LA CREACIÓN DE UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS

Saludos

 

Hay tres realidades que son invisibles y son una sola cosa. Estas tres cosas son el Infinito, la Eternidad y Dios. De esta Realidad somos tres los testigos y los tres somos una sola cosa. Estas tres realidades somos el Universo, la Biblia y los hijos de Dios. Cada uno a nuestra manera, los tres damos con nuestro Ser testimonio sobre la existencia de esta Realidad que es la Creación.

A pesar de esta forma tan aparentemente superficial de abrir horizontes la extensión del tema de la Creación del Universo implica profundidad. Extensión y profundidad. ¡Pero qué se les puede decir a los herederos del siglo XX que no sepan ya sobre el Origen y la Evolución del Universo! Y menos aún, y con mucha razón, viniendo de un perfecto desconocido en el círculo de los expertos en la materia. ¡Desde cuándo fue un tema al alcance de cualquiera la cuestión de la Creación del Cosmos! Asunto sobre el que yo le doy toda la razón del mundo al que la quiera, y de aquí que advierta al lector sobre la vastedad y la profundidad de la Sabiduría Creadora, diciendo: que como quien se dispone a bucear necesita superar el miedo a las profundidades oceánicas, la lectura de esta Memoria de la Creación requiere de una disposición para vencer el temor a la vastedad del océano del Conocimiento. Lo digo sin ánimo de espantar a nadie. Lo último que quisiera es verme hablando solo con las estrellas, sus lunas y las infinitas especies del universo. Mi intención es más sana. Únicamente quiero advertiros a todos los que leáis esta Historia del Universo respecto a la necesidad de prepararse para una inmersión en el mundo de la Ciencia de la Creación.

Hay dos formas de entrar en materia, o tal vez la lucha entre esas dos formas haya reducido el acceso a la cuestión del Origen de todas las cosas a dos puertas. No estoy seguro. El hecho es que ambos caminos condujeron a la civilización al mismo término: la ignorancia. Comprendo que así de golpe suene a bofetón. Lógico. Tan lógico como es de lógica que quienes guardan las puertas del cosmos digan de ellos que ellos lo saben todo, ¡naturalmente!, y si dijeran otra cosa no estarían donde están. Iba a decir "cada perro con su fidelidad a su amo y una fidelidad para cada perro", pero me parece un poco fuerte abrir el horizonte con un rayo, a pesar de merecerse algo más que un azote los padres de la edad atómica. En fin, es de lógica, o el perro no sería el mejor amigo del hombre.

Pero antes de meterle mano a la cuestión de las Memorias de la Creación de nuestro Universo quisiera dejar claro que aquélla Duda por la Ciencia de la Edad Moderna adoptada por Método fue el reflejo de la ignorancia del Milenio al que su autor representó. Y otra vez, partirle la cara a la Filosofía para seguir luego con la Cosmología no parece que sea el mejor método de romper con la sabiduría de un siglo y su milenio. Y sin embargo el movimiento del mar del tiempo tiende por inercia a borrar del libro de la vida los magnificats inventados al caso.

La Cosmología del Siglo XX -entrando ya en materia- jugó a los dioses en un patio de recreo dentro de cuya área sus sabios impusieron las normas. Su política de oro : te doy una mentira probable -llamémosla hipótesis- a cambio de una verdad indemostrable -llamémosla teoría-, podía funcionar a nivel de decálogo para una religión de la ciencia, pero la hora de la realidad sus efectos sólo podían darle cuerda a una historia cuyo tiempo pedía un break, un stop, y reflexionemos sobre la locura que estamos cometiendo. Porque rellenar la ignorancia con una hipótesis cuya única veracidad es la indemostrabilidad de su falsedad, ciertamente no parece que sea una metodología muy científica, pero fue y sigue siendo el dogma número uno de la religión de la ciencia. (De hecho, y para apuntillar lo dicho, la prueba final sobre la que se basan todas las hipótesis de las que dependía la concepción del Siglo XX sobre la estructura cosmológica, tuvo en la ausencia de prueba en contra su piedra angular. Matemáticamente asumida la imposibilidad de demostrar científicamente la realidad definida, de una sola siquiera, de las hipótesis cosmológicas en boga y moda en el siglo XX, los expertos en la Historia del Cosmos hicieron de esta piedra angular su Dogma Inmutable, de manera que su Lógica se presentó como una singularidad fenomenológica en el mundo de la conciencia, cuya excepcionalidad elevaba el absurdo anticientífico a la categoría de la más elevada de las ciencias, deviniendo de esta manera el cosmólogo y sus colegas de especie, el astrónomo, el astrofísico y afines, verdaderos especímenes anticientíficos. Porque basar la vigencia de un modelo cosmológico, o de cualquier sistema, en la imposibilidad para descubrir el absurdo elevado a categoría de ciencia es caer en la irracionalidad fundamentalista de la que se acusara al sistema creacionista. Es decir, "yo soy bueno porque nadie puede demostrar que soy malo" es pura falacia, y únicamente un verdadero idiota puede asumir la imposibilidad sobre la que se basa esta afirmación como categoría científica. Y sin embargo es lo que la cosmología del siglo XX hizo: fundar su veracidad en la indemostrabilidad de su negación. Así que Dios no existe porque nadie lo ha visto jamás, y el Big Bang sí existe aunque jamás lo haya visto nadie).

