II
Contra el tabaco
La verdad la conocemos todos. Querer actuar de
acuerdo a la verdad es harina de otro molino. La crucifixión de Cristo no
expuso más que la tragedia que vive la verdad entre nosotros; tragedia bajo
cuyas ruedas han seguido muriendo, lo mismo que murieron antes otros, todos los
que lucharon por la verdad sin más armas que la propia verdad. Recordemos a
Luther King, americano; Ghandi, indio; Savonarola, italiano, y a tantos otros héroes desconocidos
que lo dieron todo por la verdad y el mundo les pagó con la cruz.
La verdad es que de la muerte por hambre de millones
de nuestros semejantes somos nosotros los únicos culpables. ¿Tendrán que pagar
la culpa de nuestros delitos nuestros hijos?
Ahí está, una planta maldita, creciendo como un
cáncer todopoderoso que cada década absorve más
cantidad de suelo cultivable, y al ritmo que crece para mediados del siglo que
corre: la Humanidad comerá ... tabaco.
La producción de plantas venenosas, homicidas, en
razón de los intereses de grupos de poder, propios de las edades de los
metales, grupos organizados con Ejércitos y Estados a su servicio, es uno de
esos cánceres amados que el paciente cuida en su locura suicida sin tener en
cuenta la gravedad de su comportamiento contra sus semejantes, a los que no les
desea más bien que se mueran de una muerte peor que la que nuestro hipotético
loco se ha adjudicado para demostrar su valor en el desprecio de la muerte, en
este caso, la propia.
Son muchas las plantas venenosas que los intereses
asesinos de unos cuantos grupos organizados cultivan y usando la violencia que
viene de sus riquezas imponen a la sociedad en cuanto cultura propia, alienando
al ser de la inteligencia que le es natural mediante el artilugio criminal de
integrar en las cosas propias de lo que sea la Cultura el consumo suicida de
dichas plantas asesinas. Aunque hay algunas que son verdaderos venenos que, en
las manos de asesinos supercriminales, hicieron del
último cuarto del siglo XX su campo de muerte, hablemos de la heroína el día
que cayó Afganistán en las manos de la URSS y después en la de los Talibán,
estas plantas, a pesar de su mortandad virulenta tienen la virtud maldita de
concentrarse en grupos discriminados de individuos, sin lograr la aceptación
universal de la cultura popular internacional, de cuya bendición goza el
tabaco.
Hacer lo que los políticos del siglo XX, reducir las
tragedias a números, no es sólo vergonzoso sino que da cuenta del valor de la
cultura política del siglo XX: desgraciadamente aún en vigor. Argumentar, en
consecuencia, sobre la relación entre el consumo de tabaco y la progresiva
destrucción del sistema psicosomático del ser humano es asunto, a estas
alturas, reservado para verdaderos idiotas.
El sistema de defensa que el hombre en tanto que
hombre hereda y lega a su descendencia está en relación directa con la
experiencia del ser en el universo, y desde esta experiencia ese sistema se
actualiza constantemente. Pero un sistema no puede actuar con parámetros no
inscritos en su estructura interna. Quiero decir, el sistema inmunológico es la
evolución de una progresión en el tiempo producto de la relación entre el
hombre y su hábitat, pero no fue creado para defender al hombre del propio
hombre, y aquí está el problema: El hombre tiene que enfrentarse a sí mismo en
cuanto el peor enemigo de su supervivencia.
El cultivo y defensa de la planta del tabaco, aún cuando la desertización del planeta es progresiva y el
ritmo de extensión de esa planta maldita reduce aún más esa extensión en
decrecimiento constante, condenando a la muerte por hambre a millones después
de haber devastado por el cáncer a decenas de millones de seres humanos hasta
la fecha, esta relación del hombre para con el hombre demuestra que sin la
conquista del Poder para desde el Poder lanzar la ofensiva final contra este
cultivo homicida, sin la conquista del Poder por las generaciones del Siglo
naciente es un objetivo condenado al fracaso. Y sin embargo la verdad no tiene
más que una bandera y una palabra: destruir todas las plantas de producción del
tabaco, abolir ad eternum el cultivo de ese veneno, desterrar de la faz de la
tierra todo el sistema productivo creado alrededor de la muerte de decenas de
millones de seres humanos y en aumento criminal constante.
Las medidas infantiles tomadas con el consentimiento
de los grupos criminales dedicados a la destrucción de la humanidad en
beneficio propio, tales como limitación de la edad, limitación de lugares, bla bla bla,
son parches, concesiones que el agente destructor de la humanidad concede a fin
de seguir creciendo a costa de la carne y la sangre de los humanos.
En una guerra total no caben las concesiones. Nada
que no sea la destrucción de todo el círculo productivo y de comercialización
del tabaco puede entrar en el programa de lucha contra el tabaquismo, que es decir,
contra el cáncer.
La propaganda de ese grupo criminal no se detiene
ante nada para mantener la falacia de la disociación entre cáncer y tabaco.
Pagan a expertos en ciencias para adulterar la verdad en público, pagan a los
medias para minimizar la relación letal y directa entre tabaco y cáncer. En
tanto que grupos criminales que viven de la muerte de millones de seres humanos
la necesidad les empuja a actuar como lo que son, asesinos en masa.
Es evidente que la verdad suena a violencia cuando
quien se opone a ella es un criminal de la peor especie. Y más evidente todavía
que no hay peor idiota que quien defiende a quien le está asesinando ... en
nombre de la libertad.
Hay medidas que podemos ir tomando colectivamente e
individualmente en razón del poder que tenemos, en grupos y en privado.
