Prehistoria del Cristianismo.
Crónicas Hebreas
1. Orígenes
Así pues, todas las cosas que nos afectan y componen la Historia de la
Plenitud de las Naciones tuvo su principio en otro Mundo, en otro lugar del
Universo, en un Mundo situado más allá de las estrellas de los Cielos, justo en
el corazón del reino de las galaxias. Allí, justamente en el centro de su
Creación, se creó Dios su Mundo; el Mundo desde el que bajó su Hijo al nuestro
y al que regresó tras su Resurrección.
Muchas veces lo dijo el Hijo de Dios, pero sus palabras no encontraron
oídos que le prestaran atención ni inteligencia que comprendiera su mensaje.
Una de las veces que con más claridad habló sobre su Mundo de procedencia lo
hizo en presencia de Poncio Pilatos. “Mi Reino no es de este Mundo, si de este
mundo fuera mi Reino mis ministros habrían luchado para que no fuera entregado
a los judíos, pero mi Reino no es de aquí”.
En otras ocasiones Jesús volvió al tema de su Procedencia y no dudó en
dejar claro, El había dejado de su Mundo y bajado al nuestro para liberarnos de
la Ignorancia y conducirnos a la Sabiduría. En la Tercera Parte de la Historia
Divina toqué el tema del Origen del Cielo, ese Mundo del que viniera el Hijo de
Dios. Intenté traer a la memoria en la medida de lo posible sus Crónicas y le
seguí la pista a sus Guerras hasta el punto que nos afecta directamente a
nosotros.
Creo haber dicho entonces que Dios creó el Mundo desde el que nos enviara a
su Hijo para ser su Casa, su Patria, su País, su Propiedad, su Paraíso. Y lo
creó en todo a su medida y a su gusto. Por fronteras le dio el Orto que vuela
sobre las alas del Infinito, por futuro le dio la Mañana que siempre amanece y
vive para siempre en los ojos de la Eternidad. Es decir, lo creó a imagen y
semejanza de la Idea que bullía en su Mente sobre la Naturaleza y Constitución
del Nuevo Cosmos que se disponía a levantar inmediatamente después de finalizar
la creación de su Mundo.
La Idea del Cosmos que Dios tenía en Mente antes de meterle mano a la
Realidad Universal podemos definirla mediante dos notas principales; una,
expansión ad infinitum de sus fronteras; y dos, evolución ad eternum de su
futuro. Decidido a ser el Origen de esta Nueva Realidad Universal, fruto de la
fusión del Espacio y el Tiempo en un Núcleo material, centro geográfico del
Nuevo Cosmos, Dios le dió a ese Núcleo un cuerpo, lo dotó de una naturaleza
propia, con su propia especificidad singular, única e irrepetible.
Nacido para ser el corazón geográfico de su Creación, el punto de
intersección entre los dos vectores increados, Infinito y Eternidad, Dios
materializó su existencia y dotó su cuerpo de la Indestructibilidad natural a
su propio Ser. También de la capacidad de crecimiento material connatural al
Espacio y al Tiempo. Aquel Mundo iba ser su Mundo, su Casa, su Patria, su
Paraíso, su Propiedad, su País, su Tierra, su Todo, lo que nunca tuvo. Dios fue
siempre un nómada en la Eternidad, un aventurero en el Infinito. Ahora se iba a
crear lo que nunca tuvo, y lo iba a crear sin límites de medios ni falta de
imaginación.
Y así lo hizo. Pero sabiendo que no son doce muros los que hacen una Casa,
sino los que viven dentro, soñó con Hermanos, Amigos, Hijos. Tal es el origen
de los dioses del Cielo.
Pasó luego que Dios engendró de su Ser; y en la Paternidad halló su mente y
su corazón la felicidad perfecta. Le presentó su Hijo a los dioses y éstos le
adoraron.
Al cabo comenzó Dios a crear el Universo. Las Galaxias pusieron sus campos
de estrellas al servicio de su Señor, desde las cumbres de sus cordilleras
lejanas ríos de soles se abrieron paso por las llanuras siderales. Como quien
al caudal impetuoso, fresco y alegre le da por cabeza de máquina un frente de
onda gravitatoria aquellos lechos luminosos comenzaron a bajar desde todas las
alturas del Cosmos.
Este es el origen del Universo. Como cuerdas gravitatorias arrastrando un
tren de soles de todas las magnitudes y colores aquéllos ríos de estrellas
desembocaron en el océano de las constelaciones de los Cielos. Y así fue el
Universo creado.
2. Los dioses antiguos
Conforme el tiempo fue pasando el Cielo se transformó en un Reino, el Reino
se transformó en un Imperio. La Casa de Dios se llenó de hijos, todos hermosos,
todos príncipes, cada uno de ellos rey de su Pueblo. Pues creado el Universo,
Dios sembró la semilla del Árbol de la Vida en sus aguas, y de sus
profundidades constelacionales la Vida le concibió un Mundo, dos Mundos, tres
Mundos, cuatro Mundos, y hasta Cinco fueron los Mundos creados antes del Sexto
Día de la Primera semana de la Creación. Al Sexto creó Dios al Hombre. Este es
el origen de los hijos de Dios, los dioses de muy antiguo.
3. La Cuna del Hombre
Fueron Cinco los mundos que crió Dios y guió de sus lugares de origen en el
Universo a su Mundo. El Hombre no había sido aún creado. Ni estaba aún en la
Mente del Creador la idea del Hombre.
Fueron dos las Guerras Mundiales las que arrasaron el Imperio de Dios, mas su
Trono nunca fue conquistado. Las grandes batallas por el Trono del Rey de reyes
y Señor de señores están escritas en el Libro de la Vida; en sus páginas se
describen cómo los Hermanos y los Hijos de Dios, fieles a la Corona del
Unigénito, destrozaron la fuerza del Eje de los Rebeldes, abrieron el Sello de
la Fidelidad y los mismísimos elementos de la Naturaleza se pusieron al
servicio de sus Brazos, bellos, invencibles, sabios y fuertes. Como quien le
toma prestado al relámpago el resplandor y con sus destellos en los ojos avanza
contra las tinieblas, o como quien al trueno le da por tienda su garganta y
convierte el cielo de su boca en el firmamento por el que corre el caballo de
los vientos, o como quien por látigo le pide prestado al rayo su misterio y con
sus cuerdas eléctricas golpea el lomo de la Bestia, así, así fue el
contraataque masivo y fulminante de los Príncipes del Cielo contra las huestes
del Infierno que, en ausencia de Dios, se habían alzado contra su Imperio.
Dos veces el Dragón fue reducido y capturado; y otras tantas fueron
perdonados los Rebeldes. Pues en su amor de Padre creyó Dios que con el tiempo
sus hijos rebeldes cambiarían y conforme crecieran y maduraran esa tendencia a
hacer la guerra se apagaría. Mas viendo que los hechos ocurridos urgían de El
una toma de decisiones revolucionarias: al Sexto Día de la Primera Semana de la
Creación del Universo concibió Dios en su mente al Hombre.
4. La Luz del Génesis
Creó Dios nuestro mundo haciendo emerger del seno de las aguas del océano
estelar los Cielos. Luego creó la Tierra. Pero primero fue la Idea.
Así pues, creó la Tierra en las fronteras del Cosmos, lejos del Cielo y de
los Cielos, en las Tinieblas. Le dio a la Tierra por esposo el Sol y por hermanos
y hermanas los Planetas.
Creada la familia solar abandonó Dios la Tierra en las Tinieblas a aquella
soledad tan total y absoluta que la causara sentirse “confusa y vacía”, según
nos lo cuenta en su Libro. Pues pasó que, contra toda expectativa, cuando fue a
la Tierra a la que le hizo todas las promesas de futuro, su matrimonio con el
Sol firmado desde el mismo Origen, sellado con besos en la Cuna, Dios se llevó
a toda su familia lejos, muy lejos del Abismo cubierto por las Tinieblas, y la
abandonó a ella, la Tierra, a merced de las fuerzas del Abismo. La oscuridad
gélida de una soledad invencible se le metió a la Tierra en los huesos, y de frío
los dientes le castañearon.
Ay la Tierra, nacida entre promesas de maternidad a la luz de risas,
aplausos y exclamaciones de los hijos de Dios. Bella en su desnudez, hermosa en
su pequeñez. Ay el sueño concebido para ella, como el del niño que vive del
sueño de su madre mientras se tejen sus huesos y su carne. Ay del sueño aquél.
El frío le helaba los huesos, los vientos que recorren las Tinieblas sacudían
su carne trémula. Ay mi sueño, ay mi vida, que se me ha ido mi Dios y me ha
abandonado en las Tinieblas sin nadie que me defienda. ¿Por qué me has abandonado,
Dios mío? ¿Por qué me prometiste el océano, porqué me hiciste soñar con el
Este, el Oeste, el Norte y el Sur, porqué me soñaste madre de tantos hijos, mis
manos con alas, mis cabellos coronados por diadema de nubes preñadas de vida,
mis pies de nieve respirando primavera sobre verdes valles, porqué me
alimentaste con miel si me tenías destinado por alimento este veneno agrio y
espeso? Ay que me muero, ay que prefiero la muerte a vivir sin tu sueño.
Así que cuando el espíritu de Dios regresó a buscarla, “la Tierra estaba
confusa y vacía”. Cuando regresó, la Luz se hizo. Fue así.
Extendió Dios un campo de fuerzas que rodeó la Tierra y su superficie se
transformó en un mar de lava viva. Estamos hablando de la Fusión de la Corteza
Primaria de nuestro planeta. De las entrañas de aquél mar de lava viva surgió
la Atmósfera Primigenia. Al cabo la corteza terrestre se enfrió y aquella
atmósfera se convirtió en un Manto de Hielos que cubrió la esfericidad entera
de nuestro planeta de polo norte a polo sur. Tal Manto de Hielos era “la luz”.
