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Capítulo Tres Sobre la Vida y la Muerte II
El Aborto y la ley
Natural
Conocimiento es una palabra que traduce la imagen de
la realidad tal cual el universo existe sin que su existencia esté precondicionada por el hombre. Es este universo el que ha
hecho al hombre y no el hombre quien ha hecho al universo.
Independientemente de que en el XX la alianza
ciencia-poder-riquezas se prefabricara una imagen del universo a la medida de
su tendencia homicida, consistente en hacer del conocimiento una fuente de
dominio del hombre sobre el Hombre y la Naturaleza, la verdad permanece
inalterable a la espera siempre de que la Civilización, que es el fruto de la
Sociedad, llegue a articularse no por la ley del hombre sino por la ley de la
Naturaleza. (Cuando hablamos de Naturaleza y Hombre entendemos no al hombre
salvaje sino al hombre espiritual).
La ley de la Naturaleza cuenta su éxito por millones
y la prueba es la misma existencia del hombre. La ley del hombre presupone que
el hombre se ha hecho a sí mismo a lo largo de las edades prehistóricas, y de
aquí que tenga potestad para regir su Sociedad acorde a leyes propias.
Nada hay más propio de un loco que esta afirmación
que, sin ser declarada, rige el comportamiento de la comunidad
político-científica.
Era de esperar, y siempre el efecto de la violación
de la ley ha de llegar a este término, que en una sociedad donde el aborto es
ley la descompensación del equilibrio que procede de la violación de la ley
natural derive en un aumento de la criminalidad social sujeta a dicha ley
homicida. Efecto que se ve, a escala macrosocial, en
algunas partes del tercer mundo donde la violación de la ley natural que es el
aborto procede de la propia miseria.
Ahora bien, la ley natural es un sistema cerrado
perfectamente articulado que funciona automáticamente. Y de aquí que la
descompensación crezca en función de la propia imposibilidad de la ley natural
para reconfigurarse acorde a la ley humana.
A la manera que un programa genético una vez
activado actúa sin aceptar órdenes externas, rigiéndose exsclusivamente por las leyes sobre las que está configurada su estructura, la Naturaleza se
comporta siguiendo unas leyes autónomas, cuyo éxito viene determinado por las
pruebas, y dejada libremente continúa cosechando más victorias, pero que
alterada es incapaz de corregirse a sí misma. Es decir, la ley natural se rige
por leyes sobre las que ni el hombre ni nadie, exceptuando Dios, la fuente de su
código cerrado, tiene poder.
Si las llamadas catástrofes no basta para ver que la
Naturaleza tiene una entidad propia desde la que se comporta como un un ser vivo, cuya ley interna no se relaciona con el hombre
ni con ninguna especie en la medida que su configuración dependa de lo humano,
entonces cualquier discurso es un intento de comunicación entre especies
procedentes de diferentes ramas del árbol de las especies.
Es la ley natural la que siguiendo su estructura
divina articula el equilibrio biosocial. Pero esta
ley opera, como hemos visto, en función de un sistema cerrado cuya mecánica el
hombre no puede alterar.
Habiendo dirigido la Naturaleza la evolución del
hombre desde las raíces celulares más básicas, la ley natural traduce la
estructura de la biosociedad humana en un código
universal, y es con este código con el que la Naturaleza se relaciona. Es
decir, la Naturaleza actúa sobre el hombre en cuanto Género, jamás con el
hombre en cuanto individuo.
El crecimiento de la biomasa humana, por emplear
palabras dulces, está regido por una ley natural, que equilibra la reproducción
mediante la compensación sexual. El aborto -independientemente ahora de sus
causas sociohistóricas- es un ataque masivo de la
sociedad contra la ley natural, alterando una compensación universal que la
Naturaleza no asume y, en razón de la imposibilidad de actuar mediante patrones
homínidos, la ley continúa actuando ajena a esta destrucción de su ley por el
hombre.
Pongamos un ejemplo constructivo. Imaginemos que
existen unos planos, o código cerrado, acorde al cual deben construirse un
edificio cualquiera. Este edificio implica igualmente un tiempo de
construcción. En función de estos parámetros: espacio, materia y tiempo,
contratamos más o menos personal. Creamos un sistema de contratación por el que
el trabajo permanece constante de manera que todas las partes del edificio
evolucionen en armonía, y no suceda que un ala esté acabada mientras otra ni
siquiera ha sido levantada la mitad de la altura a alcanzar.
