Esta es la Voluntad Presente de Dios:

"Unifiquense todas las iglesias en una sola y Unica"

 

 

EL PONTIFICADO UNIVERSAL DE JESUCRISTO SEGUN SAN PABLO

Carta a la Iglesia Católica

 

Intro

La Conspiración Jesucristiana

 

La Necesidad es la madre del cordero, si creemos en el proverbio, y el origen de las acciones humanas, si creemos a otros. Y pues que siempre hay alguna verdad en las lecciones de la experiencia, si bien es verdad que pretender darle naturaleza de ley universal al fruto de una experiencia particular es un acto algo atrevido, digamos también que esa parte de verdad existe en la lección.

Vemos que el Cristianismo se funda sobre una Necesidad, la Muerte de Cristo, lo cual le da a la primera parte de este pensamiento una solidez tremenda, y al mismo tiempo hay que ponerse la armadura contra quien pretenda hacer de esta sola Necesidad “la Necesidad sola” como eje, núcleo y espina dorsal de su doctrina. O como diría el mismo San Pablo, ¿quién os enseñó a ver a Cristo como Crucificado? ¿Es que acaso no resucitó y no estaba todo ordenado a su Resurrección?

¿Qué será más importante, el cultivo del árbol en cuanto arte o ciencia, o el fruto que es el fin de ese acto? Algún genio cultivará su campo por amor al arte, pero el arte por el arte es una entelequia que cultivan los que no son artistas, precisamente. La Necesidad, en consecuencia, brilla siempre en el seno de un conjunto de causas. Y de esta manera sabemos que en la Creación del Hombre intervino igualmente la Necesidad que tenía Dios de encontrar una forma de hacer entrar a todos sus Hijos por la Puerta de la Verdad.

Y con todo sería falso reducir la Creación del Hombre a la Necesidad.  En principio y por antonomasia el Hombre es el fruto del Amor de Dios por su Ciencia y Arte, que determinan su Ser haciendo de El “el Creador” por excelencia, Origen y Fuente de todos los espíritus creadores del universo, y que  haciendo de El “el que es” engendra en su Mente visiones de Mundos, de los que apasionándose en espíritu, procede inmediatamente, arrebatado por la pasión del artista, a darle cuerpo en la materia de las estrellas.

Luego existe Necesidad y Pasión y ambas se recogen, ciertamente, en la Resurrección, acto en el que ambas causas se encuentran para elevar el Acto Creador a su más alta expresión, pues si por la primera Dios se vuelca en el Deber, por la Segunda es el Triunfo de la Pasión el que vence y hace brillar sobre toda la Creación el Verdadero Rostro de su Creador. Y si la Necesidad impone su Ley no puede sin embargo matar el Origen de la misma Acción Creadora, el Amor, la Pasión por la Creación.

Vemos, iniciando ahora sí la marcha, que la Interpretación de la realidad depende de quien la interprete, pero que la Realidad en sí permanece inalterable, y no porque Dios haya sufrido lo que le han hecho con su Obra, en este caso nosotros, nuestro Creador abomina de su Creación.

Todo artista, todo espíritu creador, conoce el dolor y el sufrimiento que se experimenta cuando alguien o algo te destroza el trabajo de tu vida, de tu inspiración, de tu ser. Y si el dolor de la pérdida de un manuscrito o de un cuadro produce un efecto emocional trágico, es de imaginar que si esa pérdida o destrozo se hace delante de las narices de su creador, ese sufrimiento sea infinitamente más conspicuo. Sólo de esta forma podemos entender a Dios en cuanto Creador. Y es natural que teniendo delante a ese “criminal” se actúe en consecuencia, a través de la ley, en el caso más lógico, pero si dominando la pasión del momento allá que se atenga el “ladrón” a la cólera del Creador.

Quiero decir con esto que mirar a Dios olvidando que el espíritu creador es en El su Naturaleza definitiva, su esencia ontológica final, la sustancia emocional en cuyo campo echa raíces sus pensamiento y sentimientos, olvidar al Creador en Dios y reducir la mirada a Dios en cuanto Ente, es decir, un sujeto teológico abstracto definido por sus Atributos, incapaz de moverse incluso porque el movimiento atentaría contra esos Atributos, etcétera... reducir a Atributos teólogicos el Ser no es ya una aberración del Pensamiento, es, perversamente, subirse a la losa bajo la que enterraron a Jesús para que no resucite Cristo.

Hay que estar ciego o ser un verdadero santo para centrando el Pensamiento en Dios como Ente no perder de vista al Creador en el Ser. Sobre lo cual parece que la Historia nos da ejemplo con un Santo Tomás, para lo bueno, y para lo malo presenta tantos ejemplos que mejor no mencionar a ninguno. El hecho es que desde el principio mismo Dios se descubre Pasión Creadora, y es desde esta pasión arrebatadora del Creador por su Obra que entra Dios en cólera, y  se vuelve loco contra el “ladrón” y “criminal” que se atrevió a destrozar su trabajo, el Primer Hombre, allá en el Edén, y van para seis mil años ya desde aquello.

En la Resurrección, pues, tenemos la visión del Creador que no puede impedir la destrucción de su Obra, siguiendo la Necesidad, y la manifestación del amor infinito del creador por su obra, que pudiendo restaurarla a su perfección original, no sólo lo hace sino que aún perfecciona lo perfectible haciendo indestructible a este Segundo Hombre. Si el Primero era perfecto, su Destructibilidad lo hacía imperfecto a los ojos de un espíritu maligno cuya tendencia a la destrución de la Obra Creadora fue su naturaleza, su pasión artística, como si dijéramos que se puede sentir pasión por la Guerra, el Crimen y el Delito. El Creador en Dios se levanta contra esa Seudo-Filosofia de la Perversión como fruto de la Naturaleza y lanzándose contra el ladrón, criminal y destructor perverso en el que la envidia es su verdadera naturaleza, y porque lo hace, Dios separa Creación de Destrucción, Luz de Tinieblas, Verdad de Mentira, y Pasión de Interés. Y en fin, en Jesucristo se establece la Creación sobre la Pasión del Creador por su Obra.

De entre todas las obras de este Creador es San Pablo uno de sus más maravillosos trabajos. Será San Pablo el prototipo de los que, sin haber tocado y visto al Hijo de Dios en la carne del Hijo de María, devienen hijos de Dios “por Bienaventuranza del que cree sin ver”, y porque sin ver, creen, serían tanto más valiosos a los ojos de su Creador que aquéllos que viéndole y tocándole salieron corriendo cuando llegó la Hora de la Verdad. Y sin embargo Dios, para glorificar a todos sus Hijos, dispuso que los primeros coronasen su vida con el supremo sacrificio, y a los últimos nos sea gloria nuestra Fe sobrenatural, pues si en los primeros la Fe era solo natural después de haber visto lo que vieron, en nosotros, por centrar el tema, es sobrenatural por en cuanto sin ver lo que ellos vieron creemos en lo que de no haber visto ellos nunca no hubieran creído. Y finalmente para hacer de todos nosotros una sola cosa estableció Dios nuestra fe sobrenatural en la sangre de la fe natural de ellos, por la sangre y en la Sangre del Primogénito de la Gloria, como dirá San Pablo, uniendo Dios Padre en la sangre de Cristo a todos sus hijos.

No hay, dado ya el primer paso, división entre los hijos de Dios. La fe es la misma, y aunque el origen sea distinto, pues unos son hijos de Abraham y otros de Cristo, por el espíritu todos creemos en la misma Verdad. Y esta Verdad es que:

 

Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas; últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien también hizo los siglos; que, siendo la irradiación de su gloria e impronta de su sustancia, y el que con su poderosa palabra sustenta todas las cosas, después de haber realizado la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto mayor que los ángeles, cuando heredó un nombre más excelente que ellos.

 

He aquí, si posible es reducir toda una Sabiduría tratando la cual se han escrito montañas de libros, el compendio de todas las cosas, la igualdad resultante de una suma de factores sin número. Se va el autor a la misma Eternidad, y regresa a la Historia del día a día; se eleva a las alturas inmarcesibles del Cielo donde mora el Dios de los felices, y desciende a la superficie de la Tierra donde vivimos bajo el peso de las circunstancias los desgraciados de siempre; viaja el autor al Infinito, y regresa con un mensaje maravilloso y sublime: Dios ha constituido a su Hijo Primogénito en Rey y Señor sobre toda la Obra de sus manos, y ha puesto el Futuro de todas las cosas a los pies de su Hijo para que su Voluntad se haga.

El Temor a Dios deviene Amor a su Hijo, y pues que el Temor se alzó como puente de relación entre Dios y su Creación, y por el Temor era glorificado Aquel que buscaba el Amor, queriendo dar por finalizada esta Relación, que no le complacía ni nunca buscó,  dice: “Glorificad a mi Hijo. Amadle, porque en El he puesto todas las cosas, lo mismo las de la Tierra que las del Cielo. Todas las cosas son nada a mis ojos y sólo en El está mi vida. Nada me falta, tengo a mi Hijo; todo me sobra, en El lo tengo todo. ¿No queréis temer a Dios y en el Temor fundar la Relación del Creador con su Obra, pues ahí tenéis a vuestro Creador, dadle todo el Amor, yo le he dado todo el Poder”.

Y con todo, doblando nuestras rodillas, Dios Padre ha jugado con nosotros de la forma más maravillosa concebible, porque estableciendo la Corona de su Hijo en Su voluntad Eterna, primero arrebató con amor profundo al hombre para que el temor que en su Gloria no quiso para El se estableciese en el Amor y por el Amor deviniese perfecto el Temor, deviniendo así aquel Temor por miedo al Todopoder : el Temor que viene del miedo a la pérdida de lo único que puede satisfacer este amor apasionado con el que la Fe inunda el ser del que se convierte.

¡No hay división entre los hijos de Dios!

Extirpando de su Creación lo maligno, poniendo entre la pasión por la destrucción asesina y la pasión por la actividad creadora la Corona y Señorío Universal de su Primogénito, y porque lo hace: todas las coronas, todos los poderes, todo aquello que siendo su origen el bien y por el mal devinieron origen de destrucción y crimen, y quedando abolidas, Dios establece la Fraternidad sobre la Igualdad, quedando, en lo que se refiere al Poder, todos los hijos de Dios desnudos delante del Señor Universal y Rey sempiterno, Jesucristo.

¡No hay división entre los hijos de Dios!

Y la que hubiera, habiendo establecido Dios la Igualdad de todos sus hijos en la Obediencia sin límites al Rey de su Creación,  surgiría en relación a una rebelión contra esta Igualdad. Y si vemos que Dios desnuda a toda su Creación -aboliendo toda corona-, vemos después que la división entre los siervos de Dios surge en relación al Poder, es decir, a las vestiduras con las que, no contentos con la Nueva Vestidura que Dios le da a su creación, entre ellos los siervos de Dios se pelean y demonizan por ... por el anillo más gordo de oro, por la mitra más llena de piedras preciosas, por la cuota de poder imperial más grande.

¡No hay división entre los hijos de Dios, pero sí entre los siervos del Señor!

Los hijos de Dios tienen su gloria no en el Poder sino en la Libertad; los siervos no en la Libertad sino en el Poder, y de aquí que entre ellos exista División. Ahora bien, quien busca el Poder se rebela contra quien abolió todo Poder y puso todo el Poder en las manos de su Unigénito.

¿Y es que cómo podía ser de otra forma? Todo viviente no es más que polvo cósmico mezclado con un poco de agua, criaturas de barro que tenemos vida por el Poder del Creador de hacer que su Espíritu penetre la Materia y se haga carne divina. Basta un soplo para que el barro vuelva al barro,  el espíritu al espíritu y no quede huella ni memoria de quien, por un instante, se creyó algo así como un dios. Sólo por el amor que el Creador le tiene a su Creación, su obra, la proyección de su naturaleza en el lienzo del Universo, instrumento afinado sobre las notas de las estrellas, y sólo por esta pasión creadora lo que es un muñeco de barro cobra vida y, por el mismo amor hacia su criatura, ésta se vuelve hacia su Creador y la llama Padre.

Pero la locura empieza cuando la criatura se olvida de lo que es y refutándose a sí misma el argumento de su Origen se atreve a pedir para sí lo que es exclusivo de su Creador, ¡el Poder!

La consecuencia la tenemos a la vista y está en el núcleo homicida que derramando sus efectos malignos sobre nuestro Género ha conducido nuestra Historia al punto en el que nos encontramos. Así que superado el límite que el Amor tiene de esperar paciente a que la conducta del que ama se regenere, superado este límite de la Paciencia Sobrenatural, Dios desnudó de Poder a todas sus criaturas, puso todo el Poder en las manos de su Hijo, y al hacerlo así nos puso a todos a sus pies.

Humillación, pero Gloria. Porque la Criatura ya demostró, y lo vivimos aún en nuestras carnes, que es enloquecida por el Poder.

¡El Poder no corrompe, el Poder: enloquece!

Y es que el Poder sólo puede estar en las manos de quien le pertenece, el Hijo de Dios, -como dice San Pablo-: Impronta de la sustancia Divina, irradiación de su Majestad, y quien, al ser Unigénito de su Padre tiene en su Palabra su Fuerza infinita.

Mas la criatura, no siendo en nosotros natural el Poder, al buscar el Poder debemos, por fuerza,  establecer la ley de nuestro Poder sobre la destrucción de aquellos sobre lo que se quiere dominar, quienes, por tendencia natural negándose a ser objeto de dominio, por su rebelión convierten nuestra ley en arma asesina y a quien lo ostenta en criminal - en potencia, en el mejor de los casos, y en vivo en el caso más general.

Pero este es el pan de cada día que la Humanidad ha comido durante seis mil años. Y que ha dado como resultado una Teoría del Poder acorde a la cual el Poder, según la Ciencia, viene determinado por la estructura Natural mediante selección. Y sin embargo, siendo natural es simplemente una incoherencia que exista la Revolución. De donde se ve que no hay peor contradicción que la del Ateismo, pues si por un lado afirma la Naturaleza del Poder por el otro establece la Necesidad de la Revolución, que si desde el Poder, cual efecto de la Naturaleza tomado: la Revolución es una violación de la ley natural.

Siguiendo cuya lógica quienes establecen el Poder en la Naturaleza, -Capitalismo -, y mediante la Ciencia bendicen la criminalidad extrema y alta de quien lo ejerce, convirtiendo la Locura del Poder en Cordura de la Ciencia, por lógica tenían que ver en la Revolución un acontecimiento antinatural, pues la Revolución es ante todo y sobre todo la negación del Poder como hecho Natural –Comunismo.

De manera que quien establece el Poder sobre la Naturaleza debe por fuerza encontrar en la Revolución su enemigo nato. Y, con todo, observamos cómo al mantener la Revolución viva la Teoría del Poder Natural contra la que se levantara, y porque no buscó su abolición, determinó la Caída del producto de la Revolución, la URSS, que se hubiera evitado, de todas todas de haber procedido la Revolución a abolir el Poder, o sea, a establecer la Democracia una vez arrancado de las manos del Loco por el Poder ese arma con el que asesinaba en masa y a placer a toda una nación.

Toda acción que busca el Poder es, en consecuencia, la expresión de una locura que se sirve de la necesidad para satisfacer una pasión antinatural. Ahora bien, seis mil años de Historia bajo las botas y el puño del Poder es un libro incrustado de experiencias infinitas sobre las transformaciones de la Teoría del Poder. Y tal vez sea por esto que el Poder busque, primero que nada y antes que todo, alienar la formación intelectual de los pueblos y del hombre, en tanto que ser inteligente, del Libro de la Historia Universal, no sea que aprendiendo devenga “rebelde” el ciudadano.

Observamos igualmente que nuestra Historia ha caminado hacia la Civilización ordenada en el seno de una estructura Social que tiende ineludiblemente a la abolición del Poder y, encontrándonos en la Democracia como Camino hacia ese Estado Natural de Civilización, desde esta observamos cómo el Poder, es decir, la existencia de una Cabeza Directora Vitalicia de una Sociedad, conlleva el crimen de esa cabeza y su cuerpo contra el Pueblo.

El Poder como locura es definido en una primera instancia por Cabezas Directoras Vitalicias de las Sociedades que para mantener su status no se dan límites y ejercen el Crimen y el Delito como modus vivendi.

También observamos, para gloria de la Civilización Cristiana, que este Camino de Libertad del Ser Humano respecto al Poder como locura, que nos ha conducido a la Democracia, donde la Sociedad participa en su plenitud del Gobierno de sus funciones y Administra por ella misma sus recursos, si bien aún imperfecta en su estructura, sólo ha podido alcanzar este estado en el seno de la Civilización Cristiana, pues, como se entiende del mismo Cristianismo, que supone la Abolición de toda Monarquía y Gobierno Vitalicio de las personas, la Historia camina, invenciblemente, hacia la Democracia Cristiana como Modelo de Sistema Social, donde la Corona le pertenece al Hijo de Dios y los Pueblos se gobiernan autónomamente acorde a la Ley del Derecho Universal. De tal manera que sin Verdad no puede haber Fraternidad, sin Justicia no puede haber Igualdad, y sin Paz no puede darse Libertad, en esta realidad uniéndose el Derecho Divino y el Humano para forjar en la Civilización una Sociedad con vocación de Futuro sin límites.

Y siendo éste el Futuro que llevaba en sus entrañas el Cristianismo de San Pablo y sus Hermanos no es de extrañar que el Imperio se lanzase contra ellos, si bien, por la locura de la medida, el Incendio de Roma, quedase como loco el ejecutor, ocultándose tras la tragedia la existencia de quien teniendo un conocimiento perfecto del cristianismo escatológico, le susurrara a los oídos de Nerón y del Senado la Necesidad de destruir “ésa Secta de los Cristianos”. Necesidad que yendo contra el Derecho Romano únicamente podía encontrar legalidad mediante un Acto terrorista de Trascendencia inigualable, las proporciones de cuyas consecuencias pusiera la firma del Imperio en un decreto de Exterminio Masivo de unos Ciudadanos contra quienes, en cuanto ciudadanos del imperio, era imposible proceder a una Solución Final que, por su mismo texto, sería una negación del espíritu del Derecho Romano.

