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Capítulo Sexto
ONTOLOGIA DEL PODER.-EL ORIGEN DEL PODER ABSOLUTO
I
El origen de la Guerra es el Deseo de Poder
Absoluto; y el medio de darle realización a este Deseo es el Crimen. La
experiencia, que no nos falta en este asunto de la Ciencia del bien y del mal,
así lo testifica poniendo ante el tribunal de la Historia el Fratricidio de
Caín contra Abel como ejemplo visible de la Matanza que en sus días se
realizara y desencadenó el Fin de la Primera Edad del Hombre.
Son ya múltiples los testimonios de fuentes escritas
no bíblicas, y que no conocieron la Biblia, las que saliendo de la
tumba han abierto la Memoria de la Civilización a una Tragedia que marcó
un Antes y un Después en la Historia del Género Humano. Se entiende que el
Ateísmo Científico, ya consolidado, hiciese todo lo posible por silenciar la
voz de los muertos, máxime cuando la Ciencia en su conjunto había cambiado la
Doctrina de la Igualdad de los Derechos Divinos del Hombre por la Teoría de la
División de la Raza Humana en dos especies, la del Pobre y la del Rico, en
términos darwinistas: Fuertes y Débiles. Teoría que vino a darle respuesta al
Dilema del Poder de Dios y la Tragedia del Género Humano, y justificar con su
Hipótesis el Derecho de las clases gobernantes al Poder Absoluto, siendo
absueltas del crimen de su ejercicio en base a la Selección Natural, raiz de su derecho al Gobierno de los Pueblos mediante la
Fuerza.
Digamos en descargo de la carga latente de hiperfascismo que Darwin dibujó en su Teoría de la
Evolución, que el pobre hombre, siendo por su background nacional de tendencia imperialista, absolutamente natural para él el derecho de
la Corona Británica a aplastar a las naciones y ostentar poder sobre la vida y
la muerte de todo inglés, predeterminado su pensamiento por esta tara mental,
era lógico que su inteligencia fuese impotente para abstraerse del problema de
la Naturaleza de su Siglo y, esclavo de su Cuna, no viese ninguna violación de
la Ley Natural en el Poder Absoluto, que le convenía ahora a la Reina: por
Orden Divino no pero sí por Selección Natural.
¿A quién le extraña que la Corona lo elevara al
altar de los Lores?
No vamos a entrar ahora en la participación del
Ateísmo Científico en el conjunto de causas que, acumulándose, arrastraron a
las naciones del Siglo XX al campo de Gog y Magog. Aunque su participación fue masiva. Lo que nos
interesa a nosotros es cómo abolir la herencia del Poder Absoluto, que jamás ha
sido abortada sino pasada de unas manos a otras; y legar a los Siglos que
vienen una Civilización Libre fundada, no en el Miedo a la Guerra, sino en el
Derecho del Género Humano a la Paz.
Basta estudiar la estructura del mundo tal cual se
nos presenta a la inteligencia y seguir la línea de caída de los pueblos en el
Absolutismo para encontrar la diana hacia la que dirigir la flecha del
pensamiento, mirando a cortarle a todo hombre, sea quien sea, el acceso al
Poder Absoluto.
II
La estructura del mundo es el reflejo de nuestro
pensamiento. El pensamiento es el origen de la idea a cuya imagen y semejanza
es creada toda sociedad. Luego la sociedad es el reflejo del pensamiento.
No hay necesidad de perderse en una discusiones
filosófico-metafísicas sobre la conexión invencible entre
pensamiento-idea-sociedad. La existencia de la ideología un hecho universal
determinante de las fuerzas de gobierno bajo cuyos principios – ora políticos,
ora religiosos, económicos o científicos – se rigen las naciones, las palabras
sobran cuando el discurso proviene de los hechos. Pero aquí podíamos descender
a los bajos estratos de la dialéctica y liarnos a bocados con esos principios.
Ha sido el método, la costumbre, el instrumento de
guerra o como quiera llamarsele, adoptado por los
pensadores de todos los tiempos; refutar los sistemas para abrirle camino al
propio. Es un método puritano tan manido que la sola idea de echar mano de su
recurso sería por mi parte una manera de esquivar la cuestión sobre la relación
entre pensamiento y estructura social. Baste decir que no existiendo el
pensamiento en ninguna especie, fuera del hombre, es natural que la
civilización sea privativa de la especie que sí tiene en el pensamiento su
naturaleza, nosotros, el hombre. La importancia de la naturaleza del
pensamiento, en consecuencia, emerge de esta exclusividad universal que priva a
toda especie de cualquier manifestación organizativa sujeta a leyes no
autómatas - tipo instinto – y deviene exclusiva de la especie inteligente en
cuyo cuerpo la Vida alcanza su apogeo al ser ella misma la que deviene ser, en
este caso, el hombre.