Este es el origen de la escalera de los elementos naturales. (En la
Introducción a la Cosmología del siglo XXI el tema de la Física Creadora de la
Biosfera se toca con la profundidad debida). Esta es la Historia de la Tierra.
5. El Firmamento
El abrazo del Omnipotente. Oh, el cálido abrazo del Omnipotente. El calor
de tus músculos, oh Dios, es el calor del primer beso entre los esposos
vírgenes, el calor de la primera palabra del padre a su bebé, envuélveme en tu
aliento, Dios mío… Ay la Tierra, cuántos versos, cuántas líneas escribió en su
soledad, cada una una paloma blanca cruzando las aguas en busca de la ramita de
olivo que le mantuviera viva a Noé la esperanza. ¡Su alegría, su corazón
desbocado, su pulso desatado, sus nervios vibrantes el día que la luz del Espíritu
de su Creador brilló fulgurante, atravesando el campo de las galaxias a la
velocidad del pensamiento! Su Voz cálida, su Verbo tierno, ay hermanos y
hermanas, me muero por rociar mis orejas con el bálsamo del eco de sus cuerdas,
cuando su Palabra rompa el Silencio.
Y así fue. El Espíritu de Dios regresó, la abrazó, se la comió a besos, le
habló, y su Confusión desapareció al momento.
Envuelta en aquél Manto de Hielo forjado a temperaturas bajo ceros
absolutos, Manto de Hielos producto de la Fusión de la Corteza Primaria y
Sublimación de la consecuente Atmósfera Primigenia, separó Dios la Tierra de
las Tinieblas y la introdujo en los Cielos. La condujo al encuentro del Sol y
los Planetas. En el calor del encuentro el hielo se derritió y se transformó en
Aire y Agua. Bajo el Firmamento que separó Aguas de Aguas, los dos bloques de
hielo comenzaron su repliegue hacia los polos Norte y Sur. Y desde entonces el
Firmamento sigue ahí, separando las Aguas de los mares de todos los días de las
Aguas gravitatorias que llenan el espacio exterior.
El Firmamento en el Verbo del Génesis es la Atmósfera resultante de esta
manera creada. Firmamento al que llamó también “cielo”, el cielo de todos los
días, azul, rojo, blanco, amarillo, naranja, violeta, púrpura. Firmamento sobre
cuya arquitectura ya tendremos tiempo de entrar, y hablando de la cual tocamos
su génesis, dejando para otro sitio los fundamentos de la Biosfera, fundamentos
que han de conducirnos a la definición de los elementos constitutivos de la
Ecosfera. (En Los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra –CSXXI–tenéis la ocasión
maravillosa de seguir la mecánica creadora de estos procesos paso por paso).
6. La Mano de Dios
Siguieron bajando las aguas del océano madre bajo el Sol. Y continuaron
bajando hasta alcanzar el nivel de los mares. Entonces, cuando las aguas se
retiraron para dejar que la Vida siguiera su curso, la huella de la Mano
Creadora quedó grabada en la piedra de las dorsales oceánicas, y sobre la
superficie de la huella de sus cinco dedos el árbol de las especies echó sus
raíces.
Este es el origen de la vida en la Tierra.
7. El mundo de las aves
Los mares se llenaron de criaturas, tantas que no cabían en la inmensidad
de aquéllas aguas que le daban la vuelta al mundo. El nivel de las Aguas que
estaban debajo del Firmamento siguió bajando y por tanto la presión subiendo. El
Árbol de la vida atravesó la frontera entre el agua y el aire y el firmamento
de los cielos se llenó de criaturas con alas y picos. Otras ramas tocaron
tierra firme directamente del agua a la tierra; pero el mundo era de las aves,
que ponían sus huevos en tierra y se extendían tierra adentro hasta los
confines de las cordilleras. Así que cuando los anfibios comenzaron a
internarse más allá de las orillas y se dieron por alimento huevos de aves
prehistóricas la necesidad de vigilar la propiedad generó la transformación
revolucionaria de las alas en brazos.
Este es el origen de todas las bestias que paren.
8. Los hijos de Dios
Evoluciona evolucionando crecieron los hombres y sus familias en los
bosques, desde cuyas fronteras con el mundo de los monstruos vieron bajar del
cielo a los dioses. Los hijos de Dios se distinguían de las demás criaturas
porque caminaban sobre sus piernas. Y el poder que su palabra ejercía sobre
todas las bestias era muy grande. Se despertó entonces en los hombres un
instinto sui géneris, el de la inteligencia, y encontraron en la capacidad
natural para imitar a los dioses el camino hacia el dominio del mundo. Fue por
entonces cuando los hijos de Dios adoptaron a los hombres como “hermanos”.
9. Mesopotamia. La tierra del paraíso terrenal
Dios le dio a cada uno de los hijos de Dios una zona de influencia en la
Tierra. Según el Sello que cada pueblo hubiera recibido de su preceptor la
Formación de los Cinco Pueblos originales de los que procede todo el género
humano daría lógico lugar a cinco culturas diferentes. El cálculo era unificar
esas cinco culturas en una sola, de la que emergería la concepción de un reino
mundial, patria original de todos los pueblos futuros del género humano. La
corona de ese reino se la daría Dios al Primer Hombre que lo llamaría Padre, y
nadie podría otorgarse este poder.
Así que este proceso de formación de los pueblos de la Tierra en marcha,
viniendo de diferentes lugares se encontraron en Mesopotamia, llámese Irak en
los días corrientes, un número indeterminado de familias. Crearon sociedad,
levantaron ciudades, establecieron constitución social. Pero jamás se otorgaron
el poder de elegirse un rey y comenzar por ellos mismos la obra de la
Civilización de todos los pueblos de la Tierra en un gran reino. Dios daría.
Este es el origen de Abraham, padre de Israel.
1o. La Caída. El talón de Aquiles de Adán
La sociedad original humana no había sido establecida sobre la propiedad,
la mentira, o la conquista del poder. Todo le pertenecía a Dios y sus
sacerdotes almacenaban el fruto del trabajo en el Templo para su distribución
según las necesidades de las familias.
La palabra de un hombre era ley. El hombre, a imagen y semejanza de su Creador,
no hablaba jamás en vano.
Aquí era donde residía su fuerza a los ojos de su Creador, en esa inocencia
que lo empujaba a creer en la palabra de su prójimo como si fuera la suya
propia. Hasta que llegó el hijo de la perdición y convirtió ésa fuerza en diana
para la certera flecha de su traición.
11. Más dura será la venganza
¡Ay! Ay de la Serpiente cuando el Padre de aquél niño volviera. El Dragón
sería desterrado de los límites de la Creación adonde el no-ser vive una muerte
que nunca llega ni se va. Sus planes para obligar a Dios a convertir su Imperio
en un Olimpo de dioses más allá del bien y del mal estaban condenados al
fracaso más absoluto.
En Dios el Padre y el Juez son un todo indivisible. Justicia y Amor son los
dos Brazos de su Espíritu. ¡Al Infierno quien ama el Infierno! Bendito sea Dios
y su santo espíritu de justicia. El no puede soportar la visión de todo lo que
hemos visto y oído, y por eso la Creación entera ha estado expectante soñando
con el Día de la gloria de la libertad de sus hijos, cuando al frente de su
Casa el Rey del Paraíso se alce contra lo que el Infierno sembró entre los
hijos de la Tierra.
Bailad, guerreros, la danza de la victoria en honor del Invencible. Batid
palmas vientos del Norte, recorred los mares con la noticia vientos del Oeste,
llevadle el grito de la esperanza a los que viven en las sombras del Este:
Viene el Rey, lo rodean príncipes que brillan como soles, el ejército del
paraíso de los Buenos vuelve a cantar al término de la Noche.
Sí, hijos de la Tierra, ¡ay! de los Rebeldes por tercera vez, porque
colmaron el vaso de la paciencia divina; en su locura no quisieron transformar
el agua en vino: sino en veneno. Juró entonces Dios que no retiraría su espada
hasta que su hoja cayera sobre la cabeza del asesino y sus cómplices malditos.
Juró por su honor y su gloria que un niño nacido de aquella Eva heredaría Su
espada, y con ella se cumpliría la Palabra de Dios: “El te aplastará la cabeza”.
¿No veis la visión que el Guerrero Eterno tuvo? ¿Qué brazo surgido del
barro podría levantar con su puño la espada del Héroe de las galaxias que
recorren alegres el infinito? La respuesta está en vosotros porque estuvo entre
nosotros: El Brazo de Dios, el Brazo de su Hijo, el Brazo de Yavé.
Viendo la visión de su Padre, Adán se levantó del suelo y bailó sobre los
restos de su desesperación la danza de los héroes en honor del Campeón que su
Dios les había elegido a los hijos de la Tierra.
Este es el origen de Cristo.
12. Al Este del Edén
En la amargura de la desesperación que le rajó el alma y le desgarró la
mente, Adán vio la historia de la humanidad desde el fratricidio a la última
bomba que reventó la Tierra y la redujo a montañas de piedra desvaneciéndose en
el humo de las estrellas. Los horrores que vio le espantaron de tal manera que
se le hizo imposible creer que su Dios y Padre fuera a permitir semejante
tragedia.
Pasó entonces que Adán no se equivocó.
Dios sintió la traición de Satanás como una puñalada en la espalda, como un
lanzazo en pleno corazón. Muerto su elegido la Tierra quedaba a merced de un
Dragón loco por imponer su imperio desde un confín al otro del mundo, pero por
su Omnisciencia y Todopoder que la Serpiente Antigua acababa de firmar su
sentencia de destierro ad eternum del Cielo, de la Tierra y de su Creación
entera. Por su salud que un hijo de ese mismo Adán se levantaría hasta las
nubes, alzaría sus brazos y dejaría caer sobre la cabeza del asesino de Adán el
Martillo de la Venganza.