Este es un truco que se ha usado muchas veces a lo largo de los milenios. Se ha acusado, sin ir más lejos, a los USA de haberlo utilizado contra España en la Guerra de Cuba, hundiendo su propio barco a costa del enemigo futuro con objeto de tener una causa belli legítima ante el Derecho Internacional y el propio pueblo norteamericano. Otros han querido ver en el Derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York un truco de esta naturaleza, a fin de firmar el Congreso sobre la tragedia del momento la Guerra de Afganistán, supuestamente decisiva para el Gaseoducto Transiberiano, etcétera.

A este lado del Atlántico en los círculos privados del Poder y la periferia Media ha estado circulando, hasta ayer mismo, la Teoría de la Conspiración del PSOE-Corona del Borbón con objeto de elevar al Partido del Delfín al Poder, para lo cual determinaron actos de sabotaje cuya conclusión fue el Atentado Terrorista de Madrid, que determinó el peso de la balanza, por fin, hacia el Partido del Delfín. Pero como no ha podido demostrarse y se ha quedado en Crimen Perfecto las cosas no han ido a más, máxime cuando el Partido del Delfín estaba dipuesto a enfrentarse a una Segunda Guerra Civil si la Conspiración quedaba al descubierto.

Nadie puede culpar a nadie por pensar mal teniendo en cuenta que la Historia es un baúl de tragedias que las Coronas han llenado con las joyas de sus interminables crímenes y matanzas.

Volviendo al Pasado, en el caso de Nerón tenemos que la Escatología Jesucristiana difícilmente hubiera podido alcanzar sus orejas de no haberle abierto los ojos a la Doctrina del Reino Universal alguien que conocía a los cristianos perfectamente y había escuchado con sus orejas “esa doctrina misteriosa, perfecta, escondida, hablada entre los perfectos”, es decir, alguien que estuvo entre los cristianos y fue uno de ellos.

 Quién sea el candidato es una operación difícil de determinar desde las pruebas pero fácil de descubrir desde las coincidencias y los hechos. En otro sitio tocaremos este tema con más rigor.

Lo que es evidente, y ya que el Incendio de Roma determinó la clase de muerte del autor de la Epístola a los Hebreos, es que el Senado Romano aceptó la hipótesis de la Conspiración Cristiana porque tuvo conocimiento perfecto de la Naturaleza Monárquica Divina del Cristianismo y puso su firma bajo la del Emperador, y sólo después de esta unidad de acción se procedió al Incendio de Roma. Pues el Cristianismo, como se ve por las Cartas y Epístolas de los Apóstoles, mantuvo una política de Silencio Público sobre sus Fines Escatológicos, a la vez que se sometió a las Leyes Civiles, como quien deposita en las Manos de Dios lo que Dios determinó llevar a cabo. Ninguna acusación podía llevar ante los Tribunales una Solución Final Anticristiana sobre las bases de una desobediencia civil, y únicamente en razón de la Abolición del Imperio que implicaba la Victoria de la Cristiandad podía servir de argumento para legitimar lo que desde el Derecho era un delito contra la Legalidad.

Ahora bien, estamos tratando con Profetas, pues el “espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía”, y en tanto que conocedores de antemano de las medidas que iban a tomarse contra Ellos, los Apóstoles prepararon el Advenimiento de la Persecuciones en el seno de la Doctrina sobre la Parusía, doctrina que, habiendo sido formada en el más íntimo de los secretos, ha mantenido al futuro en confusión constante. Será, desde esta Parusía Profética, que se escriben las Epístolas y en todas ellas vibre el sonido de la Voz que recorrerá Roma en el Día de la Bestia.

Olvidar este constante caminar hacia el Fuego de las Persecuciones, en las que la Generación de la Primera Cristiandad sellaría la Nueva Alianza de Dios con la Plenitud de las Naciones Cristianas, cuando se lee sus Cartas, es un error tremendo. Quienes lo hicieron y se pusieron ellos como destinatarios, cometieron una manipulación aberrante del texto, cuya consecuencia sería “la Fe sola”, por ejemplo.

 San Pablo, sobre todo San Pablo, porque fue el mensajero de una Solución Final abortada de los Judíos contra la Iglesia en pañales, y porque venía de las filas del enemigo, conocía mejor que nadie que más tarde o más temprano el Judaísmo Anticristiano encontraría la forma de hacer llegar su Mensaje de Exterminio Total de los Cristianos no a un simple gobernador sino al mismísimo emperador. Y de esta manera, siendo para los Judíos lo que Flavio Josefo fue para los Cristianos, San Pablo tuvo sus ojos puestos en la Parusía, en el Gran Sacrificio de los cientos de miles de “corderos llevados al matadero”, y pensando en legar la esencia de la Doctrina Apostólica sobre la Iglesia a las generaciones que les sucederían y vivirían el Triunfo del Cristianismo sobre el Imperio, condensó en pocas palabras una Sabiduría cuyos discursos provocaba que se cayesen por las ventanas incluso los más dignos discípulos.

Si en su Carta a los Romanos se derramó con el corazón profético puesto al desnudo, en su Epístola a los Hebreos el espíritu que clama Victoria y jalea la Coronación de Jesucristo como Rey, elegido por Dios para Servirle como Rey de su Reino Universal, no puede contenerse y se sale de madre, escribiendo:

 

Pues ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?”; y luego: “Yo seré para El padre, y El será Hijo para mí”. Y cuando de nuevo introduce a su Primogénito en el mundo dice: “Adórenle todos los ángeles de Dios. De los ángeles dice: “El que hace a sus ángeles espíritus y a sus ministros llamas de fuego. Pero al Hijo: “Tu trono, ¡oh Dios!, subsistirá por los siglos de los siglos; cetro de equidad es el cetro de tu reino. Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió Dios, tu Dios, con óleo de alegría sobre tus compañeros.” Y: “Tú, Señor, al principio, fundaste la tierra, y los cielos son la obra de tus manos. Ellos perecerán, pero tú permaneces, y todos, como un vestido, envejecerán, y como un manto los envolverás, y como un vestido se mudarán; pero tú permaneces el mismo, y tus años no se acabarán”.  ¿Y a cuál de los ángeles dijo alguna vez: “Siéntate a mi diestra, mientras pongo a tus enemigos por escabel de tus pies?”.  ¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salud?

 

La Invención del Cristianismo

 

Observamos en el Texto -(El Evangelio)- una contradicción apoteósica, fenomenal, misteriosa e intrínsicamente sobrenatural, y de aquí que, quienes no pudieron penetrar su misterio y sólo tuvieron la espada para desenredar el nudo gordiano del Jesucristianismo, imitasen al célebre Alejandro Magno, pues la violencia, además de ser el recurso de los ignorantes, es la respuesta más a mano que se tiene y siempre es la primera que le viene a la cabeza al necio. Se ha perdido el significado de la necedad y apenas hay quien comprenda su verdadero sentido, pero su vigencia forma parte del vestuario de la Historia y representa la ignorancia que se cree sabelotoda. Punto éste que, sin saber nosotros cómo pero siendo un hecho, hizo de la Filosofía su anfitrión y parasitando simbióticamente el sabio y el necio en el mismo raciocinio finalmente condujo a la Filosofía a la tumba del pensamiento omnipotente de la Razón, caida que anunció la muerte del filósofo y dio paso a la Necedad como Ciencia.

En el caso de los Judíos la Sabiduría de los Profetas y los Patriarcas dio paso a la Necedad como modus vivendi sacrum, y siendo solo natural que la Sabiduría y la Ignorancia no puedan vivir juntas era del todo normal que persiguiesen, juzgasen y condenasen a Jesucristo. Lo contrario hubiera sido un milagro y una prueba rotunda y castastrófica contra la doctrina de la imposibilidad de convivencia, ni pacífica ni violenta, entre Ignorancia y Sabiduría.

Y la contradicción jesucristiana se describe por la Letra de la forma que sigue.

 

Por tanto, es menester que con la mayor diligencia atendamos a lo que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Pues si la palabra promulgada por los ángeles fue firme, hasta el punto de que toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo lograremos nosotros rehuirla, si tenemos en poco tan gran salud, que, habiendo comenzado a ser promulgada por el Señor, fue entre nosotros confirmada por los que le oyeron, atestiguándola Dios con señales, prodigios y diversos milagros y participaciones del Espíritu Santo, conforme a su voluntad? Que no fue a los ángeles a quienes sometió el mundo venidero de que hablamos.

 

Observamos en el Texto del Evangelio - tomado como relato, independientemente de su género y excepcionalmente tomado como libro - contemplamos la andadura de un Ser Omnipotente cuyo Poder está en su Palabra y le basta abrir la boca para hacer realidad cualquier deseo que le venga al alma. El autor, y considerando, por el bien del relato, que no es creíble la existencia de un Ser de estas propiedades por la vía natural sola, introduce la idea del Hijo del Dios de los Hebreos, que se hace hombre y una vez hecho hombre actúa en consecuencia con el Poder Infinito de su Dios y Padre. Y siguiendo este Argumento nos presenta a ese Hijo del Dios de los Hebreos haciendo de toda enfermedad y patología una sencilla operación de dos más dos cuatro más dos seis y sigue sumando, por la visión de este Poder inspirando nuestra imaginación con lo que un hombre con ese Poder pudiera hacer.

Según la imaginación inspirada por el Texto - independientemente, insisto, de su género - le hubiera bastado al Héroe del Relato Jesucristiano coronarse, ponerse al frente de las Muchedumbres y lanzarlas a la Conquista del Reino Universal. ¡Qué ejército hubiera podido resistir el ataque de un rey al que le bastaba abrir la boca para hacer descender fuego del cielo, y ordenarle a las montañas que se apartasen de su camino, y a los vientos levantarse pues que podía calmarlos!

La imaginación que, contra los modernos, siempre ha existido, y a pesar de tanto listo siempre ha sido la musa de los genios, se encendió en las masas y, viendo el resultado de la Batalla entre el Reino del Hijo de David y el Imperio -si Jesucristo aquel Hijo de David- no dudó en, pidiéndole ser rey, clamar por la Guerra.

Y la contradicción surge del No del Héroe del Texto.

¿Por qué no? ¿No era El el Hijo de David? ¿Y no le había legado al Hijo de David el reino universal el Dios de los Hebreos? ¿No eran ellos Hebreos? ¿Por qué No?

¿Qué hijo de hombre de encontrarse con ese Poder de abrir la boca y hacerse tal cual, al instante no la abriera para además de acabar con todas las enfermedades del mundo, y, naturalmente, acabar con todos los Poderes Homicidas que gobiernan la Tierra, y, erigiéndose en rey universal, proclamar la Paz Universal sobre el Fundamento de una Justicia Todopoderosa gobernada por el Espíritu de una Verdad sempiterna?

El No del Héroe del Texto a la Corona de David no tenía sentido ninguno para las muchedumbres. Y tampoco para los poderes del Templo.

¡No!, ¿pero por qué no? ¿Acaso no decía la Escritura Profética sobre el Hijo de David:

 

“¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que tú le visites?  Hicístele poco menor que a los ángeles, coronástele de gloria y de honor, todo lo pusiste debajo de sus pies.”

 

Tanto más legítima la Guerra Final del Hijo de David cuanto que el Rey, al igual que el Adán aquél que descubriera la Fuente de la Juventud Eterna en el fruto del Arbol de la Vida, su Hijo, el Hijo de Eva de la Profecía, venía investido de un Poder Sobrenatural, sólo imaginable en el mismísimo Dios, quien diciendo, así se hace. Y Amén.

Es de imaginar la excitación de las muchedumbres cuando las Multiplicaciones de los panes y los peces. El Hijo de David había nacido por fin y a El le pertenecía la Corona de Jerusalén, y a Jerusalén la pertenecía el trono del Mundo. Y amén.

“Rey, Rey, Rey”. Aún resuena el eco del grito de las muchedumbres por las colinas de Israel.

Pero el Héroe del Texto deviene el Villano del Relato al pasar la página. Tras un simple movimiento de dedo la felicidad que se adivina en el encuentro del Rey Mesías con el Pueblo Hebreo, y que hiciera vibrar las líneas durante los primeros capítulos con el ritmo del corazón que estuvo en coma y volviendo a la vida respira recordando el túnel del que acababa de salir, poco a poco, paso a paso, golpe a golpe, verso a verso, el Héroe se va quitando sus galas y se va quedando desnudo hasta caminar al Gólgota, donde levanta los brazos y se deja crucificar como si se tratase de un vil maleante. De pronto el relato nacido con vocación de Epopeya reniega de su vocación y se viste de drama, de tragedia. Y todos, lo mismo unos que otros, todos se quedan en las tinieblas con un pregunta en los labios: ¿Por qué?

Y un Lector se levanta y responde:

 

Pues al decir que “se lo sometió todo,” es que no dejó nada que no le sometiera. Al presente no vemos aún que todo le esté sometido, pero sí vemos al que Dios hizo poco menor que a los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. Pues convenía que aquel para quien y por quien son todas las cosas, que se proponía llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por las tribulaciones al autor de la salud de ellos.

 

Y entramos ya en el Pensamiento de Cristo, es decir, en la Cabeza de ese Héroe que nació para vivir el papel del Villano. ¿Qué quereis, pan para hoy y hambre para mañana? ¿No es mejor aguantar el hambre por un poco si no se vuelve a pasar hambre ya jamás?

Es fácil pasar por el infierno cuando se ignora el tiempo del viaje y las penas y fatigas que han de dejarse atrás, y aunque la llama de la esperanza mantenga a raya el fuego de los males que han de vivirse, y como para todo hay un fin, nunca podrá compararse este sufrimiento y constante estado de lucha con el del que sabe por qué camino debe pasar, cuántos palos se va a llevar y cuánto tiempo durará el viaje. Es como si el héroe de una Tragedia tomase consciencia de su existencia en el instante del punto y final y debiera volver a pasar por el prólogo pero esta vez conociendo línea por línea la historia de su vida. Ni ya el pan es el mismo, ni el agua le sabrá igual.

Cuando, pues, los genios estudiando la Biblia entendieron que el Antiguo Testamento es el Guión que se debía aprender el Héroe del Nuevo, de tal manera que hasta su mismo sueño estaba escrito, y no creyendo que el ser humano pueda vivir semejante suplicio, y de hecho no hay nadie en el mundo que nazca sabiendo, y calibrando que tal era imposible, levantaron el falso testimonio de haber sido escrito el Guión Jesucristiano pos morten. Caía Nínive y escribían los Hebreos: “Ya lo dijo Dios”, de esta manera engañándose a sí mismos y engañando al mundo, al menos intentando engañar al mundo con la existencia de un Dios capaz de leer en el Futuro con la naturalidad que nosotros leemos un libro.

Los Apóstoles, siendo discípulos de esa Escuela de “Falsificadores”, le inventaron a su Rabí de Nazaret un Guión en el que mezclaron la Idea de los Hebreos sobre el Hijo de David con la Concepción de la Divinidad que se forjaron en sus sueños más novelescos. El resultado, un Héroe nacido de Dios y Mujer, que conserva todos los Atributos de su Padre y todos los de su Madre, por el Espíritu es el Hijo de Dios y por la carne el hijo del Hombre. Y muere pero no puede ser retenido por la Muerte, y Resucita guardando de esta manera el Autor la Coherencia entre el Principio y el Fin

Como escritor, hay que confesarlo, el Autor del Evangelio escribió el libro más vendido del mundo, su composición rompe todos los moldes, su estructura literaria se sale de todos los géneros, se alza único en su especie. Tanto más maravilloso el fenómeno jesucristiano cuanto el Autor era -desde el punto de vista de la Historia de las Letras y de las Ciencias- un verdadero analfabeto.

Pero al contrario que el Autor del Evangelio, el autor de la Carta a los Hebreos no lo era, por hablar entre colegas, un cateto. Saulo era un cerebro cultivado en la filosofía del judaísmo de su tiempo. Digamos a favor de sus compatriotas que no fueron los cristianos los primeros que aprendieron a dominar las armas “del enemigo” a fin de desarmar al enemigo. Los Hebreos fueron los primeros que usaron las ciencias clásicas para vencer a los griegos con sus propios argumentos. Vivían entre Griegos. La separación radical entre Griegos y Gentiles, exceptuando cuatro rabinos y medio, no era conocida en los días de los Romanos. No fue sino como consecuencia de las Persecuciones, que los Hebreos comenzaron a distanciarse de los Gentiles cuando los Gentiles se hicieron Cristianos. Y cuando los Cristianos devienen Imperio la separación devino abismo.

Saulo se enfrenta a los Cristianos desde el Judaísmo y desde el Cristianismo Pablo se enfrenta a los Hebreos plenamente consciente de que el Judaísmo era el mal de los Hebreos y la Salvación de los Hebreos estaba en el Cristianismo. Desde su Pensamiento el Judaísmo era el resultado de una acumulación de errores que en lugar de dar marcha atrás y caminar hacia la verdad, el Judaísmo fue arrastrando a los Hebreos hacia ese abismo en el que se hundirían los Judíos y en cuyo fondo estaba el Holocausto.

¡Pan para un mañana que nunca se acabará y hambre para un día que se va como agua entre los dedos!, fue la respuesta de Pablo al “Porqué” resonando en los desiertos de Judea desde el Calvario:

 

Porque todos, así el que santifica como los santificados, de uno solo vienen, y, por tanto, no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: “Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré”.  Y luego: “Yo pondré en El mi confianza.” Y aún: “Heme aquí a mí y a los hijos que me dio el Señor”. Pues como los hijos participan en la sangre y en la carne, de igual manera El participó de las mismas para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a aquellos que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre

 

¿De qué le vale al Hombre alcanzar la Inmortalidad si su Ser deviene refugio de un Mal infinitamente más dañino, quedando expuesto su espíritu a una enfermedad infinitamente más maligna? ¿Es que acaso el Diablo no fue un hijo de Dios? ¿De qué nos vale Paz para hoy y Guerra para mañana y el siguiente? Y del otro lado, desde el Autor del Texto, ¿cómo podría entender un Rey a su Pueblo si desconoce la causa por la que el Hombre no puede vivir un Guión escrito? ¿No era lógico que buscando hacer comprender a su Hijo la naturaleza de Su creación, Dios lo hiciese hombre para que por el ser y no por las palabras comprendiese por la experiencia lo que jamás comprendería por la teoría?

