EL MUNDO DE LOS HITITAS

Links
 

 

El nombre de Hatti

 

Las referencias en la Biblia sobre los Hititas las encontramos en Josué (3,10), Génesis (15,19-21), (23,3) Números (13,29) y Libro II de los Reyes (7,6). En el libro 2 de Samuel, (11, 1-21), se hace referencia a un "Urías, el hitita", guerrero de los ejércitos de David, y esposo de Betsabé, madre de Salomón, al que David mandó matar mientras Urías se encontraba en campaña bélica contra los ammonitas.

 

El descubrimiento de los Hititas

 

En el año 1834 Charles Félix Tesier (1802-1871) descubre las ruinas de una antigua ciudad cerca de la aldea turca de Bogazköy (la que después sería identificada como su capital, Hattusas). En 1839, en su libro Description de l'Asie Mineure afirma que esas ruinas pertenecían a una civilización desconocida. En 1822, en Viajes por Siria y Tierra Santa, Johan Ludwig Burckhar habla del encuentro de una lápida con jeroglíficos desconocidos, algo que pasó en su momento inadvertido. Pero en 1863, los norteamericanos Augustus Johnson y el director Jessup seguirían las huellas de Buckhar en Hammath hasta encontrarla. Entre 1870-80 se investigan diversos restos por parte del misionero irlandés Willian Wright que traslada algunas piedras a Estambul, y H. Skeene y George Smith, que descubren Carquemis, encuentran restos de la "escritura desconocida", la misma escritura que encontraría en el año 1879 Henry Sayce en Esmirna.

En 1880, Sayce en una conferencia ante la Society for Biblical Archaeology afirma que todos esos restos pertenecen a los Hititas que menciona la Biblia. Cuatro años más tarde, William Wright aportando nuevas pruebas a la tesis de Sayce publica un polémico y atrevido tratado: El gran Imperio de los Hititas, con el desciframiento de las inscripciones hititas por el profesor A.H. Sayce.

Hacia el año 1887 se descubre en Tell-el-Amarna numerosa documentación egipcia de la época de Amenofis IV "el rey hereje", que incluye numerosa correspondencia con las primeras alusiones directas a los hititas. En 1888, Karl Humann y Felix von Luschan dirigen unas excavaciones en Sendjirli, y descubren una fortaleza hitita con numerosos bajorrelieves y toneladas de esculturas y vasijas de barro cocido. Entre 1891-92 William Flinders Petrie descubre tablillas en la misma "lengua desconocida" que se le llamaría primeramente "lengua Arzawa", debido a las alusiones que se hacían a un tal Arzawa. En 1893 el francés E. Chante desubre en Bogazköy fragmentos de tablillas en la misma lengua.

Pero el mayor descubrimiento lo hace entre 1905-09 Hugo Winckler, en una expedición a Bogazköy, donde encuentra más de 10.000 tablillas de lo que parecía ser un "archivo nacional" entre las cuales se encuentran textos bilingües, lo que permite descifrar numerosos documentos. Winckler afirma que esas ruinas pertenecen a la capital, la cual acaba denominando Hattusas. A partir de entonces, entre los años 1911-1952 la investigación se centra en descifrar la lengua hitita, cuyas mayores aportaciones las hace Johannes Friedrich que, en 1946, publica un Manual hitita y en 1952-54 un Diccionario de lengua hitita.

El punto culminente del descubrimiento de los hititas se produce durante las excavaciones dirigidas por Kurt Bittel en Bogazöy y las de Helmut Bossert en Karatepe, donde se encuentran nuevos textos bilingües que han ayudado a descifrar definitivamente la escritura hitita y la fijación de fechas.

 

INTRODUCCION

AL PROBLEMA DEL ORIGEN Y DESAPARICION DEL REINO HITITA

 

 

Los hititas entaron en la escena histórica al principio del 2.000 antes de Cristo, y se establecieron en la península turca; desde donde abrieron sus fronteras tribales hasta convertirse en un reino, y finalmente en una especie de imperio al estilo y dimensiones de los de su tiempo.