A) Pedir a los municipios la abolición de la siembra
de máquinas distribuidoras por las calles, por ejemplo;
B) prohibir en los negocios propios el consumo de
tabaco;
C) no llevar a los hijos a lugares donde se fuma;
D) si tienes una plantación, destruye la cosecha y
planta patatas, tomates, pimientos, naranjas y alcachofas;
E) si tienes un negocio de venta de tabaco, abre con
lo que has ganado otro y ciérrale esa puerta a la muerte.
F) Si tienes un bar, despide a la máquina que vende
tabaco y no vendas. El que quiera pudrirse fumando, que fume sin embargo, es tu
propiedad y en ella eres dios. Pero recuerda que los dioses cayeron, y tú
puedes ser el próximo; no precipites tu caída.
No es hora de las palabras, sino de la acción. Mil
veces se ha demotrado la relación directísima entre
cáncer, tuberculosis y ochenta enfermedades pulmonarias más: ¡con el tabaco!
Mil veces más los Homicidas que viven del Delito contra la Humanidad que todo
el sistema de Producción y Distribución de Tabaco representa, les han pagado a
nuestros queridos prostitutos del Siglo XX, los científicos, para firmar
declaraciones criminales, tales como que el Tabaco no es en verdad el agente
del cáncer, o es muy difìcil establecer una relación científica
directa ... bla bla bla ... discurso de criminales firmado por sus cómplices,
la peor de las prostitutas: la Ciencia del Siglo XX.
¿Hay alguien que dude aún de la relación directísima
entre Tabaco y Cáncer? Si lo hay, que ese alguien coja su cerebro y lo tire a
la basura.
Las medidas infantiles de los políticos progresistas
para acallar la conciencia social no han dado ningún fruto sino que el cultivo
de ese veneno genocida siga su crecimiento imparable. Volver a demostrar lo que
se ha demostrado ya cien mil veces es seguirle el juego a un idiota de
nacimiento. El siglo XXII será si el Siglo XXI no es una continuación del XX.
Todo lo que sea una suite será un paso más hacia la extinción del Género
Humano. La trascendencia de este Siglo XXI para el futuro de la Humanidad es
inmensa. Ya es hora de que después de seis milenios viviendo en el infierno empezemos a salir de su reino. Todo lo que pertenece al
infierno debe ser dejado entre sus fronteras; no somos ladrones, no debemos
llevarnos nada de lo que le pertenece al infierno; que el fuego devore lo que
le pertenece.
Pedimos y debemos desterrar de la Tierra la planta
del Tabaco, echar abajo todo el sistema de Producción y distribución del agente
antihumano más poderoso del momento, causa directa de una epidemia que se cobra
millones de vida al año, el Tabaco, y contra cuyo crecimiento el Poder no sólo
no adopta el Estado de Guerra Universal sino que hasta acaricia la posibilidad
de eliminar el Peso de la Humanidad mediante este agente sin necesidad de tener
que poner en juego medidas más "progresistas".
Echad cálculos por vosotros mismos y estudiad la
cantidad de hectáreas dedicadas a la destrucción de la Humanidad, que, de ser
dedicada al Cultivo de patatas, lechugas, tomates, manzanas y coles, ¿a cuántas
multitudes estaríamos alimentando? Y al no hacerlo, ¿a cuántas multitudes
estamos condenando al hambre?
Y pues que el Tabaco no es más que un vehículo de
propagación de una aptitud generacional multitudinaria para la drogadicción, y
esta aptitud un medio para el Control de las Juventudes Revolucionarias, ¿en
qué proporción está creciendo el número de hectáreas dedicadas a la destrucción
del Hombre y en qué proporción crece el Hambre y el Cultivo Transgénico, la nueva
Plaga contra la Humanidad?
La única respuesta real y humana es la Destrucción
de todo el SISTEMA DE PRODUCCION Y DISTRIBUCION DEL TABACO.
Ganamos poniendo la primera piedra para la Victoria
Final contra el Cáncer.
Ganamos produciendo millones de toneladas de
alimentos con los que cubrir las necesidades de las Poblaciones sujetas al
Hambre.
Ganamos quitándole argumento a los Nuevos Bio-Criminales de finales del Siglo XX: Los Productores de
Transgénicos.
Ganamos reduciendo la Aptitud para la Drogadicción
que produce el consumo de Tabaco mediante su adaptación a vehículo de productos
adictivos de alto poder alienante de la voluntad humana.
Hay que comenzar por uno mismo, evidentemente. Pero
el fin de la acción es el Destierro de esa Planta de la Superficie de la
Tierra. Sin condiciones, sin treguas, sin pactos. Destrucción de todo el
Cultivo, Manipulación y Distribución del Tabaco. Nuestros hijos nos lo
agradecerán y nuestros nietos no podrán creer que en los tiempos de sus abuelos
las gentes se envenenaban, casi por deporte, por demostrarse que se era más
hombre o más mujer por meter en la lotería del cáncer, y renunciar al
maravilloso Poder de la fuerza de Voluntad que el consumo de ese veneno mataba
en el organismo. Nos aplaudirán y con pulmones como motores atómicos correrán
los 40 kilómetros del Maratón antitabaco en honor de nuestra hazaña, porque
nadie creerá que esta Guerra lleve a término su Victoria sin tener que vencer
la resistencia de todo el entramado Biocriminal que
ese Sistema representa. Ahora bien, si sencillamente dejamos de fumar todos,
como se cae por su propio peso un castillo en el aire cuya magia se basa en la
credulidad de todos, esa Victoria está a nuestro alcance sin siquiera darle
oportunidad al enemigo a vestirse para la batalla.
Comienza tú, sé la alegría de tus hijos, la
admiración de tus nietos, no fumes.