Cierto, dicen algunos que toda experiencia puede ser expresada en palabras, pero lo dicen quienes apenas si han vivido más experiencia que la del animal doméstico. Hay dolores que no se comprenden hasta que se viven, y alegrías que no se entienden sino pasando por ellas. Lo otro, comprender sin vivir, es de necios. Y llegando a este extremo creo haberle dado un sentido más profundo a término sobremanera heretizado por el Poder Político dada la Necedad que existe en la estructura de acceso al Poder, donde vemos que la mediocridad es la condición sinequanon del éxito. La primera premisa para ser político es la apariencia de saberlo todo, que finalmente, con el hábito, produce el efecto psicoanalítico parasimpático de creerse el propio necio que de verdad lo sabe todo. Y claro, así le va a la Democracia.

Volviendo a Pablo, nuestro sujeto, si el lector en Saulo, siendo judío, respondió al texto como quien era arrastrado por la fuerza secular que desde muy antiguo conducía a la nación de los Israelitas al abismo del Holocausto, el Hebreo en Pablo respondía a la Lectura del Texto Sagrado con el espíritu del jesucristianismo más profundo, y, hasta digamos, transgrede por escrito lo que por la palabra les estaba prohibido a todos los Apóstoles, a saber, dar a conocer el misterio del Reino de los cielos al público. Y sin embargo es porque los destellos de aquella “sabiduría misteriosa, prohibida, hablada solamente entre los perfectos” se le escapaba de las manos como luz imposible de ser comprimida, apagada, que los siglos futuros, siendo dominio de necios, quisieron acusar a Pablo de ser el inventor del cristianismo.

La invención del cristianismo, en cuanto movimiento literario, reduciendo a un libro su cuerpo, fue obra de los Apóstoles, fruto de cuya Predicación fuera el mismo Pablo. Porque si es el mismo Héroe del Libro quien se le aparece para la Salvación de los Cristianos, Saulo no escucha la Doctrina de los labios de Jesús sino de sus Discípulos. De manera que el argumento de la invención del cristianismo por San Pablo fue un discurso de necios que no prueba más que la facilidad con la que el Dinero y sus Sabios se acuestan con cualquiera que les toque el trasero.

¡Cuál sea el Misterio del Reino de los cielos cuyos secretos les estaba prohibido dar a conocer al público “en público”, siendo de cara a la galería el discurso de los Apóstoles el que sigue:

 

Pues, como es sabido, no socorrió a los ángeles, sino a la descendencia de Abraham. Por esto hubo de asemejarse en todo a sus hermanos, a fin de hacerse Pontífice misericordioso y fiel en las cosas que tocan a Dios, para expiar los pecados del pueblo. Porque en cuanto El mismo padeció siendo tentado, es capaz de ayudar a los tentados.

 

¡Cuál sea ése misterio! lo desentrañaremos un poco más adelante según vayamos abriéndonos paso por el bosque de los siglos hasta plantarnos en Pensamiento delante del autor de esta Epístola.

 

El Futuro del Judaísmo

 

Entremos en la mente de San Pablo. Situémonos en el tiempo que va de la Caída de un Templo, orgullo y fundamento de una Nación, por el misterio de los siglos transformado en “una cueva de ladrones”, a la Edificación de un Nuevo Templo, gloria de las Naciones. Y radiografiemos las causas de la Caída del Templo de los Judíos, firmada por Decreto y figurando el Nombre de quien levantara ese Templo Antiguo, el mismo Dios de los Profetas y Señor de Salomón.

Digamos que habiendo sido Dios el Autor de ese Templo era solo natural que Dios diese la Orden de su destrucción. ¿Pero por qué?

Bueno, el Templo abandonó a Dios por el Oro. Todo el Templo de Jerusalén había sido ordenado para ser el Tesoro del Sanedrín. Y este Tesoro, como el de cualquier Estado, se basaba en los Impuestos. Con la diferencia respecto a cualquier Estado, que da infraestructuras a cambio y tiene que mantener la Paz y la Libertad y la Justicia con el fruto de la recaudación de todos, que el Estado Judío Sacerdotal, aunque sujeto al Imperio, civilmente hablando, daba a cambio de sus Impuestos Sagrados: el Perdón de los Pecados. Es decir, el Pecado devino la Gallina de los Huevos de Oro.

Y deviniendo el Pecado la fuente del impuesto templario era solo natural que el Sacerdote cultivase la Conciencia del Pueblo Judío a fin de hacer de su vida entera un pecado, de esta manera robándole su vida a cambio de una Conciencia Limpia y garantía de salvación eterna.

Los efectos de esta dislocación de la relación entre Dios y el Hombre los tenemos fotografiados en el Evangelio en forma de una sociedad altamente esquizofreneizada, campo de toda suerte de enfermedades mentales y feudo de toda suerte de criminales bajo sotanas sagradas. Será contra esta perversión de la Relación Sacerdotal entre Dios y el Hombre que se levantara Cristo y, abriendo la boca, ordenara su Caída. Lo contrario -que Jesús se hubiera callado- hubiera sido un milagro, pero este del Diablo.

En el terreno de los siglos tenemos una reproducción de la situación templaria jerusaleña contra la que Dios se levantó, y a nivel macro, en la actitud de la iglesia romana durante la Víspera de la Reforma. Los Papas habían redescubierto la Gallina de los Huevos de Oro y, conociendo la ignorancia de los pueblos cristianos del momento, en lugar de luchar contra esa ignorancia se unieron para hacer de ella su mina de diamantes, e imitando a los santos padres de aquella Jerusalén de los ladrones en túnicas sagradas, “los santos padres romanos” cultivaron la Conciencia Cristiana para sembrar el Pecado y recoger de la cosecha de las Indulgencias el ejército de impuestos con el que la Teocracia Romana condujo al Cristianismo a la División de las Iglesias.

Tenemos pues ante los ojos, ya que nos hemos metido en los zapatos de San Pablo, una revolución en toda regla. Un Templo que con la excusa de ser indestructible, pues Dios lo había creado, se había entregado al animalismo más avanzado, y se enfrentaba a su destrucción total y definitiva. En su lugar un grupo de Analfabetos (los Apóstoles) están Edificando un Nuevo Templo, no hecho con piedras sino establecido sobre el Espíritu de una Fe Sobrenatural, que dice a boca llena:

 

Vosotros, pues, hermanos santos, que participáis de la vocación celeste, considerad al Apóstol y Pontífice de nuestra confesión, Jesús; fiel al que le hizo, como lo fue Moisés en toda su casa. Y es tenido por digno de tanta mayor gloria que Moisés, cuanto mayor que la gloria de la casa es la del que la fabricó. Pues toda casa es fabricada por alguno, pero el Hacedor de todas las cosas es Dios. Y Moisés fue fiel en toda su casa, como ministro que había de dar testimonio de las cosas que se habían de decir; pero Cristo está como Hijo sobre su casa, que somos nosotros, si retenemos firmemente hasta el fin la confianza y la gloria de la esperanza.

 

Es decir, de un Templo fundado sobre la Ignorancia del Hombre, pues los Judíos no conocieron la Existencia del Hijo de Dios, respecto al cual nada dijo Moisés, pasamos a un Templo espiritual fundado sobre el Conocimiento de dicha Existencia. Y por esta Nueva Sabiduría el Hombre deja de ser “cuerpo de Pecado” para devenir “Cuerpo de Cristo”, o es lo que es lo mismo, queda abolida toda compra-venta del Perdón de los Pecados, y por esta misma Ley Jesucristiana  : devenía y deviene un Delito contra Dios y la Salvación de las naciones el Perdón Sacerdotal como Artículo de Mercado, y de aquí que la Iglesia Católica, en la Confesión, libre y voluntariamente, otorgue este Perdón sobre las faltas de los cristianos.

Pero vemos que en el Templo Antiguo este “perdón” estaba sometido a rito y costaba el sacrificio de un animal, cuadrúpedo o alado, y si en sus primeros días el pecador aportaba de su propio ganado, el Templo se hizo cuadra y establo donde el ganado esperaba a su pecador, y el sacerdocio, deviniendo un Monopolio, cultivó el Pecado como medio de atraer al Pecador a su Negocio ... La abominación que esta transmutación de una Realidad Santa en otra repugnante significó a los ojos de Dios provocó en Jesucristo la celebérrima explosión, que, andado el tiempo, quiso revivir en su Protesta aquel Lutero que se alzara contra el Replay de aquella situación abominable, a escala universal, que la iglesia de los romanos estaba consumando.

Un precio muy grande, pues, pagó la Iglesia Católica contra su conversión en una Teocracia Imperial donde el Obispo Romano devenía el Sumo Pontífice, no a imagen de Jesucristo, sino del Sumo Pontífice del Templo de los Judíos. Y con todo, el Obispo Romano es Infalible, no ha pecado jamás, no puede errar, y es santo. Amén.

Pero Aquéllos que estaban levantando el Edificio de la Iglesia Católica sobre el fundamento del Espíritu, lo mismo que el Autor de esta Epístola, estaban muy lejos de perderse en visiones de un Futuro ya escrito y, contra el que no pudiendo hacer nada, no era su problema. Lo que a Ellos les competía era la Edificación del Cristianismo.

El Cristianismo es, ante todo y sobre todo, la Continuación Sobrenatural de la Religión de Moisés, la Consumación final y definitiva de la Esperanza de los Patriarcas. En el Cristianismo es Dios quien se abre a todas las naciones, no para dominarlas por el Terror a su Todopoder sino para hacerlas partícipes de su Vida por el Amor del Creador a su Creación; Dios no busca ni quiere ni se complace en el Miedo a un Creador Omnipotente, Dios busca la Respuesta alegre y libre de un hijo a su Padre. Es, por tanto el Cristianismo de Jesús, desde el Judaísmo, una revolución ontológica, existencial, trascendente, escatológica, mística, divina, sublime, apoteósica, tan fuera de lo normal que sólo había podido haber sido concebida en la cabeza de un loco. ¡Cómo concebir que Dios trate de hijo a su propia criatura, tomada del barro! Y sin embargo estaba escrito en sus libros: “El será para mí hijo y yo seré hijo para él”, y de muchas otras formas.

El problema entre el Cristianismo de Jesús y el Judaísmo de aquel Templo era, en consecuencia, que la adopción del Hombre por Dios como hijo implicaba la espiritualización del ser humano, o sea, su inmunización contra el Pecado, y deviniendo el Pecado un recuerdo del Pasado toda la estructura económica sobre la que se basaba el Estado Teocrático Judío se venía abajo, y, siendo padres y santos, era solo natural que entre ellos y “ese loco” de Cristo : Jesús de Nazaret debiera ser sacrificado.

Hagamos notar que cuando alguien da a elegir entre él y algo otro siempre sale perdiendo “él”, pues parece que a nadie le gusta que le den a elegir, y hasta la propia verdad es despreciada cuando se pone como objeto de elección. ¡Tan esquizofreneizada está la conducta humana desde que cayera el Primer Hombre!

Y lo que era más importante para los Apóstoles, no ya como fundadores de una Religión Nueva sino, como hombres, era que la elección sobre ellos era un caso perdido y el destino de Jesús, tardase más tardase menos, era su suerte. Tragedia, sin embargo, que los dejaba libres para dedicarse a lo suyo y no perder el tiempo en hacer cambiar al Judío de opinión. Cristo Jesús se había sacrificado por ellos, y ellos tenían que sacrificarse por nosotros, lo demás era cuento chino.

 

Por lo cual, según dice el Espíritu Santo: “Si oyereis su voz hoy, no endurezcáis vuestros corazones como en la rebelión, como el día de la tentación en el desierto, donde vuestros padres me tentaron y me pusieron a prueba, y vieron mis obras durante cuarenta años; por lo cual me irrité contra esta generación, y dije: Andan siempre extraviados en su corazón y no conocen mis caminos, y así juré en mi cólera que no entrarían en mi descanso”. Mirad, hermanos, que no haya entre vosotros un corazón malo e incrédulo, que se aparte del Dios vivo; antes exhortaos mutuamente cada día, mientras perdura el “hoy,” a fin de que ninguno de vosotros se endurezca con el engaño del pecado. Porque hemos sido hechos participantes de Cristo en el supuesto de que hasta el fin conservemos la firme confianza del principio; mientras se dice: “Si hoy oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la rebelión”. ¿Quiénes, en efecto, se rebelaron después de haber oído? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto bajo la dirección de Moisés? ¿Y contra quiénes se irritó por espacio de cuarenta años? ¿No fue contra los que pecaron, cuyos cadáveres cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes sino a los desobedientes juró que no entrarían en el descanso? En efecto, vemos que no pudieron entrar por su incredulidad.

 

Cierre de la discusión que se tradujo en términos históricos en la decisión del Concilio del 49 de ruptura final de toda conversación en pro del Judeocristianismo.

El Judío -Ayer y Hoy- sólo tiene una opción, su integración en la Humanidad, y estando sujeta la Humanidad al Hijo de Dios: el futuro del Judaísmo es su Conversión al Cristianismo, pues el Judaísmo era ante todo y sobre todo una repulsa de la Humanidad, un odio hacia el Hombre en tanto que hombre y un manifiesto de superioridad de la raza del Judío sobre todas las naciones.

Es decir, siguiendo la ley de la sabiduría que dice que cada cual es atormentado con aquello que atormenta a los demás, el Judaismo encontró en el Nazismo la horma de su zapato, por el Holocausto quedando enterrado para siempre el concepto del Judío como Raza Superior llamada a dominar a toda las naciones, doctrina esquizofrénica de alta peligrosidad suicida y homicida que aún pervive en el seno del Estado de Israel, como puede verse en la WWW. Y que perdurando sigue cultivando en la Sociedad Israelí la locura del Destino de la Raza Judía ...

 

El Futuro de la Iglesia

 

Hablando entre hijos de Dios y adoptando el Lenguaje Creador como el natural a nuestro pensamiento, a la hora de ver a Dios en movimiento ninguna imagen de partida mejor que la expresión del movimiento de su Espíritu sobre las aguas, en este caso, del Tiempo. Transportada esta contemplación a tierra firme digamos que conforme Dios avanza sobre el campo de los siglos los elementos se hacen carne y cobran vida inteligente acorde a la acción que Dios tiene en Pensamiento. También podemos comparar este Movimiento con las páginas de un libro cuyo soporte no es el papel sino la Vida, los siglos son sus capítulos, y se van escribiendo a medida que Dios avanza “sobre las aguas de los Milenios”. En esta Acción del Creador el Presente es siempre el campo de acción referido a la Vida, el Pasado la Memoria de la Creación y el Futuro es siempre la visión del Movimiento Universal por Aquel que lo dirige con su Pensamiento y lo produce con su Voluntad.

En el terreno de las criaturas, de los actores del momento, la comparación de la Historia con un Gran Teatro, si tomado su sentido desde la Acción Creadora, y viendo la Vida desde esta plataforma, no se hallaron muy equivocados quienes viviendo este Movimiento no pudieron alcanzar la visión del Espíritu bajo cuyo pulso omnisciente y todopoderoso se desarrolla el Drama de la Humanidad. Podemos hablar de “teatro de operaciones”, pues que el Género Humano se halla en Guerra Civil Perpetua, de un sitio, y Guerra Universal de Supervivencia, del otro, pero muy difícilmente podemos darles la Razón a quienes confunden este Gran teatro de Operaciones con un teatro de guiñoles.

NO es un Circo de Payasos ni una Comedia el género al que pertenece nuestra Historia. En el Origen fue una Epopeya, Lírica de la Existencia sobre líneas de estrellas, épica magna cantada a luz de Luna por un enamorado del alba, la aurora encantada recitando poemas en los brazos de los siglos, el augur de las generaciones recibiendo con besos las voces que le llegan del futuro, sueños mágicos tejiendo vocaciones in utero, ¡ah, regaladme pasteles de pasas, bañadme con agua de limones, rodeadme con brazos de cocoteros, soy Sarón, un lirio de los valles, un clavel de los océanos, el aliento del viento, la risa de los montes, lluvia de sangre sobre el desierto, mi día es un gran tiempo, mi noche el adiós del que deja el escenario por y para vosotros!

No lo quiso Aquel de cuya Voluntad depende todo, ni  tampoco el que depende de esa Voluntad para Ser, y sin embargo el Gran Teatro de la Vida del Género Humano devino Tragedia, de las drandes, de las que envuelven en sus carnes infinitos dramas, la pólvora que destruye en sus carne naciones sin número, el río de las pasiones llenando el cubo en el que se ahogarán inenarrables sueños, la hoguera de los Manifestos, la Guerra eterna, un plato de carne de niño a rupia la libra, el litro de sangre virgen a céntimo, la quijada de un asno para romperle la cabeza al Cuerpo de Cristo, la Gran Tragedia, fosa siempre abierta masticando generaciones, hijos de las tinieblas vendiendo sus almas por el imperio de los suspiros, la noche de los lobos que nunca se acaba, el bardo no se pinta lunares en las mejillas sino escrituras de guerra, ¡muerte, muerte, al infiel, al fiel, al de abajo, al de arriba, muerte, muerte, baila maldito, no pierdas el ritmo, el valor se mide en el campo de los huesos, bebe médula de cristianos. ¡Oh César, quema como veneno de escorpión el beso de la Fraternidad de los espíritus ... puros, sutiles, ingrávidos y gentiles... no dejes que el poeta entone himnos al Señor de los niños, he aquí la prueba, su mal se extiende de mar a mar y ya ha echado raíces desde las Columnas de Hércules al mar de los britones, pronto pedirán tu cabeza, y el Imperio de los Romanos, el de los Bárbaros, y hasta el del que está en el feto será desterrado de la faz del Orbe, alea jacta est César, fuego, fuego!....