Adán y Eva también fueron desterrados lejos de su patria. Adonde nadie
pudiera encontrarlos y mataran al Niño de la Profecía. Fue como si se los
hubiera tragado la tierra. Los escondió Dios de la cólera de sus hermanos entre
los pueblos de las montañas, moradores de cuevas, los montañeses cazadores de
pieles del Este.
Este es el árbol genealógico de los hijos de Noé.
13. La primera guerra civil mesopotámica
Inmediatamente después de la Caída, las Ciudades de muy antiguo: Ur,
Lagash, Kish, Umma, se dieron reyes y cada rey se lanzó a hacer realidad la
utopía del reino universal empleando la fuerza.
Los ángeles rebeldes abrieron la Caja de Pandora, le dieron nuestro mundo
por campo de acción y la larga mano de sus tentáculos alcanzó a todas las
naciones. Alcanzó también a Caín, que mató a Abel en un intento desesperado de
obligar a Dios a entregarle la gloria del príncipe de los vengadores.
Consolados por la Sabiduría, Adán y Eva educaron a Set en la Doctrina
Mesiánica de los Patriarcas. Nadie excepto el propio Dios conocía el tiempo del
Nacimiento.
Cuando terminaron aquellas primeras guerras fratricidas los hijos de Set
regresaron a la patria perdida y aprendieron a convivir con las demás familias
en igualdad, sin olvidar jamás la situación de guerra declarada entre el Cielo
y el Infierno, y la parte que se les había asignado en el encuentro.
El Primer Hombre que llamó Padre a Dios fue Adán; pero de ninguna manera
Adán iba a ser el último a quien Dios llamaría Hijo delante de su creación
entera.
Este es el origen mitológico del rey David.
14. Hacia el diluvio universal
Las crónicas conocidas para el periodo de la Caída de las Ciudades-Estado y
la Era antes del Diluvio nos vienen dadas de una forma arcana en los archivos
descubiertos en los yacimientos arqueológicos del Oriente Medio. Hablan de
crónicas reales, del origen divino de la realeza. Coinciden con el Génesis
Hebreo en el acontecimiento del Diluvio.
Según se deduce de la historia de aquél mundo de mitos y héroes, las
Ciudades-Estado compraron la paz a un precio muy alto. La No-Ley por Ley,
uniendo el ser y el no-ser en una bomba le entregó al imperio de los dioses
antiguos el cetro de las Cuatro Regiones. Estos, los dioses malvados y malditos
que sembraron la cizaña de sus mentiras de un confín al otro del mundo, sin
miedo ni honor ni vergüenza en sus entrañas, no habiéndoles bastado con haberle
declarado la guerra al que aún seguían llamando Padre, le ofendieron hasta el
infinito pisando una ley sagrada, inviolable, contra cuyo delito insoportable
su Gran Espíritu sufrió en silencio lo indecible. Pero tragándose su orgullo,
quemándole la sangre, aguantó el Divino Guerrero el sufrimiento, almacenando en
su alma el fuego en el que se quemarían eternamente aquellos demonios perversos
y malditos. Porque si un padre por amor a un hijo permite que ese hijo mate a
sus demás hermanos, ese padre es el demonio malvado y perverso de cuyo seno
surgiera tal malvado hijo. Lejos de la Paternidad Divina semejante criminal conducta.
Callado, con los dientes apretados, los nervios en tensión, Dios sufrió lo
indecible el día que pisaron su ley sagrada sobre la prohibición del cruce de
razas cósmicas. Uniéndose Satán y sus hermanos malditos a las hembras humanas
parieron de ellas criaturas medio hombre-medio demonios que, arrasadas sus
entrañas por una inmortalidad que se les negaba, sembraron el mundo de
destrucción, convirtiendo las tierras en un campo de devastación donde obtener
de sus padres demoníacos, a base de sacrificios humanos, la inmortalidad que
buscaban.
Ellos, los héroes de muy antiguo, fueron los fundadores de las religiones
sangrientas que asolaron las tierras y compararon a nuestros padres con las
bestias, y los sacrificaron en el altar de sus pasiones imposibles tras la
búsqueda de la fuente de la juventud eterna. Enloquecidos por su condición ni
divina ni humana sembraron el mundo de aquellas guerras y violencias gratuitas
que en sus cuentos y leyendas recogieron los Antiguos, cuando por el amor de
una hembra un hombre era capaz de meterle fuego a toda una ciudad, como si en
el mundo aquella Helena hubiera sido la última mujer sobre la faz de la tierra.
Salvajes, monstruos paridos de semillas malditas, los héroes de muy antiguo
nacieron para morir arrastrando con ellos a la tumba a todos los que le
rodeaban, como se manifiesta en las tumbas de los Ra y los Amones del Egipto.
No pudiendo soportar más la presencia de aquél mundo donde el bestialismo
impuso su norma, optó Dios por dar por finalizada aquella obra, echarla abajo y
empezar una nueva. Si afectó el Diluvio a todos los continentes de la misma
manera y en el mismo momento es un cantar de otra materia. Si fue así cada
pueblo lo sufrió a su manera.
15. De Noé a Abraham
Las pruebas del carbono dicen que la fecha del Diluvio debemos situarla
hacia el principio del tercero y finales del cuarto milenio antes de Cristo. La
reconstrucción de la historia desde la arqueología se suma al testimonio.
Se salvaron muchos del desastre y volvieron a empezar de cero. Durante
aquél proceso de reconstrucción internacional los hijos de Noé tuvieron la
parte del guerrero que baja de las montañas al anfiteatro de las vanidades
babilonias. La estructura del Mito Akadio una copia de la estructura del Mito
Hebreo, no es en vano que muchos historiadores hayan creído descubrir en el
Gilgamesh del Mito sumerio la Conexión Judía.
Recordemos que Dios les prometió a los hijos de Noé la invencibilidad por
norma. “Se apoderará tu descendencia de las puertas del Infierno”, les dijo.
Promesa maravillosa y fantástica en la que el Padre de Adán se ratificaba en su
juramento de venganza contra los príncipes del averno.
Estaban ya los demonios malditos que un día fueran ángeles benditos
celebrando la destrucción del mundo, y se festejaban ya con la victoria final
sobre el “hijo de Eva”, del que ya se reían antes de ver su Nacimiento, cuando
Aquél Rey silencioso y desconocido, cuyo Gran Espíritu no demostraba sentimiento
de fracaso alguno, levantó la cabeza y abriendo su boca, para vergüenza y
confusión de quienes ya celebraban la victoria no conseguida, repitió su
juramente bendito: “El hijo del Hombre te aplastará la cabeza; baila mientras
puedas, maldito”.
Noé y sus hijos bajaron de las Montañas del Este en formación de ejército.
(No olvidemos que al guerrero de los guerreros, Gilgamesh, se le adjudica un
origen montañés en los textos cuneiformes). Los hijos de Noé vivieron en las
ciudades. Crecieron y se multiplicaron. El clan original se expandió por las
ciudades de Nippur, Uruk, Ebla, Kish, Lagash, Umma, Ur. En esta Ur de la III
dinastía vivían los padres de Abraham cuando la locura ególatra arrastró al rey
de Ur a otorgarse la inmunidad constitucional que se les suponía a los dioses.
Pero reconfiguremos en líneas maestras la sucesión de aquellos acontecimientos.
Según los elementos arqueológicos a nuestra disposición podemos situar la
fecha del Diluvio a finales del Cuarto Milenio y principios del Tercero. El llamado
Periodo Protodinástico sitúa su origen en el 2.900. Esta ubicación obliga a
situar entre la catástrofe y el renacimiento de las poblaciones un par de
siglos por medio.
La ciudad de Kish fue la primera en salir de las aguas y darse un rey. Al
poco la ciudad de Uruk entró en la dinámica, aportando a la historia las
aventuras de su héroe y rey, Gilgamesh.
Tras la muerte de Gilgamesh la ciudad de Kish volvió a recoger la Vara del
Imperio, actuando su rey entre las ciudades vecinas como árbitro y juez de sus
disputas. Poder que pasó a Ur, y después a la ciudad de Lagash, situándonos así
en el siglo XXV a.C. Para finalmente caer en manos de la ciudad de Umma, cuyo
rey héroe reclamó para sí el imperio del Edén.
Imperio que le duraría a Umma poco tiempo. Se lo arrancó de las manos el
joven Sargón, copero del rey de Kish. Sargón se rebeló contra su rey, se fundó
su propia ciudad imperial, Akkad, y desde Akkad salió a conquistar el mundo.
Lo conquistó. Sus hijos reinaron desde el 2278 hasta el 2193 aproximadamente,
cuando los Primeros Bárbaros cayeron sobre el imperio del Edén y extendieron su
anarquía desde un extremo al otro de las Cuatro Regiones.
La caída del imperio de Akkad le devolvió el protagonismo a las ciudades
clásicas, entre las que Lagash volvió a saltar a primer plano bajo la jefatura
del famoso y legendario Gudea. Pero no fue este Gudea quien liberó al País del
imperio de los Bárbaros sino la coalición de las ciudades del Sur lideradas por
el rey de Uruk, bajo cuya bandera debemos situar a los abuelos de Abrám.
Pasó, pues, que tras la derrota de los Bárbaros, el jefe Utukhegal quiso
proclamarse emperador, lo que al jefe Nammu y su consejo de príncipes de Ur no
les gustó nada, y le declararon la lógica guerra de independencia. Bajo esta bandera,
en efecto, podemos situar a los padres de Abraham.
Nos hallamos en la frontera entre los dos milenios, Tercero y Segundo a.C.
