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This
is Today´s Will of God:
"Let´s
unify all the churches into One"
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El Corazón de María. La Historia Divina de Jesús
EPILOGO
La Voluntad Unificadora Presente de Dios
Un día de
aquéllos, durante la última encrucijada entre milenios, un joven de 20 años
invocó al Hijo de Dios. Subió a un monte, dejó el mundo y todos sus valores
atrás y se plantó delante de Dios con un mar de preguntas quemándole el ser.
Aquél joven dio el salto al otro lado de la Duda. Más allá de la Duda se plantó
delante de su Creador.
Para Raúl el
tiempo de la Duda había pasado. Dios existe con la seguridad que existen el Sol
y las estrellas. Así que arrojando al suelo el lastre de la opinión de los expertos
Raúl se subió a aquél monte y liberó su pensamiento.
Y digo que
fueron muchas las horas que aquel joven alzó su voz al Cielo. El firmamento, el
sol, la tierra y el mar fueron testigos de sus palabras. Sólo ellos saben con
qué palabras invocó aquél joven a su Creador.
Y al cabo
cayó al suelo sin fuerzas. En lo alto de aquél monte permaneció Raúl como
muerto durante un tiempo.
Cuando se
levantó regresó a casa y esperó que se cumpliera lo que estaba escrito: “Al que
llama, se le abre”. Y así fue. El Hijo de Dios oyó al joven y le abrió.
Entonces se cumplió en su carne lo que está escrito: Al que crea de las
entrañas le manará una fuente de aguas vivas.
Después de
estas cosas Raúl siguió su camino, y andando conoció a una persona muy
especial. Lo llamaban el Profe.
De joven el
Profe se fue a hacer las Américas. Al cabo de décadas regresó a la madre patria
lleno de glorias, honoris causa y todo eso, cosecha de su siembra por las
universidades latinoamericanas. Ya en su patria chica el Profe no tardó en
descubrir que para servir a Dios no hay que irse tan lejos; basta doblar la
esquina, mirar alrededor y ver ovejas perdidas por todos los riscos.
Conmovido
por la suerte de aquella juventud -Dios sabe por quién condenada a morir bajo
los efectos del veneno de las cuatro letras malditas: SIDA- el Profe abrió un
caserón en el centro de su ciudad natal, Málaga, y puso sus habitaciones al
servicio de los jóvenes que como perros sin dueño proliferaban por las calles.
En aquella Casa se conocieron el Profe y Raúl.
Al tiempo el
joven volvió al camino. Y se fueron el otoño y el invierno de ese año. Durante
la primavera siguiente el Profe y Raúl volvieron a encontrarse en Madrid.
El hecho de
hallarse el Profe en Madrid se debía a que se le había descubierto una
enfermedad en el cerebro. Sus enemigos decían que aquello era castigo de Dios
por haber dilapidado su fortuna en aquellos leprosos sin salvación.
Ciertamente
la operación costaba una fortuna, que el Profe no tenía, porque se la había
gastado en aquellas ovejas perdidas, y ahora andaba el pobre mendigando ayuda.
El Profe
peregrinaba por Madrid de puerta en puerta. Cuando volvió a encontrarse con
Raúl el hombre ya había perdido la cuenta. ¡Los amigos de los viejos días de
gloria! La cosa era que aquél hombre tampoco desesperaba. Lo que sí se sentía
era solo.
“¿Y tú qué, Raúl? No me lo digas, no acudiste
a tu cita con el ejército. Y ahora vas por ahí a la aventura, un día acá y el
siguiente allá”.
Era genial.
Estaba en sus cincuenta. De mediana estatura, rostro alegre, facciones latinas.
Conversación entretenida. Siempre se le veía risueño, “al mal tiempo: buena
cara”, decía. No fumaba, no bebía. No estaba casado. La gran pasión de su vida,
la única que tuvo jamás, fue Cristo, y lo confesaba como quien está
orgullosísimo de tener el tesoro más fabuloso del mundo.
Las
siguientes semanas se diluyeron en el río del tiempo. El Profe siguió su vía
crucis de puerta en puerta. Mientras tanto el mal creciendo en su cerebro. Y él
llevando su cruz a cuestas sin más consuelo que el que podía hallar en la
compañía de un muchacho.
A Raúl la
tragedia y la grandeza de aquél hombre le impresionaron.
Y pasó lo
que tenía que pasar. Una noche de aquel verano el muchacho cayó retido. En el
firmamento de los cielos había Luna Llena. Según se tumbó al poco Raúl oyó unos
lamentos. Creyendo que venían de su sueño se revolvió. Por fin abrió los ojos y
vio al Profe sentado en el borde de su cama, la mirada perdida en el infinito.
