal y homicida del que parten como ruinas la corrupción
de las naciones y la caída de las civilizaciones.
¿Razones en contra para aplicar la Ley en su
contexto eterno?
Todas las que el criminal que se aplica esta
excepcionalidad quiera inventarse. Al final, como al principio, la verdad es
una sola: al pan, pan; y al vino, vino. Toda Inmunidad se refiere a un criminal
en potencia y es defendida por un delincuente en activo. La Sociedad que vive
bajo el yugo de este imperativo sufre las consecuencias: Corrupción,
Injusticia, Delincuencia desde el Poder y por el Poder; y creciendo los
síntomas y el número de quienes viven en el núcleo del Mal y alimentan su
Futuro: se hace tanto más pesado el Presente y más rápida la ruina del Estado
esclavizado al Poder de semejante núcleo maligno.
La respuesta a un cuerpo infectado por este mal,
cuya historia clínica la tenemos recogida en los anales del mundo, es una
respuesta inmunológica archiconocida. Hablando claro, de una vez y para
siempre: Abolición de todo tipo de Inmunidad, y Declaración de Responsabilidad
Universal ante la Justicia.
Se ha de comprender que así como el Diablo le
declaró la Guerra a Dios por establecer esta Ley ad eternum et ad infinitum,
quienes disfrutan de esta criminalidad legalizada se levanten echando ascos
contra todo el que defienda esta Revolución. Ahora bien, si el infierno no
escupiera fuego no sería infierno, y si la serpiente no inyectase veneno no
sería serpiente. Como dijo aquél sabio: Nada nuevo bajo el sol.
Aunque corrigiéndole: Estamos nosotros.
Y somos nosotros en quien la creación entera ha
estado depositando su expectación y su Esperanza con el corazón en un puño
deseando ver de nuestra espíritu un sólo gesto: Rodillas al suelo, y oir de nuestros labios una sola palabra: "Sí".
Ahora y siempre jamás, el que coma, que muera. En consecuencia:
Todo juez que sea sorprendido concediendo acepcionalidad y aplicando excepcionalidad, a sí mismoo a sus congéneres, sea
expulsado de la Corte de Justicia, privado de todos sus títulos, y llevado ante
un tribunal, respondiendo de su delito por rebelión contra la Ley.
Todo servidor de la Ley que en su cargo y en función
de su cargo se aplique excepcionalidad y conceda acepcionalidad,
sin entender de razones cualesquiera: sea expulsado de su cargo y sujeto a
juicio por el delito en base al cual aplicó acepción, y por rebelión contra la
Ley.
Todo científico y sabio implicando excepcionalidad
para su trabajo ante la Ley, sea expulsado de su trabajo, privado de todos sus
títulos y llevado ante los tribunales para responder por el delito y por la
excepcionalidad bajo la que se cometió, alzándose sobre la Ley.
Todo sacerdote, del rango que fuere, que cometa
delito contra la Ley sea expulsado de la iglesia, juzgado por su delito y
rebelión contra la Ley.
Todo político que contra su cargo se sirva de su
cargo para delinquir, sea expulsado de su cargo y sometido a juicio por el
delito cometido, y por rebelión contra la Ley.
Todo rey que sea hallado actuando bajo
excepcionalidad, sea expulsado de su trono, sometido a los tribunales por los
delitos cometidos bajo esa acepcionalidad, y por
rebelión contra la Ley, que no conoce acepción ni cuya Regla tiene excepción:
Todo el que come, muere.
Todo hombre, de la condición y status social que
fuere que se alzare sobre la Ley, corrompiéndola, sea juzgado por su delito y
por rebelión contra la Ley.
La Palabra de Dios es una sola y única, es eterna y
todopoderosa, y dice: Todo Viviente es responsable ante la Ley de sus
pensamientos, de sus palabras y de sus actos. No hay Hijo, no hay Siervo, no
hay Esposa, no hay Ciudadano, no hay quien esté fuera de esta Ley: El que come,
muere.
Ayer, Hoy y Siempre: “SI”.
En cuanto a la activación de un programa de esta
naturaleza parece del todo evidente que únicamente separando Administración y
Justicia, tal que desligando del Cuerpo de la Justicia y de la Ley la
Intervención del Poder Político, en función de la cual los Gobiernos elevan a
las cúpulas de los cuerpos judiciales y policiales a los cómplices con la ayuda
de los cuales, bajo la cobertura de la excepcionalidad, cometen todo tipo de
delitos y crímenes amparados en la Razón de Estado; es evidente que, mientras
esta Intervención exista: la Justicia será lo que ha sido hasta ahora, la
Ramera corrupta de los Parlamentos, la querida asesina de las Monarquías, la
criada maligna de los Dictadores.
No menos evidente es, siguiendo el hilo, que en un
Estado y Sociedad donde la Verdad es la raiz de todos
los bienes y la fuente de todas las justicias, toda organización secreta cuya
existencia esté sujeta a la excepcionalidad, en virtud de cuya Razón de Estado
la Ley deviene una burla, es, por el mero hecho de su existencia: una
organización criminal.
La Ley, en efecto, sólo puede ser real cuando dentro
de su propio cuerpo no reside una organización criminal; pero si la propia Ley
contiene una organización de asesinos “a sueldo de la Razón de Estado”, ¿cómo
pedirle a la Ley que combata el crimen cuando los criminales más grandes que
existen viven en su propio cuerpo?
Una Civilización, Sociedad y Estado que quiere vivir
bajo la Justicia es incompatible con la existencia de organizaciones secretas
con “Licencia para Matar”. La Necesidad habla con sus propias palabras:
Disolución de las Organizaciones Secretas al servicio de la Razón de Estado. La
Razón de Estado es la excepción que se rebela contra la Ley para hacer que
conviva en el mismo cuerpo del Estado el crimen organizado contra el que la
Justicia alza su Brazo. Pero si es el Estado el que mantiene un servicio
secreto con Licencia para matar su Razón es contra la Ley, ésa Razón es un
Delito y los que disfrutan de su excepcionalidad unos “delincuentes”.
La Razón de Estado, en consecuencia, es el argumento
que organizaciones criminales, sean monárquicas, políticas, dictatoriales,
teocráticas o de cualquier especie, imponen con la fuerza del crimen perfecto,
aquél impune a una justicia que sigue la ideología de aquel que dijera: “NO, no
moriréis, seréis como los dioses, conocedores del bien y del mal”.
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