LA BIBLIA-ANTIGUO TESTAMENTO-PENTATEUCO-NUMEROS

TERCERA PARTE-EN LOS LLANOS DE MOAB

Capítulo 22
Balam
   
1
Partieron los hijos de Israel y acamparon en los llanos de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó.
2
Balac, hijo de Sefor, supo cuanto había hecho Israel a los amorreos;
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y Moab temió grandemente al aparecer aquel pueblo tan numeroso, y se amedrentó ante los hijos de Israel.
4
Moab dijo a los ancianos de Madián: “Este pueblo va a devorar nuestros contornos como devora un buey la hierba del campo.” Era entonces rey de Moab Balac, hijo de Sefor.
5
Mandó, pues, mensajeros a Balam, hijo de Beor, a Petur, que está junto al río, en tierra de los hijos de Ammón, para que le llamasen, diciéndole: “Mira, ha salido de Egipto un pueblo que cubre la superficie de la tierra, y está ya cerca de mí.
6
Ven, pues, y maldíceme a este pueblo, pues es más fuerte que yo, a ver si así podemos hacer que le derrotemos, pues sé que es bendito aquel a quien tú bendices, y maldito aquel a quien tú maldices.”
7
Fueron, pues, ancianos de Moab y ancianos de Madián, llevando en sus manos el precio del conjuro, y, llegados a Balam, le transmitieron las palabras de Balac.
8
El les dijo: “Pasad aquí esta noche, y yo os responderé según lo que me diga Yavé.” Quedáronse los príncipes de Moab con Balaam;
9
Dios vino en la noche a Balam y le dijo: “¿Quiénes son esos que están contigo?”
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Balam respondió a Dios: “Balac, hijo de Sefor, rey de Moab, los ha mandado a mí para decirme:
11
Un pueblo salido de Egipto está ya aquí y cubre toda la superficie de la tierra; ven, pues, luego a maldecirlo, a ver si puedo derrotarle y rechazarle.”
12
pero Dios dijo a Balam: “No vayas con ellos; no maldigas a ese pueblo, porque bendito es.”
13
Balam, levantándose de mañana, dijo a los príncipes de Balac: “Idos a vuestra tierra, porque Yavé se niega a dejarme ir con vosotros.”
14
Oído esto, los príncipes de Moab se levantaron, y, tornados a Balac, le dijeron: “Balam se ha negado a venir con nosotros.”
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Pero Balac mandó de nuevo a otros príncipes, más en número y más respetables que los primeros,
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que, llegados a Balaam, le dijeron: “He aquí lo que te dice Balac, hijo de Sefor: No te niegues a venir a verme,
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que yo te colmaré de bienes y haré todo lo que tú me digas; ven, te ruego, a maldecirmelo.”
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Balam respondió a los siervos de Balac: “Aunque me diese Balac su casa llena de plata y de oro, no podría yo traspasar las órdenes de Yavé, mi Dios, ni en poco ni en mucho;
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pero podéis quedaros aquí también esta noche para saber lo que vuelve a decirme Yavé.”
20
Durante la noche vino Dios a Balam y le dijo: “Ya que éstos han venido otra vez a llamarte, levántate y vete con ellos, pero no hagas más que lo que yo te diga.”
21
Levantóse Balam de mañana, aparejó su asna y se fue con los príncipes de Moab.
22
Pero Dios estaba indignado de que fuese, y el ángel de Yavé se puso delante de él en el camino para cerrarle el paso. Iba Balam montado en su asna, y llevaba consigo a dos de sus criados.
23
El asna, al ver al ángel de Yavé parado en el camino con la espada desenvainada en la mano, se salió del camino y se echó al campo, y Balam se puso a fustigarla para retraerla al camino.
24
Entonces el ángel se puso en una estrechura entre las viñas, entre pared de un lado y pared de otro;
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y, al verle el asna, echóse contra una de las paredes, cogiendo entre ella y la pared la pierna de Balam. Este se puso de nuevo a fustigarla.
26
El ángel de Yavé volvió a ponerse en una angostura, de donde ni a derecha ni a izquierda podía desviarse;
27
y al verle el asna, se echó debajo de Balam, quien, enfurecido, la fustigó más.
28
Abrió entonces Yavé la boca del asna, que dijo a Balaam: “¿Qué te he hecho yo para que por tres veces me hayas fustigado?”
29
Y Balam respondió: “¿Por qué te burlas de mí? Si tuviera ahora mismo una espada, ahora mismo te mataría.”
30
Y el asna dijo a Balam: “¿No soy yo tu asna? Tú me has montado desde que yo soy tuya hasta hoy. ¿Te he hecho yo nunca cosa semejante?” Y él respondió: “No.”
31
Entonces abrió Yavé los ojos a Balam, y éste vio al ángel de Yavé, que estaba en el camino con la espada desenvainada en la mano. Balam se postró echándose sobre el rostro,
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y el ángel de Yavé le dijo: “¿Por qué por tres veces has fustigado a tu asna? Es que he salido yo para cerrarte el camino, porque es malo ante mí el que llevas.
33
El asna me ha visto y ha querido luego apartarse tres veces de delante de mí; si ella no me hubiera esquivado, te hubiera matado a ti, dejándola a ella viva.”
34
Entonces Balam dijo al ángel de Yavé: “He pecado; no sabía que tú me cerrabas el camino; si te parece mal, ahora mismo me volveré.”
35

El ángel de Yavé respondió a Balam: “Ve con esos hombres, pero di solamente lo que te diga yo.” Siguió, pues, Balam con los príncipes de Balac.

36
Este, en sabiendo que venía Balam, le salió al encuentro hasta Moab, que está en la frontera del Arnón, en lo último de la frontera.
37
Balac dijo a Balam: “He mandado a llamarte. ¿Por qué no viniste? ¿No estoy yo acaso en situación de tratarte con la debida honra?”
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Balam respondió a Balac: “Aquí me tienes ya; pero ¿podré yo decir lo que quisieres? La palabra que Dios ponga en mi boca, ésa será la que te diga.”
39
Siguió Balam a Balac, y llegaron a Quiriat Jusot.
40
Balac inmoló bueyes y ovejas, y de ellas mandó a Balam y a los príncipes que le acompañaban.
   
 
Balam bendice a Israel
   
41
A la mañana siguiente tomó Balac a Balam y le hizo subir a Bamot Baal, desde donde se veía un ala del pueblo.