Un par de siglos pasaron desde que los Hititas invadieron la península turca hasta el día que tuvieron su propio reino, con su capital propia, que llamaron Hattusas, al norte de los Zagros y al sur del Mar Negro. Con el tiempo el Reino Hitita adquiriría las proporciones de una superpotencia militar en guerra caliente perpetua con las vecinas Mitanni, Egipto y Asiria. El momento supremo de su poderío lo gozaron en el dulce siglo XIII (siempre antes de Cristo en lo sucesivo), cuando casi toda la península, algo de Chipre, de Siria y Mesopotamia sufrieron el yugo de los reyes hititas. Reyes que desaparecieron como por arte de magia en el año 1200, según unos bajo el empuje de los famosos Pueblos del Mar, y aquí empieza el problema. Veamos si soy capaz de centrar el meollo de la cuestión y poner en la misma parrilla el misterio de los Pueblos del Mar, la Caída de Hattusas y la Guerra de Troya. Comenzemos por el poeta pues que al Principio, antes que la Historia fuese, fue la Poesía.

Homero es un cielo cuando da por hecho que durante los diez años de invasión que tuvieron asediada Troya los Griegos vivieron de los dioses, alimentándose de lo que las gaviotas les traían; pero más angelitos son aquellos que inclinan la cabeza y, contra toda la lógica de las civilizaciones antiguas y el conocimiento de los humanos de las Edades del Hierro y del Bronce, repiten: Sí, sí, amén, aleluya. Lo natural que hubo de darse en un caso semejante fue que los ejércitos griegos, mientras estuvieron asediando Troya, se dedicasen a lo que todos los ejércitos de todos los tiempos y lugares han venido haciendo en estos casos, recorrer el pais, destruirlo todo, violar a mansalva, darse al botín y al pillaje. Que le cogiesen gusto y los vencedores de Troya se lanzasen desde el Mar por el que vinieron a la conquista de un Oriente Próximo Antiguo para la fecha desprovisto de la fuerza que en los dos últimos siglos le hicieron frente a las invasiones europeas ¿qué? ¡Por qué no!

Que Troya, desde esta perspectiva, formase parte del Imperio Hitita lo implican las fechas asumidas por los historiadores de las cosas antiguas. Eratóstenes fechó la Caída de Troya entre el 1194 y el 1184, y Herodoto en el 1250. Es decir, que unificando la tela del mapa de relaciones entre Troya, (situada en en Helesponto, aquí abajo:)

y la del Imperio Hitita -tal cual se ve arriba- se entiende que aún -caso muy pero que muy superhipotético- habiendo sido el reino de Troya independiente del Imperio de los Hititas, que éste desapareciese justamente en las mismas fechas nos obliga a reconstruir el mapa de la Historia y dedicarnos a los acontecimientos, dejando la poesía para los poetas, sin que por esto dejemos de ver en las aventuras de Ulises, por ejemplo, las correrías de una parte de los ejércitos griegos por la Península de los Hititas. Recorriendo la cual echaron abajo el imperio hasta entonces dominante, y al que estaba sujeto posiblemente Troya, deviniendo para nosotros los destructores de Troya los Pueblos del Mar y para los Hebreos sus bárbaros del momento, los Filisteos de las pesadillas del rey Saúl, por ejemplo.

Pero volvamos a la teoría clásica de la desaparición como por arte de magia de un imperio que estaba en la cumbre de su grandeza, siguiendo así el consejo de sus majestades académicas, aunque tan serios siempre tan dados al oscurantismo y las artes mágicas por las que hoy surge un imperio de la nada y mañana ese imperio cae bajo el hachazo de nadie.

No olvidemos que los Pueblos del Mar -dado el mapa de la región- sólo podían ser los Griegos, los Cretenses y los Chipriotas, a no ser que en el siglo XIII y XII el Mediterráneo se abriera a un océano ignoto con sus islas desconocidas para nosotros. O sea, que el misterio de los Pueblos del Mar que los catedráticos de las historias para poetas han mantenido en el éxtasis de nuestro asombro, pues que los Pueblos del Mar invaden el Oriente Próximo en esas fechas, la Historia recoge la Guerra de Troya en las mismas, y paralelamente las Crónicas del Mundo ven desaparecer de sus páginas la Historia de los Hititas, la causa de este triple acontecimiento sólo podía proceder de la Confederación Helénico-Cretense-Chipriota a la conquista de Turquía y la Palestina tras la Destrucción de Troya, origen de la Caída de Hattusas y la Leyenda de los Pueblos del Mar.

Traduzcamos palabras de maestros sobre el tema, hablando de la relación entre Troya y los Hititas, al final de las cuales veremos que aún teniendo todas las piezas en la mesa sus majestades no se atreven a identificar a los Pueblos del Mar con los ejércitos Griegos que arrasaron Troya, se desparramaron sobre el Reino de los Hititas, del que dependían el Famoso Príamo y su hijo Héctor, y bajando bajando se convirtieron en los Filisteos, que es la palabra común con la que los Hebreos llamaban a lo que nosotros llamamos en sus tiempos "los Bárbaros".

