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Capítulo Tres
Sobre la Vida y la
Muerte
I
No fue en vano, ni mucho menos, aunque pareciera
curiosa, mi Introducción respecto a la estructura filogenética de la naturaleza
humana, contemplada desde una posición más bien filosófica. La estructura de la
Sociedad en clases, fundamento sobre el que levantara el Comunismo, y el
Socialismo pretende reabrir las puertas a semejante infierno, la división del
trabajo tiene en una realidad más profunda su roca de fundación.
El error tremendo del materialismo marxista, matriz
de todos los tipos de socialismos políticos, consiste en suplantar la
distribución genética de la actividad social humana por la teoría de la lucha
de clases; fallo técnico que había de conducir a una conclusión totalitaria,
demente, absurda, a saber, la desaparición de "las clases sociales".
Al poner clases sociales donde la Naturaleza pone
distribución de la actividad social, pues que el individuo es una parte del
todo, y pretender destruir las clases sociales como panacea milagrosa y fin de
todos los males, el materialismo marxista se levantó contra la Naturaleza
intentando imponerle por decreto totalitario la abolición de la actividad
social distributiva que le es innata al individuo.
La solución marxista: Todos proletarios, todos
obreros, es la respuesta de un loco que niega que por naturaleza y dada la
complejidad de la Sociedad Humana el trabajo de mantenimiento del Género Humano
y desarrollo de su Civilización está fundamentado en una concepción
multifacética del individuo humano, siendo así que por naturaleza cada
individuo hereda unas disposiciones sociales desarrollando las cuales se
realiza en cuanto persona, desarrollo que tiene lugar dentro de la Sociedad.
La totalitarización marxista del XX y su transformación en la retórica homogeneizadora pluralista
del socialismo del XXI parte de esa misma confusión entre Naturaleza y Sociedad
y vuelve a poner en circulación el mismo error que condujera a la URSS a la
ruina y a los pueblos comunistas al yugo absolutista de las especies
castristas. No se puede corregir los errores sociales mediante la destrucción
de las leyes naturales, sino que se le debe dar luz verde a las fuerzas
naturales a fin de que por sí mismas rectifiquen los pasos de la sociedad
histórica y encaminen el futuro de la Humanidad acorde a la lógica universal.
Será, pues, mirando los errores históricos que
debemos buscar las soluciones que nos lleven a las respuestas exactas desde las
que legar a nuestros hijos y sus hijos un mundo fundado en la ley natural sobre
cuya roca Dios creó la Sociedad Humana. Lo mismo una teoría de clases como una
dogmática de castas son dos fenómenos pasajeros que deben enseñarnos a no
dirigir jamás, bajo ningún concepto, nuestros pasos hacia esos dos agujeros
infernales. Quiere decir esto que, estando la respuesta sobre la mesa lo que debemos
hacer es aplicarla.
La Naturaleza opera libremente y acorde a la
necesidad del Género en tanto que Género y desde esta necesidad genera al
individuo. No voy a sumirme en el ejemplo de las especies sociales inferiores
pero sí exponer su existencia a fin de que, sin olvidar el abismo que separa a
la sociedad humana de la de las abejas, por ejemplo, partir de esta realidad
para entroncar la existencia del hombre en cuanto Género en este modelo social
de distribución innata del trabajo colectivo.
La dogmática de las castas presupone que los
individuos nacen a imagen y semejanza de las especies inferiores sociales, tipo
abejas y hormigas, y tal como nacen deben morir. Inútil decir el delito contra
la humanidad que esta dogmática criminal representa, y no porque esté en
vigencia en una gran parte de planeta deja de ser esta naturaleza criminal de
dicha dogmática menos delito contra la humanidad. Que toda una religión como el Hinduísmo y sus pares de la India y aledaños
defiendan esta división asesina no es criterio que nos sirva para anular esta
declaración de necesidad de destierro de esta dogmática homicida de la sociedad
del futuro.
La estructura de la Humanidad en clases sociales,
tipo occidental del XIX, contra la que el XX se levantó con la fuerza de un
fantasma, y con toda la razón del mundo, pero con una respuesta equivocada, que
al final se revolvió contra los mismos defensores de la necesidad de destruir
esa relación entre clases sociales tipo castas, pero más flexibles por en
cuanto un pobre podía llegar a ser rico y un rico a ser pobre, no es menos
delito contra la Humanidad y en razón de esta verdad la Historia dictó
sentencia y ejecutó veredicto. Nada hay que decir contra lo que se hizo sobre
derecho, pero sí sobre lo que actúa contra natura.
El mundo de los zares y el mundo de los mandarines
era el mundo de las castas proyectado fuera de la India, y en tanto que mundos
criminales no porque el movimiento echase mano de un error final, como es la
transformación de todo individuo en un obrero, la ejecución comunista fue menos
legítima. Lo que no es legítimo es la perpetuación de dicho error en base a
que, aún siendo una teoría social coyuntural basada
en el efecto de dichos regímenes delictivos, y llevó a los pueblos bajo
aquellas leyes criminales a la victoria contra aquellos gobiernos homicidas, su
acción deba permanecer viva aún cuando la lucha entre
clases sociales haya llegado a su término.
Hoy, desde un nuevo principio, debemos aprender del
pasado para evitar refundar la Sociedad sobre los errores en el origen de
tantas catrástrofes internacionales. Máxime cuando
tenemos sobre la mesa todos los medios para redirigir los pasos de nuestro
Género hacia un nuevo horizonte de Justicia, Paz y Libertad Universal.
