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LIBRO TERCERO - QUINTA PARTE Capítulo Décimo Quinto
LA NATURALEZA DE LA
HISTORIA Y LA HISTORIA DE LA NATURALEZA
La afirmación de la realidad tal cual existe es la
negación de la realidad tal cual es. La improvisada teoría de la necesidad de
un sistema social creado para el ordenamiento de la ley y la convivencia entre
todos, sobre el presupuesto de la Fuerza del Estado, es la negación más
absoluta de la Naturaleza y del Universo, en suma, de la naturaleza del Hombre,
que pueda ponerse sobre la mesa. ¡Cómo
es posible que semejante aberración de la realidad natural del Hombre haya
podido alzarse hasta el punto en que la Historia de encuentra! es una cuestión
a asumir desde la Sabiduría, que no de la Ciencia, pues que la Ciencia, los
hechos lo demuestran, está al servicio de ese Estado que propugna su derecho a
acallar toda crítica mediante el empleo de cualquiera Fuerza a su alcance, por
supuesto, en bien de todos. Más buenos ellos.
Pero no puede haber crítica si no hay indagación de los orígenes de esta pseudo-realidad que ha venido a desplazar la realidad en orden a la fuerza de quienes tienen en la Fuerza su argumento. El despliegue policial contra la voluntad del pueblo en su derecho natural e histórico a la crítica no es más que la expresión de la ignorancia según la cual la violencia es el argumento del ignorante. Otra nueva cuestión pues: ¿Cómo es posible, cómo ha sido posible, que los ignorantes se encuentren en la dirección de los Estados y de los organismos Internacionales? El recurso a la Fuerza Policial para aplastar la crítica de las generaciones vivas es la manifestación visible y palpable de la ignorancia de los partidos que se han apoderado del Estado y hecho suyo la Democracia a la hora de enfrentarse a la Realidad : La Crisis de la democracia que está dando paso a las Dictaduras es la expresión histórica de la incapacidad de las clases políticas internacionales para enfrentarse a la verdad, es decir, esta Crisis existe porque no ha habido, ni habrá, una Tercera Guerra Mundial. En efecto, la Guerra fue la panacea mundial que liberó al Siglo XX de
los millones de parados existentes antes de su eclosión. El Mundo se encuentra
actualmente en la misma posición que se encontró el Siglo XX en los años treintas. Dicha situación empujó al mundo a la
bipolarización del Nazismo y del Estalinismo en respuesta a un fenómeno
mundial cuya naturaleza superaba la inteligencia de las clases políticas
reinantes. La Guerra Mundial era necesaria para solventar ese fenómeno. El
Fantasma de cientos de millones de parados crecía en el horizonte. Había que
exorcizar al mundo de su sombra, devolverlo a la tumba, dejar la solución del problema
para el Siglo XXI.
Y aquí estamos. El fantasma del Siglo XX ha
regresado de su tumba. Las naciones se bipolarizan delante de nuestros ojos. El Neo-Nazismo democrático impera y se prepara para
convivir con el Neo-Estalinismo socialista, y ambos juntos hacer de la Crítica : Terrorismo.
Nada nuevo bajo el Sol. Este enfrentamiento final del Género Humano consigo mismo es un encuentro que ha venido siendo pospuesto por la continua cosecha de generaciones durante todos los tiempos y naciones. Tanto es así que la Ciencia de principios del Siglo XX, siguiendo la ideología nazi de Charles Darwin, sacralizó la Guerra como el medio natural de supervivencia de la especie. Las Guerras Mundiales, desde la opinoón de tales genios para la eternidad, no eran más que el recurso a la Necesidad que las clases aristocráticas tenían de desembarazarse de la casta de los miserables de todas las especies. Pues: ¿Qué hubiera pasado si Caín no hubiera matado a Abel? ¿Cuál sería el número de habitantes del Planeta a principios de este Siglo XXI si las dos guerras mundiales del XX no hubieran existido? ¿Cómo este sistema social mundial, basado en la división entre Fuertes y Débiles, Pobres y Ricos, hubiera soportado el aumento biológico de la masa de la población mundial de no haberse procedido a las siegas de las Guerras Mundiales? Lenin tenía razón cuando
dibujó la Primera Guerra Mundial como la consecuencia lógica de la lucha entre
los Imperios del momento. Sin embargo Lenin era un político, y como político
era un ignorante, ignorancia que se manifestó en la elección del sucesor que se
eligió a sí mismo. ¿Quién es el bestia que corona a su
perro?