16. Abraham
La estructura de los hechos nos permite creer que Najor, abuelo de Abrám,
fue uno de los jefes de Ur que bajo la jefatura de Utukhegal de Uruk liberaron
al País de la anarquía en la que lo sumieron los Bárbaros. Teraj, el padre de
Abrám, siguiendo esta línea, participó en la coalición de los príncipes de Ur
que bajo la jefatura de Nammu se alzó contra la tiranía a la que Utukhegal se
abandonó. La victoria de la coalición de Ur les permitió a los hijos de Nammu
alzarse con la corona. Una corona que no tardó en sucumbir al paroxismo de la
perversidad cuando su sucesor, Shulgi, declaró ser dios en la tierra. Digamos
que se regresó de repente a los días anteriores al Diluvio, cuando los héroes
de muy antiguo proclamaron ser auténticos y genuinos hijos de los dioses y
reclamaron para sí todos los derechos de la divinidad. ¿No fueron sus
religiones y sus hazañas las que condujeron a las naciones a la ruina?
Bajo el reinado de los hijos de Nammu, reinando en Ur Shulgi y sus
hermanos, nuestro Abraham abandonó su ciudad natal. No pudiendo soportar por
más tiempo aquella egolatría Abraham abandonó Ur. Curiosamente sin encontrar
resistencia.
Poco espacio para la duda dejan los hechos. Por la fuerza que
posteriormente demostró el ejército de soldados ganaderos al mando de Abraham,
todo indica que el hijo de Teraj estuvo en el ojo del huracán de la guerra
civil que la divinización de Shulgi puso sobre la mesa. De no haber mediado su
Dios el hijo de Teraj seguramente hubiera liderado el golpe de Estado contra el
hijo de Nammu. Otro gallo habría contado entonces en Ur. El ejército del hijo
de Teraj habría decidido la suerte de la ciudad.
Cuando por tanto Abraham abandonó Ur el hijo de Nammu vio partir a su
enemigo más peligroso. El destierro voluntario del hijo de Teraj reducía la
oposición a su dinastía a la mínima expresión posible. Y así fue cómo al frente
de un poderoso ejército de guerreros-pastores Abraham subió por las orillas del
río Occidental sin nadie que le osara hacerle frente. Entró en Siria por el Norte,
tierra de nadie abierta al pastoreo y al bandidaje. Dice la Biblia que guerreó
Abraham hasta contra cinco reyes juntos. Y siempre triunfó. Y siguió
triunfando. Tampoco el Faraón se atrevió a consumar su audacia. ¿En qué se
quedó su anunciada boda con la mujer del Hijo de Noé? Un ejército de hombres
curtidos en el campo de batalla que se mueve al sonido de la palabra de un solo
hombre ¿de cuándo fue lo que se dice un enemigo fácil?
En cuanto a la fecha aproximada del peregrinaje de Abraham y su hijo Isaac
por las tierras del Oriente Medio, las hambrunas de las que habla la Biblia y
las hambrunas que asolaron el reinado de los hijos de Nammu, especialmente
durante el reinado de Ibbi Sin, entre el 2028 y el 2004, nos sirven de punto de
su localización en la línea del tiempo.
La presencia de Abraham y su hijo entre los Amorreos, pueblo enemigo de Ur,
con los que las relaciones de Abraham fueron las típicas del enemigo de mi
enemigo es mi amigo, nos abre los ojos a la situación geopolítica en la que se
movió el padre de Isaac. Amén de confirmarnos en los límites cronológicos entre
los cuales hemos situado a Abraham y su hijo.
17. Israel
Incomprensible una decisión que pudo haberle manchado su reputación con la
fama de los cobardes, Abraham prefirió la sabiduría de su Dios a la de los
hombres. Su posición teológica no admitía mutilaciones ni revisiones. El tiempo
del hijo de Eva no había llegado. Esta era su verdad. Lo otro -creer que la
historia del Paraíso Perdido era sólo eso, una historia de viejas- para Abraham
era tentación de Satanás.
En efecto, la impaciencia fue la madre del pecado del Caín. La ignorancia,
no la sabiduría, fue el motor de su delito. Quien juró venganza se conservó el
derecho de ponerle número al día del combate a muerte entre el hijo de Eva y la
Serpiente. A Dios le tocaba decir el cuándo y el cómo. Él dice y la creación
entera escribe: Y así se hizo. En su palabra está la vida. “Cuenta las
estrellas del cielo si puedes, así de numerosa haré que sea tu descendencia”. ¿Dónde
están los descendientes de la Casa de Nammu?
Después de la muerte de Isaac, en vida de Jacob, padre de José, la hambruna
volvió a golpear las tierras del Oriente Próximo Antiguo. Durante aquéllas
hambrunas que asolaron el universo conocido nos ha sido descubierto en los
papiros el asentamiento de un poderoso Clan Hebreo en el Nilo. La Conexión
Judía introduce a José en los movimientos sociales que las hambrunas causaron
en la Corte del Faraón. Con José entró en Egipto la Providencia. Se entiende
que en agradecimiento el Faraón y su Corte les permitiesen a los hermanos de la
Providencia instalarse en la orilla del Nilo que más les gustase. Con la
Providencia en casa adiós a los malos tiempos.
18. Moisés
Hemos localizado el periodo abrahámico durante la III Dinastía de Ur, entre
los dos puntos extremos del siglo XXI. Y hemos visto cómo en los registros
faraónicos del Imperio Medio, en el reinado de Amenemhat II, entre el 1929 y el
1895, las tribus asiáticas empezaron a internarse en el Egipto, desplazándose
cada vez más hacia el sur. Fue en las crónicas de Sesostris II, sucesor del
anterior, que ya queda constancia firme de esta inmigración de tribus asiáticas
en el imperio. Pero el punto de interés que atrae nuestra atención son las
hambrunas que asolaron el Egipto durante el reinado de Mentuhotep III.
Hambrunas que nos conectan con la Historia de José, permitiéndonos situar la entrada
de los hebreos en el País del Nilo al principio del Segundo Milenio. La
importancia de esta conexión radica en la respuesta que exige el acontecimiento
del asentamiento de tribus ganaderas en el reino de los faraones, agricultores.
El hecho de la ruptura con la cultura tradicional faraónica, de rechazo hacia
los pueblos nómadas, ganaderos, nos abre los ojos a un cambio que sólo se
explica por la revolución que supuso la presencia de José en la Corte del
Faraón. Sin ir más lejos será durante este periodo cuando el Faraón adquirirá
todas las notas clásicas, tan típicas a las estructuras imperialistas
asiáticas. Es de comprender, pues, que hasta que no llegó aquél faraón que no
conoció a José, los Hebreos disfrutaron de una política de amistad
privilegiada, disfrutando de la cual al crecer extendieron sus asentamientos
más al sur, al precio, claro está, de abandonar la tradición ganadera de sus
padres.
¡Qué pronto, pues, se olvidan los malos tiempos! Al volver la esquina los
hijos de los salvadores se convirtieron en los padres de los esclavos que
hicieron grande al Imperio del Faraón, y, con el paso del tiempo y otras
vueltas de esquina, le acabó significando a los egipcios su ruina. Pero vayamos
por partes. La política de amistad hacia las tribus del Oriente Próximo que los
faraones de las dinastías XII y XIII ejercieron atrajo a su imperio a otro
pueblo. Estamos hablando de los Hicsos. Y será en el golpe de Estado que estos
Hicsos dieron donde debemos buscar al faraón que no conoció a José, y que le
pagó a los hebreos su negativa a secundar el asalto al Poder: con la esclavitud.
La decadencia que experimentó la corte faraónica durante la dinastía XIV le
abrió las puertas al poder al pueblo que se hallaba entre ellos, los Hicsos,
poder que no recuperarían los egipcios sino después de perecer el ejército
hicso ahogado en las aguas del mar Rojo. De esta forma mirada la línea del
tiempo si la entrada de los Hebreos la hemos situado en alguna parte del siglo
XX, su salida, cuatro siglos más tarde, la situaremos hacia la mitad del siglo
XVI, fecha, precisamente, en la que se produjo la Caída de los Hicsos y la
conquista del trono perdido por los Ramsés.
19. Josué
La inocencia, digámoslo todo, no fue el talón de Aquiles de Josué. Como en
la Edad del Bronce los metales eran los que hablaban, conocedor perfecto de la
lengua de las armas, Josué dirigió la Conquista de la Tierra Prometida de
victoria en victoria.
“En ese espacio de tiempo, siglos XVI y XV a.C., una marea de pueblos en
movimiento revolucionó el status quo del Oriente Próximo Precristiano”, en sus
palabras, con su forma de negar sin dejar de afirmar, de afirmar negando, nos
dice la Historia Oficial Moderna.
Lo que pasó fue que Josué y sus hebreos arrasaron. La Conquista de
Palestina Bíblica por una marea de guerreros-esclavos hubo por necesidad de
desatar el terror que precedió a la estampida. La noticia de la Liberación de
los Hebreos había de extender y extendió el terror al Oeste del Jordán. Desde
nuestra cómoda posición, tres mil quinientos años después, resumimos la noticia
diciendo que los esclavos egipcios se habían rebelado contra el Faraón, se
habían vengado de la muerte de sus niños y habían derrotado a las orillas del
mar Rojo a los ejércitos del señor del Nilo. Habían pasado a este lado del
Sinaí y venían a la conquista de las tierras del Jordán dirigidos por un Jefe
militar que no conocía la misericordia. Su mensaje para todas las
Ciudades-Estados al Oeste del Jordán era inequívoco: Huir o ser destruido.
Esto desde nuestra óptica. Pero desde la mentalidad de aquéllos pueblos de
la Palestina Bíblica las noticias fueron otras.
Como si se tratasen de los descendientes de la Desaparecida Atlántida un
Pueblo había salido de las profundidades del mar. Aquéllos hijos del océano
habían acabado con el imperio de los faraones hicsos y ahora se habían dado la
vuelta y dirigían su conquista hacia el Este con un único propósito: Destruir
por destruir. ¿Pues quién es el que vence a un ejército imperial y en lugar de
apoderarse de su reino se da la vuelta? Habían cruzado el Sinaí para arrasar,
destruir y devastar. Entonces, la marea conquistadora hebrea transformada en el
impacto de la roca sobre las aguas, de sus profundidades emergieron los
Filisteos. Sin embargo la entrada de los Filisteos en el escenario no se
produciría sino al final de la leyenda, cuando por fin los pueblos medio asiáticos
descubrieron que los hebreos no eran monstruos hijos de la Atlántida sino
hombres como todos los demás. Recapitulemos cómo estaba el mundo cinco siglos
después de Abraham.
