Todo
cuerpo que gira sobre su eje crea una fuerza vertical ascendente
contra el plano sobre el que tiene lugar la rotación del cuerpo.
(Sobre este principio se basa el origen de los helicópteros).
El principio de encuentro entre esta vertical perfecta creada
por el movimiento y el eje del cuerpo en rotación tiene en la
cantidad de fuerza aplicada su razón. La desviación angular
en caída respecto a la vertical al plano será mayor o menor
según sea mayor o menor la fuerza que originó el giro y mantiene
el cuerpo en rotación alrededor de su eje. En la clásica peonza
vemos esta razón traducida en hechos.
A
medida que con el tiempo la fuerza disminuye el eje del cuerpo
y el ángulo de rotación se inclinan hasta alcanzar la paralela
al plano.
Pero nosotros vamos a jugar con el equilibrio entre las aspas
del helicóptero para demostrar que la diferencia de masa entre
los dos hemisferios de la Tierra es la causante de la caída
angular del Globo terráqueo. Es más, vamos a resolver esta razón
a su simplicidad casera más omnipotente.
Giremos sobre nuestros pies con los brazos abiertos primero,
y repitamos la operación con uno de los brazos cargado de un
tomo considerable de libracos. Pero siempre considerando que
nuestros brazos cumplen la ley de fijación de los brazos del
helicóptero y si un aspa se inclina todo el cuerpo se inclina.
¿Qué pasa en este caso?
La respuesta es obvia: Nuestro cuerpo sigue girando pero el
ángulo de rotación de nuestro cuerpo se inclina hacia el lado
del brazo cargado, produciéndose una desviación en caída que
será igual, en ángulo, a la masa que lo crea. Si este peso fuera
superior a la fuerza creadora del movimiento la caída del ángulo
de rotación hasta alcanzar la paralela al plano de giro sería
el efecto final. O sea, que nos partiríamos la cabeza.
Observemos que la Tierra tiene dos hemisferios. Uno cubierto
de agua y otro cubierto de granito. La densidad entre ambos
hemisferios hace que la concentración de masa en el hemisferio
pentacontinental se resuelva según el ejemplo expuesto. Y de
aquí que la Tierra tenga un ángulo fijo de rotación.
La importancia de este ángulo fijo de rotación tiene la clave
del equilibrio termofísico del cuerpo biosférico.
Al mantener el sistema la constancia de trasvase de energía
del Sol a la Tierra mediante la creación de un ángulo geohistórico
de entrada para la energía solar, la descongelación de las masas
termorrefrigeradoras del cuerpo biosférico, que son los casquetes
polares, se ejecuta siguiendo una pauta astrofísica.
Pero, y he aquí el nudo gordiano de todo el dilema, la constancia
de este ángulo de rotación depende además de otro factor, que
no es otro que el nivel de energía gravitatoria que hace de
brazo de enganche entre el Sol y la Tierra.
Imaginemos que nos cogemos de los brazos y nos ponemos a girar
sobre el mismo centro. El que de nosotros tenga mayor fuerza
bruta tenderá a ocupar el centro de gravedad del grupo. Ahora,
la estabilidad de este sistema simple de giro se basará en el
equilibrio de fuerzas en el tiempo. De manera que ni el que
tiene más fuerza se haga más fuerte ni el que tiene menos pierda
la que tiene. Porque en el primer caso quien ocupó el centro
lo perdería, y el de menor fuerza saldría disparado hacia fuera
por la fuerza potencial centrífuga creada. Y en el segundo el
primero atraería hacia sí al segundo, engulliéndolo en razón
de la fuerza potencial centrípeta acumulada.
La pregunta es la siguiente: ¿Las 30.000 o 40.000 bombas atómicas
H reventadas contra la Biosfera han sido lo suficientemente
destructivas como para romper este equilibrio gravitatorio mediante
la desintegración de una parte de la fuerza de enganche Tierra-Sol,
debilitando por desintegración el brazo formado por este grupo?
Deberían ser los científicos atómicos implicados en la explosión
de tal guerra geocida frustrada quienes debieran dejar claro
en qué relación se encuentran la energía termonuclear y la gravitatoria.
Hasta ahora no hay uno solo que se haya atrevido a romper el
sello del Top Secret bajo el que sus gobiernos cerraron la puerta
a los docs resultantes de la experiencia. Así que la Razón Natural
Física será la única que nos sirva de modelo para afirmar que
sí. Que existe una relación causa efecto y ellos, en su ignorancia,
pero con conocimiento de lo que estaban haciendo, en lugar de
parar la carrera se sumaron a ellas y pusieron en las manos
del Animal Salvaje Político del siglo XX el arma más mortífera
jamás inventada.
En el otro aspecto, la determinación del ángulo de la Tierra
mediante una Arquitectura Geofísica desplegada por Dios, tal
cual he dejado ver en la Introducción a la Cosmología del siglo
XXI, choca con la famosa teoría de las placas tectónicas.
El argumento contrario que el relativismo científico contemporáneo
ha de levantar contra la Idea de una Arquitectura Geofísica
Creada, nos lo sabemos. Y nuestra respuesta, la Fe, es algo
que ellos dan de antemano, demostrando con ello que si armaron
al Animal Salvaje Político del Siglo XX es porque ellos fueron
sus Druidas, su Mago, es decir, otra especie de Animal Salvaje
Racional. No invoco por tanto a la Fe, sino a la Ecuación del
Sustrato Ecosférico Autónomo, que puede tardar algo en venir
pero que todos veremos nacer delante de nuestros ojos.
Ya lo dije en el Saludo de mi CSXXI: "No pretendo fundar
la Fe en tales principios porque la Fe fue fundada sobre los
principios sobrenaturales de los que los Evangelios son su Tratado
Eterno". En fin, espero que podamos abrir un diálogo de
enriquecimiento mutuo sobre la verdadera estructura arquitectónica
de la Tierra. Vivir y no saber donde se pisa ni qué se tiene
sobre la cabeza no es vivir, es sobrevivir a la espera de que
algún día todo el invento se vaya al carajo, y por tanto, a
joder que son dos días. Saludos.