La Ciencia, pues, en lugar de pararse a considerar su postura frente al Universo, Dios y el Hombre, tomó partido por el Diablo, y bendijo la Guerra como la Necesidad Natural por el Universo alzada para mantener el Orden y la Ley. Hitler no hubiera existido de no haber sido por la
Ideología implícita en el Manifiesto de la Selección Natural de Darwin, del que
se derivaba que el Fuerte no comete Crimen al cometer Genocidio contra el Débil,
pues tal es el orden y la Ley de la Naturaleza.
Ahora bien, si la Crítica es buena, necesaria y justa, no menos es verdad que una Crítica que no ofrece más que crítica de la clase política sin ninguna respuesta viable al problema, y de ahí el uso de la Fuerza, transformando los cuerpos creados para luchar contra el Crimen y la Delincuencia en Perros del Estado; esta crítica huérfana de respuesta se ve condenada al fracaso, no consiguiendo otra cosa que reforzar al Estado en su necesidad de organizarse policialmente más eficazmente como respuesta a la cuestión por la que la crítica es puesta sobre la mesa. Tal ésta es la naturaleza del movimiento al que
estamos asistiendo en estos días. Los Estados se re-SS-organizan. Los Estados
se Neo-SS-ifican con la intención de proteger a sus
clases políticas contra las consecuencias del Delito que es ocupar el Gobierno
y ser incapaz de ofrecer la Respuesta al Problema del Pueblo.
El Gobierno existe única y exclusivamente para avanzar esta Respuesta. Si el Gobierno no puede, el Gobierno deja paso a otro Gobierno que sí pueda. Lo contrario, mantenerse en el Poder con independencia de la realidad, es decir, permitirse ser sobrepasado por los acontecimientos, es un delito contra la esencia y la sustancia de la Democracia. No existiendo Ley que
regularice este Delito se entiende que los políticos se acojan a la respuesta
de “si te dí el beso de Judas, no haber puesta la
cara, idiota”, en términos de sus señorías, “que una vez elegidos democráticamente
tienen el Poder para hacer con el Poder lo que les venga la gana durante los
años para los que fueron designados democráticamente”.
De todas formas esta es una situación que debe resolverse desde la Verdad. Si no se sabe de dónde se viene ni adónde se va tanto el que guía cuanto el que es guiado, aunque éste proteste, los dos corren en dirección a la misma fosa común. Es un dicho muy antiguo, tan viejo como el Padre de la Etología, Premio Nobel, cuando el Nobel, como el amor verdadero, ni se compraba ni se vendía, que hoy ya se sabe, se venden hasta las naciones; que los organismos vivos, todos, sin excepción, se mueven desde un mismo principio universal, el Conocimiento. Los elementos naturales son para las bestias lo que la inteligencia es para el hombre. La información que adquiere el individuo en tanto que individuo y la especie en tanto que especie determinan su éxito o su fracaso en el espacio y el tiempo. Dicha esta verdad tan grande no es de extrañar que Konrad Lorenz y su Obra
Magna, “La otra cara del espejo”, fuesen callados, y reservados al olvido. La
Conclusión de la verdad Lorenziana era tan
trascendente y clara que, de ser aceptada a nivel de comunidad científica
mundial, implicaba a la Ciencia, en tanto que Fuente de Información sobre el
Universo y la Naturaleza, en la estructura de la realidad de la Plenitud de las
Naciones. Había, en consecuencia, que callar al Gran Hombre con un Premio
Nobel.
Independientemente de estos acontecimientos la
expresión jesucristiana se mantiene: NO basta criticar, hay que saber hacia
dónde se quiere ir; para saber adónde,
se debe saber de dónde se viene.