 

En efecto, la Cosmología de la Edad Atómica fue, a todos los niveles, la religión de la ciencia del siglo XX. En su nombre, como antiguamente y aún al presente se sigue matando ad maiorem dei gloriam, los científicos podían experimentar con la raza humana y secarse las manos con la toalla del Pilatos "Progreso". Y aquí sobre la psicología de aquél ateísmo científico que negó la Lógica de la Fe a fin de liberar un ataque masivo contra el fenómeno religioso, para absolver a sus ejércitos de "crimen contra la Humanidad" en la necesidad de extirpar del cuerpo de la especie humana su intrínsica religiosidad, sobre semejante ataque de irracionalidad, propia de una escuela esquizofrénica, habría que decir infinitamente más. Pero en otro momento y en otro lugar. Dicho esto, y porque devolver a los padres de la Duda el guante, haciendo de la Duda sobre los efectos de la ideología materialista de la comunidad científica mundial el guante en el que envolver el Nuevo Método de Trabajo de la Inteligencia de este Siglo, sería abrir un Discurso infinitamente más complejo que el de Descartes, y acabaríamos demoliendo el Pensamiento como principio de la existencia, yo os prevengo sobre lo que vais a encontrar al otro lado de esta esta Puerta, que difícilmente podrá ser del gusto de los adoradores de su propio genio y fantasía. La realidad, aunque sea un tópico reafirmarlo, es infinitamente más fantástica que la fantasía más promiscua de generación alguna, muerta o viva, nacida o por nacer.

Decía yo, recogiendo el hilo de Ariadna, perdido en un vuelco de siglo bajo la piedra que la generación de Einstein tuvo por cerebro, y sigo diciendo, que aquella Duda descartiana sobre la fragilidad del Hombre en las manos de un Creador sin Moral, demonio divino vacilando a ser Cristo hoy y mañana Satán, aquella Duda de la Era Moderna, principio sagrado para una religión de la ciencia, sólo nos descubre la crítica al ambiente calvinista contra el que Descartes adoptó una posición personal, filosófica, respetable en la medida que el Dios Maniqueo de la Reforma si a unos predestinaba para la Gloria y a otros al Infierno, siguiendo esta misma lógica: ¿porqué no podría cansarse y darle la vuelta al patrón de su justicia, dándole mañana el papel de los buenos a los malos y el de los malos a los buenos?

Personalmente yo también firmo contra semejante adoración donde haya que firmar. Sólo que de aquí a irme con los amigos del Fuerte a pisar a los Débiles y bendecir la guerra como instrumento natural de civilización, la verdad, con esta religión de la ciencia del siglo XX ni confieso ni comulgo. ¡Ni ayer, ni hoy, ni mañana ni nunca! El futuro de la religión de la Ciencia del XX fue la creación del Superhombre; pero ante el fracaso debido se decidieron por la creación del Hombre Basura, en cuya empresa, con la ayuda de los dioses del otro olimpo, sí parece que han conseguido mejores resultados.

Y andando el tiempo pudiera ser que hasta se escribiera: “Lo que no pudo el Diablo lo consiguió la Ciencia”, quiero decir, la destrucción del Género Humano, Delito contra la Humanidad del que fue un hijo de Dios su Primer Precursor, y a quien la Ciencia del Siglo XX fue a echarle un cable, pero no al cuello, soltando contra la Ecosfera el montante de 500 megatones - declarados- liberando en la Biosfera un total de unas 50.000 bombas atómicas del tipo Hiroshima-Nagasaki. Cuyos primeros efectos fueron : aumento de la Ceguera a nivel mundial, propagación del Cáncer a nivel Global, y envenenamiento del aire y del agua por la radiactividad liberada. Y mirando al efecto final : el Calentamiento del Cuerpo Geofísico : mediante la elevación de la temperatura de la Litosfera, con la consiguiente multiplicación de la fenomenología sismológica en el origen de la descongelación de los Casquetes Polares y fusión acelerada de los Glaciares. Para remate, consiguieron la Ruptura del Equilibrio termodinámico entre la Litosfera y los Océanos como efecto de la Desintegración de una parte del Volumen Gravitatorio propio del Campo de la Tierra... gracias... al Bombardeo Masivo de más de 50 mil bombas H contra la Biosfera.

Evidentemente el objetivo final de esta Introducción a la Cosmología del Siglo XXI será poner sobre la Mesa el Modelo Astrofísico General desde el cual comprender la Fenomenología que está conduciendo al Globo terráqueo a un Nuevo Equilibrio Termodinámico mediante la Redistribución de Masa sobre la Superficie de su Cuerpo Geofísico.