Por su barbilla corría un hilo de sangre. El Profe estaba hablando solo.
El muchacho
dejó al hombre hablar. Madre de Dios, la pena que estaba matando al Profe no
era su enfermedad, ni descubrir que sus amistades se desentendían de su
problema. La pena más grande que tenía su alma era no saber por qué Dios lo
había abandonado.
“¿Este es el precio a una vida de servicio,
Señor? ¿Esta es mi paga?”, se lamentaba en su ignorancia aquél doctor en más
teologías que san Agustín y santo Tomás juntos.
Llegó el
verano y Raúl se movió a Ibiza. No todo en este mundo tiene por qué ser trabajos,
aventuras, errores, aciertos. Cuando Dios creó los Cielos y la Tierra allanó
montes y trazó verdes praderas a orillas de ríos para que el ser humano se
desnudara y se dedicara a practicar el deporte de vivir la vida.
El muchacho
solía sentarse en los acantilados, mirando al mar. En aquellos días de
reflexión y meditación el Hijo de Dios sembró en el corazón de Raúl un deseo:
Tener inteligencia sin medida para conocer todas las cosas
Y como
semilla en tierra buena que se hace árbol, aquél deseo dio fruto. Así que uno
de aquéllos días Raúl se puso de pie, abrió sus brazos y le pidió al Hijo de
Dios lo que más deseaba tener en este mundo, diciendo
Padre
Nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre
Venga a
nosotros tu Reino y hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo
El pan
nuestro de cada día dánosle hoy
Perdónanos
nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores
y no nos
dejes caer en la tentación mas libranos del mal
Amén.
Al poco el
Hijo de Dios le dio a conocer su respuesta de labios del hombre que le envió
para dársela a conocer.
Esto sucedió
en el corazón de Europa, en la nación que llaman Bélgica.
Había pegado
y se le había abierto, había pedido y se le había dado. Con la confianza puesta
en la veracidad del Hijo de Dios el muchacho volvió al camino.
Entonces se
levantó un viento muy fuerte. Sirviendo a su Creador la creación entera agarró
al joven por los pelos, lo levantó al cielo y, cuando fue a abrir los ojos, se
encontró bajo tierra. Al día siguiente se descubrió en la casa de sus padres
con su vieja biblia en las manos y una pregunta en mente: ¿cómo creó Dios la
Luz, el Firmamento, en una palabra: el Universo?
Durante las
próximas semanas Raúl intentó descifrar el Jeroglífico de Moisés. Pero no encontró
la Llave. Un día, regresando de la ciudad, mientras por los cristales del bus
miraba el firmamento otoñal, vio la Luz. Tenía la Llave. Tenía el Poder.
Se bajó del
bus volando, abrió la puerta de su casa. Su madre lo miró expectante.
“Voy a ser escritor, mamá”, le soltó el
muchacho sin pensárselo dos veces.
“Acuérdate de tus hermanos cuando seas
famoso”, le respondió ella. Aquella mujer no sabía leer ni escribir ¡Qué mujer!
¡Qué grande es el misterio de la maternidad humana! Se parten los sesos los sabios
buscando la fórmula de la producción industrial de Einsteines, Newtones y
colegas, y viene la Naturaleza y se ríe de la Ciencia haciendo que una
analfabeta para la piedra filosofal.
En noviembre
de ese mismo año Raúl se incorporó a la Marina. Durante el siguiente invierno,
primavera y verano el Hijo de Dios le mostró todas las cosas concernientes al
Derecho Divino, Justicia de la Salvación, fundamentos de la Redención. En fin,
el alimento sobre el que Él dijera: “Yo tengo un alimento que vosotros no
conocéis”.
Pues bien,
se fue el verano y vino el otoño. Un día de aquel otoño lo metieron en la
prisión militar a cumplir sentencia de dos meses y un día, por prófugo.
Estando en
la celda el Hijo le presentó al Padre, y Este le mostró lo que tenía en su
Corazón: la Esperanza de Salvación Universal que concibió al principio de los
tiempos.
En efecto,
sólo un hombre pecó, y su pecado, sujeto al efecto dominó, se extendió por toda
la superficie de la Tierra. Así que al elevar al Trono del Juicio Universal a
su Hijo lo volvió a glorificar otorgándole todos los poderes del Presidente de
la Corte Suprema de su Reino, entre cuyos poderes está el dictar Absolución
para el Acusado, en este caso Absolución Universal en base al Derecho de
Redención por Él mismo conquistado para el Género Humano.