El hundimiento de la Dinastía de Nammu, IIIª de Ur, dejó la Vara del Imperio
a merced del aventurero más osado. Mientras José revolucionaba las estructuras
estatales egipcias, al otro lado del Sinaí, en la ciudad de Larsa, su rey
Gungunum se puso a la cabeza de los Estados mesopotámicos, dominando su figura
el último tercio del siglo XIX.
Su muerte les dio alas a los reyes de Isín, que vieron fracasar su intento
de recuperar la hegemonía perdida y tuvieron que sufrir la divinización de los
hijos de Gungunum. Teocracia sui géneris, tan típica de las edades
mesopotámicas, que acabaría por conducir al primer plano a la Babilonia de
Hammurabi.
Durante un tiempo, siempre en el siglo XVIII, la Asiria de Shamsi Adad, la
Larsa de Rim Sin y la Babilonia de Hammurabi guerrearon entre ellas y con el
resto del mundo por el Imperio. Al alcanzar la mitad de siglo Hammurabi impuso
su ley y de nuevo el País del Edén estuvo en el puño de un solo hombre. Dominio
imperial de breve extensión numérica, ya que en el 1595 la dinastía de
Hammurabi pasó a mejor vida y el País regresó a la anarquía que le era tan
típica.
La sucesión de un nuevo pueblo en el Poder, los Cassitas, nos sirve para
abrir el horizonte y ver en la escena geopolítica la existencia de un reino
fuerte, el Hitita, que junto al Mitannio y al Egipcio se repartirán los papeles
que hasta entonces habían estado interpretando las Ciudades Estados.
El detalle que nos llama la atención y nos da cuenta de la importancia de
la Conquista de la Tierra Prometida nos lo prueba el hecho de no haber podido
cruzar ninguno de estos tres reinos las fronteras trazadas por Josué. De hecho,
los famosos “Hapirus”, o hebreos, se ganaron la fama de terribles adversarios
en las fronteras del reino Mitannio. Situación que cambiaría con la avalancha
filistea, que no sólo reventó los muros del reino Hitita y echó abajo las
lindes del desaparecido reino de Mitanni, sino que fueron los primeros
ejércitos conocidos en plantarse delante de los Hebreos con la esperanza en la
victoria.
Los ejércitos del famoso rey asirio Tiglat Pileser I, aún llegando a las
costas fenicias, tampoco se atrevieron, o no pudieron conseguir traspasar las
Lindes de Josué. Sería en el siglo XI cuando, destruidos los reinos clásicos de
esta segunda mitad del segundo milenio, esas lindes serían pisoteadas y el
propio pueblo Hebreo puesto al borde de su destrucción por los mismos
destructores de los Hititas. La natural intención filistea de apoderarse del
tercer reino del momento, el Egipcio, tenía que pasar por el cadáver de los
Hebreos. Cosa difícil de hacer mientras el Dios de Moisés estuviese con ellos. Si
en su día los hebreos liberaron a los egipcios de los Hicsos, ahora los
salvarían de los Filisteos.
20. Jueces
Con el asentamiento en la Tierra Prometida nacieron en las tribus hebreas
los males del sedentarismo antiguo. “Repítemelo otra vez abuelo”. ¡Las
escrituras sagradas, siempre las escrituras sagradas!
“Pregúntaselo a los ancianos y te lo dirán”. “Escucha Israel…”
Con el tiempo los oídos se cansaron de oir la misma historia contada mil
veces. Que sí. Que ya está. Adán y la manzana prohibida, Noé y el Diluvio,
Abraham e Isaac, José y sus hermanos…
Las generaciones futuras hebreas se amoldaron a lo que había, sus vecinos,
el progreso. Cada vez que lo hacían las cosas se les ponían cuesta abajo. La
Excepción de Moisés. Pero no aprendían. Así que cuando aquella fe que movía
montañas llegó al ring de Goliat, la verdad sea dicha, ya no movía nada, ni
siquiera sus piernas, de miedo clavadas en el suelo viviendo sus últimas horas
de vida, de libertad en el mejor caso. La manera que tenían los Filisteos de
tratar a los vencidos les ponía los pelos de punta a todo el mundo. Y encima
aquél Goliat poniéndoselos bonito. Muerte o esclavitud, ¿o es que ya no se
acordaban de cuando los echaron a todos de su tierra al grito de Huida o
Muerte? Ahí es donde se equivocó el faraón. Muerto el perro se acabó la rabia
-se burló Goliat en sus caras.
21. David
¿A Josué le iba a hablar un hombre en la manera que lo hizo Goliat a Saúl?
Los de Jericó se escondieron detrás de muros altos y gordos como una Muralla
China. ¿De qué les sirvió? ¿Cuánto tiempo decían que podrían resistir? ¿Hasta
que les saliera barbas a los que estaban amamantando? Jajaja.
¿No produjo Dios un milagro cuando los sacó de Egipto? ¿Por qué no iba a
hacer ahora otro?
Salvarte la vida, por ejemplo. Jua jua jua- graznó Goliat cuando descubrió
la estatura del que había soltado aquellas paridas propias de un niño chico.
Le habían elegido por aspirante al título a un mocoso larguirucho, una
fregona de pie pegando botes entre el gigante y la primera línea enemiga. ¿No
era para reírse? Jo jo jo.
“Calla, perro pagano. No sabes nada. Eres tonto cual inmenso eres. Dios va
a hacer una obra tan grande como aquélla. Quienes la escuchen no se lo creerán.
Se dirán los unos a los otros: ¿Has oído el último chiste hebreo? Va un
pastorcillo de tres al cuarto con su rebaño por el monte y le sale al encuentro
un gigante armado cual Hércules redivivo, de tres metros por lo menos. Todo
hambriento, el gigante va y le mete mano a una oveja rolliza. El pastorcillo lo
coge in fraganti. ¿Qué crees que le dijo el pastorcillo al gigante?”. Esto será
lo increíble. Tú tampoco te lo creerás.
El pastorcillo era un león encantado por un brujo. No hablaba, rugía. No
rugía como un cachorrillo, rugía como el mismísimo rey de la selva. El
pastorcillo encantado siguió dando vueltas y más vueltas alrededor del gigante
de hierro al ritmo de los tambores de guerra. Sobre su cabeza una honda con su
chinarro giraba a velocidad vertiginosa. Los enemigos jadeaban a su perro de
pelea y se echaban para atrás cuando el brujo corría hacia la línea del frente
filisteo clavándoles en el cerebro aquél rugido embrujado que les desgarraba
los sentidos. Desesperado, harto de ver a aquél payaso bailar como una estúpida
marioneta, Goliat cometió el imperdonable error de arrancarse el casco y espachurrarlo
contra el suelo. Iba a hablar, quiso decir algo, abrió la boca para decir algo.
Pero no le dio tiempo para más. El enano soltó el misil. Bingo. Diana perfecta.
Entre los ojos. Un visto y no visto. El gigante cayó para atrás como un saco de
patatas.
“Esto es lo que hará el hijo de Adán con el Diablo. Observad, guerreros.
Alzará la espada y le cortará la cabeza de un tajo”- gritó triunfante David.
Un pastorcete de nada se enfrentó a aquél bocazas y le cortó la cabeza de
un tajo. ¿No es gracioso?
22. La Corte del Rey Profeta
Saúl reinó del 1025 al 1010. David desde el 1010 al 955. La coronación de
Saúl nos abre los ojos a la anarquía en la que sumieron el mundo los filisteos.
Hititas, Mitannios, Asirios, Babilonios, todos una sombra de lo que fueron el
futuro de la Civilización quedó en manos de los Hebreos. Quienes tampoco
hubieran podido resistir su hundimiento de no haber mediado el Dios de David,
el verdadero artífice de la victoria hebrea frente a los ejércitos que el
Infierno se había suscitado en su particular Guerra contra el Cielo. Pero no
nos detengamos en los que es Historia Divina.
Durante el transcurso de su reinado conoció David qué pasó en el Edén.
También le descubrió Dios su Plan de Salvación Universal. Viendo en espíritu el
final de la batalla entre el Hijo de Dios y la Bestia el rey David saltó de
alegría. No era él hombre de confesarse todos los días sin embargo, y entre que
él era puro secreto y su Dios lo tenía entre unos que querían matarlo y otros que
lo buscaban para quitarle la vida, David calló todo lo que había conocido, y
publicó lo que su Dios le inspiró para ser leído.
La idea del rey Mesías caló pronto en el espíritu bélico de los jóvenes sin
embargo. Y no paró de crecer hasta encontrar en Absalón su príncipe valiente. Absalón
no podía ni iba a permitir que el partido de Salomón se aprovechase de la vejez
del rey en beneficio de la concesión de los derechos de la primogenitura a la
marioneta que se habían creado. Así que se impuso como top priority matar a
Salomón.
23. Salomón
“El primer pensamiento no es siempre
el último; por el contrario casi siempre suele ser el primer eslabón de una
arquitectura de sucesos. La sabiduría nunca exige la vejez como condición sine
qua non para dejarse alcanzar. La última palabra no la tiene el más viejo, sino
el más sabio. Pero hasta los sabios desconfían de la omnipotencia de su razón. El
rey tiene en Dios su pensamiento, y en Su voluntad tiene su fuerza. El
pensamiento del hombre es bruma en las tinieblas; el espíritu de la Sabiduría
es el que anima la inteligencia y la eleva hasta la respuesta del que conoce
todas las cosas porque Dios se las mostró. Dios dice y Dios hace; aquí tiene el
hombre el principio de su inteligencia”.
Salomón se crió bajo una lluvia de palabras de este género. En la corte de
su padre Dios había difundido su espíritu. El profeta Natán por ejemplo.