No creo que sea una ofensa el que un día, en otros tiempos, nosotros, los europeos, tan cultos y civilizados hoy, fuésemos ayer los Bárbaros del Oriente Próximo Antiguo. A mí no me molesta; la derrota de Troya fue la puerta abierta hacia la conquista de un reino que no supo defender a sus reyes vasallos, simplemente. Troya fue el caballo que los Griegos introdujeron en el imperio hitita. El Poeta, a su forma pues, tenía razón: hubo Caballo de Troya. Cumplamos la palabra (la traducción es literal pero voy a mi bola. Si alguien quiere traducir punto por punto, esta es la dirección Introduction to the Hittites). Y ahora, sí:

 

Virtualmente no se sabía nada sobre los Hititas (hablando de antes del descubrimiento de la ciudad de Hattusa, que revolucionó el panorama de la Historia del Próximo Oriente Antiguo Occidental, y junto con la resurrección de la ciudad de Troya revolucionó el conocimiento del Mundo Antiguo, aunque esta revolución no se ha consumado aún, como se ve por el miedo de los maestros a acabar de tomar las conclusiones finales). La biblia los colocó -a los Hititas- en Palestina, y por lo tanto los eruditos automáticamente dieron por sentado que los Hititas fueron un pueblo perteneciente al conglomerado de pueblos propio de las Cuatro Regiones (Mesopotamia Antigua). Existían restos de estatuas labradas en roca, dispersas por aquí y allá en Siria, y por lógica los maestros cerraron el caso; los Hititas formaban parte de la población siria. Y ya está. Y como las primeras tablillas del language hitita pertenecían a los reyes del reino de Arzawa, a la lengua hitita se la llamó al principio "lengua Arzawan".

De repente todas las ideas preconcebidas que se habían elaborado sobre la historia hitita fueron barridas del mapa por el descubrimiento de la verdadera capital del Imperio Hitita, Hattussas, cerca de Bogazköy, una ciudad pequeña de Anatolia central. Los fortalezas "ciclópeas" de estilo no-Clásicos descubiertas en Bogazköy dejaron perfectamente claro que allí tuvo su sede una ciudad importante. Las tablillas de una Biblioteca Perdida, por fin hallada, comenzaron a salir de las profundidades de la tierra. ¡10.000 tablillas más sus correspondientes fragmentos!, un tesoro de valor incalculable a los ojos de todo historiador-arqueólogo-descubridor. Algunas de esas tablillas estaban en Akadio, una lengua bastante conocida por los eruditos, y las que estaban en "Arzawan" venían tituladas en Akadio igualmente, de modo que aunque los eruditos no pudieran leer el texto en sí, podían asegurar que tal tablilla había sido escrita por "Tal-y-Tal, gran rey, rey de Hatti". Tomando como apoyo esta evidencia abrumadora, Bogazköy (Hattussas) fue reconocida como la verdadera capital de los hititas, la lengua de "Arzawan" fue retitulada "hitita", y los hititas finalmente reconocidos como una potencia de primera línea durante la Edad del Bronce del Oriente Próximo Antiguo.

Y vaya que si lo fue. Hasta entonces la región no había conocido un imperio de sus dimensiones, y con toda justicia se puede decir que inventaron el método de gobernar mediante Tratados de vasallaje. Y ya puestos -dicen los maestros, cometiendo el imperdonable lapsus de borrar de la escena a los Hebreos - se les puede hasta declarar los primeros historiadores del mundo, aduciendo que como parte de su justificación de dominación política, sus tratados incluyeron los resúmenes históricos respecto a las relaciones entre los dos estados firmantes. Los asirios parecen haber incorporado esto género a su propia lógica, y finalmente los Griegos elevaron este arte a su nivel científico cual nosotros lo conocemos y entendemos por lo que es Historia.