Fuera de las contradicciones y frente a la
estructura de un mundo que nos viene dado, tenemos muchas maneras de actuar
sobre la estructura social de las naciones. La Historia está llena de ejemplos
respecto a la acción basada en la Fuerza. Pero solamente en los últimos siglos el
Pensamiento vino a formar parte de la Razón Creadora de la Civilización.
Aunque el pensamiento viniera actuando
desde milenios atrás de siempre estuvo sometido a la Fuerza de las armas,
y, consecuentemente, el pensamiento utilizó la fuerza de las armas, generando
el concepto de Revolución como método de actuación sobre la estructura del
mundo.
Pero el ideal utópico de la inteligencia es el
Pensamiento, Libre de cualquier coerción, como instrumento y método
de transformación de las estructuras sociales. De donde nace el concepto
de Diálogo como Parlamento de trabajo.
III
La experiencia, ésa realidad que nos viene impuesta
y obervamos en toda su extensión sobre la faz de
nuestro mundo, tiene por vocación aborrecer el pensamiento no sujeto a
ideologías presupuestas, y su fin en hacer del hombre un esclavo del
pensamiento escrito, comentado y transmitido bajo decreto a las generaciones,
entre las que nosotros mismos fuimos una de tantas.
Ahora bien, Dios creó al hombre desnudo, y no
precisamente para que el macho y la hembra hiciesen del sexo su norma y norte,
el tope de la experiencia que puedan alcanzar. Contrariando a tanto beato y
demás torpes, la desnudez del hombre se refería a su no posesión de armas de
guerra y, lo que es más trascendente, a su ignorancia sobre la ciencia de la
guerra. Ignorancia maravillosa por la que la Palabra y el Diálogo fue el
instrumento de acción de las primeras familias y sus creaciones.
Es verdad que en las cavernas y primeras
habitaciones humanas las pinturas reflejan el conocimiento del arco y la
flecha. Como no es mentira que en esas mismas proyecciones de la mentalidad
humana de nuestros primeros orígenes esas flechas jamás tuvieran al hombre por
diana, y sí las bestias. Arcos y flechas, cuchillos y hachas prehistóricas no
fueron armas de guerra y sí instrumentos necesarios para la existencia de las
primeras sociedades naturales. El alto grado de composición pictórica alcanzado
en las cavernas murales negaría esta afirmación y afirmaría la negación
establecida mediante la representación del hombre como enemigo, algo que sólo
se produciría en lo que llamamos propiamente Historia, y era desconocido en la
Prehistoria, eso, la Guerra. Y porque era desconocida el arte prehistórico
ejerce su mano situando al hombre frente a la naturaleza, y jamás al hombre
frente al hombre. Ya sabemos que, posteriormente, y apenas a un paso en el
tiempo, las grandes mentes de la ciencia, utilizando la técnica de lavado de
cerebro, borraron del Pasado del Hombre su verdadera Memoria e instalaron en su
Mente un Programa de Souvenir de las Edades
Prehistóricas escrito en las cloacas del Poder, dentro de cuya estructura el
hombre fue una bestia para el hombre desde que la bestia se hizo hombre. Habría
mil formas de refutar esta perversión del conocimiento científico, jamás
avalado por los Hechos, impuesta a la Historia en base a la mediocridad del
intelecto científico de los dos últimos siglos pasados. Este Siglo se encargará
de poner a secar los cerebros. Así que sigamos.
IV
Pensar no lo es todo, pero es lo máximo, y de aquí
que la ruina de las sociedades y la destrucción de las civilizaciones
procediesen como efecto del embrutecimiento del pensamiento humano. Sin ir más
lejos no olvidemos que el mecanismo de todo poder, independientemente de su cobertura
democrática, tiene en la anulación del pensamiento, mediante la imposibilidad
de ejercerlo en base a la esclavización del hombre al trabajo, su aliado
dantesco.
El trabajo es necesario, porque el hombre en tanto
que ser es un ente creativo y creador que necesita expresarse actuando sobre la
materia, pero cuando el trabajo deviene una cadena al muro de la supervivencia
el trabajo es una maldición. De aquí que, conociendo esta ley, Dios hablase en
su Juicio descubriéndole al mundo, una vez que el mundo eligió entre la Palabra
y la Fuerza la consecuencia de su elección: “Polvo eres y al polvo volverás”.