Entraba y salía del palacio del rey más custodiado del mundo como si fuera su
propia casa. La verdad es que si Natán se hubiese callado nadie hubiera
descubierto el delito tan grande que cometió David matando al marido para
quedarse con la viuda. Natán se presentó en palacio como si se tratase del
mismísimo Moisés entrando en el salón del trono de Egipto. No había en el mundo
hombre capaz de cruzar sin permiso las siete murallas de guerreros invencibles
que protegían al rey de Jerusalén ¿Entrar en pleno salón del Trono de Israel
persona non-grata? ¿De qué, cómo y cuándo? Natán irrumpió en la casa del rey
dominado por el vértigo que le provocó el conocimiento del delito. El hombre
que tenía a sus órdenes las mujeres más bellas del universo se había dejado
llevar por la pasión más juvenil y la había llevado a sus últimas consecuencias.
El hecho de matar a un hombre para robarle es delito suficiente para pagar vida
por vida; el robo de la mujer de tu prójimo al precio de la sangre de tu
hermano, ¿qué será?- le preguntó Natán al rey de los profetas.
El rey había pecado tanto más cuanto que al haber sido ungido por Dios le
hacía más difícil a Dios cobrar venganza de la sangre derramada ¿Había atrapado
David a Dios en el dilema de Satán? ¿Condenaría Dios a todo el pueblo por el
pecado de un sólo hombre? ¿Qué hombre de la Corte del rey David se hubiera
atrevido a levantarse como profeta delante del rey profeta de no haber sido su
propio hijo? ¿A qué profeta le hubiera aceptado David que le dirigiera la
palabra sino a un hijo nacido de sus entrañas? Su Dios, que tanto lo amaba
tanto lo conocía, le sacó de su muslo un hijo nacido para atarle la lengua.
24. El Nacimiento del Judaísmo
Él da las órdenes, hijo mío, le decía Salomón a su hijo Roboam. Sus
ejércitos se mueven a la voz de su Verbo. Ningún jefe de su pueblo debe asumir
las competencias del Señor de los ejércitos; Él nunca está ausente. Él no deja
a sus ejércitos solos a la derrota. Él conoce el cuándo y el cómo. El Rey mira
por la paz y el bien de su pueblo; el pueblo del Señor Dios es su creación
entera. En su omnisciencia Él dirige el curso de la historia de las naciones.
Suya es la victoria; Él elige a los jefes de su pueblo desde el vientre de sus
madres. Sé sabio, hijo mío.
¡Lo que el viento se llevó! A espaldas de su padre Roboam se pasó al
Judaísmo. La tribu de Judá se había conjurado para abrir la era mesiánica el
día después de la muerte de Salomón; tras la muerte de Salomón las demás tribus
aceptarían consumado el hecho y se unirían al proyecto.
“Hijo mío, no te dejes halagar por los que se sientan a la mesa del rey,
porque hablan sus intereses no la sabiduría de Dios por sus bocas. ¿De qué vale
anillo de oro en hocico de puerco?; ¿no será la codicia la ruina del
avaricioso?” ¡Qué padre aquél si hubiera tenido un buen hijo! Detrás de las
lindes salomónicas el cocodrilo del Nilo estaba al acecho. Al otro lado de los
grandes ríos el oso asirio empezaba a salir de su letargo. “No seas loco, hijo
mío…”
¡Palabras de sabio en orejas de borrico! A la muerte del Rey Sabio el Cocodrilo
del Nilo invadió Jerusalén, le arrancó las piedras de plata a sus calles,
desmanteló las tejas de oro de sus palacios, el marfil de sus cúpulas, y se
dejó atrás al hijo del rey Sabio llorando como una mujer lo que no supo
defender como un hombre. Esto pasó en el 930 aproximadamente.
25. La Caída de Samaria la Blanca
Si el reino del Norte disfrutó viendo cómo era saqueada Jerusalén, el
precio de la división del reino de David no tardaría en cobrarlo Samaria de
manos del rey de Nínive. Cosa que sucedió en el 721. Pero veamos antes cómo
pudo Nínive elevarse a tal altura sobre las ciudades clásicas de las Edades del
Bronce y del Hierro.
El reino Mitannio desapareció de la escena geopolítica en el 1350 a
consecuencia de la pinza entre hititas y asirios. Para mejor entendernos
digamos que los hititas reinaban sobre Turquía Occidental; los mitanios sobre
el norte de Siria, y los asirios sobre el norte de Irak. La destrucción de
Mitanni vino en mal momento. Al poco los Filisteos - posiblemente los Griegos
Antiguos que después de caer sobre el Imperio de Troya siguieron camino abajo-
derrumbaron el reino hitita y frenaron la expansión asiria hacia el Oeste.
En un apartado anterior dejamos a los Cassitas reinar sobre las ruinas del
imperio de Hammurabi. Cassitas y asirios en guerra, el control sobre la región
del Sur del Edén se le fue yendo a Babilonia de las manos, hasta que en el
1310, aproximadamente, los antiguos persas -los elamitas- se independizaron y
se pusieron a la altura de sus vecinos. Hundida posteriormente Babilonia por el
asirio Tukulti Ninurta I, éste extendió su poder hacia el Elam, pero sólo
esporádicamente, pues al rayar el 1215 Susa se independizó y se alzó como
potencia militar. Su rey aprovechó entonces las circunstancias de la entrada de
los Filisteos para sustraerle a Nínive el control de Babilonia, que cayó en el
1159 y arrastró en su caída al último rey de los Cassitas.
Desatada la guerra por el control del antiguo reino cassita entre asirios y
elamitas, el final alcanzó un rumbo inesperado cuando un tal Nabucodonosor I se
alzó como rey de Babilonia y liberó a su país de los dos enemigos clásicos de
su nación. Cosa que sucedió en el 1110. Y mantuvo la cuestión entre babilonios
y asirios en la guerra de desgaste que diera como resultado final la hegemonía
de Nínive. Hegemonía relativa sin más fuerza en la estructura geopolítica
impuesta por la invasión de los Filisteos que la de mantener viva en Nínive sus
aspiraciones imperialistas. Que si en un principio se vio frenada por los
Bárbaros del Oeste, después fue contenida entre las fronteras del actual Irak
gracias a la expansión del reino de Salomón por todo el Oriente Próximo.
Al dividirse el reino salomónico y venirse abajo toda la infraestructura
sobre la que edificó su Paz Internacional el rey sabio, Nínive aprovechó el
vacío de poder al Oeste del Jordán para crear su imperio. Si en un principio
Adad Nirari I dirigió sus ejércitos contra Babilonia, sus sucesores,
comprendiendo la pérdida de esfuerzo que estaban haciendo, abrieron el frente
Norte, conquistando la Media. Cambio de rumbo que con Salmanasar III fijó su
objetivo en el Oeste, donde la división del reino de Salomón dejó la Siria a
merced de su ejército. La entrada a este lado del Jordán no se produciría sino
después de un proceso de desestabilización interna. Que, cerrada por el
legendario Tiglat Pileser III, invade Babilonia, la somete, y vuelve sus ojos
hacia el Oeste, adonde llegan los ejércitos de Nínive bajo Salmanasar V. El
encuentro con el reino de Israel redujo a escombros el orgullo de los
Israelitas, Samaria la Blanca, como la llamaban. Lo que sucedió en el año 721.
26. La Caída de Jerusalén la Santa
Ahora, si el reino de los judíos disfrutó conociendo la noticia de la
destrucción del reino de sus hermanos, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que,
pronunciado el decreto contra la división del reino, Jerusalén no se salvaría
de vivir el mismo destino que su hermana Samaria. No fueron en esta ocasión los
asirios, sino los Caldeos de Babilonia, destructores de Nínive, quienes le
dieron a Jerusalén la paga. Los acontecimientos generales fueron los
siguientes:
Los reyes de Nínive abrieron su imperio al Norte y al Sur, conquistando la
Media y la Babilonia. Salmanasar III, Adad Nirari III, Tiglat Pileser III y
Sargón II, Senaquerib y Assurbanipal sus reyes más sonados, el odio que
sembraron al Norte y al Sur del Edén se volvió contra ellos cuando Nabopolasar,
padre de Nabucodonosor II, rey de Babilonia, y Ciaxares, padre de Fraortes II,
rey de Ecbatana, capital de Media, se unieron para destruir al rey de Nínive,
objetivo que alcanzaron en el 612.
La repartición del mundo que hicieron dejó las tierras del Oeste en las
manos de Babilonia. Al llegar al trono el hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor II
cruzó el Jordán y destruyó Jerusalén en el 587. Hechos todos descritos en el
Antiguo Testamento. Destruidas Jerusalén y Samaria, el decreto divino: “Todo reino
en sí dividido será destruido”, se cumplió, quedando su juicio como ejemplo
para todo reino que en el futuro pretendiese sortear su destino.
27. El Maligno
La Serpiente Antigua pegó botes de alegría entre los muros de su silencio
cuando cayó Jerusalén. ¿En qué cabeza puede caber que Dios necesite gafas de
rayos X para radiografiar de una mirada el interior de, ¡Señor!, sus propias
criaturas?
La Caída de Jerusalén fue otro tanto a favor de los que abogaban por la
destrucción del Hombre y creían que el Mesías de las profecías lo tenía todo de
antemano perdido. Dios debía aceptar de una vez los hechos, creando al hombre
se le torcieron las cosas. El género humano no había podido franquear la
frontera entre las bestias y los hijos de Dios. Demostraba una tendencia
instintiva tan lógica en su especie que la sola idea de ver al hijo de un
hombre retando a duelo a muerte al Jefe de los Rebeldes podía tomarse por una
ofensa si no fuera por lo ridículo de la idea.