Ahora imaginemos que dejamos actuar este programa
automáticamente y nos desentendemos de su funcionamiento. De no interrumpir
este proceso ningún agente externo, cuando regresemos, acorde al tiempo
estipulado tendremos el edificio terminado.
Pero imaginemos que durante el proceso se producen
alteraciones, tal que aunque la agencia de contratación hace su trabajo los
empleados contratados para esta parte o la otra no llegan jamás a su destino.
Tenemos el efecto con el que mediante la ley intentamos prevenir, es decir, que
todas las partes del edificio no crecieran armónicamente. ¿Por qué?.
Pues que la ley natural, es decir, el programa de
contratación, es autónomo y su cobertura se limita a la contratación, que la
parte contratada llegue a su destino o no, al no pertenecer a su área de
gobierno, no es de su incumbencia; y la edificación continúa sujeta a la
alteración expuesta. De aquí que al regresar nos encontremos con que la parte
que ha acabado su trabajo esté inactiva por en cuanto no puede continuar, dado
que las otras partes no han hecho el suyo, resultando de aquí el caos debido a
una construcción donde la parte activa está inactiva y la actividad retrasada
adelanta a una velocidad fuera de la ley acorde a la cual se estipuló el
tiempo.
El aborto -aplicando esta situación a la estructura
existente entre el Hombre en cuanto Género y la Naturaleza en cuanto Materia
sin la cual no puede darse Historia- es la interrupción de esta ley por la que
la Naturaleza articula la reproducción de la biomasa humana acorde a un
Proyecto Universal.
Independientemente de la sociedad humana la ley
natural sigue haciendo su trabajo, y puesto que su contrato está limitado en el
tiempo: el fin de una organización viva sujeta a la violación de la ley de la reeproducción natural es el derrumbe de todo el edificio
social una vez cumplido el tiempo y la imposibilidad de cumplimiento de
contrato que al término del vencimiento se ha manifestado consumada.
Basta mirar el derrumbe de sociedades históricas
para ver que la ley natural es ajena a la ley humana y se rige por unos
principios en cuya configuración el hombre no tuvo parte porque el hombre no
existía, y, en consecuencia, contra la locura de la alianza entre el poder y la
ciencia, el hombre no puede intervenir para reconfigurar la ley por la que se
rige la Naturaleza.
La única corrección que la Naturaleza admite es la
obediencia de la Sociedad a su ley. En consecuencia el aborto debe ser
legislado en función de esta criminalidad contra el futuro de la Sociedad que
su acción representa, y desde esta declaración universal desterrar de todos los
hospitales esta práctica, persiguiendo el legislador con leyes y los cuerpos de
la ley con sus medidas cualquier práctica privada.
Ahora bien, nadie debe olvidar las causas sociales
de esta práctica homicida. El consejo del poder, del hombre en cuanto animal
político, no es luchar contra el mal sino dejar que el mal se desarrolle
libremente a fin de que por la libertad aprenda el mal a convivir con el bien.
Sobran las palabras. San Francisco, dicen, hablaba con las bestias.
Desgraciadamente nosotros no hemos sido dotado de ese poder para hablar con la
bestia política y debemos dirigir nuestros ojos y nuestra acción a la
erradicación del mal, en todas sus formas, del cuerpo social. Si la lucha
contra la pobreza es un determinante, la formación de la paternidad y la
maternidad en las escuelas superiores, que el animal político quiere reducir a
educación sexual, como si las ratas pasasen por escuelas para aprender a
reproducirse, es de una necesidad imperiosa a fin de que el ser humano,
teniendo el modelo en su casa, adquiera desde la adolescencia perfecta
consciencia de la importancia de la paternidad y la maternidad.
La ausencia de esta formación es, sin duda, uno de
los determinantes que están en la raíces del fracaso en masa de las uniones
matrimoniales, y es causa, por esta ignorancia, del comportamiento sexual que
actúa ajeno a la ley de la reproducción humana, apareándose la juventud como
miembros de especies sin responsabilidad de ninguna clase sobre la progenie
procreada. El efecto es el aborto.