La Sociedad es un hecho vivo cuya matriz es la
Naturaleza. Nosotros podemos actuar en la Sociedad y somos sus actores, pero la
Naturaleza es un terreno reservado a Dios, cuya Sabiduría gobierna desde el Origen
el Futuro de su Creación. No podemos, en consecuencia, repetir los errores de
nuestros antepasados y delimitar el futuro del individuo en función de su
nacimiento. Al contrario, tenemos que abrir todas las puertas a fin de que la
fuerza social que le es propia a cada individuo encuentre su sitio en la
Sociedad. Y esto desde la experiencia antitotalitaria que presupone una esperanza revolucionaria viva acorde a la cual las
transformaciones del edificio histórico exigen una apertura en el tiempo, tal
que el totalitarismo igualitario sea derrumbado sin concesiones y los decretos
homicidas por los que todo individuo debe encajonarse entre los límites de un
patrón de comportamiento físico y psíquico: sean declarados fuera de lugar y,
en último extremo, delitos contra la individualidad humana.
Para ponerlo más fácil: la Sociedad futura hacia la
que encaminamos a nuestros hijos debe partir de un hecho universal,
indisociable de la propia individualidad que nos es a todos innata, esto es,
que unos se desarrollan antes, sea física sea psíquicamemnte,
y otros lo hacen con más tiempo. El totalitarismo psiquiátrico del que se
sirviera el siglo XX para crear en serie un modelo de humano -totalmente
antihumano- presupuso que todos los individuos debían ser ahogados entre los
mismos patrones de comportamiento y cualquiera que se saliese de esa normalidad
fuese considerado anormal. Estructura totalitarista que condenó a muchos a los
loqueros y a ser tratados como chicos especiales, una forma humana de bendecir
el antihumanismo que les causara el problema de
adaptación a un sistema social de libertades tal que trató de imponerle sus reglas
a la propia Naturaleza.
Vemos, pues, que debemos empezar por la estructura
de la propia Escuela a fin de alterar sus fundamentos en base a la revolución
histórica que estamos viviendo y está rompiendo los moldes antinaturales sobre
los que se pretendiera hacer del individuo un clon de un prototipo obrero, lo
mismo desde el comunismo que desde el capitalismo. Las teorías eran diferentes
pero el resultado buscado era el mismo. Y de aquí las represiones y los
movimientos sociales de las nuevas generaciones en rebelión constante contra la
aplicación a sus seres de semejantes horizontes de identidad.
No debemos esperar a que la necesidad imponga su
ley. Debemos adelantarnos a la necesidad y evitar los conflictos futuros
mediante la aplicación de las respuestas que estamos viendo que se necesitarán
en el futuro y el futuro aplicaría, de nuevo y como ha hecho siempre, actuando
como un "fantasma".
El hecho es que la apertura de la esperanza de media
de vida extiende sobre el futuro la necesidad de adaptar todas las estructuras
sociales a esta ley. No se puede seguir manteniendo para las generaciones del
futuro un sistema legislativo preconcebido para humanos cuya esperanza de vida
acababa más allá o menos acá del medio siglo. El concepto de mayoría de edad es
un anacronismo que surgiera en su momento defendiendo "del sistema" a
la juventud, y que luego aprovechó el sistema para hacerse con la juventud y
acabar sometiéndola al comportamiento animal, no por coacción sino libremente,
dirigiéndola a su necesidad de mano de obra contra la ley natural, que fija la
realización del individuo en el Conocimiento y jamás en la Propiedad.
La Propiedad es un hecho que debe estar garantizado
por la Sociedad, de manera que el Individuo busque a través del Conocimiento su
verdadero Identidad en el universo de esa Sociedad, encarnación de su Género.
Ahora bien, hemos observado que la Sociedad Animal tiende a preparar al
individuo para el trabajo y confundir fuerza con Conocimiento, abortando así la
Personalidad del Hombre mediante el artilugio de su acceso a la Propiedad en
función de esa fuerza y no a partir del Derecho.
La cobertura de esta necesidad presupone:
A) la flexibilización del modelo de educación y su
extensión en el tiempo;
B) ruptura de todos los patrones generales para
desde esta vara medir la inteligencia y la personalidad individual;
C) apoyo constante durante todo el recorrido y
libertad para salir y volver según lo determine su naturaleza.
Efectos que únicamente podemos alcanzar aboliendo la
necesidad animal desde la que la Escuela, los Institutos y las Universidades
adaptaron su Objetivo al mundo del Trabajo y desde esta satisfacción social
enfocaron su estructura.
El objetivo de la Enseñanza es;
1) la realización del hombre por el hombre,
2) conducir al individuo al conocimiento de sí mismo
y de su mundo,
y 3) desarrollar su personalidad intelectual
mediante una libertad social que le garantiza el Derecho a la Propiedad desde
su Nacimiento, y pone en sus manos todos los medios necesarios para participar
en la Sociedad acorde a sus fuerzas innatas, sin precondiciones ni límites
finales a su movimiento y comportamiento en el seno de la Historia, en la que
él, como individuo, participa plenamente no importa qué haga en un momento de
su biografía; sea haciendo el pan como escribiendo un libro el individuo es una
realidad histórica, instransferible en cuanto él es
el que es y su ser es parte indivisible de una Sociedad que se rige por la ley
Natural, cuyos principios y fines proceden de Dios, Creador de todas las cosas.
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