La Creación de la escalera de los elementos naturales

 

80.- Pero sigamos. Creada la Luz -proceso que hemos descrito siguiendo la línea del tiempo con la que Dios ha retado desde su Génesis a la Ciencia de todos los tiempos, andando sobre cuya línea llegamos a la Fusión de la Corteza Primaria y la Sublimación de la Atmósfera Primigenia resultante como la fábrica donde Dios produjo el Manto de hielos que durante la Mañana del Primer Día cubrió la esfericidad del planeta Tierra, y sin juzgar los procesos mecánicos dada la naturalidad del tema: Fusión de la Corteza Primera y Sublimación de la Atmósfera Primigenia-, dejamos el asunto de la Revelación un tanto en al aire hasta que la ocasión nos permitiera volver a poner los pies en el suelo. Y sin entrar en más detalles regresamos al Texto, leyendo cuyas letras convenimos en que la definición de la Palabra Creadora, por cuya identidad abandona el país de las metáforas, hipérboles, mitos y demás entes de leyenda, hizo de ella "la Luz" una Llave de Champolión, en este caso de David, haciendo uso de la cual se interpreta la Revelación, contra toda opinión, teológica o científica suscrita hasta Hoy, diciendo que Dios separó la Tierra de su región de origen y la introdujo en los Cielos, conclusión que se infiere del Texto: "y vio Dios ser buena la Luz, y la separó de las Tinieblas", declaración que a la luz de esta Interpretación me lleva a admirar el valor que le echó el autor Humano cuando se atrevió, sin ciencia, a confesar tal declaración de separación Luz-Tinieblas por la mano del mismo Dios que creara la Tierra y los Cielos. Ignorancia de Moisés en donde precisamente radica la Sabiduría de quien le dictara el Texto y por su silencio su Escriba deviniera el hombre más sabio de su tiempo. En un apartado dedicado a la Ignorancia de Moisés en tanto que Escriba de Dios, volveremos al tema de la Omnisciencia del Señor que le dictara el Relato de la Creación del Universo. Como no podía ser de otro modo. ¿O acaso para nosotros no empezó todo cuando fue creada la Tierra? Ya sabemos que dicen por ahí que la verdadera historia del Hombre se remonta incluso antes de la existencia de la Tierra. Ahora bien ni la existencia del Hombre es trascendental para el Cosmos ni el conocimiento de la estructura de las galaxias es vital para la existencia del Hombre. De manera que si el Hombre no existiera el Cosmos seguiría estando donde está, haciendo su camino, y si el Hombre no conociera la estructura del Cosmos tampoco por ello dejaría de ser el Hombre lo que es. Esto no quiere decir que la importancia del Conocimiento del Universo no sea de un valor existencial específico para nosotros; y sí dejar claro que el conocimiento que es de trascendencia vital para el Hombre en cuanto Ser es el Conocimiento de Dios; y pues que en Dios viene el Creador, la Ciencia de la Creación viene en el lote, por hablar con alegría en el cuerpo. Se cuestionará alguno por qué entonces Dios ha mantenido en el Silencio la Memoria de la Creación de la Tierra y los Cielos, separando el Creador en Dios del Señor. Postura que mantuvo Dios en Cristo, manteniendo la Fe y la Inteligencia a la manera de dos brazos unidos a un mismo cuerpo, nacidos para obedecer la misma Voluntad, pero el movimiento de cada brazo sujeto al pensamiento de la cabeza a cuyos impulso el cuerpo entero se mueve. Y yo responderé esta sencilla cuestión afirmando que así ha sido en verdad. A la par que negaré que desde el principio Dios hubiera dispuesto el Conocimiento del Creador en El siguiendo esta pauta de crecimiento bajo las condiciones de la Maldita Ciencia del Bien y del Mal. Pasó lo que pasó y ya no hay remedio. Y porque pasó la Formación de la Inteligencia a Imagen y Semejanza de la de nuestro Creador experimentó sobre la marcha un contratiempo, que obligó a Dios, en efecto, a anteponer al Conocimiento de la Ciencia de la Creación el Conocimiento del árbol de la ciencia del Bien y del Mal, cuyo fruto, como sabemos, es la Guerra. Yo no sé si quien lee estas líneas ha cogido las leyes de esa Ciencia. Por mi parte creo que la estructura de dicha Fruta está asumida y, desde el conocimiento que viene de la experiencia puedo escribir lo que con el conocimiento que viene de la teoría tomaba forma en la lengua del Primer Hombre, a saber, "Maldito todo el que coma de ese fruto, y maldito el que dé a comer del fruto del Árbol de la ciencia del Bien y del Mal". Confesión final que me trae de vuelta al punto desde el que iniciamos esta pequeña travesía, hablando de la Separación