28. Las Tres Columnas del Mundo
Durante aquéllos días, en la Babilonia de los Caldeos, cinco siglos antes
del Nacimiento, vivieron tres niños prodigiosos. El primero nació para ser
profeta y dejar boquiabierto a todo el mundo. Lo llamaron sus padres Daniel,
pero Nabucodonosor le dio otro nombre. La doctrina mesiánica de Daniel les
cortó la risa a los judíos ortodoxos que seguían creyendo en el advenimiento
inmediato del Mesías. Según Daniel el Profeta-Mago la profecía era para largo
incluso cinco siglos después de haber sido escrita por el rey David.
El segundo niño nació para liderar la caravana de la libertad, conducir a
su pueblo a la Patria Perdida, resucitar a Jerusalén de las cenizas de la
Historia y levantarle a la Sabiduría un Templo. Sus amigos lo llamaban Zoro,
pero el rey de Babilonia lo llamaba de otra forma. Zoro era el príncipe
heredero de la corona de Judá.
29. Ciro el Grande
El tercer niño se llamaba Ciro. Este Ciro fue el hijo de la princesa meda
casada por Herodoto con el príncipe de los persas. Herodoto no pudo resolver el
enigma del origen de Ciro por escasez de conocimiento sobre las estructuras
sucesorias de las monarquías mesopotámicas. Gracias a nuestro conocimiento
actual de las estructuras de poder clásicas durante la Era Precristiana
nosotros estamos en posición de reconstruir la arquitectura de las relaciones
internacionales típicas de la época neobabilónica. La verdad que brilla al
fondo del túnel nos ilumina el camino al encuentro de los dispositivos
imperiales que se debieron adoptar para llevar al Trono Imperial al Príncipe
Ciro.
La mujer de Nabucodonosor fue la hija de Ciaxares, rey de los Medos. Este
Ciaxares fue el aliado de Nabopolasar, padre del príncipe Nabuco. Ciaxares y
Nabopolasar encerraron al rey de Nínive en su palacio y lo enterraron bajo los
escombros de su imperio. Para felicitarse por la gran victoria casaron a sus
hijos. Ciaxares le dio su hija al hijo del rey de los Caldeos; y éste le dio su
hijo a la hija del rey de los Medos.
El hermano de la mujer de Nabuco heredó el trono de Media y casó a su hija
con el príncipe de Persia, padre de Ciro. Ciaxares fue, según esto, el
bisabuelo materno de Ciro, y Nabucodonosor su tito abuelo -el tito de la madre es
tito abuelo para sus hijos. Si Nabucodonosor era yerno de Ciaxares, Fraortes y
él eran cuñados. Y si cuñado del hijo de Ciaxares, Nabucodonosor era tito de la
madre de Ciro. Conclusión. Ciro era sobrino nieto del rey de Babilonia, y nieto
del rey de Media.
Un juego de probabilidades gordianas de esta naturaleza llevó a Carlos V al
trono de España y Alemania.
Un príncipe persa podía aspirar a unir en sus manos las tres coronas
“cuando las gallinas paran perras” -decía el proverbio popular babilónico.
Tenían que coincidir muchos cálculos para que la posibilidad cobrase forma.
O podía suceder que fuera invitado a formar parte de un proyecto de unificación
del mundo en una corona única y…
30. El Cuarto Hombre
¿Y qué diría el Príncipe Asirio Nabónido sobre la cesión del imperio de las
manos del Caldeo a la del Persa? ¿Se apuntaría al bombardeo desde dentro de la
fortaleza del enemigo? ¿Aceptaría Nabónido ser un peón en el Ajedrez del
Profeta-Mago? ¿Qué podría ofrecerles Nabónido a cambio de la posibilidad de
reconstruir Nínive en alguna parte del Sur? ¿Les daría a los Magos de Daniel
las Llaves del Reino?
Nabónido movió la cabeza.
Te retirarás a la Ciudad que elijas lejos de mí- lo tranquilizó riendo
Ciro.
Sabio, digno discípulo del Jefe de los Magos, Nabo se construyó su Ciudad
en un oasis perdido en el corazón de un Edén sembrado por él mismo. Ciro se
echó a reir. A Zoro no le cogió por sorpresa la astucia del Cuarto Hombre.
El misterio que viene a cuento es descubrir cómo un príncipe asirio se las
apañó para subir al trono de Babilonia. Misterio cuyo secreto lo podemos
deducir de la Caída de la dinastía de Nabucodonosor en los días de Baltasar.
Aquél golpe maestro de estado que elevo a Nabónido al poder descubre la
identidad asiria del peón movido por Daniel en la dirección del traspaso final
del imperio a las manos de Ciro, cuando aquél peón se limitó a entregarle
Babilonia al nuevo rey del mundo. Entrega que dejó en manos de su padrino
hebreo desde el principio mismo de su reinado, y se tradujo al final del mismo
en el hecho de hallarse los ejércitos babilonios en las manos de los judíos.
Bien pudo Daniel haber usado el entramado que levantara para dar otro golpe de
estado y poner en el trono al heredero de Judá. Pero no lo hizo.
31. La Reconquista del Reino Perdido
La doctrina profética de Daniel encontró en Zorobabel una estrella llena de
vida. Se trataba de reconstruir Jerusalén, poner la primera piedra del Templo y
comprar pacíficamente la tierra de Judá. Jerusalén haría de funciones de
colonia madre. El gobernador de la Ciudad sería el jefe supremo de la Colonia;
a su mandato los grupos elegidos se moverían hacia donde se hubiera dispuesto
por el consejo de los sabios.
La segunda fase profética decía que en un par de siglos a lo sumo el rey de
Grecia entraría en Asia y echaría abajo el Imperio de Ciro. La Conquista de
Babilonia por Occidente iría seguida por la división del imperio del
conquistador griego en cuatro reinos. Al poco nacería un reino que se
extendería por todo el mundo y derrotaría a los cuatro reinos. En esos días el
ángel de la libertad tocaría la trompeta y las colonias judías se levantarían
en estado de guerra de independencia. Hasta entonces cada hijo de Israel debía
atenerse al proyecto original.
32. Bajo el Yugo de los Helenos
Entre los historiadores del XX se impuso la teoría de la creación a
posteriori de los libros bíblicos. Desde la óptica del ateísmo Alejandro Magno
no conquistó el Asia después, sino que los judíos escribieron lo que pasó
después de la muerte del griego. Ajenos a las opiniones de todo el mundo, desde
su torre en Seleucia del Tigris los Magos de Oriente seguían el curso de los
acontecimientos. Las sinagogas de todo el mundo les enviaban noticias de los
lugares donde vivían, quiénes gobernaban, qué sistema político tenían, cambios
de dinastía. “Los problemas entre persas y griegos han comenzado, sus
majestades. El rey del Norte, Filipo, ha sometido a toda la Grecia. El día de
la Venganza por los hombres de Leónidas en las Termópilas empieza a alborear”
trajo en su pata a Seleucia del Tigris una paloma blanca.
La respuesta llegó rápida a Jerusalén. Decía: “Todos los hijos de Abraham
deben prepararse para recibir al Conquistador con palmas y vítores. En breve, a
la muerte del hijo de Filipo, su reino se hundirá en una guerra civil larga.
Sobrevivirá a su destrucción dividiéndose en cuatro reinos”.
Y así fue. No se había enfriado el cadáver de Alejandro sus generales ya se
estaban matando. Al cabo le vieron los cuernos al diablo y dejaron de comerse
vivos. Fue Seleuco I el Invencible quien se quedó con el imperio de Ciro, más
lo que Alejandro conquistó a este lado del río Indo. No reconstruyó Babilonia;
en su lugar creó una ciudad nueva a orillas del Tigres. La llamó Seleucia del
Tigris. Seleucia del Tigris fue concebida para hacer las funciones de puerto
comercial interior entre el Extremo Oriente y Occidente. No olvidemos que en su
sabiduría para controlar el paso de caravanas y barcos del Oriente al Occidente
tuvo sus Minas el rey Salomón.
33. Jerusalén grita Libertad
La parte del cocodrilo se la llevó Ptolomeo. Desde que vio los planos de
Alejandro Magno para Alejandría del Nilo se apoderó del joven Ptolomeo la
pasión por aquella Nueva Atenas que el hijo de Filipo pensaba construirse en
las costas de Egipto. Certero y silencioso como el cocodrilo cuando ataca, con
los ojillos a los dos lados del hocico, avanzando por el agua sin soltar aire,
sin mover un párpado, más tieso que un tronco, adelantó sus posiciones el joven
Ptolomeo el día antes del entierro de su Héroe. Primero se proclamó dueño y amo
del Egipto; después los dioses dirían.
34. La codicia de los reyes
La ambición sin límites de Seleuco fue el fantasma personal de la casa de
los Seleúcidas. Se murió el hombre con el dolor de haber perdido Jerusalén en
una apuesta de lagartos. Y su familia sin saber aceptar la derrota ante las
fuerzas de los ptolomeos egipcios. Las guerras heleno-egipcias por la posesión
de Jerusalén fueron la constante vital del Oriente Próximo desde la muerte de
Alejandro al reinado de los hijos de los Macabeos. El zarandeo, hoy tengo por
ama a Antioquia, mañana tengo a Alejandría, le afectó a Jerusalén. Sus hijos,
cansados, se echaron a dormir en los laureles del que ha conseguido
desprenderse de sus fantasmas mesiánicos. Al despertar se encontraron atrapados
en las garras de una solución final, que no fue la primera ni sería la última.