Tenemos, entonces, dos realidades que son las dos
monedas de una misma cara. El trabajo como expresión del desarrollo creativo
del ser humano, que le es inherente a su propia existencia; y el pensamiento
como expresión creadora de su inteligencia. Mediante el trabajo el hombre actúa
en su sociedad primaria, individual y personal; mediante el pensamiento el
hombre actúa en el conjunto de la sociedad y su civilización. De una forma
natural digamos que el trabajo transforma el espacio en el que el ser se mueve,
y el pensamiento actúa sobre el tiempo en el que el ser avanza.
Cuando el ser se fija en el espacio, haciendo del
trabajo y su actividad el absoluto, la sociedad se condena a la oscuridad de la
ceguera del que no dirige el curso de su actuación sobre las fronteras del
tiempo y hace del aquí y el ahora su todo, abandonando el futuro a las fuerzas
caóticas inherentes a la locura de la negación del ser. Es decir, somos
inteligentes por naturaleza y en consecuencia el tiempo no puede ser desligado
del espacio, o lo que es lo mismo, el trabajo del pensamiento. Un hombre que
piensa y no trabaja no es un sabio, es un esclavista; y uno que trabaja y no
piensa es un esclavo. El futuro inmediato de la Historia del Hombre tiene en el
encuentro de este equilibrio su próximo salto.
Diferenciemos, consecuentemente, entre Poder
absoluto y Poder Natural. El Poder Absoluto procede de la negación de la
Palabra a la Sociedad sobre la razón que procede de las armas. El Poder Natural
es aquel que se basa en el Diálogo y establece sus conclusiones sobre el
Pensamiento de los hombres, Diálogo realizado entre hombres desnudos, es decir,
voluntaria y libremente acogidos a la afirmación de la Palabra como Camino
y la negación al recurso de la Fuerza, negación que deviene Ley, tal que el
tiempo para el Diálogo es todo el del mundo y la acción estructural tiene su
curso en el Pensamiento de la Sociedad.
Identifiquemos, de aquí, la actitud del sujeto
absolutista. Y, siendo la Historia rica en memorias, no nos será muy
difícil concebir que el sujeto absoluto tiende por inercia mental, superior a
sus propias fuerzas, investirse de todos los poderes de quien ejerce la Fuerza
de las armas para imponerle a la Sociedad su Pensamiento.
En las sociedades absolutistas de los siglos pasados
la Jefatura del Estado y la Dirección de todos los cuerpos policiales, amén del
gobierno de todas las componentes de la Sociedad, eran la propiedad del sujeto
absolutista. Y estas propiedades le venían por derecho divino, la sangre azul …
En las sociedades del Siglo XX aquél absolutismo
devino Figura y se hizo legal en la persona del Jefe del Estado. El Abolutismo no desapareció, por tanto, sino que se adaptó a
la época. Pero el fin del Absolutismo no es su adaptación: sino su abolición.
El Presidencialismo Democrático devino el producto final de aquella Adaptación
de la bestia absolutista a las circunstancias sociales de la Civilización, y
desde esta nueva posición celebró sus orgías bélicas y arrastró a las naciones
al campo de Gog y Magog.
No importa, pues, la bondad de las personas sino la
maldad de la posición sobre la que se establece su pensamiento en base a la
Fuerza que da el Poder Absoluto sobre los cuerpos armados de un Estado. ¿Por
qué aspira un sujeto a la Dirección Omnipotente sobre los ejércitos y los
cuerpos policiales sino en razón de la necesidad que tiene de establecer su
pensamiento, contra la Naturaleza de la propia Sociedad, sobre la Fuerza de las
armas?
Es la propia figura del Jefe del Estado la que se
opone a la Libertad de Pensamiento del ser y se levanta entre el Presente y el
Futuro para someter la Libertad al pensamiento de un grupo. Esta Figura del
Pasado es la heredera directa del Poder Absoluto de los antiguos emperadores y
reyes sobre la Paz y la Guerra, que es, desde el pensamiento del ser, una
negación del hombre a su propia naturaleza, por en cuanto esta decisión
universal en manos de un individuo y su grupo significa una violación de la
voluntad del hombre en tanto que hombre.
La Democracia Estadista y la Sociedad Monárquica
fueron los dos muros contra los que se estrelló la convivencia pacífica de
las naciones durante el siglo pasado y ponen en peligro la Paz y la Libertad en
nuestro Siglo. Mientras estas dos figuras, la Democracia Presidencialista, con
Poder sobre la Paz y la Guerra, y el Jefe de Estado, con atribuciones
complementarias de Dirección sobre los cuerpos armados policiales del Estado,
sigan existiendo: el Pensamiento humano, y por tanto, la Civilización seguirán
moviéndose a golpe de revoluciones.
