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...Algunos,
rechazando la verdad, introducen falsos discursos, y, como dice el
Apóstol, «prestan más atención a cuestiones
acerca de genealogías sin fin que a edificar la casa de Dios
por la fe». Por medio de semejanzas elaboradas de modo engañoso
trastornan las mentes de los menos educados y las esclavizan, falseando
las palabras del Señor. Interpretan mal lo que ha sido bien
dicho y pervierten a muchos, atrayéndolos con el cebo de
la gnosis. Los separan de aquel que ha creado y ordenado el universo,
como si ellos pudiesen mostrar algo más alto y de mayor contenido
que aquel que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen.
Persuaden con su facilidad de palabra a los más simples para
que se pongan a buscar; pero luego arrastran a la ruina inculcando
impías y blasfemas opiniones acerca del Demiurgo a quienes
son incapaces de discernir lo falso de lo verdadero.
...No es fácil descubrir el
error por sí mismo, pues no lo presentan desnudo, ya que
entonces se comprendería, sino adornado con una máscara
engañosa y persuasiva; a tal punto que, aun cuando sea ridículo
decirlo, hacen parecer su discurso más verdadero que la verdad.
De este modo con una apariencia externa engañan a los más
rudos. Como decía acerca de ellos una persona más
docta que nosotros, ellos mediante sus artes verbales hacen que
una pieza de vidrio parezca idéntica a una preciosa esmeralda,
hasta que se encuentra alguno que pueda probarlo y delatar que se
trata de un artificio fabricado con fraude. Cuando se mezcla bronce
con la plata ¿quién entre la gente sencilla puede
probar el engaño?
...Ahora
bien, temo que por nuestro descuido haya quienes como lobos con
piel de oveja desvíen las ovejas, engañadas por la
piel que ellos se han echado encima, y de los cuales el Señor
dice que debemos cuidarnos (pues dicen palabras semejantes a las
nuestras, pero con sentidos opuestos). Por eso, después de
haber leído los comentarios de los discípulos de Valentín
(como ellos se llaman a sí mismos), de haberme encontrado
con varios de ellos y ahondado en su doctrina, me pareció
necesario, mi querido hermano, declararte los altísimos misterios
«que no todos pueden captar», porque no todos han vaciado
su cerebro, a fin de que tú, conociéndolos, se los
expongas a todos los que te rodean, y de este modo los prepares
para que se cuiden de caer en el abismo de tal insensatez y de su
blasfemia contra Dios.
...En
cuanto esté en nuestra capacidad te expondremos de manera
clara y sintética lo que andan enseñando los discípulos
de Ptolomeo, que son como la flor de la escuela de Valentín;
y, en cuanto lo permita nuestra pequeñez, ofreceremos a los
demás los medios para refutarlos, haciéndoles ver
que cuanto aquéllos andan diciendo no puede mantenerse en
pie ni está de acuerdo con la verdad. No estoy acostumbrado
a escribir ni domino el arte de hablar; pero, impulsados por la
caridad, exponemos a tí y a los tuyos las doctrinas que hasta
ahora se mantenían ocultas y que por la gracia de Dios ahora
salen a la luz del día: «Nada hay escondido que no
se descubra, y nada oculto que no llegue a saberse».
...Te suplico que no me pidas que te
escriba con un arte que no he aprendido, porque vivo entre los Celtas
y de ordinario tengo que expresarme en una lengua bárbara;
ni tengo la facilidad de un escritor, pues no me he ejercitado;
ni sé hablar con discursos elegantes o persuasivos; sino
que te suplico recibas con amor lo que he escrito con amor de manera
sencilla, sin más adornos que la verdad y la sinceridad.
Tú desarrollarás por tu cuenta estos escritos, pues
eres más capaz que yo de hacerlo. Como quien dice, tú
recibes de mí el impulso y la semilla, para que la hagas
dar fruto abundante, extendiendo con tu espíritu lo que te
expongo en breves palabras, y explicarás con fuerza a los
que te rodean aquello que yo redacto para ti de manera tan débil.
Por mi parte ahora respondo por escrito a tus deseos que desde hace
tiempo has expresado de conocer las doctrinas de aquéllos,
no sólo aclarándotelas, sino también dándote
los medios para que se pruebe su falsedad; así también
tú, por tu parte, poniendo a la acción la gracia que
el Señor te ha dado, ofrece este servicio a los demás,
para que las personas ya no se vean arrastradas por sus engaños. |