Tenemos, pues, resolviendo misterios, que lo mismo el que fue como el que es ambos somos una sola cosa, la manifestación del pensamiento de ese Espíritu que con su Voluntad dirige la Historia, con sus Palabras escribe la Memoria de la Humanidad y de las piedras toma para sí hijos y siervos; El abre sus brazos y la tierra se pone en movimiento, se viste de carne y se hace Pueblo. Y cada uno de nosotros, lo mismo los que somos que quienes fueron, todos vivimos nuestra parte en el Escenario de los Siglos, cada uno viviendo su propio Guión a toda potencia, sin concesiones, pasión salvaje que se hace inteligencia para elevar a su más alta expresión, la Potencia del Ser, la musculatura del pensamiento forjada en las fraguas de los siglos, machaca nervios, endurece ligamentos, que tenga la cabeza dura como el basalto y sean sus huesos como los del hierro, creado para ser de algodón y saber su piel a pasas, haz, batidor de metales, que sude sangre y respire fuego. ¡Oh Dios, quién creerá que devorando a tus hijos no te alzarás tú para hundir hasta el infierno al ínfame enemigo!

He aquí a Pablo, y a Pedro, a Santiago y a Tomás, a Felipe, a Mateo, a Judas Alfeo, y a Sebastián, y ... un bosque que avanza movido al ritmo del Espíritu por el campo de los Milenios.

No hay división entre los hijos de Dios, ¿existe entre los árboles del bosque?, ¿entre los soldados que adoran a su rey y avanzan como un solo cuerpo al encuentro del enemigo? “¡¿Qué ves, hombre?!”. “Veo árboles que andan”. Pues eso, anda tú también. Y canta un grito de guerra: ¡Aleluya!

Repican Aleluyas, porque el Ayer pasó, el Hoy está aquí y el Mañana nace en el horizonte naciente, porque mientras haya Espíritu hay Futuro para el Hombre.

¿Cómo, entonces, entender a Pablo o a Pedro sin Espíritu? ¿Acaso la Ciencia y los libros pueden sustituir la vida del Espíritu? ¿Y siendo el Espíritu uno solo y el mismo en qué medida puede ser distinta la visión del árbol de la que tiene el bosque? ¿No es acaso la Vida del Bosque la que anima la del árbol? ¿O podrá subsistir el árbol sin el bosque? ¿No es la alegría del árbol ser el bosque? ¡Ay, regad mis huesos con jugo de pasas, alimentad mis carnes con crema de cocos, sentaos a mi sombra, ved que buena es la frescura de mis dedos al viento, mirad el horizonte de los siglos mientras descansais en mi pecho! ¿No veis aquellas luces sobre la colina del Oeste? Es el Futuro que amanece en las entrañas de vuestros hijos, aspirad sus voces, sentid sus pies sobre el suelo, pegad la oreja a mi corteza, oid sus cantos y sus juegos, vuelan pájaros de un hierro tan sutil que hasta un niño puede mover su masa con su pensamiento, la Naturaleza toda vestida de hada madrina hace que los mismos elementos lleven en sus palmas pueblos enteros sobre las aguas de los océanos. Mirad el Futuro y recoged fuerzas para el Presente, lo que sembreis eso recogerán vuestros hijos.

Si me prendeis fuego, me quemo, ¿y quién os dará sombra cuando arda el Sol?

¿Qué vieron, en fin, Pablo y Pedro, Santiago y Juan, Felipe y Tomás, Mateo y Judas Alfeo, y demás? Pues cada uno de nosotros miramos adelante desde el siglo que vivimos, y siendo el futuro respecto a ellos y ellos el pasado respecto a nosotros, y todos parte del mismo Movimiento, la pregunta es correcta y al mismo tiempo llena de enigma y misterio.

¡A Nosotros! ¡Nos vieron a nosotros!

Todo lo hicieron por nosotros. Caminaron al matadero por nosotros, lo dieron todo por nosotros, subieron a la cruz por nosotros. Nos vieron y no lo dudaron, se pusieron de pie y con ellos el bosque se echó a andar! Y ellos fueron para los Patriarcas y los Profetas lo que nosotros fuimos para ellos, el Futuro, la Mañana que vieron sentados al filo del bosque, a la orilla de las aguas sobre la que el Espíritu se echó a andar hasta llegar a nosotros. Y el Espíritu seguirá andando hasta llegar a ellos, el Futuro que vemos nosotros desde esta orilla al otro lado de la orilla desde la que ellos nos vieron a nosotros.

Dios no para. El bosque se detiene para darse un respiro, pero los elementos continúan su trabajo. Así Dios. Y desde el pecho del Creador ¡qué bueno es el descanso!

Pero volvamos a Pablo y sus Hebreos.

 

Jesucristo, Sumo Pontífice Universal

 

Temamos, pues, no sea que, perdurando aún la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea haber llegado tarde. Porque igual que a ellos, se dirige también a nosotros este mensaje: y no les aprovechó a aquéllos haber oído la palabra, por cuanto la oyeron sin fe los que la escucharon. Entremos, pues, en el descanso los que hemos creído, según que dijo: “Como juró en su cólera: No entrarán en mi descanso”, aunque estuviesen acabadas las obras desde la creación del mundo. Pues en cierto pasaje habla así del día séptimo: “Y descansó Dios en el día séptimo de todas sus obras”. Y en éste dice de nuevo: “No entrarán en mi descanso”. Queda, pues, que algunos han de entrar en el descanso, y aquellos a quienes primero se les comunicó la buena nueva no entraron a causa de su contumacia; de nuevo señala un día, “hoy,” declarando por David después de tanto tiempo lo que arriba queda dicho: “Si hoy oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Pues si Josué los hubiera introducido en el descanso, no hablaría (David) de otro día después de lo dicho. Por tanto, queda otro descanso para el pueblo de Dios. Y el que ha entrado en su descanso, también descansa de sus obras, como Dios descansó de las suyas. Démonos prisa, pues, a entrar en este descanso, a fin de que nadie caiga en este mismo ejemplo de desobediencia. Que la palabra de Dios es viva, eficaz y tajante más que una espada de dos filos, y penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia, antes son todas desnudas y manifiestas a los ojos de aquel a quien hemos de dar cuenta. Teniendo, pues, un gran Pontífice que penetró en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengámonos adheridos a la confesión. No es nuestro Pontífice tal que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, antes fue tentado en todo a semejanza nuestra, fuera del pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, a fin de recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno auxilio

 

Y pues que la visión del Futuro es la raiz del movimiento y sólo un loco o un demonio camina hacia el infierno, la pregunta es solo natural: ¿Qué Iglesia vieron los Apóstoles? Ellos fueron los Edificadores de la Iglesia, y moviéndose en la dirección de su Edificación, y no pudiendo hacer nadie nada sin antes ver el plano del Edificio, según el propio Moisés viera cuando se le dijo “y hazlo todo según se te muestra”, es sólo natural que nosotros nos preguntemos por los Planos de la Iglesia que se les mostrara a los Edificadores y acorde a cuya visión pusieron manos a la obra.

¿Fue la Iglesia que Pablo y Pedro vieron aquélla iglesia romana de los siglos IX al XI entregada a la brujería, al homicidio, perros por obispos, una escuela de criminales de la peor especie tal que el diablo vestido de sotana se alzó como Jefe de los obispos?

¿O fue la Iglesia por la que Pablo y Pedro murieron aquella otra visión de la iglesia romana del XII al XIV que se tiró al barro y convirtió toda la cristiandad en lo que los pontífices judíos convirtieron toda la Judería Mundial, una mina de oro?

¿O fue la Iglesia cuyas piedras quedaron santificadas por la aspersión de la sangre de los Primeros cristianos aquella iglesia romana absolutamente puesta al servicio de una familia del XV y la Iglesia Católica la esclava de semejante “señor”?

¿O la Iglesia por la que los Apóstoles lo sufrieron todo será la Iglesia del XXI, Cuerpo divino cuya Cabeza es el Pontífice Sempiterno, Jesucristo, y nadie osa llamarse Pontífice ni declararse Patriarca, y todos los Obispos son hermanos en el mismo Dios y Siervos del mismo Señor? ¡Pues escrito está: “Bendito el que dobla sus rodillas ante Dios”!

Estamos en Guerra contra el Infierno. Dios está en pie de Guerra contra la Muerte desde el día que Satanás, “la serpiente antigua”, utilizó al Primer Hombre como hacha de guerra contra el Espíritu Santo. Y no vemos que la Victoria se haya consumado. Pero como dijo San Pablo: “Sí vemos a Aquel que poniéndose al frente fue coronado, por su Obediencia hasta la Cruz, a fin de conducirnos a la Victoria Final, ¡Jesucristo!”. Y ¿quién es el que se echa a dormir en pleno campo de batalla cuando el fuego arrecia y la sangre corre a cascadas?

Pues, en lo tocante al Pontificado-Patriarcado, sabemos que nadie puede mantenerse de pie delante del Dios de la Eternidad, realidad que se manifestó en la abolición del sacerdocio hebreo por en cuanto no pudiendo hacer la Vestidura al Santo era imposible que el Sacerdocio alcanzara la santidad por la vestimenta temporal, de manera que dispuso Dios, siendo el Pontífice aquél solo que puede abrirse camino ante la presencia de Dios, y porque ninguna criatura puede mantenerse de pie delante de su Creador, quiso Dios que quien lo está siempre, su Hijo, clamase de rodillas ante su Trono por nosotros, y por el Amor consiguiese del Omnipotente lo que por el Temor no pudo comprarle nadie con oro.

¿Sería acaso ésta la Visión que Pablo y Pedro tuvieron del Nuevo Sacerdocio, coronado con el Pontíficado sempiterno del Hijo Unigénito de Dios, quedando abolido por su Coronación todo Señorío de un siervo sobre los siervos del Señor Jesús, Único Pontífice Universal?

¿O sería acaso la Visión del Sacerdocio Cristiano que tuvieron Pedro y Pablo la que representaron en sus carnes y cuerpos aquéllos Papas y Patriarcas Teócratas que exigieron para sí el Imperium y se coronaron hasta con tres coronas, cabezas de ejércitos, sembradores de cizañas entre las naciones cristianas, promotores de guerras fratricidas y en todo menos en el título por vocación emperadores?

Ahora bien, sabemos que la Iglesia del Cielo es Eterna y su Movimiento en el Tiempo responde a una misma Realidad: Jesucristo es su Sumo Pontífice Universal, y nadie en el Cielo osa declararse Pontífice. El es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia de Dios, y este Cuerpo, como el bosque no puede ni ser ni subsistir sin los árboles, es el fruto de la existencia de las iglesias de los Pueblos que componen el Reino de Dios. La Obediencia de todas las iglesias es a su Cabeza, Jesucristo, y todos los obispos de las iglesias están sometidos al Único Señor Sempiterno de la Iglesia de Dios: Jesucristo. Sobre las iglesias de su Reino el Señor tiene sus Pastores, como se ve en su Revelación, y por ellos El administra las iglesias, y estos Pastores, una sola cosa con el Pastor Universal, Jesucristo, sirven a Dios Todopoderoso “apacentando sus Rebaños”, todos nosotros, su Creación. ¿Pues quién se mantendrá de pie delante del Dios de la Eternidad y del Infinito? Por esto, porque nadie puede mantenerse de pie delante del Eterno, elevó Dios a su Hijo al Pontificado Universal, a fin de que toda la Creación tenga por Señor a su Hijo, y siendo solo natural que el Hijo viva en su Padre todos los Pueblos encontremos en Jesucristo el Pontífice que halla en Dios un Corazón complaciente a sus ruegos y un Espíritu que se derrama por su Oración.

¡¡Como en el Cielo...así en la Tierra!!

Luego estando las iglesias al servicio del Señor en cuanto Pastor Universal Sempiterno y siendo su Misión “apacentar los Rebaños de Dios”, nosotros, su Creación, el Modelo de Trabajo que tienen los Pastores en la Tierra es el que el Señor expuso en el Primer Concilio Universal Apostólico, es decir, en el 49, donde los Apóstoles, en cuanto Pastores de las distintas iglesias, se reunieron en el mismo Espíritu para, como Hermanos que han Heredado de Dios, y administran en Nombre del Señor esa Heredad, siendo Jesucristo el Heredero Final y Original de todas las cosas, mantener los Rebaños de su Señor unidos y defenderlos del Infierno.

Mas si aquí acabara la Visión del Movimiento del Espíritu de Dios por las “aguas de los milenios” que Dios les mostró a sus Apóstoles no entenderíamos ni podríamos entender la raiz de esta Epístola y de las otras, lo mismo de Pablo que de Pedro, Santiago o Juan. Y como ya he dicho arriba que el Espíritu de Dios extiende la mirada de sus hijos hacia el fin al que El camina, es sólo natural que habiéndose consumado, en la Resurrección, los esponsales entre Cristo y su Iglesia, el fruto de esta Unión Sempiterna pusiese sobre el Futuro una Descendencia, respecto a la cual le escribiera Pablo a los Romanos diciendo “porque la creación está esperando ansiosa la manifestación de los hijos de Dios”, es decir, el nacimiento de esa descendencia de Jesucristo Señor y la Iglesia, su Esposa. Pues que los Apóstoles eran hijos de Dios ¿quién lo pone en duda? Y sin embargo es Pablo, un hijo de Dios, quien afirma que la creación espera ansiosa la manifestación de los hijos de Dios. Y si “la esperaba” es que la Generación que la Creación ansiosa estuvo esperando “estaba” en el seno de la Iglesia.

Y pues que toda Esposa sella su Matrimonio con unas Arras, en este caso, Divinas, siendo por este Anillo Sagrado por el que es reconocida la Esposa del Señor, nadie ignora que es la Iglesia Católica la Madre de esos hijos de Dios “cuyo nacimiento aguardaba la creación entera”, y viéndola en el horizonte la saludara Pablo, en nombre de todos los Apóstoles, escribiendo sobre nosotros en quienes se manifiesta la gloria de la libertad de los hijos de Dios.

Pues, en efecto, el siervo está sometido en todo a su Señor, y el deber y el decreto es su lote, pero el hijo entra y sale libremente de la Casa como quien trabaja para sí, en lo suyo, y su parte es la libertad y la voluntad de su Padre. De manera que con su hijo no tiene secreto el Señor, mientras que con su siervo es el deber y el decreto el que ordena. Ahora bien, la Madre es en todo la Señora de la Casa en lo que se refiere a la Administración del Servicio al Señor, su Esposo; el honor de su Esposo reposa en el suyo, y siendo su gloria la descendencia en Ella de su Señor y Esposo la libertad de sus hijos es su gloria y la gloria de sus hijos es la suya propia. Resultando de aquí que a quien Dios le da su gloria nadie se la quita, y, siendo hijo del Señor, su obediencia es a su Padre, y debiendo el Siervo cumplir su trabajo : quien contra su deber hace lo contrario de aquello para lo que fue contratado, rompe el contrato con su Señor y es expulsado de la Casa del Señor. Pues mientras el hijo es niño no puede levantarse para defender a su Madre contra unos siervos ínfames, pero una vez hecho hombre es en todo Heredero y actúa en su Casa para la gloria de su Padre.

Luego es Dios Eterno y Omnisciente quien produce todo el Movimiento, y todo lo que se mueve procede del aliento de su Espíritu que, derramando su Pensamiento por el Universo, ordena la Historia de la Plenitud de las Naciones hacia el Fin del Libro de la Vida del Hombre sobre la Tierra, a saber, la Victoria total y absoluta sobre el Infierno y la Muerte. Y es en este Campo que nos movemos todos, hijos, siervos y Pueblo, cada uno un árbol del Bosque de la Vida, cada uno un soldado de los Ejércitos del Señor, avanzando al unísono, sin división, y siendo Todos en la Individualidad hallamos la gloria del Creador, quien a la vez que mueve todo el Siglo fija sus ojos en cada uno de nosotros y dirige nuestros pasos por el Escenario de la Historia buscando, fruto del esfuerzo de todos, un efecto único.

Cada cual debe mirarse en El, porque es en sus Ojos donde se halla el espejo que refleja nuestra verdadera realidad. Y si la fuerza del hombre es vivir de pie delante de todo semejante, siendo maldición doblar las rodillas ante otro hombre, nuestra gloria es doblar las rodillas ante el Rey que nos da dado a todos el Dios de la Eternidad y el Infinito. Su Voluntad es Sabiduría y Salvación. Desobedecerla, ser remiso, condicionarla, y en el caso extremo la rebelión, es alzarse en guerra contra el Rey. Lo que cada uno dé, eso recibirá, quien Obediencia, gloria, quien desobediencia, ruptura de contrato entre él y el Señor de todas las iglesias, Jesucristo, Pontífice Universal Sempiterno, el Pastor de los pastores de los Rebaños de su Padre en el Cielo.

¡Como en el Cielo, así en la Tierra!

 

 

El verdadero rostro de Cristo

 

Ya hemos visto que la Edificación de la Iglesia Católica fue ejecutada siguiendo un Modelo Celestial, fundado sobre la Unigenitura de Jesucristo, a fin de que teniendo el Sacerdote su vida en Aquel que no puede ser destruido ni sufrir corrupción, la Verdad del Infinito: el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, permanezca “sin división” por la Eternidad en el Cielo. Mas existiendo la división entre las iglesias aquí en la Tierra se deduce de esta visión histórica que sus autores, los unos porque no entendieron esta Verdad -como se ve en el tema del Filoque-, y los otros porque hicieron de esta Verdad un ídolo de letras, -como se ve en el tema de “la Fe sola”-, los unos como los otros y todos juntos, y el que esté limpio de pecado que tire la primera piedra, perdieron la vista y cegados por los siglos fueron incapaces de ver el Modelo del Templo que les fuera mostrado a los Edificadores de la Iglesia.