En la guerra los Hititas fueron los Másteres del famoso y legendario carro de hierro de las leyendas homéricas, probablemente la forma más romántica de hacer la guerra desde los tiempos de Caín hasta el Medioevo. De hecho fue gracias a su técnica y dominio de los carros de hierro que los hititas hicieron suya la península turca, y posteriormente dominaron Siria contra y a pesar de la oposición egipcia. Los hititas perfeccionaron el arte de la guerra con carro al punto de hacer de su uso la Edad de Oro de la Carrocería de Hierro. Mientras los carros hititas basaron su poderío en la agilidad, su evolución posterior tendió a la pesantez, restándole brillo a sus maniobras y su importancia en la guerra, deviniendo cosa de museo y de fiestas de circo y paseos de Triunfo en los días de los Césares. Tanto fue el poderío de los carros de hierro hititas que no es pecar de andaluz afirmar que cuando los hititas desearon la guerra, el Cercano Oriente tenía guerra, y cuando los hititas quisieron paz, el Cercano Oriente tuvo paz. La misma Edad de Bronce les perteneció y cuando desaparecieron, desaparecieron con ellos los Aquiles, los Agamenones, los Ulises, los Hércules y demás héroes de la Edad del Bronce.

La importancia del mundo hitita no se limitaba al Este. Al Oeste del Edén su importancia tenía un peso fundamental como acrisolador de culturas. Los eruditos se han visto de siempre confusos para determinar si un objeto hitita venía de Siria o de Iona. No es mentira que los prototipos de los mitos griegos homéricos se han encontrado en archivos hititas. Tampoco deja de ser verdad que el hecho de basarse estos prototipos en la cultura nativa de la Antigua Anatolia, sobre cuyo sustrato humano la capa invasora indoeuropea alzó su civilización, esos prototipos se fueran perdiendo, desplazados por el legado cultural del mundo oriental en el que se habían integrado los reyes de Hattussa.

Aún más importante para la ciencia es el valor de los archivos hititas respecto a la legalidad histórica de los mitos homéricos, probando a ciencia cierta que contienen elementos de una historia verdadera. Schliemann (descubridor de la ciudad de Troya) encontró con qué probar las palabras. Los hititas son ellos mismos las palabras: fueron los verdaderos amos de Troya, estuvieron en contacto directo con los Aqueos. Y será, pues, aquí, en los archivos hititas, donde en verdad en verdad comienza la historia de Grecia. Y esta historia está íntimamente ligada a la guerra de Troya.

 

Obviamente, y volviendo al miedo de los profesionales a la hora de reescribir la Historia de Europa a la luz del descubrimiento de Hattusa y de Troya, lo que implicaría una aventura maravillosa y genial para la que ya están viejos, el futuro aguarda con paciencia a sus escribas y por sus manos correrá la tinta de la verdadera Identidad de los Pueblos del Mar, el lugar de la Guerra de Troya fuera de la Ilíada y la Odisea y la relación sanguínea entre los Aqueos forjadores del Mundo Clásico y los Hititas, los últimos Héroes del Mundo Antiguo.

(Nota: Estoy construyendo esta página e importando de la Red los docs en Inglés, que iré traduciendo sobre la marcha. Como toda obra que está en la plancha y los materiales dispersos a su alrededor, este espacio está hecho un caos. De mientras os aconsejo el libro de abajo:

 

EL MISTERIO DE LOS HITITAS

 

(Este libro despeja el origen del pueblo hitita, lo emparenta con los pueblos europeos que en las mismas fechas invadieron Grecia, y supuso la primera ola del tipo que más tarde generaría la Gran Ola de los Godos. Mucho habría que decirse, por tanto, sobre la relación de los Aqueos con los Hititas antes de la destrucción de Troya, discurso que Homero redujo a Poesía y la Poesía a Leyenda. La lectura de este libro despeja mucho camino hacia la resurrección del Mundo al Oeste del Edén durante el Segundo Milenio, que al haber girado alrededor del Pueblo Hebreo y centrado su eje en torno a las naciones vecinas: Babilonia, Egipto y Asiria, la escena occidental no contó en absoluto hasta la entrada en juego de Alejandro Magno, cuando el eje dobló hacia Occidente y el Oeste devino el centro de la Historia del mundo)

 

POSDATA A LA INTRO

 

La Historia Universal es prolija en detalles que, aun en principio inconexos y sin ningún nexo de unión, a la postre acaban revelándose como piezas sueltas de un mismo puzzle. El hecho de que la especialización haya introducido su ego en todos los apartados de la actividad científica se puede ver como causa de la imposibilidad bajo cuya ley el siglo XX se dedicó a lo que los científicos de siempre hicieron desde los primeros días de la Filosofía, es decir, teorizar sobre el todo partiendo de una pieza suelta, obstaculizando la labor de formación del todo mediante el absolutismo inherente a la sacralización de la pieza suelta descubierta. No es crítica, es simplemente la constatación de un hecho. Basta leer un folleto de Historia de la Ciencia para pegarse un cabezazo contra el ego de los sabios de todos los tiempos. Como este no es lugar de hacer filigranas, sigamos.