de la Luz que Dios realizara una vez que la creara en las Tinieblas. Escribiendo sobre lo cual dije que mientras la Ignorancia tuvo su Ley la imposibilidad para entrar en su Contenido llevó a unos, teólogos, y a otros, científicos, a devolverle a Dios su Génesis envuelto en el papel de las metáforas y los mitos. Pero que una vez traducida la Luz por el Manto de Hielos que al término del Día Primero cubriera la superficie de la Tierra, Manto de hielos producido por la Sublimación de la Atmósfera Primigenia surgida de la Fusión de la Corteza Primaria, ya no nos queda más que meterle fuego al papel de la Tradición Teológica y la Cosmología del Siglo XX, soplar sobre las cenizas, despejar la mesa y volver a trabajar partiendo de la Información que en su Libro Dios nos brinda. Puede que vuelva a este asunto en otra sección, y puede que ya lo haya hecho en una anterior. No importa. Y no lo digo porque yo sea de los que creen que una verdad es más o menos verdad según el número de veces que el martillo caiga sobre la cabeza del mundo. Lo digo pensando en que la vida es un pensamiento que se hace a sí mismo partiendo de unas raíces universales, y no porque se tenga un sueño muchas veces adquiere ese sueño más sentido ni porque se deje de soñar el cuerpo va a perder el beneficio que le proporciona el descanso de la noche. ¡Para nada! Como la intrascendencia del hombre para el Cosmos es un hecho, la Verdad es ella misma aunque no exista nadie en el Universo. Yo puedo dejar de existir ahora mismo pero la verdad estuvo antes que yo y permanecerá sin mí. (En cuanto a mi manía de volver sobre un punto de restauración, que puede ser hoy uno y mañana otro, se debe más a la necesidad de mantener un punto de referencia común entre escritor y lector. Por inercia el ensayista tiende a perderse en su pensamiento y el lector a agarrarse a una idea concreta. Y siendo el caso que nos ocupa de tal complejidad, por mucho que yo quiera pasarle el paño de la sencillez el hecho es que mandar la Cosmología y Teología, tocando su postura frente al Génesis de Moisés, fuera de la mesa de trabajo sobre cuya superficie el espíritu de Inteligencia de Dios se está moviendo en este Siglo XXI, presupone un acto más emparentado con el arte que con la ciencia, suponiendo que escribir sea un arte, y sea arte darle expresión al pensamiento; algo con lo que personalmente sí asiento, y deduzco de los filósofos y héroes de las revoluciones del segundo milenio, los primeros afinando sus plumas con el arte del polemista y los segundos sus espadas con el arte de los filósofos. Las dos veces que este matrimonio parió trajo al mundo dos Acontecimientos para la eternidad: la Revolución Francesa y la Revolución Rusa. El problema, pues, no está en la Palabra sino en el uso del arte de su ciencia. En este caso la Verdad, no el Poder, es el Principio y el Fin. Y de aquí que siendo el hombre intrascendente y la Verdad eterna la opinión humana sea polvo sobre la mesa. Cuya superficie hemos despejado con objeto de situar la Tierra en su sitio durante el Día en que Dios creara la Luz, y una vez creada: "la separó de las Tinieblas"). Volviendo pues al punto de restauración, diré que cualquiera con dos ojos en la cara ve que creada la Luz en las Tinieblas, la Tierra, siendo la Luz el Manto de Hielos que al término del Día Primero cubriera su superficie, la Tierra se hallaba en las Tinieblas. De cuya Región la separó Dios una vez creada la Luz, o sea, el Manto de Hielos que cubrió la esfericidad de la Tierra al término del Día Primero, según desde hace tres mil quinuientos años está escrito: "y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las Tinieblas". Si la separó es porque estaba allí. Y si después creó Dios las estrellas para separar la Luz de las Tinieblas, como se puede leer en el Día Cuarto: "Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra, y presidir el día y la noche, y separar la Luz de las Tinieblas". Entonces, traduciendo en esta Línea del Jeroglífico de Moisés "Luz" por "Manto de Hielos", tenemos que la Tierra se hallaba en una Región exterior a los Cielos. Traducción despampanante y asombrosa que de no ser porque es Dios quien la suscribe y su Escriba quien la escribe con la Vara de mando de la que se sirviera para separar las aguas del Mar Rojo, nuestra inteligencia se dispararía al mundo de los extraterrestres y donde pongo C-de Cosmología-SXXI tendría que poner F-de fantasía- SXXI. Esto sentado, porque sentarse se lo merece, y pues que ya está abierta la puerta, entremos.