Estos horizontes, el que viene del Pasado y el que
va al Futuro, se encontraran en el Presente de una forma más nítida de no haber
procedido la Ciencia del Siglo XIX a santificarse a sí misma con objeto de
demonizar a las religiones, especialmente al Cristianismo. Los prejuicios
anticristianos y antibíblicos en los que se hundió la
comunidad científica del XIX hizo imposible una recreación del Pasado acorde a
la Historia de la Naturaleza. Se hizo historia de la Historia, y se trató a la
Historia como si la Naturaleza no hubiese tenido arte ni parte en su historia.
La demencia de semejante postura no es necesario recalcarla, pero todo tiempo
que se pierda en esta discusión no será nunca un tiempo perdido.
Me explico.
Posiblemente el hombre más grande que jamás haya
pisado Europa, Napoleón I, revolucionó el mundo de la Historia con su increíble
viaje a Egipto. Los Británicos, de toda la vida la encarnación de la envidia antifrancesa, redujeron la grandeza del acontecimiento del
viaje de Napoleón a Egipto a simples hazañas bélicas. De siempre, depredadores
de todo lo que produjo Europa, locos por su no-ser europeos o britanizar a Europa en su defecto, los historiadores
británicos hicieron con la Gesta Egipcia del Francés lo que hicieron con la
Gesta Española en Lepanto, una hazaña
bélica sin más importancia, que alguna hubiera tenido de haber estado el Inglés
al frente de la Flota que Liberó el Mediterráneo de su Amo Islámico, pero como
no quiso Dios que el Inglés estuviera, la batallita del Español no tuvo ninguna
importancia. Una Ciencia Histórica en tales manos no podía, bajo ningún concepto,
elevarse de la Naturaleza de la Historia a la Historia de la Naturaleza, menos
aún hacer de ambas el Espejo de la Realidad Universal.
El caso es que hasta ese día, el día que Napoleón se llevó consigo a la flor y nata de la comunidad científica francesa a Egipto, la posición de las Universidades Europeas sobre la Existencia de los Imperios Bíblicos (Asiria, Babilonia… y sus ciudades, Nínive, Ur…) era de total rechazo a la existencia de tales ciudades mágicas. El Tiglat Pileser de la Biblia era puro cuento. Lo mismo que la Ur de los Caldeos y la Nínive de Jonás. La Biblia era pura mentira, cuentos de viejas, relatos para idiotas. El cristiano un neurótico ¿qué se podía esperar
de la fuente de su neurosis?
En eso estaban cuando el joven Champolión hizo con la Piedra Roseta lo que Moisés con las Tablas, partírsela en la cara a las Universidades del Mundo Occidental. Las moscas británicas y alemanes comenzaron
a volar hacia el panal y comiendo dulce y rica miel los cables comenzaron a
cambiárseles. Pero no admitirían jamás que su burla contra la Biblia y el
cristianismo fue una ofensa criminal de la Universidad a la Iglesia. De todos modos
la mediocridad del genio germano-anglo en el terreno de la Historia, aquejado
del mismo mal que padecían los historiadores al servicio de la Iglesia, fieles
a sus señores con aquella fidelidad del perro a su amo, retrasó la extensión del
Descubrimiento de Champolión hacia el Próximo Oriente Antiguo, en cuyo hipogeo,
de todos modos, no iban a encontrar otra cosa que leyendas y mitos.