La desnudez de todo Gobierno y, en consecuencia, la
exaltación de la Palabra como Ley Suprema, descansa su Valor Todopoderoso en la
Separación entre Parlamento y Ejército, plataforma de encuentro del que nos
separa la Figura del Jefe de Estado, de un sitio, y la Democracia
Presidencialista, del otro. De la realización de esta Separación durante
nuestro Siglo dependerá la supervivencia de nuestra Civilización tal como la
concebimos en nuestro Pensamiento, basada en la Libertad y la Paz para disfrute
de las generaciones que nos sucederán, nacidas de nuestras carnes, y formadas
para mantener separadas la Fuerza y la Palabra.
V
El Ejército, tomado en tanto que concepto, tiene por
función la Custodia de un territorio, y esta Custodia tal que ningún
Ejército viole las fronteras sujetas a su Custodia, y bajo ningún concepto, no
dándose esta violación, el Ejército pasa al otro lado de las fronteras bajo su
Custodia. En este sentido el Ejército es el Derecho a la defensa de la Vida de
un Pueblo en tanto que Nación. No representa ninguna Fuerza sino la expresión
real de un Derecho.
Desde esta plataforma el Ejército no sale jamás de
sus cuarteles. Desde este principio afirmamos la imposibilidad invencible
de un golpe de Estado. Los Parlamentos resuelven los problemas mediante la
palabra, y sólo mediante la Palabra. Y las Naciones sus diferencias mediante el
Diálogo, y sólo mediante el Diálogo.
Este Principio determina la Separación del Cuartel
del Parlamento y del Militar del Político, estableciendo la conexión ente
Ejército y Gobierno, mediante adcripción de Partido,
como violación del Deber Militar, y por tanto causa irresoluble del cese de
Contrato entre el individuo y el Estado. Y en el caso del político como causa
potencial de delito para asociación criminal con vistas a la sublevación para
consumación de golpe de Estado.
VI
La Policía, en cuanto concepto, es el cuerpo social
orientado hacia la lucha contra el Crimen, y su sujeción a un Gobierno temporal
es una violación de su naturaleza en la medida que su esclavitud al
Poder le impide ejercer su función con las garantías de Libertad natural a
su trabajo. Desde esta principio la utilización del cuerpo policial contra las
manifestaciones del Pueblo en el ejercicio de la Palabra: es un delito contra
la propia estructura social de la Nación, y su transformación en un cuerpo
represor, no mediando la violencia del pueblo en la manifestación de su
humanidad, un delito contra la Sociedad.
De donde se ve que la Policía tiene por Deber luchar
contra el Crimen y cualquier desviación de este Deber de trabajo, cargando
sobre el Pueblo, es causa de cese de contrato entre el individuo y el Estado, y
determina la criminalidad del Gobierno en funciones de mediar sangre en la
perversión de las funciones.
La Policía no sale jamás de sus centros de trabajo
sino en cumplimiento del Deber para el que es contratado su cuerpo, la lucha
contra el crimen, aislado u organizado, y jamás en violación de este Contrato.
Mediante este principio el abismo entre Parlamento y Pueblo queda abolido y la
manifestación de la Palabra de la Nación sobrepuesta a la tendencia del
absolutismo del Poder, por el que utiliza la represión sangrienta y violenta
contra el ejercicio de la Humanidad natural al ser.
VII
Resumiendo: Basta estudiar la estructura del mundo
tal cual se nos presenta a la inteligencia y seguir la línea de caída de los
pueblos en el Absolutismo para encontrar la diana hacia la que dirigir la flecha
del pensamiento, mirando a imposibilitar a todo hombre, sea quien sea, el
acceso al Poder Absoluto.
El primer paso hacia la Paz es la abrogación de la
figura del Jefe de Estado.
No hay excusa que sirva de justificación a la hora
de coexistir frente a una figura que, sirviéndose de las circunstancias, puede
proceder libremente a la instauración de la Tiranía y la Dictadura.
La Memoria de la Civilización, que llamamos Historia
del Género Humano, o Universal, según el punto de vista del historiador, nos
presenta infinitos casos de paso de los dictadores en potencia a dictadores en
acto utilizando este paso por el que se lleva a la transfiguración de una
persona en una Figura. Y que, entretanto no se ha producido el milagro, el
sujeto se las arregla para mantener su apariencia de cordero, máscara que se
quita cuando es demasiado tarde y el lobo que se escondía detrás del cordero de
Ayer devino el Dictador y Tirano del Mañana. Que, por supuesto, excusará y
justificará su Delito en la Necesidad de combatir el Fascismo de la Oposición
...