No basta, pues, actuar contra la pobreza, porque
vemos que en las sociedades opulentas el aborto y la destrucción de la familia
crece con el tiempo, minando su sociedad futura en razón de la satisfacción del
presente. Acabar con la miseria es el primer paso; el segundo, formar al hombre
y a la mujer, antes de que alcanzen su plenitud
sexual, acorde a los patrones de la reproducción natural específica del Género
Humano, patrón con el que se relaciona la Naturaleza y acorde al cual rige el
equilibrio de su biomasa en el tiempo.
El tercer paso, pasar del Derecho al Deber desde el
momento en que se forma una Familia Humana. La Sociedad debe adoptar por Deber
la cobertura automática de todas las necesidades básicas de la familia desde el
momento en que se forma, asumiendo este Deber como lo referente a casa, comida,
ropa y escuela.
Los lujos y los gustos es cosa del hombre y la mujer
en tanto que individuo. La Sociedad no puede asumir por Deber el mundo personal
del Individuo. Pero esto es algo que se entiende por lógica. Al violinista su
violín, como dice el proverbio, y a cada cual las herramientas de su trabajo,
lo que haga con su arte y su ciencia cada cual es cosa de cada cual.
El hecho es que nos encontramos en el decisivo
momento de dar el paso del derecho al Deber, que algunas sociedades, tipo
Alemania, han asumido, pero que otras, tipo España, no sólo no han asumido sino
que la parte que había sido asumida ha sido totalmente abolida.
Es decir, unas sociedades marchan hacia adelante, y
otras marchan hacia atrás. Otras, sin embargo, no tienen esta posibilidad y,
tipo India, viven el efecto de la violación de la ley natural en su estado
salvaje más puro. Otras como China, donde la violación es sistemática, y aunque
la apariencia de fuerza ciegue la vista, la descompensación enorme vaticina el
derrumbe.
Por último, comprobada la fuerza innovadora y
revolucionaria -en el sentido más positivo- de la juventud, los grupos de poder
deben combatir esta fuerza asesinándola en la matriz. Cosa que hacen. De aquí
la complacencia progresista del poder para bendecir el aborto y destruir la
Familia Natural. Ahora bien, destruída la Familia
Natural la ley de la Naturaleza es despedida y, su consecuencia, siendo
inmutable su ley, es la Caída de esa Sociedad. Obviamente todas las sociedades
tienden inexorablemnte a creerse eternas. Creencia de
donde resulta que la Historia es un montón de mentiras, porque es imposible que
siendo todas eternas el número de las sociedades caídas sea tan grande como
desconocido.
¿Se ha quejado la Naturaleza por la desaparición de
Hititas, Asirios, Medos, Mayas, Incas....? ¿Se ha quejado porque haya
desaparecido la sociedad soviética? ¿Se quejará porque desaparezca la sociedad
socialista?
En efecto, antiguamente eran sociedades tribales
devenidas en naciones, al presente las sociedades son ideológicas y religiosas,
pero las unas como las otras todas las que se sitúan al margen de la Ley de la
Naturaleza, inscrita por su Creador desde el principio de nuestro Mundo, sufre
el efecto de quien despide a los trabajadores que no se atuvieron al tiempo de
contrato y contrata a un nuevo equipo para terminar su obra.
Resumiendo:
El Aborto es un ataque contra la Multiplicación de
la Fuerza Social que la Naturaleza pone en escena como Plataforma de la
Evolución Continua de la Civilización. Habiendo demostrado ya la Juventud el
poder revolucionario que en su sangre porta, el Poder establecido tiene como
función absolutista reducir al máximo posible ese Poder Natural, sea mediante
agentes destructores de su salud, sea como agente indirecto de la aniquilación
de esa Fuerza desde la matriz. La Política del Aborto, por tanto, y aunque se
manifieste un contrasentido, es impuesta y defendida por gobiernos y partidos ultrafascistas que, bajo la más cara del progreso, tienen
por fin la Manipulación de las Masasy su Dominación
por la Clase Polìtica a la que ellos, naturalmente
representan.