Más tarde, cuando la Nínive de Jonás, y Babilonia, y Kish, y Umma, y Accad, y la Ur de los Caldeos, salieron de sus tumbas, la comunidad universitaria occidental se enterró en flores, ensalzando su genio hasta las nubes tal cual si en verdad la resurrección del Mundo Antiguo hubiese procedido de un trabajo concienzudo y personal. Nada más contrario a la realidad. Los primeros exploradores no fueron ni historiadores ni arqueólogos. Fueron particulares al servicio de sus coronas, destinados al oriente Medio, quienes llevados por la curiosidad y para matar el tiempo, pegándole patadas a los montes de escombros que sobresalían por allí y por allá en Iraq y Siria, desenterraron objetos más curiosos todavía, como lo fueron en sus días las primeras tablillas escritas en caracteres antiguos. Dada la estupidez natural de las naciones esclavizadas al proceso esquizoide de lavado de cerebro y alma impuesto en su día por el Islam contra los orígenes de Persia, Siria e Iraq, los nativos vivían de espaldas a la Historia de sus Naciones y a la Historia Natural de sus tierras. El mejor ejemplo, el Egipto en el que aterrizo Napoleón, un Egipto que cubría hasta el cuello a la Esfinge y se servía de las piedras de sus monumentos para emplearlas en mausoleos y mezquitas. Afortunadamente ésos primeros exploradores, militares de profesión, o
embajadores, fueron dotados por el
Altísimo con los dos dedos de frentes necesarios para comprender que aquéllas
tablillas tenían más valor que el destino que les daban los locales; las
trajeron al Viejo Mundo y aquí, lenta pero inexorablemente, la revolución se
hizo. Nacieron los Sayces, los Rawlingsons,
y las Universidades Americanas y Británicas compitieron a puñetazos por este y aquél otro monte de escombros, y al final
del Siglo XIX Nimrod era ya algo más que un mito y Tiglat Pileser algo más que un
cuento de viejas neuróticas.
La mediocridad del ente universitario típica del Segundo
Milenio a.C. no fue despejada ni elevada un centímetro sin embargo. Los
desenterradores de tumba eran sólo eso, desenterradores de tumbas. La Historia
les competía en tanto en cuanto la fama y la gloria. La verdad no era ni su
dilema, ni su fin, ni su problema. De manera que al recrear históricamente las
coronas, los imperios, los reyes y los mitos del Mundo Perdido,
intelectualmente tarados para elevarse sobre la Información transcrita, a la hora de ponerlos sobre el Escenario Natural propio de sus tiempos
cometieron el lógico error, propio de la mediocridad de sus genios, de darles
por superficie de movimiento el Escenario Natural del Siglo XIX. Es decir, no
hicieron Historia de la Naturaleza. No implicaron a la Naturaleza en el proceso
de Recreación de la Historia de las Naciones de la Antigüedad. Este Defecto es
una de las causas suicidas en el concepto de Conocimiento como Camino hacia el
Éxito de la Vida.
Desde este lado del Siglo XX la neurosis la dejamos para los neuróticos y la mediocridad para las universidades. La Verdad está en los Hechos, y los Hechos dicen que la existencia de las Grandes Bolsas de Depósitos Biológicos a los dos lados del Ecuador Geográfico ponen de relieve, más allá de toda duda, que las zonas desérticas naturales de hoy en día, al presente las Zonas Petrolíferas más ricas de la Tierra, fueron en su día la superficie donde la Flora y Fauna del Planeta tuvieron su Origen. Esto de un sitio; del otro, que la exposición del Gran Próximo Oriente Antiguo a cinco mil años de Guerra ininterrumpida, más su exposición al Centro del ojo del Huracán bajo el que se hizo el Diluvio Bíblico, estas dos causas determinaron el estado natural de la superficie de la Zona a la altura de la Edad de la Resurrección del Mundo Perdido. Sin estas dos premisas en mente es obvio que la misma Recreación
de la Historia Natural del Neolítico era imposible acorde a lo parámetros de la
verdad Histórica.
Recreación Negada a la Historia Natural del Neolítico
que observamos en toda su magnitud en la Escuela Darwinista, por defecto de origen
sujeta a la extrapolación de la Naturaleza tal cual la vemos a los tiempos en
los que el Hombre hizo su aparición en la Historia de la Tierra. Esta Mediocridad
de la escuela darwinista y del intelecto universitario mundial, igual a una patología
quijotesca, siempre de cruzada contra la Verdad de la Biblia y del Cristianismo,
se encuentra en el Origen Caníbal del Hombre y de la Naturaleza en tanto en cuanto
la Madre de Hitler. Háblale a la Ciencia de lo que quieras y es sabia como un Salomón, háblale de la Biblia y de la
Iglesia, y sale el quijote loco farfullando basura.