35. El Segundo Reino de Israel
Jerusalén vivió alucinada la persecución religiosa de Antíoco IV. Era algo
que jamás se le había ocurrido pensar que pudiera pasarle. Las Escrituras
decían que después de los cuatro reinos la Libertad. Se quedaron de piedra tal
como les cogió sentados la noticia. ¿En qué habían estado pensando? ¿En el
nacimiento de un niño bajado del cielo que venía y les arreglaba todos los
problemas? Comerían perdices y serían felices. De hecho algunos se las comían
todas y los demás se las apañaban con gallinas. Por esto cuando Judas Macabeo
volvió a su patria y se puso al frente de la resistencia con su escuadrón de
desertores se unieron a él todos los que no tenían nada que perder y todo que
ganar. La línea del tiempo desde los Macabeos al Nacimiento fue la siguiente:
Judas Macabeo gobernó desde el 166 al 161. Judas dirigió por tanto los
ejércitos del Señor de victoria en victoria durante cinco años. No se sabe muy
bien o nunca se ha escrito la verdad sobre el origen de la formación militar de
este caudillo. Es más que probable que, conociendo la estructura de los
ejércitos imperiales seleúcidas, este Judas fuera el jefe del Escuadrón Judío,
al frente del cual desertó al conocer los planes asesinos del rey, quien al
partir para la gran aventura de la conquista del Asia perdida le ordenó al
regente de su reino la solución final antijudía en el origen de la rebelión en
curso. Tal vez no sea fácil recrear la vida de Judas antes de su aparición como
encarnación del Martillo de Dios. Pero como ya he dicho la estructura militar
del imperio se basaba en el reclutamiento de Escuadrones de todas las
provincias bajo la corona del rey. Entre ellos hubo de existir un Escuadrón
Judío, que, sin ninguna duda, sirvió bajo la bandera imperial hasta que a su
regreso de su frustrada invasión de Egipto el rey dejara correr su impotencia
contra Jerusalén. Escandalizado el Escuadrón Judío por aquella acción es de
creer que la deserción ya estaba servida, y se consumó cuando al dirigirse
hacia Babilonia pretendió llevárselo consigo, dejando a merced de Lisias y sus
generales la solución final judía. Al corriente de lo que pretendía el rey,
Judas, jefe del Escuadrón Judío, desertó con sus hombres. Llegado a la Judea se
encontró con la matanza y, huyendo con su padre y sus hermanos, le declaró la
guerra de guerrillas al Imperio. Cuando Apolonio, el general designado por
Lisias para solucionar el problema judío, alcanzó la Judea se enfrentó a un
caudillo que conocía perfectamente las tácticas y las estrategias militares del
ejército imperial bajo cuya bandera el Macabeo sirviera toda su vida.
En el 161 sin embargo, abandonado por los suyos al frente de sus 800 Bravos
Judas cayó como vivió, vendiendo cara su vida. Las restantes hazañas bélicas de
Judas están escritas en la Biblia.
Le sucedió en la jefatura militar de los ejércitos del Señor su hermano
Jonatán. Jonatán gobernó el país desde el 161 al 143. Las aventuras militares
de Jonatán, cómo recibió el sumo sacerdocio de las manos del rey Alejandro
Balas, cómo se las apañó para prosperar jugando a dos bandas y cómo,
finalmente, fue atrapado a traición y condenado a muerte, también están
escritas en la Biblia.
Le sucedió en la jefatura del país su hermano Simón. Este gobernó desde el
143 al 135. Simón fue quien de verdad conquistó la Independencia. En recompensa
por la cual los judíos en pleno le concedieron a sus herederos el gobierno a
perpetuidad. Arrepentido el rey de Antioquía por la pérdida de la Judea le
ordenó a su general Cendebeo reconquistarla. Simón y sus hijos Judas y Juan
vencieron al invasor. La libertad no salvó a Simón de caer a traición como su
hermano Jonatán.
Tras la muerte de Simón subió al Poder su hijo Juan. Juan Hircano I reinó
desde el 135 al 105 (siempre a.C.). Si en un principio pareció que la invasión
por la Judea del rey de Siria iba a acabar con todo lo conquistado por los
Macabeos, el primero de los Asmoneos se las arregló para salir triunfante y
además conquistar la Samaria, la Idumea y territorios al Este del Jordán
incluso. Fue este Juan Hircano I quien al obligar a todos los no judíos de su
reino a circuncidarse le preparó el camino al trono a Herodes.
Le sucedió su hijo Aristóbulo I, “el rey loco”. En un principio su padre le
legó sólo el sumo sacerdocio, reservando el Gobierno para su madre. Juan se
volvió loco, encarceló a su madre y a sus hermanos y se declaró rey. Al año
murió. De las profundidades de la tierra tomó Jerusalén rey. Se llamaba
Alejandro. Reinó desde el 104 al 78. Bajo su reinado la sangre llovió a
cántaros sobre Jerusalén. Fue durante su reinado que las estrellas de Abías y
Simeón el babilonio, los Semayas y Abtalión de la historia oficial judía, brillaron
en todo su esplendor.
A la muerte del Asmoneo le sucedió su mujer Alejandra, llamada también la
reina Salomé. Desde el 76 al 69 la reina Alejandra dirigió la paz del reino.
Ella reinstauró el Sanedrín y fue durante su reinado que tuvo lugar la búsqueda
secreta del Heredero de la corona de Salomón.
A su muerte sus hijos Hircano II y Aristóbulo II se declararon aquella
guerra que en el 63 fuera atajada por Pompeyo el Grande. Hircano II quedó como
etnarca durante todos los días de la vida de Pompeyo, y Antípatro, padre de
Herodes, Idumeo de nacimiento, como general de los ejércitos de la Judea hasta
su muerte. Fueron los partidarios de Pompeyo quienes asesinaron en Roma a
Aristóbulo II, en el 49, y en el mismo año su hijo Alejandro lo fue en Antioquía
por orden del propio Pompeyo. Durante estos años tuvo lugar el ascenso a la
cumbre de los Archivos del Templo de Zacarías, el hijo de Abías.
Por aquéllos días los Partos invadieron la Judea y coronaron rey al otro
hijo de Aristóbulo II, al que llamaban Antígono. Este le cortó la nariz y las
orejas a su tío Hircano II y le desterró a la Nueva Babilonia. Con este aliado
circunstancial de Zacarías y su Saga en la Gran Sinagoga de los Magos de
Oriente los correos entre los Magos y Zacarías y sus hombres aceleraron sus
idas y venidas.
De todos modos eran malos tiempos para los Asmoneos. Aprovechando las
guerras civiles romanas Herodes derrotó a Antígono, hijo de Aristóbulo II,
sobrino de Hircano II, y lo decapitó (año 37).
La tragedia de los Asmoneos no había terminado aún. Sediento de sangre el
rey Herodes asesinó al nieto de Aristóbulo II y al propio Hircano II, al que
llamara de Babilonia con promesas de paz y salud. También asesinó a las
asmoneas Alejandra y Mariana, la reina Mariana. Y finalmente a sus hijos
Alejandro y Aristóbulo, hijos de la reina Mariana.
En el año 7 a.C. toda la estirpe del Asmoneo, según se lo profetizara
Abías, había sido eliminada de la faz de la tierra. Herodes quedó como único
dueño y señor de Jerusalén. Herodes fue el primer y el último rey que conoció
el II Reino de Israel.
36.-El Rey Mesías
José y María, padres de Jesús, nacieron durante los primeros años del
reinado de Herodes. José debía tener unos cuarenta años cuando tuvo a su
primogénito, y María unos pocos menos cuando dio a luz a su unigénito. Según
este cómputo José murió a los sesenta años, aproximadamente, y María debía
tener pocos o más o menos los mismos
durante los días de la Resurrección. A qué edad, según cuenta la leyenda,
ascendió al Cielo en la Ciudad de Zaragoza la Madre, nadie lo sabe a ciencia
cierta. El hecho es que las miserias que Herodes les hizo tragar a los judíos
alimentó en el pueblo oprimido el sueño del rey Mesías. Que como todo sueño
nunca se haría realidad, por lo menos mientras estuviese en las manos de
Herodes y sus hijos impedirlo. Sin embargo el rey Mesías vino a nacer lejos de
la vista de la Corte, en un pesebre. Avisados por “la paloma muda de las
lejanías” los Magos salieron de su Torre de Oriente y corrieron a poner a los pies
de la Sagrada Familia sus riquezas. ¿Precedieron a la Sagrada Familia al
Egipto, financiaron la Carpintería del Judío y murieron viendo crecer al Niño?
37. El Nacimiento de Cristo
Estaba en el Niño. Pero el Niño no lo sabía. Lo descubriría entre los
Doctores del Templo, a la edad de doce años aproximadamente. Allí, entre los
Doctores, a la edad de doce años, Jesús volvió a nacer. Dios le dio un nombre
nuevo, Cristo, y su nombre, Yavé, y el nombre de la ciudad de su Dios, Sión. El
era Cristo Jesús De Yavé y Sión. El era el Cordero que su Padre ofrecería por
la expiación de los delitos de todo el mundo.
38. La juventud del Mesías
Una pregunta sin respuesta se llevó del Templo consigo el Niño a Nazaret.
¿Por qué su Dios lo iba a abandonar a merced de los enemigos de Cristo? ¿Cómo
podría salvar al mundo de las garras del Infierno desde la cruz que los romanos
les reservaban a los malditos? ¿Qué esperaba conseguir Dios de acontecimiento
tan trágico? ¿Por qué iba a convertirlo en piedra de escándalo para sus
hermanos y sus amigos?
Durante toda su juventud Cristo Jesús no cesó de buscar la respuesta a este
enigma: Dios iba a establecer la victoria del hijo de Eva sobre la sangre del
hijo de David. ¿Por qué?
41. La Doctrina del Reino de los Cielos
La respuesta que encontró Cristo Jesús fue ésta. Dios abolía el Imperio y
en su lugar fundaba un Reino Universal. Y le concedía a todas las criaturas la
libertad para unirse o rechazar la adhesión ad eternum a su Reino. La Corona de
ese único Reino se la daba a su Hijo Amado, Cristo Jesús De Yavé y Sión. Quien
cree en su Hijo es declarado ciudadano de su Reino aquí y ahora y quien rechaza
esta Revolución Divina queda sujeto al Juicio Final.
De todas las medidas que, a raiz de la Tercera Guerra Universal Dios adoptó
contra el Infierno, ésta es la Piedra Angular. Las otras medidas se deducen de
la propia Historia del Cristianismo.