La Demagogia es tan vieja, en efecto, como la
Democracia. Pero lo que verdaderamente alucina es cómo siendo tan vieja los
pueblos siguen cayendo en su telaraña.
La Historia es la que testifica en contra de la
Figura del Jefe de Estado, legado de las Monarquías Absolutas, cuya pervivencia
es un Peligro constante para la Civilización al hacer imposible la Regulación
del Movimiento del Ejército de acuerdo a la Ley para la que ha sido creado:
Protección de las Fronteras bajo su Custodia y prohibición de avance sobre las
mismas para cualquier fuerza extranjera.
No estando sujeto el Ejército a ninguna otra Ley es
imposible que la Democracia degenere en Dictadura por en cuanto la coronación
de ésta necesita del Ejército, y estando Libre el Ejército de cualquier
participación en la Dinámica de la Política: la salida del Cuartel del Ejército
es un Delito contra la Nación que aquéllos que lo realizan acometen
exponiéndose a las consecuencias debidas a la Amenaza de Guerra Civil.
VIII
La Sociedad, en cuanto Civilización, está expuesta a
transformaciones constantes, derivadas de su progreso y avance en el
conocimiento de las fuerzas del Universo, que aplicadas a la Tecnología ponen
sobre la mesa problemas nuevos, para solucionar los cuales están los Gobiernos.
Estas respuestas se basan en la inteligencia y estando la inteligencia humana
expuesta a la dinámica del error y el acierto, el síntoma del Poder Absoluto
tiene por manifestación querer imponer la voluntad personal a toda costa,
revistiéndose de la figura de Jefe de Estado, es decir, amenazando con Guerra
Civil y Dictadura en caso de reprobación de dicha Voluntad Personal.
La Necesidad Histórica de abolir la Figura del Jefe
de Estado y desligar el Gobierno del Ejército es, como se ve de los Hechos,
vital. Es esta Figura, representada ayer por las coronas, con su Orden Divino,
y al presente por el sistema presidencialista democrático, basado en el Orden
Natural - dicen -, la cueva donde el dragón de la Guerra y el basilisco de la Dictadura
crecen y se mantienen a la expectativa hasta la Hora de escupir por su boca el
Fuego del Horror.
Ahora bien, el Absolutismo político necesita esta
Figura a fin de imponer, vía democrática, el interés de Partido, y emplear el
discurso de la Guerra Civil como instrumento de imposición de la voluntad de
quien, por el miedo, impone la infalibilidad de su respuesta a los problemas
nuevos que, como se ve, la Civilización pone sobre la mesa según las generaciones
se van sucediendo.
Nada más contrario a la Inteligencia del Hombre
Libre que la aceptación de esta Infalibilidad Política, y nada más natural a la
misma que la identificación de dicha Mentalidad con la de un Dictador en
potencia que se está labrando su camino hacia la Tiranía sobre la Teoría Delictiva
de la justificación que le presta –según su doctrina - el Fascismo de la
Oposición.
Pero cualquiera sea el juego que el Futuro depare a
nuestros descendientes se entiende que roto el acceso del Gobierno al Mando
Supremo del Ejército, que reposa exclusivamente en su Estado Mayor, la vía
hacia la Dictadura queda imposibilitada y será el propio intento el que acuse
al Gobierno de turno del Crimen consecuente en razón de lo avanzado del golpe
de estado que se pretenda dar causando entre la Cúpula del Ejército división
ideológica de naturaleza cualquiera.
El Ejército obedece exclusivamente a la Ley de la
Paz y Defensa de las Fronteras asignadas a su Custodia; y, en lo Internacional,
a lo que disponga la Alianza Internacional de las Naciones, a cuyo Consejo de
la Plenitud de las Naciones, deberá el Cuerpo de los Estados Mayores de dicha
Alianza su Obediencia en lo concerniente a las Fuerzas De Pacificación
Universal.
Sólo sobre esta base el Futuro de la Civilización
abrirá a nuestros hijos y los hijos de sus hijos un camino por el horizonte de
los siglos, cuyos meandros y destinos desconecten desde Hoy y para siempre
la posibilidad de la Caída del Género Humano en un Nuevo Fratricidio a nivel
nacional o mundial. Cómo llegar a este punto de partida es el problema.
El principio es, sin duda alguna, la abolición de la
Figura del Jefe de Estado y la adopción del Ejército de la Custodia de las
Fronteras de la Nación, y esta Custodia establecida sobre la Ley de la Paz.
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