Se nos dirá que estando muertos aquéllos hijos de Dios, de la Descendencia de Abraham, pretender ver lo que ellos vieron sea cosa más de medium que de inteligencias vivas. Sobre lo cual yo les diera toda la razón si, en efecto, como dicen otros, Dios hubiera muerto. No siendo el Manifesto de la Razón más que el aullido de un milenio una hora antes de perder la cordura y lanzarse al campo de Gog y Magog a por la conquista del Mundo mediante Guerras Mundiales, la excusa no sirve y el Modelo permanece. Ahora bien, a fin de no parecer un soñador, articulemos nuestro pensamiento desde la lógica y convengamos con nuestros maestros que aquello que no puede captarse directamente sí puede serlo indirectamente, siguiendo cuyo método quien no conoce lo que el calor sea y sólo el frío al menos podrá deducir de lo contrario a lo que el frío es lo que el calor sea. Y aunque la invocación a la experiencia sensitiva sea el recurso último, su legitimidad viene avalada por ser su existencia el principio mismo de la vida, el principio racional por excelencia.

Luego si lo que no vemos puede alcanzarse por lo que vemos, deduciendo de los contrarios la naturaleza de aquello que buscamos partiendo de lo que tenemos, si nosotros adoptamos como punto de referencia racional la estructura del Templo de Jerusalén que a Jesucristo le hizo hervir la sangre a fin de obtener la visión real del Nuevo Templo, deduciendo lo contrario de lo que aquel fuera, es necesario primero radiografiar aquella estructura y siguiendo el método lógico, por oposición de propiedades llegaremos, aunque indirectamente, a la verdadera Estructura del Edificio que Dios les mostrara a sus hijos, los Apóstoles y Edificadores de su Iglesia.

Compendiemos entonces por qué Dios arrasó aquella estructura sacerdotal judía.

En principio y por antonomasia la Religión de los Judíos se había transformado en un Negocio. Alumbra esta conclusión el que sus “obispos” no creyeran en la resurrección de los muertos, estación terminal que no alcanzaron ni las mismas religiones de los paganos más brutos, siendo la resurrección de las almas un tema universal hasta el punto de ser este credo la propiedad típica de lo que el fenómeno religioso sea. De manera que donde hay religión hay una estructura social enfocada hacia el modelo de resurrección popular determinado, y donde no hay creencia en la resurrección de las almas hablar de religión es hacer un ejercicio de hipocresía sin límites. Y sin embargo, creyéndose el judío “la raza superior” y su religión la más noble y alta de las creencias, su sacerdocio había degenerado en el Ateísmo más infame que quepa en la cabeza. El ateo que actúa acorde a sus creencias es infinitamente más semejante a Dios que quien no creyendo en Dios se viste de sacerdote.

La salida de aquel modelo sacerdotal jerusaleño no podía ser otra que la que nos dibuja el Evangelio, un monopolio industrial cuyo producto era el pecado, y en consecuencia hasta el respirar era un pecado y su expiación costaba acorde al bolsillo. Toda la Mishná y el Talmud jerusaleños tenían por función multiplicar las leyes y los mandamientos hasta el punto de hacer imposible la vida de la conciencia hebrea en el marco de la Naturaleza. Toda la teología judía tenía por sentido sembrar en el pueblo una doctrina de pecado y expiación contra dinero tal que siendo el marco religioso entre cuyas esquinas el judío hiciera su movimiento, cada paso fuera un pecado y cada movimiento un delito contra alguna ley de la Mishná o del Talmud. Siguiendo aquel modelo, el Templo y sus “pontífices” devinieron Grandes Recaudadores de Impuestos, cuya fortuna dependía de la ignorancia del pueblo y su necesaria esclavización a las leyes infinitas con las que los clanes aaronitas habían cargado la conciencia de los hijos de Israel.

Era sólo natural que sujeta a semejante relación, cuyo fin era la transformación del creyente en una mina de oro, y porque la relación del hombre con su Creador devino un “Negocio Sagrado”, que el Hijo de Dios sintiese vómitos ante aquella teología y se le encendiese la sangre contra aquella cueva de ladrones que, escondiendo la pata de lobo bajo pomposos títulos y vestiduras sacras, hicieron de Dios un látigo con el que golpear las espaldas de la Nación.

Los efectos de semejante perversión de la relación entre Dios y su Pueblo acabó por conducir a los israelitas al punto epidémico de locura – “endemoniados por todos sitios”- y miseria indescriptible –“lepra en colectividades”- que nos dibuja el Evangelio, efectos que en ninguna nación de la Civilización bajo el Derecho Romano se daba en aquel momento, y denuncia, por su singularidad, la causa en la que tuvo origen semejante patetismo social determinante del Odio entre Jesucristo y el Templo. El Pontificado Aaronita odiaba a Jesucristo por ser el espejo en el que se reflejaba su verdadero rostro, y, aunque sintiendo horror de sí mismo, no estando dispuesto a renunciar a su mina de oro, se encuentra ante la alternativa: “ellos o Cristo”.

Jesucristo le da voz a la impotencia de los hijos de Israel, en espíritu masacrados por una casta sacerdotal cuya inmoralidad y despotismo no conocia límites y había hecho del pecado su teología, transformando la Torá en un árbol maldito de cuyas ramas malignas, la Mishná y el Talmud, el fruto del pecado se convertía - por la oscuridad del Santuario - en oro bendito. Y pues que la adoración por el oro es superior en el hombre animal a la fuerza de la adoración del Espíritu, y siendo el oro el dios de los pontífices judíos, era solo natural que el Pentateuco y los Profetas fuesen reconvertidos en instrumento al servicio del enriquecimiento de los clanes pontificales jerusaleños, producto de cuya operación fueron la Mishná y el Talmud, o cómo hacer de Dios un esclavo al servicio de una casta sacerdotal.

Esta es, en consecuencia, la visión que los Hebreos tienen una vez que Jesucristo les arranca la viga de los ojos y ven con los ojos de la cara la verdadera realidad del Templo Judío. Y será, por referencia lógica, el modelo contrario al Templo que desde el Cielo le presenta Jesucristo, ahora el Señor, a sus hermanos espirituales en la Tierra y Co-Edificadores de su Iglesia Universal. Viendo la cual, en nombre de todos, escribe San Pablo así:

 

Pues todo pontífice tomado de entre los hombres, en favor de los hombres es instituido para las cosas que miran a Dios, para ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados, para que pueda compadecerse de los ignorantes y extraviados, por cuanto él está también rodeado de flaqueza, y a causa de ella debe por sí mismo ofrecer sacrificios por los pecados, igual que por el pueblo. Y ninguno se toma por sí este honor, sino el que es llamado por Dios, como Aarón. Y así Cristo no se exaltó a sí mismo, haciéndose Pontífice, sino el que le dijo: “Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”. Y conforme a esto dice en otra parte: “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas al que era poderoso para salvarle de la muerte, fue escuchado por su reverencial temor. Y aunque era Hijo, aprendió por sus padecimientos la obediencia, y al ser consumado, vino a ser para todos los que le obedecen causa de salud eterna, declarado por Dios Pontífice según el orden de Melquisedec.

 

De donde se ve que, al igual que el tal Melquisedec, sin precedencia ni procedencia, Dios instaura un Pontificado sempiterno, un Único Pontífice, Jesucristo, en el que el propio Hijo adora al Padre, y en quien el Hijo de Dios se une a la creación entera para adorar a Dios. El fin de la Religión deja de ser el oro a través del pecado para devenir Camino a la vida eterna en la Fe de Jesucristo. Y será ésta la Piedra Angular sobre cuya solidez e indestructibilidad descansará el Nuevo Templo, Casa de la Iglesia de Dios, que nace para ser la Esposa del Señor y mantener viva la Verdad eterna.

Por oposición, en consecuencia, todos los dones divinos se ofrecen gratuitamente -como se ve en los Sacramentos- y el fin sagrado del Nuevo Sacerdocio no es cultivar el pecado para por su abundancia cosechar oro, “contra indulgencias”, por ejemplo, sino extirpar el pecado de la Humanidad mediante la Edificación de la Fe de Jesucristo en todo hombre.

Si en el Primero - excusando ahora lo injustificable - fue la renuncia del sacerdocio a la santificación del pueblo, tirando la toalla en su lucha contra el pecado, lo que le condujo a aliarse con el enemigo, y tentado por el fruto del pecado -el oro - el Templo Antiguo se entregó a una orgía de locura y miseria, en el Último, que recoge el Testigo de la Santificación de la Humanidad, el pecado es abominado como medio de enriquecimiento del sacerdocio y, en consecuencia, el Perdón es ofrecido Gratuitamente.

No es, por consiguiente, un Templo basado en el Poder que viene de las Riquezas el Modelo que tienen los Apóstoles en la cabeza cuando se entregan a la Edificación de la Iglesia. El Nuevo Sacerdocio es la Imagen de Jesucristo entre las naciones, el reflejo puro del Pontífice eterno en el cristal del espíritu humano, la sustancia del espíritu jesucristiano en carne visible a fin de mantener viva la fe entre las naciones de la Tierra y ser la verdad eterna hecha criatura en el Cielo. Y como El depende sólo de Dios, el Sacerdocio Cristiano depende exclusivamente de El, su Señor.

Y de aquí que Pablo no sólo se atreviera a callar a Pedro, a Santiago y a Juan sino que, siendo expresión pura de esta Imagen Divina, su visión sobre el futuro del Cristianismo le abriera la puerta, en el Concilio del 49, a la ruptura definitiva y final con el Judaismo. No porque Jesucristo no la firmase sino porque por amor a los Hebreos, sus hermanos en Abraham, los Discípulos estaban cediendo ante lo que era imposible cualquier cesión.

Bueno es querer salvar al mundo, y más a los hermanos de sangre, pero -recordando al Maestro- ¿de qué le vale al hombre salvar al mundo si pierde su alma?

¿Cuál es, pues, el Modelo de Sacerdocio e Iglesia que le muestra desde el Cielo el Señor a sus Apóstoles? Porque nadie creerá que la Iglesia es un invento espontáneo en crecimiento evolutivo dependiendo de los tiempos. ¡Dios no juega a los dados! Quien edifica se sirve de un plano, a no ser que cualquiera pueda edificar una casa sin siquiera tener conocimiento de albañilería y carpintería, lo cual, en la cabeza de algunos es necesario para redundancia de la gloria de Dios, que puede hacer que un bruto le dé lecciones a un mago; ahora bien, no vemos que la Inteligencia Creadora se acople a tal discurso, y sí, al contrario, que el Acto Creador se basa en una Omnisciencia planificadora que, como se ve en Los Salmos de David, delinea sobre el “papel” cada trazo del movimiento que se debe ejecutar para alcanzar el fin buscado. Y acorde a esta Necesidad, le aparta Dios al Niño Jesús de la cabeza una Intervención Mágica en el Universo.

No hay en la mente de los Edificadores, siguiendo este método, una acción espontánea sujeta a una dinámica de improvisación sobre la marcha. Tampoco la tuvo Jesucristo. Dios ha trazado líneas y se ha puesto en movimiento, y acorde a la Omnisciencia Creadora todo se ordena para la materialización del Proyecto Salvador. Y es solo natural que quien es en Su Mano lo que la sierra en la del carpinero y la plomada en la del albañil, y porque no es una materia muerta sino viva, participe de la contemplación del Plano y se ajuste a la acción acorde a lo que le toca, de esta manera teniendo los Apóstoles ante los ojos la verdadera naturaleza de la Iglesia de Jesucristo.

 

Sobre lo cual tenemos mucho que decir, de difícil inteligencia, porque os habéis vuelto torpes de oídos. Pues los que después de tanto tiempo debíais ser maestros, necesitáis que alguien de nuevo os enseñe los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y os habéis vuelto tales, que tenéis necesidad de leche en vez de manjar sólido. Pues todo el que se alimenta de leche no es capaz de entender la doctrina de la justicia, porque es aún niño; mas el manjar sólido es para los perfectos, los que en virtud de la costumbre tienen los sentidos ejercitados en discernir lo bueno de lo malo.

 

En efecto, observamos cómo el Apóstol contempla en sus propios días “la fe que se corrompe”, de la que hablara Pedro. Y si estando Ellos sobre el terreno “la fe” ya se dejaba seducir por el brillo de las cosas antiguas, no vemos cómo no iban a ver lo que sería de la fe una vez que pasasen sobre su existencia los siglos. Así que teniendo un Modelo Divino y habiendo estado sometida la Fe a la corrupción, según se lee en el Libro de la Historia Universal, les toca a las iglesias nacidas de aquélla Fe mirarse al espejo y ver si el rostro que ven es el de Cristo o el de ... vete tú a saber. De donde se ve, en definitiva, que la Iglesia de Dios en Jesucristo, siendo expresión viva de la Verdad Eterna, no se acomoda a los siglos y las tendencias de los pueblos, pues diciendo que el Espíritu Santo es Dios : la Vida del Sacerdocio es inmutable en sus fundamentos, y, al contrario, son las Naciones las que deben acordar el Futuro de sus Sociedades acorde a la verdad Eterna del Cristianismo.

Las tendencias suicidas de la Humanidad un argumento que no necesita de más pruebas que el Libro de la Historia, y porque sólo la Fe ha demostrado ser la Puerta de la victoria contra las crisis de Civilización, no es la Fe la que debe acomodarse a una crisis causada por ésa tendencia suicida aún no definitivamente curada que padece la Humanidad desde la Caída. Una de las propiedades más claras de esta tendencia suicida es la negación de la existencia de “una crisis”, lo que produce que las medidas finales contra ella sean aplicadas demasiado tarde para evitar sus efectos sobre las sociedades. Y el síntoma por el que se mide la intensidad de una crisis de civilización -según se lee en el Libro de la Historia- viene señalado por la pérdida de la Moral Universal, el abandono del Ser a las tendencias hedonistas no sujetas a la ley natural, el Desprecio hacia la vida humana y su reducción a una propiedad, y, en definitiva, la Destrucción de la línea que separa el bien del mal mediante la puesta en escena del argumento del Diablo: El Fin justifica los Medios.

Mírense por tanto el Sacerdote, el Pastor y todas las iglesias en el Espejo y juzguen si el rostro que ven es el de Jesucristo o el de aquél a quien pertenecen: si al Patriaca de Moscú, al Papa de Roma, al Arzobispo de Canterbury, o al de... Pues ha de llegar la Hora en que el Señor juzgue a sus siervos y en quien no halle el reflejo de su Rostro “ése será echado afuera para que lo pisen los hombres”. ¿Pues qué será del Sacerdocio Cristiano si en lugar de ser el espejo del Espíritu de la Eternidad se unen los obispos a los tiempos para eliminar el ser eterno del espiritu del Señor?, que dijo, hablando de su Casa, pues cada cual es señor en la suya: “Fuera perros, hechiceros, fornicarios, homicidas, idólatras y todos los que aman y practican la mentira”. Y habiendo creado Dios al Hombre a su Imagen y Semejanza, siendo Jesucristo el Modelo para los siervos y el Modelo para los hijos de Dios, y cada cual reflejando en su rostro el de Aquel que se asoma a su ser para darle su esencia y sustancia sempiterna, ¿cómo se casará el siervo con los poderes de los tiempos sin romper su Contrato con el Señor? Y rompiendo el siervo su Contrato por el rechazo hacia el Modelo Sacerdotal Jesucristiano, que se centra en el Varón y tiene en la Virginidad Inmaculada de la creación, en la que se manifiesta el Misterio de la Omnipotencia del Dios de la Eternidad, su Misterio sagrado, ¿todo el que sigue a semejantes rebelde contra el Señor, a quien por el poder de los tiempos pretenden imponer en su Casa sus leyes, ésos no caerán en la misma condenación que tales siervos sin Señor?

El Sacerdocio Cristiano Perfecto, en consecuencia, acorde a cuyo Modelo los Apóstoles edificaron el Nuevo Templo, siendo infinitamente más glorioso que el Antiguo y aun asi hubo de mirar Moisés hacia arriba, con ser imperfecto al Antiguo, y porque la inmarcesible gloria del Sacerdocio Cristiano escapaba al poder de visión del ser humano, quiso Dios encarnarlo para que tocándole y viéndole los Edificadores actuasen acorde a los sentidos y no a una teoría más o menos bien dispuesta. Y asi, habiendo de una vez y para siempre establecido el Modelo de Sacerdocio Eterno en Jesucristo, El es el Horizonte hacia el que ha caminado la Iglesia y contra el que se ha lanzado la Muerte continuamente desde el Principio y en estos tiempos presentes se ha vestido de modernidad para servir a los tiempos y sus poderes contra el Señor de la Fe.

Analícense, pues, los Patriarcas, Arzobispos y Obispos y cada hombre mire cara a cara a aquéllos en cuyos labios puso el Señor la Doctrina de la Eternidad, y si por las palabras es imposible detectar en algunos a aquéllos a quienes sirven, y otros hacen de sus obras instrumento de corrupción de la Verdadera Realidad, el alma de cada cual es la que está en juego y no es de cristianos dejar algo tan personal en las manos de tradiciones, modernidades ni juegos de palabras, declaraciones, emociones y amores cuyo fruto final es la ruina del alma. ¿O acaso puedo comprar mi alma al precio del mundo? Poético cuán pueda parecer este amor universal, esconde la trampa de un diablo gordiano, dado que olvida este apasionante aventurero que quien por el camino perdió el alma ¿cómo salvará a su semejante quien no supo salvarse a sí mismo?

Lo que Pablo dijo en Concilio a la cara de los Obispos, eso debe decirle ahora un hijo de Dios a Patriarcas y Arzobispos: No al sacerdocio de la Mujer, no al al Sacerdocio Homosexual.

El Sacerdocio Imperfecto basado en el Matrimonio no puede imponerse sobre el Sacerdocio Perfecto de la Esposa del Señor sin provocar la Cólera de Dios. Mas si alguno cree que puede tirarle a Dios de las barbas, hágalo.