La Historia de la Naturaleza y la Naturaleza de la Historia son dos conceptos a definir lo más perfectamente posible. Hasta el presente ni las Historias Naturales ni la Historia Universal se han parado a definir la Historia de la Naturaleza como la Superficie en la que ambas tuvieron su nacimiento y en la que hicieron su recorrido. Es más, se niega la existencia de una Historia de la Naturaleza y se la subordina, de computarse su existencia, a la serie de procesos históricos y evolución de las especies sin ser en su esencia y sustancia el factor determinante de la existencia de Historia sobre la faz de la Tierra. La cuestión es obvia: ¿Existe la Naturaleza antes que la Vida? ¿Puede haber vida si no hay antes una Naturaleza? ¿Puede subsistir la Vida sin la existencia de ésa Naturaleza en la que tuvo su Origen e Historia? ¿Puede el Hombre sobrevivir a la Desaparición Absoluta de la Naturaleza? ¿Puede el Hombre asesinar la Naturaleza que ha creado al Hombre y traer a la faz de la Tierra una Naturaleza Clónico-Transgénica que la suplante y le permita sobrevivir? ¿Puede el Hombre crear una Nueva Atmósfera una vez que
la Flora del Planeta haya sido destruida y provocar su propia evolución desde
una Atmósfera dominada por el Oxígeno a otra dominada por elementos químicos
destructores de la vida humana?
¿No es la Naturaleza de la Historia el resultante de la Historia de la Naturaleza? ¿No es la estructura químico-física de la Naturaleza la que define la Naturaleza de la Historia? ¿Puede la Criatura
destruir la Creación de la Naturaleza para volverse a crear a sí mima mediante la
creación de una Nueva Naturaleza?
¿Puede la Tierra asumir una Historia diferente a la Historia de su Naturaleza? ¿Es decir, son la Tierra y la Naturaleza dos objetos
distintos o son las dos caras de la misma cabeza?
¿Si el Hombre destruye la Naturaleza mediante Clonación
y Transgenia; la Humanidad al Hombre mediante la
destrucción de las leyes del Nuevo Género; y la Sociedad a la Civilización mediante la Destrucción de
la Familia Natural : puede sobrevivir la Tierra a la
Muerte de la Naturaleza?
Ahora bien, si la Tierra y la Naturaleza no se relacionan como productor y producto sino como una sola cosa, la destrucción de la Naturaleza precede a la de la Tierra; muriendo una, muere la otra. Si destruimos la Tierra, destruimos la Naturaleza. Si destruimos la Naturaleza, destruimos la Tierra. Es una ecuación sin vuelta de hoja. Si destruimos toda la
Flora del Planeta y la sustituimos por una Flora NO Natural todas las especies
vivientes de la Tierra mueren con la Flora, a no ser que nos dediquemos a
alimentar a todas las especies con transgénicos, tanto a las aves del cielo
como a los peces de los océanos, locura que se entiende sin más.
Si destruimos
la Naturaleza de Género en el Ser Humano el equilibrio de la Especie ordenado
por la Naturaleza desde el Origen de la Vida en la Tierra perece con el Hombre.
Si destruimos
la Naturaleza de la Civilización mediante la destrucción del Pilar de la
Sociedad, la Familia Heterosexual, se derrumba la Civilización. Ley que la
Historia nos pone delante, en repetición constante a lo largo de los últimos milenios.
Así que ¿qué es antes: el Hombre o la Naturaleza?
¿Es la Naturaleza la Creación del Hombre, o es el Hombre la Creación de la Naturaleza?
Aquí algún impotente capullo teólogo podría sentirse
arrojado a corregirnos diciendo que esto es falso pues que el Hombre es la
Creación de Dios. Nada que responderle sino siguiendo el consejo del sabio bíblico,
al idiota respóndele acorde a su idiotez. La Lógica es firme: Dios es el
Creador de la Naturaleza, la Naturaleza es la Creadora del Hombre, Dios es el
Creador del Hombre. Sigamos.