El final del III Milenio de la Segunda Era antes de Cristo y el Principio de la Primera Era antes del mismo Cristo nos descubre un nexo de valor fabuloso a la hora de determinar la existencia de un ciclo geológico con un valor aproximado de dos mil años de duración. No sólo los Hititas se movieron de sus zonas de origen a la península turca; también lo hicieron los Medos; y otro tanto sufrió la península Griega justo en esas fechas. (Los datos están disponibles en los libros; en nuestro Idioma el Internet adolece aún de un nivel intelectual para estudiantes de primaria, y para constatar la veracidad de lo que digo cada cual debe desplazarse a las bibliotecas y librerías, tratando el tema de la gran emigración de los Indoeuropeos desde sus zonas de origen hacia los bordes del Mediterráneo y del Próximo Oriente Antiguo. Proel, por ejemplo, dice sobre los Aqueos: A comienzos del segundo milenio a. C. las primeras olas de invasores de habla indoeuropea llegaron a la península griega, al Peloponeso y a las islas adyacentes, asentándose en esa región. Homero los denomina Achaioi, distinguiéndolos de los autóctonos pelasgios, sobre los cuales afirma lo siguiente: 'En tiempos antiguos hubo dos razas viviendo en Grecia: los pelasgos, que nunca dejaron su hogar original y los helenos (griegos) que emigraron frecuentemente... Qué lengua hablaban los pelasgos no puedo decir con exactitud. Lo que sí se puede afirmar de ellos, que aun sobreviven, es que su lengua no es griega. Si eso es verdad de la raza pelasga, la nación ática debe haber aprendido el griego al mismo tiempo que fueron helenizados.'

Los Hititas hicieron su entrada en las mismas fechas en la península turca. Por lo demás todos coinciden que estos pueblos procedían linguísticamente hablando de un mismo tronco: el Indoeuropeo, e igualmente convienen todos en situar el origen de estos pueblos al norte del hemisferio boreal, tomando como Centro del Mundo Antiguo para las fechas: Mesopotamia.

Podríamos detenernos en la investigación a este respecto y ver si durante estos periodos la península itálica sufrió una conmoción. Todo sugiere que así fue, pero no nos detendremos más por ahora. La importancia tendría que ver con la causa de otro desplazamiento masivo de pueblos entre el cruce de las dos Eras a los dos lados de Cristo, que algunos han querido causar en batallitas allá en el mundo de los chinos, y nosotros, a tenor del cambio climático que estamos viviendo justamente dos mil años después, podríamos empezar a relacionar con un ciclo inherente a la propia estructura geofìsica de la Tierra, que todos los que viven bajo sus efectos suelen relacionar con un fin del mundo.

Si se demuestra que los Medos dijeron la verdad y los investigadores multidisciplinarios desbaratasen la teoría de la causa de las Invasiones de los Bárbaros en batallitas al fin del mundo, emparentando este desplazamiento masivo de pueblos asiáticos con un enfriamiento del Norte, que obligó a los pueblos de las estepas y los hielos escandinavos a desplazarse hacia el Sur - en este caso Europa- , estaríamos ante la solución a uno de los misterios del cambio de clima que estamos viviendo actualmente, aunque alterado por la Edad Atómica. (Semejante periodo de enfriamiento y las luchas por el poder en base a la supervivencia contra el hambre no debe darse de lado en el caso de las Invasiones de los Bárbaros de todos los tiempos. Dejemos el ego a los sabios. En más de una ocasión el progreso de la ciencia se ha visto obstaculizado por la incapacidad de los investigadores para relacionar sus propios descubrimientos con los del vecino, asistiendo la historia a batallas entre sordos incapaces de ver más allá de sus orejas de burro, aunque estos asnos fueran de oro como se ve por sus títulos).