 

Jesucristo, Cabeza espiritual de la Creación

 

Por lo cual, dejando a un lado las doctrinas elementales sobre Cristo, tendamos a lo perfecto, no echando de nuevo los fundamentos de la penitencia, de las obras muertas y de la fe en Dios, la doctrina sobre los bautismos, la imposición de las manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno.Y esto es lo que vamos a hacer si Dios lo permite. Porque quienes, una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, gustaron lo hermoso de la palabra de Dios y los prodigios del siglo venidero, y cayeron en la apostasía, es imposible que sean renovados otra vez a penitencia, pues de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la afrenta. Porque la tierra, que a menudo absorbe la lluvia caída a menudo sobre ella y produce plantas útiles para el que la cultiva, recibirá las bendiciones de Dios; pero la que produce espinas y abrojos es reprobada y está próxima a ser maldita, y su fin será el fuego

 

Observemos que las disputas entre teólogos respecto a la autoría de la Epístola a los Hebreos, revocando la autoridad de los primeros cristianos en razones diversas, no procede. Este párrafo pone a las claras que es de nuevo Pablo, el gran abogado de Cristo contra el Judeocristianismo, quien machaca ante la comunidad cristiana lo que defendiera en privado en el Concilio del 49 delante de los Apóstoles y los primeros obispos. Cuando seguimos el curso de la historia de Jerusalén desde la Resurrección a su destrucción por los Romanos vemos cómo el Judaísmo intentó absorver al Cristianismo y quiso aprovechar el universalismo apostólico para proclamar una Guerra Santa de Independencia contra el Imperio, a la que, finalmente, ante la actitud de Pablo, norma para todas las iglesias, el Judaísmo se lanzó por su cuenta. ¿Quién es el apóstata al que se refiere Pablo sino el Judeocristiano que se convierte al esperando de esta manera convertir a Cristo al Judaísmo? Mas no es el Cristiano el que debe hacerse Judío, sino el Judío el que debe hacerse Cristiano.

No hay acercamiento posible entre luz y tinieblas, justicia y corrupción, libertad y censura, paz y guerra, cristianismo y ciencia del bien y del mal. Es la Criatura la que debe convertirse y aceptar la Verdad en toda su realidad natural y sobrenatural; no es el Creador quien debe renunciar a su Personalidad, sino la criatura la que debe abandonar la ley de la Ciencia del bien y del mal, levantarse del polvo y luchar por su Vida acorde a la ley del Universo.

Los muertos están muertos y la palabra de los muertos no vale nada. Sólo la Palabra de Dios es eterna, y, en consecuencia, es la estrella polar de referencia en el viaje de la criatura por la existencia. Pero, como dice Pablo, curiosamente y porque el mundo se halla sujeto a la ley de la Ciencia del bien y del mal, hay quien aún estando criado en la Fe requiere de leche materna, como diciendo que sin quererlo queriendo echan de menos la ley maldita en cuyo horno el infierno, bajo el que vive el mundo, cocina carne humana para el deleite de los demonios que, renegando del Hombre en cuanto ser espiritual, han hecho confesión de fe animal y, declarándose animales, prefieren la ley de la selva a la Ley de la Verdad eterna.

El cristianismo, lo mismo ayer que hoy y mañana, en cuanto sistema pedagógico perfecto debe mirar al Futuro desde al Presente, de manera que no estando sujeto a los cambios de los tiempos la Formación del Ser quede siempre sujeta alModelo sempiterno; el Cristianismo, a la manera que un caminante no puede acomodar su objetivo a las variaciones de los terrenos, no puede sujetar su Ley a las circunstancias de los tiempos. Aún adaptando el paso a los accidentes el Norte queda donde queda el Norte. La estrella polar del Cristianismo es Jesucristo, y siendo Modelo Universal del Ser no es el siglo el que debe imponer su ley, sino el mundo el que debe moverse en el seno de su Ley.

El Creador entra en el cuerpo de su Creación a fin de rescatar a su criatura del Polvo, y jamás con la intención de, comprendiendo su Caida, bendecir su permanencia en los bajos fondos del infierno en que devino el Paraíso por culpa de los acontecimientos conocidos. Porque son conocidos y el efecto es vivido en la carne, el Cristiano, siguiendo a su Creador, tiende inexcusablemente y abiertamente a vivir a la luz de la Ley de la eternidad, que aborrece infinitamente la ley de la Ciencia del bien y del mal y prefiere mil veces la muerte antes que pactar con el diablo.

La Resurrección es un Discurso. Es el Dios de la Eternidad el que habla. Y el que habla se certifica en todo lo que dijo y firma y sella con la sangre de la Cruz a fin de que el mundo entero vea la Sabiduría del que se hizo analfabeto con sus criaturas a fin de hacernos sus hijos, es decir, partícipes de todas las riquezas de su Ser. Y si a sus hijos, de la Descendencia de Abraham, les abrió su ser al Poder sin límites, que se halla en la Palabra, a sus hijos, de la Descendencia de Cristo, les abre el mismo Dios y Padre de todos, las riquezas de esa Sabiduria Creadora que está en todos los secretos del Creador. Pues habiendo sido creado a la Imagen y semejanza de Dios el Futuro de la vida en la Tierra, que es el Hombre, el Futuro del Hombre era la Inteligencia sin límites, de cuya Herencia fue privada la Humanidad por la Caída. Pero Dios, como ya sabemos por la Iglesia, y si Ella no nos lo hubiera contado no lo sabríamos, juró por su sangre que al término de los tiempos, cuando se hubiera hecho justicia, su Creación se levantaría del polvo y donde hubo ignorancia habría conocimiento sin medida.

 

Aunque hablamos de este modo, sin embargo, confiamos y esperamos de vosotros, carísimos, algo mejor y más conducente a la salvación. Que no es Dios injusto para que se olvide de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y perseverando en servirlos. Deseamos que cada uno de vosotros muestre hasta el fin la misma diligencia por el logro de la esperanza, no emperezándoos, sino haciéndoos imitadores de los que por la fe y la longanimidad han alcanzado la herencia de las promesas. Cuando Dios hizo a Abraham la promesa, como no tenía ninguno mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo: “Te bendeciré abundantemente, te multiplicaré grandemente”. Y así, esperando con longanimidad, alcanzó la promesa. Porque los hombres suelen jurar por alguno mayor, y el juramento pone entre ellos fin a toda controversia y les sirve de garantía. Por lo cual, queriendo Dios mostrar solemnemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso el juramento, a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos firme consuelo los que corremos hasta dar alcance a la propuesta esperanza. La cual tenemos como segura y firme áncora de nuestra alma, y que penetra hasta el interior del velo, adonde entró por nosotros como precursor Jesús, instituido Pontífice para siempre, según el orden de Melquisedec. 

 

Sobre lo cual -que sin la Iglesia hubiéramos conocido el Origen del Mundo- hay que levantarse para callar a quienes, en su ignorancia, si locura se verá por la respuesta final a su declaración inicial, afirmaron que existiendo la letra no hace falta la Iglesia. Estupidez supina que hace honor a la Necesidad de la Muerte de Cristo y funda la Redención en la Ignoracia cuando “el criaturo” una vez amamantado mira a la madre que lo parió y la expulsa de su vida una vez la necesidad satisfecha, y no necesitándola ¿para qué la quiere, a la madre que lo parió? Tal es la actitud infrahumana, inhumana y de bestia que el “criaturo” de la Reforma puso en circulación en el mundo cristiano.

Ignoro si semejante actitud se merece más respuesta que la debida al juicio autocrítico y el arrepentimiento por semejante conducta insana. Que esa actitud vino a consecuencia de la insanidad de un círculo de la servidumbre del Señor, ¡muy bien!, que el Señor se encargue de ellos, lo que a nosotros nos compete es actuar acorde al Modelo que vemos en el Evangelio y si el mismísimo Hijo Todopoderoso de Dios, una vez pasada la Hora de las Tinieblas, perdonó las Negaciones de Pedro, ¿quiénes somos nosotros para condenar lo que el Todopoderoso Hijo de Dios no tomó en cuenta? Todo lo que sabemos es que cumplida la Resurrección, Pedro jamás volvió a caer, y si hubiese vuelto a caer entonces también a Pedro se le hubiera aplicado la sentencia de Pablo, pues Dios, como dice su Evangelio, no conoce acepción de personas.

De donde se ve que si Pedro usara el Perdón de su Maestro para volver a caer, Pedro estaría convirtiendo la Apostasía en la doctrina de los siervos de su Señor, por esta misma Apostasía no Jesucristo ya más, su Señor, sino el mismo Diablo. Sobre lo cual, y como los hijos no pueden ser juzgados por los crímenes de sus padres, tampoco pueden ser juzgados por los pecados de sus precedesores los obispos hoy al cargo, pues cada cual es juzgado por sus delitos propios, y sería Dios un Juez corrupto y miserable si juzgare al hijo vivo por los delitos cometidos por un padre muerto o echara en la cárcel a un administrador fiel por el desfalco de su predecesor en el puesto.

Cada cual es autor de sus propios actos, y tan error es fundar la santidad en la gloria de un muerto, afirmando que por la gloria de Pedro quedan santificados todos sus sucesores, quedando absueltos de sus crímenes sus sucesores por la gloria de un Santo, como condenar a todos los obispos por el delito de un pecador. Pues cuando Pablo dice que por un solo hombre fuimos condenados todos, está mirando a ése como “cabeza” de todos.

De este modo y porque hubo crimen y delito: de ser el obispo de Roma “cabeza” de todas las iglesias y no exclusivamente de la Romana, la Reforma obró en consecuencia y según Justicia Divina al condenar por el delito de “ésa cabeza” a todos los Católicos. En efecto, dice Pablo que Cristo fue el modelo de Adán. Y siendo Cristo la Cabeza del Hombre, es solo natural que Adán fuera la de su Mundo, y al caer la cabeza era de justicia que todo su cuerpo se hundiera. Mas siendo la Justicia de Dios es incorruptible, porque Dios no puede errar, de un sitio, y porque ama la Verdad sobre todas las cosas, del otro,  muriendo la Cabeza era imposible que el cuerpo no muriera, hablando de Adán. De donde se ve que es el Obispo Romano el que vive por la Iglesia y no la Iglesia la que vive por el Obispo de Roma, debiendo el Cuerpo de Cristo, o sea, la Iglesia Católica, su vida no al Obispo Roman0 sino a Jesucristo, su Cabeza, quien siendo Indestructible e Incorruptible es imposible que pueda morir, y al contrario que Adán, quien muriendo arrastró a la muerte a todo su cuerpo, Jesucristo, Dios Hijo Unigénito, no pudiendo morir, mantiene eternamente vivo el suyo.

Y de haber sido el Obispo Romano la Cabeza de la Iglesia Católica ciertamente el juicio de la Reforma contra el crimen sin arrepentimiento de la Curia Romana Imperial hubiere sido de justicia y la Iglesia Católica, si en caso de depender del “Santo Padre” Papa para vivir, hubiera seguido el mismo destino que el cuerpo de Adán tras la muerte de su cabeza.

No siendo este el caso, sino que Jesucristo es la Cabeza Universal de todas las iglesias, cada siervo del Señor responde de sus delitos ante el Juez del Universo. Porque habiendo sufrido Dios, en su Inocencia Inmaculada, el homicidio cometido contra su Hijo Adán, era de Sabiduría que jamás de los jamases volviese Dios a poner su Creación en ese trance, por lo cual estableció de una vez y para siempre que la Cabeza Espiritual de toda su Creación fuese su Hijo, Rey sempiterno para su Pueblo Universal y Único Pontífice Universal de su Iglesia.

Así uniéndonos a todos al mismo que nos sustenta con su Fe, devinimos por esta Voluntad de quien con su Voluntad lo ha creado todo, una misma realidad del Ser en quien todos somos una misma cosa, el cuerpo de quien es para todos Cabeza, de unos como Señor, de otros como Rey, de otros como Hermano, de otros como Padre, pero para todos el mismo Jesucristo, hoy y siempre: el Rey Universal y Único Señor Sempiterno a cuyos pies el Dios de la Eternidad y el Infinito ha puesto todas las cosas, las del Cielo como las de la Tierra. Pues siendo verdad que la Fundación del Nuevo Reino de Dios tuvo lugar aquí en la Tierra, no menos verdad es que la Creación entera quedó comprendida entre las fronteras de su Fundación, y lo mismo los hijos de Dios “no de esta creación”, como dirá enseguida Pablo, que los hijos de Dios nacidos de Abraham, todos quedaron sujetos a la Corona del Hijo de Dios.

 

Jesucristo, Pontifice Universal Sempiterno

 

Pues este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham cuando volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo, a quien dio las décimas de todo, se interpreta primero rey de justicia, y luego también rey de Salem, es decir, rey de paz. Sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio de sus días ni fin de su vida, se asemeja en eso al Hijo de Dios, que es sacerdote para siempre. Y ved cuan grande es éste, a quien dio el patriarca Abraham el diezmo de lo mejor del botín. Los hijos de Leví que reciben el sacerdocio tienen a su favor un precepto de la Ley, en virtud del cual pueden recibir el diezmo del pueblo, esto es, de sus hermanos, no obstante ser también ellos de la estirpe de Abraham. Al contrario, aquél, que no venía de Abraham, recibió los diezmos de Abraham y bendijo a aquel a quien fueron hechas las promesas. No cabe duda que el menor es bendecido por el mayor. Y aquí son ciertamente los hombres mortales los que reciben los diezmos, pero allí uno de quien se da testimonio que vive. Porque aún se hallaba en la entraña de su padre cuando le salió al encuentro Melquisedec.

 

De donde se ve que yendo la Adoración de la Creación, nosotros, a su Creador, y porque en su Caída la criatura “se inventó un dios”, con los Atributos de la Divinidad pero desprovista de su Personalidad, es decir, un Ser sin Espíritu, Dios mismo se levantó contra esa Invención y diciendo “YO SOY EL QUE SOY”, Dios lo puso todo a los pies de su Espíritu, o mejor dicho, llenó su Ser del Espíritu de que querían privarlo, por ser Santo, y lo hizo hasta el punto de poner en las manos de su Espíritu Santo todos y de cada uno de los Atributos de la Divinidad.

Esto en cuanto a la Respuesta del Dios de la Eternidad y del Infinito a las Religiones Antiguas, el denominador común de las cuales fue la Adoración por los Atributos y la transformación de Dios en un Ídolo de Poder, propiedad universal común a todas las religiones no cristianas que existen en la Tierra.

Pero observamos en la Historia de las Religiones Antiguas que la Criatura es de por sí incapaz de proceder a la Adoración Natural debida a su Divino Creador, y, fijando sus ojos en aquello que no posee los Atributos de la Divinidad, tiende a adorar a Dios por su Todopoder y su Omnipotencia y desterrar del Creador a Aquel que dice “YO SOY”. Y sin embargo sabemos positivamente que es este Espíritu por el que Dios se merece toda adoración y, si por el Poder solo fuera, la Religión sería cosa de demonios para quienes en el Poder está la Gloria.

Nuestra Historia nos enseña, en lecciones duras, que la línea que separa al sacerdote del demonio es muy sutil, y que el paso de lo uno a lo otro comienza a hacerse cuando el sacerdote no busca en Dios “AL QUE ES”, sino que busca a Dios por el Poder, pues no es sino natural que quien ambiciona el todopoder se dirija a quien es Todopoderoso buscando en su Gloria su gloria propia. Es una ley que hemos observado en los últimos cinco milenios y seguimos viendo cómo la Religión, sujeta a la imposibilidad descrita arriba, en lugar de engendrar santos deviene fuente de monstruosos asesinos, a cuya ley no se escapó en ningún caso el cristianismo, como vemos en la Historia del Papado, en la Reforma y en la Historia Ortodoxa de Bizancio.

De esta continuación de la ley antigua en el mundo cristiano entendemos que la Libertad de los hijos de Dios le vino al mundo en Promesa, y se mantuvo en el seno de la Iglesia Católica a la manera que está en las entrañas de la Esposa la Descendencia de su Marido. Sujeta la Cristiandad a la misma ley que venía operando la destrucción de tantas civilizaciones, era solo natural que el Hijo de Dios viese en el Futuro la División de las iglesias y profetizase la Noche de los Obispos en el seno de las Parábolas del Sembrador; y, a la vez, habiéndose consumado el Matrimonio Sagrado en virtud del cual se cumplía la Escritura, que dice: “Buscarás con ardor a tu Marido, que te dominará”, habiéndose establecido por este Matrimonio la Fundación del Cristianismo sobre una Roca Indestructible, la corrupción inherente a la ley operante no podía destruir la Promesa por este mismo Pablo escrita, cuando dice que “la creación entera espera la manifestación de los hijos de Dios”, o séase, nosotros, quienes nacidos de ese Matrimonio Sempiterno ya no nos sujetamos a la ley antigua y, por tanto, no tiene poder sobre nosotros la Ignorancia a la que fuera confinado el Sacerdocio.

Pues aquel que sirve es esclavo de aquel al que sirve mientras está a su servicio, y estando sujeto a las órdenes de quien le contrata no participa de la libertad de quien es hijo de ese mismo al que sirve, pues estando sujeto a la ley de la obediencia debida a sus cadenas se relaciona por decreto y mandato con aquel que es su señor. Sujeta a orden la obediencia del siervo procede de la orden y no del conocimiento, pues quien manda dispone y quien obedece no pregunta, mas el hijo de ese mismo señor entra y sale libremente de la casa de su padre y el conocimiento precede a la acción, dado que siendo su padre, y aun siendo la orden la misma, el Señor con su hijo no tiene secretos y le explica el por qué de las cosas, mientras que el siervo está limitado a la acción.