Observamos por consiguiente que el proceso de recreación de la Naturaleza de la Historia del Neolítico tiene que ver con el Canibalismo Darwinista lo que Cristo con el Diablo. Por supuesto, hablar con un discípulo del Diablo es perder el tiempo alrededor de una hoguera al mediodía del verano mediterráneo. Hay cosas que deben ser asumidas. De un lado que el Hombre no es malo por Naturaleza, pues para esto sería necesario que la Naturaleza fuese el Origen del Mal, cosa que el Jesucristianismo niega. Y del otro que hay quien ama el Mal con todas sus fuerzas y nada de lo que le diga uno lo hace moverse un centímetro de su adoración por el Mal, caso del Carnicero de Damasco. Esto dicho darle la razón a la escuela Histórica Universitaria Internacional que extrapola las condiciones naturales del próximo Oriente Antiguo Actual a la Edad Del Neolítico no es que suena a barbaridad, es simplemente una Barbaridad. Entre el Alemán de los días de Julio César y los días de Hitler sólo notamos una diferencia, el primero era un salvaje tipo “el único Indio bueno es el Indio muerto”, pero no era un hipócrita, el segundo hizo de la hipocresía su religión, su patria, su civilización e imperio. El Inglés fue de siempre la comparsa isleña que aterrizaba en Europa para destruir, robar y enseñarle el culo a la víctima desde el otro lado de las Colinas de azúcar de Dover; rodeado de toda la vida de hierba la existencia de desiertos de piedra le cegaron los ojos de la inteligencia a la Historia de la Naturaleza. Dejar en manos de estas dos
escuelas la Recreación del Neolítico fue una de esas grandes obras que se le
concede al enemigo. Si al César hay que darle lo que es del César, al Diablo
hay que darle lo que es del Diablo. Seamos coherentes por una vez en la vida.
El Mundo del Neolítico no fue un mundo de desiertos de piedras y de familias caníbales sobreviviendo como ratas en cloacas. Tal vez el mundo del Inglés y del Alemán lo fueran, y haya que darles la razón cuando se hable de sus orígenes. El mundo del Sapiens Mediterráneo nos descubre a un creador, una criatura inteligente en pleno poder de sus facultades físicas y mentales, dejando sus huellas en grandes catedrales de piedra, que deja atrás para seguir la llamada del horizonte, del espíritu que se mueve en el viento, aprendiendo de generación en generación, creciendo en inteligencia de Milenio en Milenio, la Naturaleza su casa, la Tierra su mundo, el Cielo su techo. El Hombre es la Obra Magna de la Naturaleza, su hijo mimado, su criatura perfecta, su “niño” adorado. Dicen las crónicas de los cronistas, cuando hubo historiadores en Europa, que la Península Ibérica se podía atravesar saltando de árbol en árbol, sin jamás pisar suelo. ¡Quién la vio, quien la ve! Dicen las crónicas Asirias, al otro lado del mundo de los cuentos de viejas, que el Asirio se iba a cazar el león con la misma naturalidad que me iba yo en mis días de chiquillo a cazar ranas. ¡Quien lo creyera durmiendo sobre las piedras que rodean las fronteras de la Nueva Siria! David cazaba
leones con una honda, y hasta un gigante en su carrera. ¡Quien viera aquella
tierra diez mil años atrás! A nuestros historiadores sin embargo esto les
parece una estupidez! ¿Y qué? Al estúpido, como a
ladrón al que todo el mundo le parece ladrón, todo el mundo le parece estúpido.
De manera que hubo Revolución. ¿Pero la hubo por la
Fuerza de las circunstancias que el Terrorismo de la Madre Naturaleza desencadenó
sobre sus hijos, o por el Acto de reconocimiento de la Humanidad en el
encuentro de las Familias Sapiens en movimiento siguiendo el viento del Espíritu?