Pues al
ofrecernos la Justicia de la Fe quedaron privados de su Gracia todos los
pueblos nacidos ante de Cristo; y, sin embargo, fuimos todas las naciones las
que fuimos entregados a la Muerte por el pecado de un sólo hombre. Así que
habiendo vivido bajo la misma ignorancia que nos hizo a todos merecedores de la
Gracia, en razón de la Necesidad de la Muerte de Cristo nuestros padres
quedaron privados de Salvación. Pero Dios, en su maravillosa Justicia, elevando
a la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia de su Reino a su Hijo le
concedió poderes infinitos y eternos para dictar Sentencia según espíritu y
verdad. Él puede ajustar su Veredicto Final a la profecía en base a nuestra
maldad, o a la Salud de su Paz en premio a nuestra fe por creer que Él puede
restaurar todas las almas a su condición natural de bondad.
Nuestra
bondad está en creer que el ser humano jamás se hubiera apartado de su Creador
de no haberse interpuesto entre Dios y el Hombre la Traición de la Serpiente.
Nuestra
victoria: escribir en las páginas de la Historia Universal lo que creemos, con
nuestros hechos dándole cuerpo al argumento de la Defensa.
Por esos
días murió un Obispo de Roma. Le sucedió otro. Y a los 33 días su sucesor
murió. Al muerto le sucedió Juan Pablo II.
Por aquéllos
mismos días el Hijo de Dios le dio a conocer a Raúl la Voluntad Presente de
Dios:
“Esta es la Voluntad presente de Dios -le
dijo-: Unifíquense todas las iglesias en una sola y única”.
Enseguida el
Hijo de Dios adoctrinó al muchacho en la naturaleza del espíritu participativo
del Verbo, en la cual tienen todos los hijos de Dios su crecimiento. Pues al
corresponderle a Dios la acción y abrirle espacio a sus hijos El dota a sus
criaturas de todos los medios necesarios para su realización. De aquí que la
Obediencia sea el principio del crecimiento sobrenatural de su Reino.
CONSTITUCIÓN
SEMPITERNA DE LA IGLESIA
Artículo A
La Inocencia y la
Libertad de Dios son innegociables, incorruptibles e insobornables. En ellas
tenemos todos sus hijos, siervos y la Plenitud de las Naciones de la Creación
nuestra Alegría, nuestra Paz y nuestro Mañana.
Artículo B
La meta de la Rebelión
de los "ángeles rebeldes" era levantar entre Dios y su Hijo un muro
de separación, suscitar el desprecio del Hijo hacia el Espíritu Santo de su
Padre -cosa que esperaba el Diablo conseguir mediante el conocimiento de la
ciencia del bien y del mal- y convertirlo a la religión del Infierno, su
declaración de guerra total: inmunidad ante la justicia para la Casa de Dios.
Artículo C
La Caída le abrió los
ojos a Dios y vio cara a cara a su verdadero enemigo, la Muerte. La Eternidad y
el Infinito habían estado esperando esta Batalla Final. Siendo un acto de
locura absoluta la declaración de guerra de la criatura contra su Creador, Dios
no podía seguir cegado por el Amor a sus hijos y, en la Traición, la lanza
clavada hasta el mismo corazón de Padre, vio la Fuerza que movía el brazo de la
Serpiente.
Artículo D
Dios liberó a todas
las Naciones de la Obediencia debida a sus jefes y ha puesto la Obediencia de
todas sus criaturas a los pies del Rey que le dio a su Reino, su Hijo
Primogénito, Dios Unigénito. Toda persona que pone su vida a los pies de otra
persona que no sea la del Rey su Señor comete delito de rebelión contra Dios.
Artículo E
El Señor Jesús es la
Única Cabeza, Visible e Invisible, de la Iglesia. Cualquier persona que se declare
cabeza de la iglesia, sea local, regional, nacional o universal, comete delito
de rebelión contra Dios.
Artículo F
Los esclavos viven de
la Mano de su Señor. Toda persona que entre al servicio de Cristo venderá sus
propiedades y las repartirá entre los pobres. Cualquiera que entre en la
Iglesia vestido de oro y lleve sus alforjas repletas de plata comete delito de
rebelión contra Dios.
Artículo G
Todo aquel que entre
al servicio le
pertenece a Cristo. Cualquiera que le niegue el sacerdocio a quien el Señor
llama a su servicio comete delito de rebelión contra Dios; si es casado, su vida le pertenece al Señor, y permanecerá en eser estado, pues, así está escrito por el espírtitu Santo, y el Espíritu Santo es Dios : "Quien esté casado que permanezca casado, nos sea que se abrase y pierda el Señor su alma por prejuicios humanos".