Sujeta la Iglesia, pues, a servidumbre, según está escrito: “Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará”, y porque quedó de esta manera establecida la Religión, era imposible, hablando ahora del Mundo Natural, que de por sí mismo el hombre pudiese adorar a Dios “por el que es”, pues no conociendo a Dios sino por sus Atributos, la Divinidad del que dijo “Yo Soy el que Soy” quedó nublada por la visión del Poder de aquel que abriera las aguas de un mar para abrirle paso a su creación. Así que, siendo imposible para el hombre alcanzar el Conocimiento Verdadero de su Espíritu, dispuso Dios que Aquél que estaba en El viniera a nuestro encuentro y nos descubriese “al que es” en “el que era”, enseñándonos a Adorar a la Divinidad no en razón de su Todopoder sino en razón de su Espíritu. Y de aquí que Pablo utilizase la comparación entre Jesucristo y Melquisedec. Esto de un sitio, del otro:

 

Pues si la perfección viniera por el sacerdocio levítico, (pues bajo él recibió el pueblo la Ley) ¿qué necesidad había de suscitar otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y no denominarlo según el orden de Arón? Mudado el sacerdocio, de necesidad ha de mudarse también la Ley. Pues bien: aquel de quien esto se dice, pertenece a otra tribu, de la cual ninguno se consagró al altar. Pues notorio es que Nuestro Señor nació de Judá, a cuya tribu nada dijo Moisés tocante al sacerdocio. Y esto es aún mucho más evidente en el supuesto de que, a semejanza de Melquisedec, se levanta otro Sacerdote, instituido no en virtud del precepto de una ley carnal, sino de un poder de vida indestructible, pues de El se da este testimonio: “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. Con esto se anuncia la abrogación del precedente mandato a causa de su ineficacia e inutilidad,  pues la Ley no llevó nada a la perfección, sino que fue sólo introducción a una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios.

 

Notamos, en consecuencia, que ya en Abraham latía la Esperanza de Salvación Universal, y aunque en Promesa, era tal su fuerza como para vencer el poder de su sangre y mover su brazo hacia lo alto, armado de hierro, para sacrificar a su propio unigénito en el altar de la Encarnación. Dios no llama a Abraham su siervo, sino su Amigo. Y en esta Amistad, latiendo el Conocimiento Perfecto del Amigo Divino, negado a la Humanidad en función de la Caída y sus efectos universales, tenemos en las entrañas de Israel a Cristo, la Religión fundada no en la Adoración del Poder sino en la visión del Espíritu del que dice “YO SOY EL QUE SOY”. Mas cuando llega la Hora de la Encarnación notamos que la Ley Antigua debía seguir su Camino hasta nosotros, la Descendencia en las entrañas de Cristo, “la manifestación de los hijos de Dios que la creación entera esperaba ansiosa”, y debiendo bajar Jesús su brazo, a la manera que Abraham el suyo, aunque en este caso contra el Imperio del Mundo, el Cristianismo debía hacer su camino a la manera que hizo el suyo el pueblo nacido de la Obediencia de Abraham, con la diferencia, se entiende, que aquélla Obediencia dio paso a la Iglesia, y ésta, siendo la Esposa del Señor, es ya religión sempiterna y está en la Casa de su Esposo como Señora al cargo de todo aquello que se refiere a la Casa de su Señor, es decir, la Adoración de Dios en tanto que Espíritu y no en tanto que Poder, pues el Poder es del Señor, su Esposo.

La corrupción está en la elevación de quien es siervo al trono de su Señor, reclamando para sí los poderes de su Señor, justificando esta corrupción en la necesidad de los tiempos. Pues como sabemos quien tiene por Señor a su Esposo recibe de su Señor Esposo todos los poderes debidos al gobierno de su Casa y queda al cargo de las Llaves de la misma mientras el Señor está fuera de la Casa; pero este Poder se refiere a la Casa de su Señor, y no a la del vecino, por decirlo así, siendo la extensión del Poder de las llaves del reino de los cielos a las puertas del Infierno una perversión natural a la corrupción intrínsica a la Ignorancia bajo la que ejecuta su acción el siervo mientras su señor está de viaje lejos de su casa.

Asi que, habiendo procedido Dios a encarnarse a fin de dejar tocar su Espíritu por los sentidos, la Revolución Fundacional del Cristianismo vino a poner sobre la Mesa la Esperanza de Salvación Universal que Abraham llevó en su Mente todos los días de su vida y que, por el Matrimonio de Cristo con la Iglesia, recogida la Esperanza en el seno de quien es Eterno, vino a cruzar los milenios sobre el tempestuoso mar de los siglos en la indestructible barca de la Divinidad de su Fundador. Pues siendo la Religión Antigua un Poder sujeto al arbitrio de la cabeza del momento, Dios venció de antemano la consumación de la corrupción bajo cuya montaña de crímenes se hundiera el Templo Antiguo, y que amenazaría al Nuevo Templo, estableciendo para la Iglesia Una Sola y Unica Cabeza Universal, su Hijo. Y dado que la creación se hundió en la Caída en razón de la voluntad de quienes siendo cabezas religiosas de sus mundos dirigieron sus cuerpos hacia la Guerra contra el Espíritu Santo, Dios abolió toda Corona y Poder, hizo de todos los pueblos uno solo, los fundió en uno solo y único y le dio por Cabeza a todo su Reino un único Rey y Señor, su Hijo, a fin de que siendo Indestructible su Cabeza el Cuerpo de la Creación participe de la Eternidad propia de su Creador, y siendo la Voluntad del Rey y Señor el Impulso Sobrenatural e Incorruptible bajo el que se mueve su Reino quede desterrado del Universo la Semilla de la Muerte, que procedió a parir al Diablo, “la serpiente antigua”, y extender su Infierno, primero en el Cielo, y finalmente en la Tierra. Deduciendo de cuyos actos malignos se ve que el origen de la corrupción de la religión está en la elevación de una criatura, sea sacerdote o rey, a la gloria de quien es la Unica y Sola Cabeza de las Iglesias: el Rey y Señor, Jesucristo. Conociendo lo cual, porque él mismo era hebreo, Pablo vuelve a la constante figura de Melquisedec, denunciando el Pontificado de Sucesión como origen de la Corrupción que se consumaría en la destrucción del Templo Antiguo y cuya reedición conduciría a la Iglesia Ortodoxia a ese mismo fin, primero en su forma bizantina, luego en su forma rusa, habiendo dejado Dios un resto a fin de ofrecer misericordia. Esto de una parte. De la otra, habiéndose dado el mismo estado de cosas durante la coronación de Carlo Magno era solo natural que la Negación del Papado contra la Corona Universal de Jesucristo condujera a la Iglesia de Occidente a aquella Guerra Civil Europea que los historiadores nos han transmitido bajo el pomposo nombre de “la Reforma”.

¿Esperanza fallida? ¡En absoluto! Pues el que es Indestructible es Invencible, y debiendo regresar el Señor de su Viaje es solo natural que el siervo que durante la ausencia de su Señor asumiera el poder sobre su Casa ponga a los pies de su Señor el Pontificado y deje al Juicio de su Señor el pago de sus errores y aciertos, y la Esposa, regresando su Señor a Casa, disponga la Mesa. De manera que, en y por esta Disposición, se cumple esa “esperanza mejor” de la que hablara Pablo, porque siendo profeta, según lo escrito, que el espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía, desde su carne Pablo ya viera en compendio el viaje que le esperaba al Cristianismo desde el Imperio de los Césares a nuestros días. Por lo que se atreviera a decir, hablando de Jesús como Solo y Unico Pontífice Universal de la Creación entera, de la Presente como de la Futura:

 

Y por cuanto no fue hecho sin juramento — pues aquéllos fueron constituidos sacerdotes sin juramento, mas éste lo fue con juramento por el que le dijo: “Juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre” —, de tanta mejor alianza, se ha hecho fiador Jesús. Y de aquéllos fueron muchos los hechos sacerdotes, por cuanto la muerte les impidió permanecer; y es por tanto perfecto su poder para salvar a los que por El se acercan a Dios, y siempre vive para interceder por ellos. Y tal convenía que fuese nuestro Pontífice, santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y más alto que los cielos; que no necesita, como los pontífices, ofrecer cada día víctimas, primero por sus propios pecados, luego por los del pueblo, pues esto lo hizo una sola vez ofreciéndose a sí mismo. En suma, la Ley hizo pontífices a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que sucedió a la Ley, instituyó al Hijo para siempre perfecto.

 

Ahora bien, si el hombre pudo haber alcanzado por sí mismo este Modelo de Pontificado, establecido en la Santidad, la Inocencia y la Incorruptibilidad inmarcesible propias del Espíritu Creador, en este caso Dios sería el peor de los criminales, aquél  que mata a su propio hijo. Mas abogando la Historia en defensa de esta Imposibilidad, debiendo Dios, por Amor a su Creación, hacerse carne en su Hijo y en la Cruz abrirse el Pecho para que viéramos su Corazón, que no tiene en el Poder su Gloria sino en la Verdad y la Justicia, y porque era imposible que una religión fundada en la Adoración del Poder llevara a la Creación a la Visión del Espíritu del Creador, el Hijo bajó su Brazo Todopoderoso y viendo el Espíritu del Padre se arrodilló ante su Espíritu Santo, deviniendo por esta Adoración “perfecto”, y Pontífice Universal Sempiterno. Amén.

 

Jesucristo, Vida al otro lado del Fin del Mundo

  

Tenemos, por consiguiente, que el problema es de Dios en cuanto siendo suya la Idea de la Creación El mismo se crea a sí mismo el Problema de la Convivencia con su Criatura y la debida articulación de la Civilización procedente. Dios no procede exclusivamente a la creación de vida en el espacio y el tiempo sino que revoluciona la existencia misma de la Vida al darle por etapa final de Evolución la misma Eternidad, haciendo de esta manera particípe a la criatura de la propiedad eterna de la vida de su Creador. Felicidad perfecta en la que late la alegría del que es creado y a la vez nos da cuenta de la inmensidad del problema que se plantea a sí mismo nuestro Creador, en quien la Felicidad del que engendra supera la problemática y la resuelve en la Personalidad de quien es Dios Verdadero y, aunque en una primera instancia le cause la posición puño en barbilla, la victoria es siempre suya. Y como dice el proverbio popular, “para no tener problemas sólo hay que estar muerto”.

Ahora bien los ignorantes y los perversos, los primeros por propiedad de su ignorancia y los segundos por efecto de su maldad, tienden a creer que Dios no tiene problemas. Y sin embargo basta abrir los ojos a la luz del día para ver que Dios tiene un gran problema. Y que la misma Actividad Creadora implica un constante y continuo movimiento en el universo de los problemas.

La articulación de una Convivencia entre quienes somos simples criaturas sin vida en nosotros mismos y dependemos en lo absoluto y en lo particular de la Voluntad de nuestro Creador para mantenernos vivos, y una Familia Divina cuya Naturaleza es Increada y su Ser se relaciona directamente con el Infinito y la Eternidad, una Sociedad de este Tipo implica un tremendo y complejo problema. Que teniendo su origen en la Voluntad de nuestro Creador le toca a El buscar y encontrar la Respuesta, y que una criatura se atreva a ofrecerla es síntoma visible de locura.

Pues las criaturas, no siendo más que el fruto de la Voluntad de nuestro Creador, dependemos en lo particular y en lo absoluto de su Omnisciencia y su Sabiduría y fuera de éstas la Ciencia deviene un instrumento de destrucción, a nivel universal y particular, incluyendo en esta dimensión científica a la propia Teología. Y así, todo teólogo que no sirve a Dios con su pensamiento sino que pone su pensamiento al servicio de un hombre, sea Papa, Patriarca o Arzobispo, ¡comete delito contra Aquel al que se supone adora con su Pensamiento, o sea, Dios! Pues el fin y el principio de la Teología es el Conocimiento de Dios en cuanto Dios y desde el momento que donde se dice Dios se pone Iglesia o Papado o Patriarcado o cualquier otra cosa, la Teología deja de ser Ciencia de Dios para devenir ciencia de hombres, y siendo cosa de hombres todo su contenido es muerte y destrucción, sobre lo cual está la Historia del Cristianismo y de las Iglesias llena de ejemplos, en los que, en todos juntos y uno por uno vemos cómo la División de las Iglesias, es decir, la destrucción del Reino de Dios en la Tierra, encontró siempre en los teólogos su mejor soldado al servicio del Diablo. Y así vemos en el autor de sus Epístolas que su Teología está al servicio de Dios y jamás al servicio de Pedro, y que la corrupción de las iglesias comenzó cuando los futuros Pablos quitaron a Dios como Ser y pusieron su pensamiento al servicio de papas, emperadores, patriarcas y reyes, sirviéndoles como siervos, renunciando de esta manera a la Autoridad del Señor Jesucristo para poner a los pies de un hombre su genio.

Así pues, y volviendo a la Idea del Pontífice Universal, Único y Sempiterno, y habiendo Uno, Solo y Único que vive por la Eternidad, y es en su Naturaleza Dios de Dios, se entiende que cualquier discusión sobre el Pontificado Universal que le afecte a la sustitución del que Dios Padre le dio a la Religión de su Reino es, en el caso más comprensivo, locura, y en el caso más directo, perversión maligna y rebelión infernal contra Aquel que Dios eligió para mantenerse de pie delante de su Majestad Omnipotente y el Solo y Único que vive eternamente ante su Presencia.

Nosotros, considerando la Ignorancia de la Cristiandad, lo mismo de los Pastores que de los Rebaños, en función de los Efectos surgidos a raiz de la Caida y Rebelión de los hijos de Dios contra quien fuera su Padre, excusamos la Discusión sobre el Pontificado Universal en la Ignorancia, a la vez que denunciamos la continuidad de su dialéctica como Rebelión contra el Pontífice Universal Sempiterno, Jesucristo.

De donde se desprende que sólo hay un Pontífice Universal, y la proyección de sus Poderes a un hombre es una perversión de la Gloria de Jesucristo, la cual perversión por lógica había de proceder a poner en marcha la ignomisiosa Historia de los Papas, Patriarcas, Arzobispos, etcétera, que no fue sino el resultado de la acción de aquéllos que quisieron para sí lo que el Diablo para sí mismo, ¡la Gloria de Jesucristo!, el Diablo fijando sus ojos en la de su Corona, y los Papas, Patriarcas y Arzobispos en la de su Pontificado.

Mas volvemos a lo mismo, si la locura del Diablo fue la manifestación de una Pasión Maligna, incurable e invencible por en cuanto fue asumida con pleno conocimiento de causa, estando en posesión de sus plenas facultades mentales, intelectuales y físicas su autor, en el caso de las iglesias la locura está sujeta a la definición de lo pasajero, en virtud de la ignorancia heredada de Adán, y, en consecuencia, la salud de las iglesias está a los pies de su Señor. Ahora bien, si quienes aprovechando la Ignorancia de la Cristiandad de Ayer aún Hoy quieren mantener contra el Señor los Atributos del Pontífice Universal, Jesucristo, allá ellos con su Delito. Nosotros sólo sabemos lo que el Espíritu Santo nos dijo, a saber:

 

El punto principal de todo lo dicho es que tenemos un Pontífice que está sentado a la diestra del trono de la Majestad de los cielos; ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, hecho por el Señor, no por el hombre. Pues todo pontífice es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios, por lo cual es preciso que tenga algo que ofrecer. Si El morara en la tierra, ni podría ser sacerdote, habiendo ya quienes, al tenor de la Ley, ofrecen oblaciones. Estos sacerdotes sirven en un santuario que es imagen y sombra del celestial, según fue revelado a Moisés cuando se disponía a ejecutar el tabernáculo: “Mira — se le dijo — , y hazlo todo según el modelo que te ha sido mostrado en el monte”.

 

En este caso el Modelo que se le ofreció a los Edificadores de la Iglesia lo vemos en el Concilio de Jerusalén del 49, donde todos los Obispos se reúnen en calidad de Hermanos del Pontífice Universal, Jesucristo, bajo cuya Autoridad hablan y a El únicamente le deben Obediencia, manifestándose de esta manera el Señor en sus siervos para Edificación de toda su Iglesia. Y hubiera sido una perversión maligna y demoníaca por parte de Pedro haber condenado a Pablo por atreverse a cerrarle la boca y abrir la Cristiandad a todas las naciones sin necesidad de la Ley del Judaismo. Al contrario, siendo el Único Infalible el mismo y único Señor de todos, Jesucristo, es este Señor el que, estando todos los Obispos a su servicio, corrige a unos por los otros para la perfección del magisterio de todos, y lo contrario, como se entiende del Modelo Divino, a saber, que un Siervo anule la Autoridad de Dios y la Obediencia debida de todos los siervos a su Señor Universal y sempiterno, Jesucristo, y la sustituya por su voluntad, esto es una perversión maligna -de darse contumacia invencible- del Sacerdocio cristiano por parte del siervo que contra Dios y el Señor anula la Autoridad Divina y abole el Pontificado Universal de Jesucristo mediante la locura de la Infalibilidad de un Siervo contra todo el Concilio.

En este sentido la Historia de las iglesias desde Pablo a nuestros días es una lucha entre la Muerte y la Vida contra la materialización del Modelo por Dios levantado en el Monte, el Concilio del Jerusalén. Vemos en él que es el Señor quien reúne a sus siervos y que ése mismo Señor y Pastor Universal Supremo es el que actúa en Espíritu para corregir cualquier problema en el movimiento universal del Momento. Esta es la Relación entre el Creador y su Creación fundada por Dios en Persona para subsistir por la Eternidad, y acorde a este Modelo Divino, siguiendo la esperanza: “Así en la Tierra como en el Cielo”, las Iglesias se articulan Conciliarmente bajo la Unica Autoridad Infalible de Jesucristo, cuyo Espíritu rige la sabiduría de sus siervos para el bien de todos, y lo contrario, que un siervo se declare Infalible y anule la Autoridad de Dios Omnisciente y Todopoderoso es un Delito de Rebelión contra el Señor Jesucristo, sobre el cual tendrá que pronunciarse el interesado en nuestros días, justificando su delito en la Ignorancia si hinca las rodillas y pone el efecto de su comportamiento a los pies de su Señor, o declarando su Rebelión ad eternum, a imagen y semejanza de la del Diablo, si procede a mantener su posición contraria en lo absoluto al Modelo Divino.