Esto por lo que se refiere al origen de los Hititas y su conexión con el mundo de su tiempo. Los especialistas suelen fragmentar el movimiento universal, acabando por hacernos irreconocible la imagen histórica general mediante el aislamiento de las partes. Concluyendo, todos fuimos una vez "Bárbaros"

 

Historia de los Hititas

Resumen General

Durante los primeros siglos del segundo milenio antes de Cristo, los asirios inundaron Anatolia de pequeños reinos mercantiles alrededor de la ciudad de Kanesh. Poco se sabe sobre estos reinos; parece ser que Nesa (Kanesh) perdió la preeminencia momentáneamente a manos de otra ciudad, Mana, e incluso fue destruida, pero, recolonizada, tardó poco en recuperar la hegemonía, sólo para perderla de nuevo a manos de Pittkhana (o Pithana) de Kushara y su hijo Annita. Annita edificó un pequeño imperio, conquistando numerosos reinos (entre ellos, la ciudad de Hattusas que destruyó totalmente y sobre la que lanzó un anatema). El imperio de Annita se considera el precursor de los hititas, ya que aún después de su muerte, cuando la ciudad de Hattusas fue reconstruida bajo Hattusil I, los monarcas hititas afirman descender de la casa de Kushara.

Aparte de Annita, existen referencias a dos posibles antecesores de los hititas, Tudhalia (1740-1710 a.C) y Pusarrumas (1710-1680 a.C.), pero nada se sabe sobre ellos.

 

Los inicios del reino de Hattusa

 

Poco sabríamos de los primeros reyes de los hititas si uno de ellos, Telebino, no hubiese escrito un edicto encaminado a justificar la necesidad de sus reformas, que incluye una introducción histórica al origen del poder hitita, en la que se menciona a tres monarcas: Labarna I, Hattusil I y Mursil I. Se desprende de este documento que el verdadero fundador del imperio hitita fue Labarna, que agrupó a las diferentes ciudades-estado y los pequeños reinos bajo una autoridad central y ensanchó las fronteras del recién creado reino hacia el oeste y hacia los mares Negro y Mediterráneo. También es posible que consolidara la institución de la monarquía al dictar disposiciones que garantizaran la sucesión. El nombre de Labarna se usó con posterioridad como sinónimo de "rey", lo que lleva a algunos historiadores a dudar de la existencia real de este monarca. Su hijo, Hattusil I, pudo apoyarse en la base política que Labarna le legó para lanzar numerosas campañas militares, principalmente contra el reino de Alepo y contra los hurritas. Por otra parte, estableció Hattusas como la capital de los hititas, que se iba a mantener hasta el final del imperio. Hattusil, en un testamento que se ha conservado, repudió a su hijo, y nombre sucesor a Mursil I, su nieto.

Mursil I estrechó los lazos que unían a las ciudades-estado y las incorporó al reino hitita, de tal modo que puede ser considerado como el principal artífice de lo que sería el Imperio Arcaico o Reino Antiguo. Expandió aun más las fronteras, llegando, a modo de venganza, la conquista de Alepo (en cuya empresa había fracasado Hattusil), además de derrotar a los hurritas. Estas victorias convirtieron el reino hitita en una de las potencias de Oriente Próximo, hasta el punto de que, una vez conquistada Alepo (1595 a.C), Mursil encabezó una expedición contra la ciudad de Babilonia, que tomó y saqueó, una empresa más sorprendente que efectiva, ya que la distancia impedía cualquier intento de control efectivo por parte hitita. Tras su marcha, el control de Babilonia pasó a manos de los casitas, posibles aliados de los hititas, lo que provocó la caída de los amorreos.

En el año 1590, poco después de su regreso, Mursil I murió asesinado a manos de su cuñado, Hantil, primero de una serie de reyes de los que poco se sabe (Hantil I, Zidanta I, Ammuna y Huzzia I). Durante ésta época el país de Hatti, debido al poder y prestigio consolidados por Mursil, se mantuvo sin grandes modificaciones ni peligros, excepto en Siria donde el creciente poderío de Mitanni amenazaba las posiciones hititas. Además durante esta época, hacen su primera aparición documentada los Gasga o kaskas, un conjunto de tribu bárbaras situadas al norte de Hattusas que se convirtieron durante toda la historia hitita en una permanente amenaza para la capital, que los hititas nunca fueron capaces de destruir totalmente.

Estos contratiempos obtuvieron respuesta con la llegada al poder de Telebino (1525-1500 aC), que destaca, entre otras cosas, por la documentación del sistema hereditario, con él que se proponía acabar con la anarquía de sus inmediatos antecesores. Según el Edicto de Telebino, la sucesión quedaba asegurada por el ascenso automático al trono del heredero varón escogido por el rey; la garantía del cumplimiento la tenía el pankus, o Consejo de Nobles. Junto a este edicto, Telebino hizo la primera gran codificación de las leyes hititas, que destacaban por la benignidad de los castigos y la numerosas innovaciones jurídicas.