Artículo H
La Iglesia es la
Esposa de Cristo y vive de la Mano de su Señor. Todas sus propiedades le
pertenecen a Su Esposo.
Artículo I
El sacerdote, imagen
viva de Cristo entre los hombres, que sea hallado en delito contra las leyes
humanas: sea expulsado de la Iglesia y entregado a la justicia de los hombres
entre los que deshonró la Gloria Inmaculada del Señor; si es contra las del
Cielo, sea expulsado sin apelación a los hombres de la Iglesia.
Artículo J
Cualquier sacerdote
que unja por rey de los cristianos a hombre alguno comete rebelión contra Dios,
sea expulsado de la Iglesia, y su acto declarado fruto de la demencia.
Artículo K
Cualquier sacerdote
que someta al pueblo a juramento de obediencia a hombre alguno comete rebelión
contra Dios, sea expulsado de la Iglesia.
Artículo L
Cualquier cristiano
que jure obediencia a otro niega a Dios, el sacerdote u obispo que acepta a sus
pies esa vida sea expulsado de la Iglesia.
Artículo M
El sacerdote, imagen
de Cristo, que toque la espada de la muerte sea expulsado de la Iglesia. Toda
vida le pertenece a Dios, su Señor, y de su sangre le pedirá cuentas a
cualquiera que la derrame, sea hijo o siervo.
Artículo N
El sacerdote o pastor
que le ponga condiciones a su Señor para hacer su Voluntad sea expulsado de la
Iglesia, rompió su Contrato con Dios.
Artículo O
La Iglesia es el
Cuerpo de Cristo, cualquiera que se oponga a su Voluntad, impidiéndole a su
Señor la libertad, se declara en rebelión contra Dios.
Artículo P
El Señor es la Cabeza
de todas las iglesias y el Jefe Universal de todos los sacerdotes y pastores de
los Rebaños de su Padre, el pastor o sacerdote que no acuda a su llamada rompe
su Contrato con el Señor.
Artículo Q
Las iglesias venderán
todos sus bienes y le darán el dinero a los pobres. Cristo es su bien eterno,
su riqueza imperecedera. La iglesia que no lo haga comete delito de rebelión
contra Dios. El Templo es la casa y la propiedad del sacerdote entre los
hombres.
Artículo R
Las iglesias pondrán a
los pies de su Señor todas sus tesis, sus proposiciones, sus diferencias y
glorificarán a su Señor delante de la Plenitud de las Naciones haciendo su
Voluntad.
Artículo S
La Iglesia Católica es
la Esposa de Cristo y la Madre de su Descendencia, ella es el tronco del Árbol
cuyas ramas son las iglesias, los miembros del Cuerpo de Cristo sin los cuales
Cristo no puede andar ni hacer y se encuentra tirado en el suelo como quien
está muerto. Todo sacerdote o grupo sacerdotal o comunidad de pastores que se interponga
entre el Tronco y las Ramas se declara en rebelión contra Dios.
Artículo T
Todo sacerdote o
pastor al servicio de Cristo trabaja para el Señor y a El sólo debe su
Obediencia. A El por tanto debe dirigirse para conocer cuál es su Voluntad
Presente.
Artículo U
Toda iglesia que se
haga cuerpo de una cabeza humana le pertenece a esa cabeza, no es de Cristo.
Los cristianos quedan libres de cualquier juramento que hayan sido obligados a
prestar por esa iglesia rebelde al Rey de los Cielos y de la Tierra.
Artículo V
Los cristianos:
pueblo, siervos e hijos de Dios, no tienen más Juez, Sumo Pontífice, Maestro,
Salvador, Creador, Rey y Señor que Jesucristo.
Artículo X
Los cristianos no
tienen más Dios que Yavé Dios, Padre de Jesucristo.
Artículo Y
Todos los cristianos
somos hijos de Dios, Padre de Jesucristo.
Artículo Z
Todos nos veremos en
el Paraíso
Cumplidos
los dos meses y un día, al filo de la Navidad de aquél año, el Hijo de Dios le
pidió a Raúl que le mostrara cuánto le amaba. Puesto que las palabras se las
lleva el viento al polvo del que saliera el hombre, el Hijo de Dios lo retó a
que se lo demostrara cruzando la puerta de la deserción y no mirara para atrás.
El muchacho la cruzó y no miró para atrás. De Madrid pasó a Zaragoza. A los
pies del Pilar donde la Madre subió al Cielo el Hijo le dio una piedrecita con
un nombre nuevo.
Después de
cumplidas estas cosas el muchacho siguió su camino a Paris.


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