El Aborto es un ataque masivo y controlado contra la
Fuerza Revolucionaria de la Juventud, entendiendo aquí Revolución como
Movimiento Histórico Natural. El abortista, en consecuencia, es el mayor
enemigo de la Civilización por en cuanto cree, dejándose llevar por la locura
de los reyes soles, que el Hombre puede controlar y someter a la Naturaleza. La
Historia ya ha demostrado que, a falta de la Fuerza Humana Natural sobre la que
mover pacíficamente sus páginas, se levanta en oleadas sangrientas para
eliminar de su camino a quienes, creyéndose que pueden enfrentarse a su Paso,
se mantienen de pie ante sus piernas.
Las medidas legales contra el Aborto como Causa de
futuras revoluciones sangrientas tienen su comienzo en el destierro de todo la
Tierra de su Legalización y Práctica, a codificar en el Código Penal. Esto no
es un avance hacia el pasado. Cuando el Pasado ha avanzado contra el Futuro, el
Presente debe alzarse para frenar los efectos que el Pasado pusiera en
movimiento y ocasionarían en el Futuro un cataclismo sangriento de proporciones
devastadoras.
Pero escribir una Victoria Antiabortista Universal
sin inmunizar el campo donde se sembrara esa mala hierba es dejar que vuelva a
crecer en el Futuro. La Educación Moral del Ser Humano, cuya destrucción es
connatural al programa Abortista de los Gobiernos ultrafascistas -entiéndase progresistas, izquierdistas, liberales, socialistas- debe ser
rescatada de la cueva en que eso que llaman “Ética” quiso enterrar el Código
con el que la Naturaleza se relaciona directamente y no acepta ninguna
interrelación en su Movimiento con eso que la Etica sea, y que no es en el fondo más que una Moral subordinada al Poder.
La Moral, en definitiva, es el campo en el que el
Individuo y la Naturaleza se relacionan directamente.
La Etica es el campo en el
que el Poder, sustituyendo a la Naturaleza, se relaciona con el Individuo no en
cuanto Ser sino en cuanto Ciudadano, es decir, esclavo del Poder.
La Etica, al final, no es
sino la subversión de la Libertad del Individuo en razón de la necesidad del
Poder de mantener bajo control a la Sociedad. Y busca, pues, la esclavitud del
Individuo a los Intereses del Poder.
La Moral, en cambio, siendo el fruto de la Ley
Natural, y viniendo determinada esta Ley por el Creador de la propia
Naturaleza, es la Libertad del Ser acorde a la Ley Universal.
La Etica no hace hombres libres,
hace esclavos del Poder.
Pero la Libertad del Hombre es un Hecho Natural. Y
esta realidad es la que determina la Moral, que es defendida por el
Cristianismo y atacada por todo sistema político basado en la reducción del
hombre a votante, y privado de toda propiedad natural al elector, y en defensa
de cuya alienación tiene que desterrar la Moral cristiana, o sea, Natural, de
la Formación del Intelecto Humano.
El fin de la Política en cuanto Ciencia es la
Formación del Ser en tanto que elector. El objetivo de la política en cuanto
arte del Poder es la eliminación de este Fin y el mantenimiento del Individuo
en las condiciones infrahumanas -desde el punto de vista de la Ciencia
Política- que caracterizaron al Votante del Siglo XX.
Moral y Poder, dado que la Moral se ha hecho
Cristiana, y el Poder se ha hecho Etica, eran
incompatibles en la estructura de la Civilización del Siglo XX, y el resultado
se tradujo en una aptitud genocida contra la Humanidad en su conjunto que se
tradujo en la habilidad del Poder para aprovecharse en su propio interés de la
reducción del Individuo a la condición animal de supervivencia.
Incapaz el Individuo del Siglo XX para tener una ley
propia sin necesidad de una imposición externa, el Aborto fue una de las
consecuencias que esta animalización de su Ser puso en escena. Y que esta
puerta es el acceso a una nazificación de la vida
humana, es decir, a un desprecio total hacia el valor de la vida del hombre,
establecido el cual en el Poder y la Sociedad las barreras hacia una Dictadura
caen sin oposición manifiesta, se ve en la Práctica abortista generalizada, en
unos casos aislados sacados a luz, en cuyo ejercicio se emplean para la
eliminación de la vida en gestación los mecanismos que se utiizan para la eliminación de la basura. ¿Si pues la vida es basura en la matriz, qué
hace diferente a la vida humana en sus dos piernas?
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