 

La sociedad hitita del reino antiguo

 

Uno de los elementos más importantes de la monarquía hitita era el ya mencionado pankus, al cual Telebino aseguró el derecho a la jurisdicción incluso ante el propio rey, ya que podía condenar a muerte a cualquier rey si se demostraba que éste planeaba el asesinato de algún familiar. A diferencia del resto de dinastías de la zona, los reyes hititas no se atribuían una estirpe divina, de modo que el pankus también tenía una función legitimadora de la monarquía.

Gran parte de la población hitita de la época estaba compuesta por personas libres que trabajaban alrededor de aldeas administradas por un consejo de ancianos con una función de carácter jurídico. Estas instituciones, a cambio de gozar de cierta autonomía, estaban obligadas a contribuir con mano de obra al rey.

La estructura económica giraba en torno a los templos y palacios, que actuaban como centros coordinadores de la actividad comercial y artesanal. Los artesanos trabajaban a cambio de ser alimentados, motivo por el cual el palacio debía disponer de excedente agrícola, necesario para el funcionamiento de la economía hitita podía funcionar, hasta el punto de que a veces se recurría a colonos militares para garantizarlo.

 

El periodo oscuro (Reino Medio)

 

Durante los años que siguen al reinado de Telebino, se produce una disminución del poderío hitita. El gobierno estuvo en manos de reyes que no pudieron evitar el ascenso y consolidación del poder de Mitanni, que llegó a constituir una seria amenaza para el imperio hitita, arrebatándole diversos territorios en Siria.

Junto a esta relativa decadencia, se constata una escasez de documentación que impide conocer casi nada acerca de los reyes de la época (Alluanna, Tahurwaili, Hantil II, Zidanta II, Huzzia II y Muwatallis I), aunque parece posible constatar que hubo una continua lucha por el trono y numerosos desordenes dinásticos.

 

El Reino Nuevo, 1430 - 1200

 

Durante esta época, empezó a desarrollarse en Irán y Asia Central la equitación, que, unida al carro ligero de combate, revolucionó el campo de batalla, al proporcionar una nueva movilidad a todos los ejércitos. El carro de combate se convirtió en el arma principal de los hititas durante el Imperio Nuevo, como ocurrió en el resto de reinos de Oriente Próximo.

Los carros hititas, de dos ruedas de seis radios, estaban tirados por dos caballos, y eran manejados por lo que hoy conocemos como auriga. Sus ocupantes descargaban flechas antes de la carga, durante la cual usaban lanzas. En las ruinas de Hattusas se han encontrado unas tablillas que contienen el manual de hipología más antiguo de entre todos los conservados. El texto está firmado por un tal "kikkuli", del país de Mitanni, por lo que se considera que algún rey hitita habría tomado el servicio de un hurrita para que le enseñara la técnica de la equitación.

 

Las conquistas de Shubiluliuma I

 

 

Tras el asesinato de Muwatallis I, su sucesor, Thalia I (1430-1400 aC) asienta las bases del nuevo imperio. Tras sofocar una serie de rebeliones y frenar la amenaza kaska, comenzó a recuperar terreno frente a Mitanni, alcanzado Alepo. Arnuanda I, intentó proseguir la guerra con Mitanni, pero tuvo que enfrentarse a una invasión kaska que sólo pudo ser derrotada en tiempos de Tudhalia II, quien, a su vez, logró someter gran parte de Anatolia Occidental (a veces llamada Arzawa) al dominio hitita. Esta expansión, permitió, durante el reinado de Shubiluliuma I (1344-1322), una campaña militar decisiva contra Mitanni, en la que se saqueó su capital. Después de algunos años de guerra, los hititas fueron capaces de apoderarse de gran parte de Mitanni y convertir el resto en un estado vasallo. La debilidad de Egipto, Babilonia y una Asiria que comenzaba su renacimiento, permitió a Shubiluliuma convertirse en la mayor potencia de la época, llegando a intentar una alianza matrimonial con Egipto, que fracasó al ser asesinado su hijo.