Acorde a la Escuela Nazi Darwinista Anglo-Alemana la Naturaleza es una Madre Terrorista. (Tal vez por esto la bombardearon con más de cincuenta mil bombas atómicas, y ahora se han entregado a su total destrucción, sustituyendo su Flora y su Fauna mediante Clonación y Transgenia, y eliminando del Hombre su Naturaleza mediante la Ley de Nuevo Género y Familia). Acorde a la escuela jesucristiana la Naturaleza es una Madre Amadora de sus hijos; la Revolución se hizo por el Reconocimiento de la Humanidad en las Familias Sapiens Intercontinentales y el Advenimiento de una Fuerza hasta entonces desconocida en el Planeta de las especies animales: El Amor entre el Macho y la Hembra del Género Humano. Estos dos factores,
Reconocimiento de la Humanidad sobre las propiedades físicas exteriores y el Amor
entre los dos Sexos Naturales, provocó la Creación de las Primeras Ciudades. Esta
creación alimentó el genio del ser humano, ya existente y visible ante nuestros ojos a la
distancia de los miles de años en las Cuevas de Altamira y Lascaux,
crecimiento que condujo a la Configuración del Primer Estado, un Estado Natural
basado en la Identificación de todas las familias en un cuerpo social, orgánico;
Estado en el que convivían libremente y a través del cual las facultades físicas,
mentales e intelectuales del Individuo y de la Sociedad procedían a una
evolución constante sobre el Principio Original de Unidad Orgánica establecido sobre
la Creación de la Familia a partir del Amor (Sentimiento Revolucionario Natural)
entre el Macho y la Hembra.
La Revolución Neolítica marcó una Revolución hasta
entonces sin igual en la Historia de la Vida sobre Tierra y del Género Humano.
La Ley del Instinto Animal, a cuyo imperio el Orden Natural de las especies
estaba sujeto, dio paso a una Ley infinitamente más rica, más fuerte, más dulce
y creativa, la Ley de la Reproducción en el Amor de la Pareja Heterosexual Humana.
Cuando el Hombre vino a darse cuenta ya no podía vivir
sin la Sociedad. El Amor devino una conexión universal uniendo a todos con
todos, padres con hijos, hermanos con hermanas, hermanos y hermanas con primos
y primas, nietos con abuelos, yernas con nueras, cuñados con cuñadas. Las
Primeras Ciudades fueron sociedades de familias unidas por un mismo lazo. La
vida social estimulaba la capacidad creativa de los individuos. La Naturaleza
alrededor de la Ciudad era exuberante, el hombre el ser más avanzado del
Planeta, señor de las bestias, domesticador de animales, cultivador de plantas
y árboles. Nada le faltaba; nada le molestaba. Las Ciudades se extendieron
hasta adentrarse en el Corazón del Futuro Reino, el primer Reino hasta entonces
conocido, y nacido para ser el último, en base a su natural expansión biológica.
Fue durante el trayecto y consolidación de las Ciudades míticas sobre las que se
fundaría la Historia de Mesopotamia, que vendría y vino al mundo la Idea de un
Reino, reino universal, la fusión de todas las ciudades en una Corona, a la luz
de cuya ley la Civilización se extendería a todos los confines de la Tierra.
El Tiempo, en cuanto concepto Metafísico, entró en
la mente del Hombre. El devenir físico de la Multiplicación de las Ciudades y
las Familias lo implicaba. Con el paso del Tiempo las Cuatro Regiones se llenarían
de Ciudades, y con el paso de más tiempo el mundo lo sería. Una Ley de Expansión
de este Reino vino del Cielo: El Amor sería el Camino a la Civilización, y la Libertad
la Puerta del Reino.
¡Adán, si hubieras amado la Ley de la Paz como amaste
a Eva! ¿Quién te metió en el cuerpo la Ley de la Guerra Santa como Puerta al
Reino de Dios?
Pero dejémonos de lágrimas de cocodrilos y de ayes para regar una tierra muerta. Este es el de dónde
venimos. Venimos de gloria bendita. Hemos hecho el camino desde allí hasta hoy
a través de un maldito infierno. Ahora nos toca ver a dónde queremos ir.
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