 

80 A.-Cómo produjo Dios este cambio de una región del Espacio General a la región donde se haya en la actualidad, sobre este particular no dijo nada el autor. Tampoco dijo nada sobre la naturaleza específica de la región de origen donde creara Dios la Tierra. Ni en este momento tampoco yo voy a entrar en más detalles. Cuando le convenga a esta Cosmología ya correremos el velo. Bastante hay por ahora con aceptar que Dios creara la Tierra fuera de nuestros Cielos, más allá de las constelaciones de nuestra galaxia, en el Abismo cubierto por las Tinieblas. (De hecho, volviendo al tema de la Formación de la Corteza Secundaria y la Sublimación de la Atmósfera Primigenia, que la Tierra se hallase en una región sujeta al cero absoluto fue el acelerador del que se sirviera Dios para crear el Manto de Hielo. Vemos cómo estando Marte a más distancia su atmósfera no pasó por aquel proceso de sublimación por el que pasó la Tierra. La singularidad que la Biosfera abre entre los planetas habla de la existencia de un periodo geohistórico especial, que, por muy increíble que nos parezca, desde la Revelación se descubre al declarar Dios que la singularidad de la Biosfera obedece y es la respuesta a la región de origen donde la creara. Afirmación espontánea que nos conduce inmediatamente al problema del Poder del Creador del Universo. Ya que si intelectualmente hablando el proceso de creación de la Biosfera descubre en la secuencia expuesta su naturaleza científica, la objeción invencible tiene que ver con la Naturaleza de ese Ser que no sólo piensa cómo hacer las cosas sino que además tiene Poder Infinito para llevarlas a cabo. No sé si lo he dicho, pero si no lo digo ahora: el Poder sin la Inteligencia no satisface la necesidad que la transformación de la Realidad exige; y viceversa, la Inteligencia sin el Poder se queda en sueños, en fantasía, en respuestas que se lleva el viento. En este caso, conociendo por la Teología a Dios y por la Ciencia al Universo lo único que tenemos que hacer nosotros es fundirlas en una Nueva Ciencia, la Ciencia de la Creación, y seguir sus leyes y sus principios. En este caso, sabiendo Dios que exponiendo una Atmósfera a una región sujeta al cero absoluto su volumen se sublimaría y daría lugar a la creación de un Bloque de Hielo, y pudiendo hacerlo, lo hizo. Y llamó Luz al Manto de Hielo).

 

81.- Pero la integración de la Tierra en los Cielos la preparó Dios antes de abrir su boca y originar la secuencia creadora de la Luz. No fue cuestión de suerte que Dios encontrara un sistema estelar de características planetarias compatibles con la Tierra. Antes de sumergirse en el océano de las constelaciones lácteas Dios sabía lo que iba buscando, dónde se encontraba lo que iba buscando y cuáles eran las características del Sistema Solar que estaba buscando. Y lo sabía porque El mismo formó su estructura planetaria con vistas a no activar un rechazo hacia la integración de la Tierra en el edificio solar. (El Génesis parte de una plataforma previa, la Tierra y los Cielos ya estaban creados, y sobre su superficie nos hemos lanzado a navegar. Podríamos haber empezado este viaje sumergiéndonos en las profundidades del Tiempo, pero he preferido seguir la ruta diseñada por Dios de antemano, entre otras cosas, porque El conoce mejor el terreno que uno. En su momento romperé una lanza en el intento de recrear la Creación del Sistema Solar. Hasta que el momento llegue debemos poner sobre la mesa las leyes básicas necesarias para el entendimiento de una secuencia sistemológica de tanto interés para nosotros).

 

82.- Así pues, la integración de la Tierra en el Sistema Solar, por muy natural que le parezca a quien asocia la Divinidad con el poder de abrir la boca y tenerlo todo hecho, implicaba la resolución de un mar de ecuaciones complejas, repletas de incógnitas y factores a tener en cuenta. Como cualquier otro sistema del Universo, el cuerpo solar no puede aceptar la integración de un nuevo elemento sin experimentar él mismo una transformación de estado. Pensando en esta sencilla regla universal de integración de cuerpos astrofísicos en sistemas complejos, Dios se aseguró la imposibilidad del rechazo o la perturbación destructiva del Sistema Solar en respuesta a la integración de la Tierra en su estructura creando Sol, Tierra y Luna con un mismo Origen en el espacio y el Tiempo.

 

83.- Una vez creados el Sol y los planetas con sus lunas y sus anillos, Dios procedió al aislamiento de la Tierra, raíz de la Confusión a la que se refiere el Texto, para, después de crear la Luz -como ya hemos visto- volver a unir Tierra y Sol, momento alrededor del cual estamos gravitando en esta sección. Esta integración tenía un camino. Y en el camino la capa de Hielos había de iniciar su ruta particular hacia su transformación en Aire y Agua. Describir esta ruta es la meta que nos vamos a proponer en la próxima sección.