A la muerte de Shubiluliuma en el 1322 le sucedió Arnuanda II, pero éste murió a causa de una epidemia un año más tarde, ocupando el trono su hermano mayor, Mursil II (1321-1295 aC). Tan pronto como accedió al trono se vio obligado a mantener por las armas el legado de su padre. En una campaña de dos años destruyó el poderío de los estados de Arzawa, incluyendo Ahhiyawas, que algunos historiadores identifican con los Aqueos y Micenas, y luego se volvió contra los kaska, a los que causó daños importantes, alejándolos de Hattusas por un tiempo.

Tras la muerte de Mursil heredó el trono su hijo Muwatallis II (1295-1272), que vio como las tensiones acumuladas con Egipto por sus antecesores implicarían con casi toda seguridad una guerra. Como preparación ante las hostilidades, Muwatallis II trasladó la capital a Tarhuntassa, y dejó a su hermano Hattusil III a cargo del norte del reino. Con la subida al trono egipcio del ambicioso faraón Ramsés II, la guerra se hizo inevitable y se produjo la batalla de Kadesh, de resultado incierto pero que frenó los intentos de expansión egipcia.

 

El resurgir de Asiria

 

Urhi-Teshub, hijo y sucesor de Muwatallis II, que llevó la capital de nuevo a Hattusas se encontró con que Asiria había aprovechado la lucha entre Egipto y el imperio hitita para ocupar lo que quedaba de Mitanni. Para frenar esa amenaza, los hititas intentaron reinstaurar a sus vasallo en el trono de Mitanni, pero fracasaron - a partir de este momento, Asiria se convertiría en una amenaza constante para el reino hitita.

Hattusil III, hábil militar que destacó por sus grandes éxitos contra los kaskas, logró el trono de su sobrino Urhi-Teshub, probablemente debido al desprestigio de éste, pero su usurpación creó una serie de problemas dinásticas que debilitaron todavía más el poderío del reino hitita, especialmente cuando Urhi-Teshub buscó refugio en la corte de Ramsés II, faraón con el que posteriormente Hattusil firmaría una tratado de paz. Estas debilidades, junto a la fortaleza de Asiria, dieron lugar a una expansión de esta última, que culminó, en tiempos de Tudhalia IV, hijo de Hattusil, en la derrota de Nihriya. Los asirios se apoderaron de ricas regiones mineras cerca del imperio hitita, y de Babilonia.

 

Desaparición del imperio hitita

 

Tudhalia IV fue capaz de recuperarse de la derrota frente a los asirios, reforzando el reino en Asia Menor y en Chipre, alcanzando probablemente la máxima expansión hitita. El trono pasó a sus hijos, primero Arnuanda III y luego, Shubiluliuma II, que tuvieron un comienzo de reinado no muy distinto al resto de reyes hititas, con revueltas en Arzawa, Siria, Chipre, etc. Estas revueltas fueron sofocadas, y nada le hacía presagiar un reinado muy distinto a Shubiluliuma II; sin embargo la aparición por sorpresa de los pueblos del mar (aproximadamente en 1200 aC), causó grandes desordenes en todo el Mediterráneo Oriental. Estos desordenes, a los que se unieron las tradicionales invasiones kaskas, no pudieron ser combatidos eficazmente, y como consecuencia de ello, el reino hitita desapareció de la historia.

Algunas ramas colaterales de la familia real siguieron conservando reinos de cultura hitita, destacando el de Carkemish en Siria, que no fue conquistado por los asirios hasta el siglo VIII aC.

 

Historia de los Hititas

Lista de monarcas hititas

Reyes de la casa de Kusara

Pithana

Anitta 1800

Pusarrumas (1710-1680)

(Pintas de un rey Hitita)

Reino Antiguo

Labarna I (1680-50)

Hattusil I (1650-20)

Mursil I (1620-1590)

Hantil I (1590-60)

Zidanta I 1560-1550

Ammuna 1550-1530

Huzzia I 1530-1525

Telebino (1525-1500)

(Periodo Oscuro 1500-1400)

Alluanna

Tahurwaili

Hantil II Hantili III 1500-1450

Zidanta II

Huzzia II

Muwatallis I

Reino Nuevo

Tudhalia I (1400-?)

Tudhalia II 1450-1420

Arnuwanda I 1420-1400

Tudhalia III 1400-1380

Shubiluliuma I(1380-1340)

Arnuanda II (1340-1339)

Mursil II (1339-1306

Muwatallis II 1306-1282

Urhi-Teshub/Mursili III 1282-1275

Hattusil III (1275-1250)

Tudhalia IV 1250-1220 (Segundo reinado)

Karunta

Arnuanda III (1220-1215

Shubiluliuma II (1215-1200)