Y siguiendo con el Espíritu Santo:

 

Pero nuestro Pontífice ha obtenido un ministerio tanto mejor cuanto El es mediador de una más excelente alianza, concertada sobre mejores promesas. Pues si aquella primera estuviera exenta de defecto, no habría lugar a una segunda. Sin embargo, vituperándolos, dice: “He aquí que vendrán días, dice el Señor, en que concertaré con la casa de Israel y con la casa de Judá un pacto nuevo, no conforme al pacto hecho con sus padres el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, puesto que ellos no permanecieron fieles en su alianza y yo me mostré negligente con ellos, dice el Señor. Este será el pacto que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Imprimiré mis leyes en su mente, y en sus corazones las escribiré. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y nadie enseñará a su conciudadano ni a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor, porque me mostraré indulgente con sus iniquidades, y de sus pecados jamás me acordaré”. Al decir “un pacto nuevo”, declara envejecido el primero. Ahora bien, lo que envejece y se hace anticuado está a punto de desaparecer.

 

De donde se ve que la Historia del Israel bíblico es un paso por el mar Rojo de los siglos hasta llegar al Reino Universal de Jesucristo, hacia el que caminaba el Judaísmo sin conocimiento perfecto de causa, porque era imposible que el Hombre entendiera qué es lo que le estaba pasando a su mundo y entendiéndolo siguiera en la obediencia a un Dios que, pudiendo, no había determinado el cese de los efectos que arrancaran su curso en la Mesopotamia Adánica y cuyo fin estaba conduciendo al mundo de los hombres a su destrucción total. Y es que no habiendo visto por la experiencia la causa por la que Dios alzó la Pena de Muerte contra la Guerra, existía la necesidad absoluta e imperiosa de dicha experiencia, a fin de que por el conocimiento que viene de los sentidos la Creación entera viese con sus ojos la razón por la que Dios no puede soportar la Injusticia y la Corrupción, y amando la Verdad y la Paz sobre todas las cosas, no sólo no aboliese la Pena de Muerte contra el Transgresor a la Ley de la Vida sino que mantuviera su Eternidad aún sobre la cabeza de su propio Hijo.

Desafortunadamente para nuestro mundo nos tocó ser el campo de esa experiencia, por Dios vivida muchas veces y ninguna por sus hijos, y que se resume diciendo que todo Mundo expuesto a la Ciencia del bien y del mal acaba en el Polvo, pereciendo su esperanza de vida eterna en el fuego de su propia demencia suicida. Pero observamos que podía oponérsele a esta Ley eterna el razonamiento de que estando Dios por medio bien puede Dios vencer tales consecuencias. Ahora bien, la inconsistencia de este razonamiento consiste en que la Ciencia del bien y del mal, operando, requiere de la negación de la participacion de Dios en la Historia del Mundo, y de aqui la consecuencia.

Pero el conocimiento sin fundamento en la experiencia, llevado a este nivel, procede a la incredulidad de la verdad en la respuesta, y de aqui que Dios determinase fundar la Verdad, por la Eternidad, sobre los fundamentos de la experiencia, que, en lo que a nosotros nos toca, consiste en la sucesión de los acontecimientos que habían de conducir y conducen a nuestro mundo a su destrucción, es decir: “Polvo eres y al polvo volverás”. Y de aquí que, existiendo la Necesidad, dijese Dios que se mostró “negligente con Israel”. Mas inmediatamente el Espiritu Santo dice:

 

Este será el pacto que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: “Imprimiré mis leyes en su mente, y en sus corazones las escribiré. Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y nadie enseñará a su conciudadano ni a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor, porque me mostraré indulgente con sus iniquidades, y de sus pecados jamás me acordaré”. Al decir “un pacto nuevo”, declara envejecido el primero. Ahora bien, lo que envejece y se hace anticuado está a punto de desaparecer.

 

O sea, teniendo Dios misericordia de nuestro mundo y justificando el delito de Adán en la Ignorancia, en virtud de la cual la Gracia nos vino por la Sangre de Jesucristo, quiso Dios Pactar con nosotros, en cuanto Mundo, a fin de que, así como estableció la vida de Israel mientras existió el Pacto con los hijos de Abraham contra todos los poderes que la Muerte desató para borrar de la faz de la Tierra a los Hebreos, por este mismo Poder Invencible Dios hacía del Mundo Cristiano su Pueblo, de manera que sin abolir la Ley Eterna nos abre por la Fe una Esperanza de vida, de esta manera por la Fe cumpliéndose la Ley, y por la Esperanza dándosenos un Nuevo Principio. Ahora bien, sabemos por este Pacto entre Dios y nuestro Mundo, que nadie verá ese principio si no aquéllos a los que se refiere la Nueva Alianza, cumpliéndose así, para los que viven sin el Dios de la Eternidad, la Ley, y para los que vivimos a la luz de su Reino, Vida al otro lado del Fin del Mundo.



El Testamento de Cristo y la Ley contra la Guerra

 

Aquí entramos en el mismo Sagrario. Dejamos de merodear por el exterior de la Existencia de la Divinidad para, deviniendo sus familiares, tener acceso de lleno a la propia esencia de quien es en sí y de por sí “la Vida Eterna”; dejamos de maravillarnos de ser “barro” que habla, figuras de polvo animadas de vida divina, para correr hacia nuestro Creador y seguirle por los campos de nuestro tiempo como sigue el Rebaño a su Pastor, el ejército a su Rey, el hijo a su padre, unidos en una misma marcha contra la Muerte. Nada nos detiene, nuestro paso está marcado, nuestra victoria escrita en los ojos del Dios de la Eternidad, ¿y quién le arrancará la visión de nuestra Victoria de su Mente? Acusados, sentenciados, golpeados, escupidos e injustamente maltratados, las cicatrices de nuestra batalla permanecen para memoria de nuestros huesos. Y en la eternidad el recuerdo de nuestra Victoria será el núcleo contra el que ha de estrellarse por siempre la tentación del regreso al infierno del que saldremos y contra el que nuestra Fe levantará una Civilización Nueva al otro lado del Fin que se acerca. Nuestra carne caminaba a este Fin desde que dijera el Juez de su Creación: “Polvo eres y al polvo volverás”. No hay miedo al Fin, sino alegría por el Principio que pareció habernos sido arrebatado el día que nuestro Campeón fue escupido, golpeado, injustamente maltratado y finalmente crucificado como un vulgar despojo. ¿No fue ése el día de nuestro nacimiento? Murió El para que nosotros viviéramos; no hay necesidad de nuestra muerte. Para regalarnos la vida se dejó quitar la suya. Jurando así Dios sobre su sangre que muriendo El quedaba su Descendencia exenta de muerte. Alegría pues, y todos a por la Victoria. Y ahora al lío. Dice el Espíritu Santo:

 

Y el primer pacto tenía su ceremonial y su santuario terrestre. Fue construido un tabernáculo, y en él una primera estancia, en que estaban el candelabro, y la mesa, y los panes de la proposición. Esta estancia se llamaba el Santo. Después del segundo velo, otra estancia del tabernáculo, que se llamaba el Santo de los Santos, en el que estaba el altar de oro de los perfumes y el arca de la alianza, cubierta toda ella de oro, y en ella un vaso de oro que contenía el maná, la vara de Arón, que había reverdecido, y las tablas de la alianza. Encima del arca estaban los querubines de la gloria, que cubrían el propiciatorio. De todo lo cual nada hay que decir en particular. Dispuestas así las cosas, en la primera estancia del tabernáculo entraban cada día los sacerdotes, desempeñando sus ministerios; pero en la segunda, una sola vez en el año entraba el pontífice solo, no sin haber ofrecido la sangre en expiación de sus ignorancias y las del pueblo. Quería mostrar con esto el Espíritu Santo que aún no estaba expedito el camino del santuario mientras el primer tabernáculo subsistiese. Era esto figura que miraba a los tiempos presentes, pues en aquel se ofrecían oblaciones y sacrificios, que no eran eficaces para hacer perfecto en la conciencia al que ministraba, pues eran sólo sobre alimentos, bebidas y diferentes lavatorios y preceptos de una justicia carnal establecidos hasta el tiempo de la rectificación.

 

Teníamos, por tanto, en el Templo de Jerusalén la Promesa del Perdón de todos los pecados del mundo en la Sangre del Cordero de Dios, que El ofrecería en Expiación de todos los delitos cometidos por el Género Humano desde la Caida de Adán, estableciendo esta Redención en la Ignorancia del Transgresor, quien habiendo sido engañado por un hijo de Dios, no de esta creación, sin saber lo que hacía alzó el hacha de guerra contra las naciones “en la fe de obtener por la violencia del Poder lo que mediante la Paz de la Sabiduría le vendría dado por herencia del Espíritu Santo”.

Pero ... Dios ofreció su Cordero a distancia -infinita respecto al día de la Caída-, por esta distancia quedando condenados a destrucción naciones enteras que por el Delito de “aquel hijo de Dios” fueron entregadas a la ruina. ¿Cómo iba Padre tan excelente permitir que le fueran arrebatados tantos hijos sin abrirse en el Tiempo un agujero de horror y terror, viniendo como consecuencia a brotar de la fuente del Amor, de la que El mismo Dios sacia su sed y cuyo manantial escancia en la copa de su Espirítu la alegría que viene del que es amado con pasión que no muere nunca? ¿Cómo iba a permitir El que de esta divina fuente brotase el agua maldita del miedo a la Omnipotencia y al Todopoder de Dios? Magnífico en su Ciencia, brillante en su Sabiduría, delicioso en su Corazón, estableció Dios, sobre la Sangre de su Cordero, desde entonces y para siempre, que todos sus hijos volverían a sus manos, y en el Dia del Juicio Final todos sus hijos, de esta creación, tendrían por Defensor de su Causa a Aquel mismo que por nuestra causa se entregara a la injusticia que viene de la Ignorancia, para establecer sobre la Justicia que viene de la Sabiduría nuestro Conocimiento de Dios, y lo que es más importante, hacer que de su sangre brotara el agua divina del Amor al Creador de todas las cosas, quedando de esta manera milagrosa la relación del Creador con su Creación establecida no en el Miedo a un Ser que es Indestructible y Todopoderoso sino en el Cariño que procede per se de padre a hijo, aun cuando el primero es Dios y el segundo sólo una criatura tomada de barro.

 

Pero Cristo, constituido Pontífice de los bienes futuros y penetrando en un tabernáculo mejor y más perfecto, no hecho por manos de hombres, esto es, no de esta creación; ni por la sangre de los machos cabríos y de los becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el santuario, realizada la redención eterna. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros y la aspersión de la ceniza de la vaca santifica a los inmundos y les da la limpieza de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el espíritu eterno a sí mismo se ofreció inmaculado a Dios, limpiará nuestra conciencia de las obras muertas para dar culto al Dios vivo! Por esto es el mediador de una nueva alianza, a fin de que, por su muerte, para redención de las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, reciban los que han sido llamados las promesas de la herencia eterna.

 

Aleluyas, pues, en los espacios infinitos, y amenes en las dimensiones eternas, porque el Creador no renunció a su Creación, ni dobló la cabeza como quien da por consumada la ruina de su aspiración gloriosa, sino que, exaltándose, en su Verdad invencible levantó sus brazos para, dejándose crucificar, mostrar su Indestructibilidad en el Acto de la Resurrección.

¡Cantad, poetas, salmos nuevos al arpa de seis cuerdas, la que habla con la voz de la tormenta, batid rayos y truenos contra el pellejo que antes hablara gritos de guerra!

Miradme estrellas, estoy ensangrentado, acribillado por el cuchillo de los milenios, atrapado entre las sábanas de una vision que no se va de mi cabeza.

Despierta, Humanidad, levántate de tu sueño. No es hora de promesas. A vestirse que ya el Dia alborea.

Ay mi cabeza, dura como el hierro, mi voluntad como el diamante que jamás se quiebra. Siento el metal en mis huesos como juramento escrito con tinta de fuego.

Corramos. La Victoria es nuestra.

Así pues, lo que habia sido constituido bajo juramento como Promesa sempiterna tenía que vestirse de carne y derramar su sangre con objeto de quedar sellada la Nueva Alianza entre Dios y su creación entera. Porque si por un único hombre todo el mundo fue entregado a la ruina, era solo natural que siendo Dios el que era la Restitución del Género Humano a su Creador implicase una Alianza Nueva entre todas las naciones y el Dios de todas ellas. ¿Porque conociendo a Dios, hay algo más natural que Dios no se dejase intimidar por el Infierno y aceptase el reto de una Guerra Total contra su Creación por parte de la Muerte? Y no sólo era natural, sino que de no haberla aceptado no amáramos a Dios bajo ningún concepto, y como el amor por ley no puede ser impuesto a quien es libre y está en posesión de todas sus facultades ontológicas, ni el mismo Dios puede hacer que el infierno se convierta, fue Su Sí Total a la Guerra la Afirmación que hizo brotar espontáneamente en todas sus criaturas, las de esta creación como en las de las anteriores, el Amor al que es, quedando así fundada la relación entre Creador y Criatura, de una vez y para siempre, en el Amor de un padre a sus hijos y no en el Miedo a un Ser todopoderoso y omnipotente. Sobre lo cual hay que decir mucho, pero no será en este momento.

 

Porque donde hay testamento es preciso que intervenga la muerte del testador. El testamento es valedero por la muerte, pues nunca el testamento es firme mientras vive el testador.  Y ni el primero fue otorgado sin sangre; porque, habiendo leído al pueblo todos los preceptos de la Ley de Moisés, tomando éste la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua y lana teñida de grana e hisopo, asperjó el libro y a todo el pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que Dios ha contraído con vosotros”.  Y el mismo tabernáculo y los vasos del culto los asperjó del mismo modo con sangre, y, según la Ley, casi todas las cosas han de ser purificadas con sangre, y no hay remisión sin efusión de sangre.

 

De una Promesa saltamos a otra. Si por la primera el Mundo quedó en suspense y la creación entera contuvo el aliento a la espera de su realización, máxime cuando el pueblo al que se le dio por misión mantener vivo su fuego fue una nación pequeñita, sin apariencia ni fuerza delante de las naciones, y para mayor dificultad -si cabe- sujeta a la misma ley de ignorancia que tenía esclavizado al resto del mundo, pues de no haber existido ignorancia hubiera sido innecesario el templo y sus sacrificios expiatorios, y por esta ignorancia y aquella debilidad la promesa de victoria parecía diluirse en las aguas turbulentas de los siglos hasta llegar al Pesebre donde- se dice- naciera Aquel nacido para ser el Cordero de Dios ... Y porque había nacido para ser el Cordero precisamente Aquel que resucitara para ser el Rey, la Promesa de Su Reino Universal en la Tierra quedaba de nuevo en suspense, y a la creación entera, aunque coronada, volvía a llenársele de lágrimas el rostro; mas si las primeras lágrimas fueron de temor ante lo desconocido, a saber, la Victoria de Cristo Jesús, y en su sabor la desolación se apercibía, en las segundas, aunque terribles sobre la sangre de tantos inocentes llevados al matadero del Sacrificio, el cántico de los sacrificados en el altar de la Redención endulzó con el grito de victoria el paso del Cristianismo por los siguientes siglos, luciendo al final de la Noche de los Obispos la Vida espléndida de la Promesa que sellara con su sangre el Rey, de traer a luz Descendencia de su Espíritu.

De Promesa a Promesa, de una Descendencia a otra, de la Descendencia de Abraham a la Descendencia de Cristo. Y si la primera estaba predestinada al Sacrificio, la segunda, muriendo los primeros para que nosotros viviéramos, vivimos para una Promesa de vida.

 

Era, pues, necesario que las figuras del santuario celestial fuesen purificadas, pero el santuario mismo del cielo había de serlo con más excelentes sacrificios; que no entró Cristo en un santuario hecho por mano de hombres, figura del verdadero, sino en el mismo cielo, para comparecer ahora en la presencia de Dios a favor nuestro. Ni para ofrecerse muchas veces, a la manera que el pontífice entra cada año en el santuario en sangre ajena; de otra manera sería preciso que padeciera muchas veces desde la creación del mundo. Pero ahora una sola vez, al cumplirse los siglos, se manifestó para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Y por cuanto a los hombres les está establecido morir una vez, y después de esto el juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para tomar sobre sí los pecados de todos, por segunda vez aparecerá, sin pecado, a los que le esperan para recibir la salud.

 

De donde se ve que establecida la Necesidad quiso Dios hacer de su consumación sello con el que hacer inaccesible a los siglos el testamento de su Hijo. Y como habiendo descendencia es el hijo el que hereda y la madre la que dispone de todas las cosas hasta la mayoría de edad del heredero de su esposo, viendo el Espíritu Santo esta disposición dio testimonio del Futuro diciendo “pero esperamos la libertad de los hijos de Dios”, hablando asi en nombre de la creación entera. Pues, en efecto, habiendo declarado Dios pasado todo lo Antiguo y estableciendo su Reino sobre el Fundamento de la Gloria “sola y única” de su Hijo Primogénito, declarando el Fin del Imperio y anunciando el principio del Reino Universal de su Unigénito, era solo natural que el Rey fuese coronado delante de toda la casa de Dios y regresase a su Mundo para sentarse en Su Trono sempiterno, quedando de esta manera nuestro mundo a la espera de la consumación de los tiempos, sobre cuyo Fin, “polvo eres y al polvo volverás”, dispuso Dios por la Sabiduría que viene de la experiencia que se estableciese en la Inteligencia de toda su creación la Causa por la que El ha establecido Prohibición, bajo pena de muerte, contra la Guerra.

No nos queda más que unir nuestro pensamiento al de Dios, nuestro Rey, y declarar la Abolición de la Guerra, y Afirmar Declaración de Pena de Muerte contra todo “el que coma del fruto del árbol prohibido”. Esta es la Ley del Reino de Dios, la Ley que transgredió el Primer Hombre.

Porque la Guerra es el fruto del árbol de la la Ciencia del bien y del mal, bendito sea Dios por haber mantenido la Ley contra la sangre de su Hijo, bendito por haber hecho manar de ésa sangre su Reino, y bendito de nuevo por haberle dado la Corona de su Reino a Aquel que derramó su Sangre antes que hacer de su Brazo un hacha de guerra.

 

Cristo Raúl Y&S