Así pues, recogiendo el hilo, fue contra aquella teología maniquea, natural a la ideología del protestantismo fundamentalista, que se alzó Descartes con su Duda. Y que, mutando mutandis, contra la lógica natural logró imponerse en el altar del neoateísmo como ídolo de oro alrededor del cual hacer bailar a las naciones del siglo XX. Sobre lo cual -la participación de la ciencia en el escenario bélico del siglo XX como cabeza ideológica de los movimientos en pugna- hay mucho que decir. Siempre que se pueda. Y las circunstancias lo permitan. Gracias a Dios, no estando a sueldo de nadie, de nadie dependo para tener que vigilar mi lengua so pena de ser expulsado de la comunidad científica. De aquí que me permita decir que el anunciado fracaso del ateísmo científico para alejar del siglo XXI el fantasma de la extinción de la especie humana un hecho, el futuro no nos deja más opción que permitir que la tierra se abra y se trague las cenizas de la filosofía en tanto que amor a la Duda en preferencia a la filosofía en cuanto amor a la Verdad. Lo cual no quiere decir que en su Caída el Ateísmo tenga que arrastrar a su tumba a la Ciencia. Ni mucho menos. Sin Ciencia no habría conocimiento, sin conocimiento no habría inteligencia y sin inteligencia no habría Creación.

En todo esto, como en todo lo demás, domina la realidad. El Poder sin la Inteligencia se traduce en Fuerza, y la Fuerza sin el Conocimiento de la naturaleza de las cosas se traduce en Ignorancia, que al ser aplicada a la transformación de la Realidad da lugar a la Violencia.

De hecho la aplicación de esta verdad a la práctica diaria se halla en la causa de la naturaleza del mundo, donde vemos cómo el Poder sin el Conocimiento de la Realidad está en la raiz de la violencia de los sistemas políticos. Porque al ser la Ignorancia la otra cara de la moneda del Poder, no la Inteligencia, la acción de esta alianza se traduce en Violencia. Mas el origen de la Realidad es la Sabiduría, no la Duda, de aquí que al desterrar el amor a la Verdad, de la inteligencia humana, la Ciencia condenase al siglo XX a ser el escenario donde la Violencia impuso su ley y su evangelio criminal. ¡Meas culpas a quienes les correspondan! En cuanto a mí yo sólo sé que la Sabiduría y no la Duda es el origen de esta Ciencia de la Creación a la que a continuación os introduzco.

Queda en el aire el tema de la plataforma elegida por base de lanzamiento de esta Nueva Cosmología. Apartar a un lado el maravilloso edificio virtual construido por la Edad Atómica y saltar al terreno abandonado del Génesis no parece, en principio, que pueda conducir a sitio alguno digno de nuestra inteligencia. Y bueno, es el reto. Ahí está el reto, en renunciar a lo malo conocido.

El materialismo atómico del siglo pasado, al verse en la encrucijada, se agarró desesperadamente a lo malo conocido en preferencia a lo bueno por conocer. Es decir, entre el conservadurismo y el vanguardismo ideológico, la Ciencia optó por el conservadurismo: "Lo malo ya lo conocemos y lo podemos controlar, lo bueno por conocer no lo conocemos, no nos fiamos y por lo tanto más vale que espere su turno"- puede pasar por haber sido su esquema mental, perfectamente.

Y sin embargo tuvieron todas las herramientas sobre la mesa. La luz brillaba al fondo del túnel. Sólo había que seguir la dirección, obviar los contratiempos. Pero prefirieron plantarse y esperar lo que fuera, que se hicieran las tinieblas definitivamente o que Dios iluminara el túnel y demostrase con su Luz que El existe, existió y existirá siempre. ¡Cómo culpar a la naturaleza humana de incredulidad tras seis mil años sufriendo bofetadas de todas clases y lanzazos crueles en pleno costado! Los sabios fueron sabios en la medida que nos sirvieron a nosotros poniendo a nuestros pies todas las herramientas con las que realizar el salto de una plataforma a la otra. Esas herramientas están ahí. Su misión era crearlas, no usarlas. Las crearon y soñaron con lo que se podría hacer con ellas una vez que estuvieran todas trabajando al unísono en una misma empresa. Ellos cumplieron con su trabajo, lo demás nos toca a nosotros, los que estamos bajo la luz del Nuevo Día, a este lado del túnel. Si Newton fue llevado a hombros de gigantes -según confesó libremente- yo tengo que decir que han sido dioses quienes han hecho posible que el siglo XX haya podido salir vivo del túnel de la autodestrucción entre cuyas paredes se veía ya inmolado el Género Humano. Cada uno de ellos valía por diez Newton. Hablo de Einstein, Planck, Lorenz, Von Braun, Eisenberg....

Decir, finalmente, que un salto evolutivo no implica la anatematización de la plataforma desde la que se produce el salto. Pero no darlo sí implica la muerte de quienes se negaron a darlo, sea insecto, dinosaurio u hombre. Bienvenidos, pues, al Reino de la Creación. Y empezamos.